martes, febrero 09, 2010

Apago la luz, me acomodo en la cama y la imagen aparece automáticamente. Así varias veces en estos últimos días.
Camino por esa calle de muchos árboles, checkeo la dirección que está anotada en una tarjetita, voy hasta la altura indicada y toco el timbre. Veo que en el fondo se enciende una luz y una sombra que se acerca. Abre la puerta y me sonríe. Yo le sonrío, pero sin poder mirarlo a los ojos, porque estoy un poco nerviosa. Él me dice algo gracioso y uso la carcajada para liberar tensiones y empiezo a caminar. Me cruzo con un gato y me agacho para saludarlo, lo alzo y lo llevo en brazos hasta el living.
Después, la escena puede tomar cientos de caminos.
A veces charlamos y nos reímos hasta que el sueño me vence y ya no puedo seguir imaginando más nada. Otras, veo cómo su mano se acerca a mi cara, a mi cuello, inclino la cabeza y bajo la mirada.
Aunque la mayoría de todas esas posibilidades termina en su cama enorme, con él encima mío y yo sin poder dejar de mirarlo a los ojos, sonriéndole, diciéndole cómo me gusta que me coja así.

Ayer, después de apagar la luz y de imaginar la vereda arbolada, no pude seguir. Las palabras de mi amigo y consejero no paraban de repetirse.
"Querés lo que no tenés".
Se me mezclaban los gatos, y los sillones eran de otro color. Su cama no era tan grande. Yo no estaba tan nerviosa y se metían personajes ajenos todo el tiempo. Él no me alborotaba el pelo, simplemente se limitaba a quedarse ahí, mirándome, sin expresión.
"Querés lo que no tenés".
Y trataba de hacer el camino de vuelta, mirar la tarjetita, volver a tocar el timbre; pero en el medio me tropezaba y me doblaba el tobillo, o no encontraba la altura que tenía anotada.
Me dormí cuando ya era de día, absolutamente agotada.

lunes, febrero 08, 2010

"Bueno, por esta vez pago yo. Pero no te malacostumbres, después vamos a ir yendo a medias"

Esa frase tan romántica y conquistadora, es de ese personaje tan recurrente en este blog, a quien durante muchos años llamé Mr. Blonde.
Me la dijo entrando a la habitación de un telo la primera noche que curtimos.
Yo ganaba 300 pesos por mes -claro que estamos hablando del año 2004- y él también andaba bastante pobre.
Ayer la recordé después de 6 años. Durante 6 años me olvidé por completo de que el tipo, antes de acostarnos por primera vez, me avisó que no me acostumbrara a ser invitada a telos, que si quería que me la pusieran, tenía que ponerme.
Yo no tenía un mango, siempre me pagaba mi parte de las salidas -que hasta ese momento habían sido tres, creo- nunca me puse en actitud de minita que pretende que le paguen el daiquiri de frutilla, pero de todos modos me tuve que bancar el momento incómodo que se generó después de esa frase porque no sabía si me estaba haciendo un chiste o qué mierda. Después decidí negar la sensación que primero me atravesó y estar completamente segura de que èl también era partidario de la igualdad entre géneros y me enamoré como colegiala en novela de Cris Morena.
En los años siguientes, siempre a medias, y si alguien invitaba, esa era yo. Si alguien regalaba, esa también era siempre yo. Y lo hacía porque me surgía, porque me gustaba agasajarlo, y si bien no esperaba que él tuviera los mismos gestos conmigo, me desilusionaba un poco que él no tuviera ganas de regalarme algo, alguna vez, cualquier pelotudez. No, nada, nunca. Y ni siquiera estamos hablando de una cuestión de plata, porque tampoco le surgía cocinarme algo rico -lo único que registra mi memoria es una tarta de cebolla y queso que estaba bastante decente-, o traerme el desayuno a la cama -un 90% de las veces lo hice yo. Nada, el tipo nada.
Y de todo esto me acordé ayer, mientras nos tomábamos un fernet con Genève, Damián y Ani en el patio de casa. Estas cosas que me parecían completamente irrelevantes hace un par de años, ayer a la noche tomaron otra dimensión.
Yo no me enamoré de un hombre que creía en la equidad, que no estaba dispuesto a ponerse la camiseta machista del arquetipo de hombre proveedor.
Me enamoré de un amarrete.
El tipo se acaba de ir. El tipo tiene unos ojos de un color que no puedo explicar, bellísimos. Y también tiene un discurso que a una le dan ganas de comprar, correcto, ubicado, amable. Tal vez demasiado correcto, demasiado ubicado, demasiando amable. Tiene un perfume exquisito -que todavía siento en la ropa y las manos-, y una sonrisa compradora. El tipo besa bien, si es que existe eso de besar bien o mal; me besa bien, digamos, entonces. Y también me coge bien. Y se queda mirando mi biblioteca y hace un comentario que no pienso reproducir pero que infló mi ego a tamaños insospechados.
Pero.
Siempre hay un pero.

- Qué lindo color de ojos.
- Sí, son medio verdes, medio grises. Pasa que no se nota por los lentes a veces.
- Son muy lindos.
- Gracias.
- Bue...
- ¿Qué?
- Nada. No importa.
- No, ¿qué?
- Que tampoco es que hayas hecho algo... Nada, dejá.
- ¿Que no debería sentirme orgulloso por tener ojos lindos?
- ...
- ...
- No es personal, eh. Estas cosas se me aparecen en la cabeza y las digo. No tengo filtro.

Si mis parte emocional fuera persona, andaría en sillas de ruedas.

domingo, febrero 07, 2010

No seré Tamara, la ucraniana que nunca inflinge dolor, pero te digo una cosa... esto fue muchísimo más fácil y simple de lo que imaginaba.
Ya encontré una manera de ahorrar plata.
Recién a los 27 años me le animo a esto de la depilación en solitario. 27 años. 13 años de someterme a mujeres de las más diversas nacionalidades en esto de la extracción del vello. O entregarle mi cuerpo a mi hermana -que si no llega a encontrar su vocación, podría dedicarse a estos menesteres, sin duda alguna-. O a alguna amiga.
Lo que es ser pobre, eh.
Mentira, ayer estaba tan para abajo, tan descompuesta de desesperanza que me vine directo de la librería para casa y dejé plantada a Tamara, la ucraniana de tirón perfecto.
Hoy al mediodía me di cuenta de que el probable encuentro cercano se me venía encima y decidí tomar cartas en el asunto.
Me ahorré cuarenta mangos y dejé la cera calentando a baño maría.
A veces, puedo.

sábado, febrero 06, 2010

Esto de no querer pensar en nada demasiado importante toma trabajo, eh, no se crean. Descartados el alcohol y el porro como herramientas de evasión -no me vengo sintiendo muy descontrol últimamente, está bueno, me gusta este estado-, sólo quedan las películas y series, y los libros. El asunto libros es de lo más conflictivo, después de darme una sobredosis de lectura en Córdoba, como que me empaché, así que sólo quedan pelis y series, las mejores aliadas.
¿Cómo dice? Sí sí, usted, el de remra gris, repítalo. ¿Que el sexo también sirve como método evasivo? Sí, algo me han contado sobre eso, pero es que hace tanto que no garcho como dios manda que ya me olvidé de qué se trata.
Entonces, empecé a torrentear como desquiciada. Adventureland, Sinechdoque New York, The Men Who Stare at Goats, Sour Grapes -nunca, nunca la vean-, los nuevos capítulos de Lost -que me tuvieron pegada a la pantalla, todavía no sé si me gustó o no este comienzo de temporada, pero que me hizo liberar adrenalina, seguro-, Breaking Bad, y ya no sé, me olvido. La cosa es que imdbeando, me enteré de que John Turturro había dirigido un musical, con el visto bueno de los hermanos Coen y con un elenco que adorè desde que lei la listita: James Gandolfini, Susan Sarandon, Kate Winslet, Christopher Walken, Mandy Moore -MANDY MOORE, no me puede caer TAN bien Mandy Moore-, la mina de Weeds´, Steve Buscemi y alguno que otro más que ahora no se me viene a la mente. Romance & Cigarettes. Y medio que la bajé con un poco de desconfianza, porque, ¿hola? es un musical, pero a los diez minutos de haber dado play, estaba encantadísima. Y después la vi de vuelta, pero porque James Gandolfini me calienta hasta lo indecible, de veras, es algo que no puedo, ni quiero, controlar.
No la recomiendo porque me da la sensación de que es una de esas cosas que solamente me gustan a mí, y a Flor, ponele. Así que Flor, a vos sí, a vos te la re recomiendo.

Este es mi humilde intento de cortar un poco el tono oscuro, dramàtico y depresivo de los dos últimos posts.
De nada.
Dijo que percibía que yo era una persona que pasaba mucho tiempo en soledad, pero sin ver a esa soledad como algo malo, al contrario; pero que a veces sentía como que me pesaba un poco, que necesitaba salir de ese estado solitario por un rato. Y menos mal que estábamos a oscuras porque bajé la cabeza y se me debe haber oscurecido la mirada.

A veces cuando estoy por dormirme, trato de imaginarme que un brazo está apoyado sobre mi cintura, sólo eso. A veces puedo, y me quedo dormida instantáneamente. Otras, me reprocho ser tan tarada, cómo si un brazo fantasmático sirviera de algo, y doy vueltas en la cama o me hago una paja intensa, agotadora.

Recreo esa imagen de mí misma y lloro, es automático.
Ya llorè cinco veces hoy.
Me acaban de hacer acordar del tipo ese que se subía al tren con una sonrisa enorme y predicaba "sólo el amor salvará al mundo". Y entonces, todo el vagón se ponía contento y todos le dábamos un montón de monedas. Después, yo hacía un par de cuadras hasta la multinacional y me iba olvidando. Olvido de negación, olvido de mentira por saber que sí, que yo al viejo ese le respetaba su premisa pero ¿de qué valía mi respeto si yo no era capaz de poner en práctica nada de eso? ¿Para qué convertirme en una de esas que piensan que sí, que las cosas pueden cambiar, pero que mejor las cambien otros?

Que el gobierno haga algo, que los otros practiquen eso del amor, es lo mismo. A mí no me sale, o me sale a veces, contadas veces. Porque la verdad es que en el momento que se avista un riesgo, me echo atrás, no sea cosa de quedar en evidencia, no vaya a pasar que mi amor no sea enteramente correspondido y mis deseos queden expuestos ¡qué terrible sería eso!
Entonces mi amor es siempre seguro y fiel. Si vos me querés, yo te quiero. Así pasa con mi mamá, mi hermana, mi papá, el resto de la familia, los amigos. Todos los que excedan esos ámbitos estarán sometidos a mi miedo infinito, a mi inseguridad, a mi incapacidad de demostrar interés y a mi desconfianza crónica.
¿Qué clase de amor puedo ofrecer yo? Uno que no quiere pisar si no es en firme, uno que piensa que podría ofrecerlo todo pero mejor no, mejor en otro momento, cuando el pronóstico sea más favorable. ¿Quién puede querer esa clase de amor?
Convivir con esto, todos los días. No ver posibilidades de cambio por sentir que el daño es irreversible, que la herida es incurable. No puedo ni empezar a explicar cómo se siente. No tengo palabras. No tengo nada.

viernes, febrero 05, 2010

Iba a decir que desconocía el funcionamiento de los grises intermedios entre las categorías novio/chongo y amigo. Pero qué necia que me pongo a veces, ¿cómo olvidarme de que pasé cinco años -CINCO AÑOS- explorando los matices del gris casi sin descanso?
Reformulo, entonces, y digo que ya no tengo ganas de entender los grises esos. Porque soy re copada (sic), y los tipos estos se relajan y cuentan intimidades, y está bien, me encanta eso; pero de ahí a que me cuenten a quién se garcharon después de una semana de haber estado conmigo en pelotas en la misma cama, con detalles y referencias a sentimientos que nunca habrían podido tener hacia mí, bueno, hay un trecho. Y en ese trecho conviven mi ego vapuleado y el fantasma de Nico, que mete más miedo que Pepito.
Por eso, declaro en este solemne acto, que de ahora en más me rehusaré a escuchar historias de felicidad ajenas -que involucren mujeres, obvio- de hombres que me hayan tocado las tetas y por quienes no siento ningún tipo de sentimiento más que simpatía.

También aprovecho y cuento que me hicieron una devolución del primer texto que escribí para el curso del profesorado que casi me hizo poner colorada.
Soy tan feliz con tan poco. No entiendo todavía cómo no es que soy feliz.

jueves, febrero 04, 2010

Hay alguien que durante el día 3 de febrero, entró más de 20 veces a este, mi blog.
Y yo me pregunto ¿para qué? ¿por qué?
Si me conoce ¿para qué?
Si no me conoce ¿para qué?
Pero lo pregunto en serio, eh. Si quiere responderme, el mail ahí a la derecha.
De veras me intriga.
No sé cómo se llama, pero tiene cara de esos nombres que estaba tan de moda ponerle a las nenas a fines de los setentas o principios de los ochentas. Carolina, Natalia, Florencia, Julieta (hace millones de años que no conozco a ninguna Julieta ¿dónde están?).
Ella encarna a una de las clases de la argentina básica, la más tradicional y casera. Las que se quedas los domingos a la tarde preparando un bizcochuelo con su madre o una tía, a veces le ponen dulce de leche. Siempre tienen novio. Tienen novio desde los catorce, y pierden la virginidad rápido, porque serán caseras pero no boludas. Eso sí, al noviecito lo presentan de toque y hacen que preparen los asados del sábado al mediodía.
Esta en particular, tiene un tatuaje en el coxis, y hoy me di cuenta de que se levanta la musculosa y baja la pollera a propósito para que se note. Obvio que es un tribal, no podía ser de otra manera. Habla, hasta por los codos habla. Y no importa en qué momento pongas la oreja, siempre está hablando de algo completamente intrascendente. Que la madre se quemó haciendo churros, que le gusta tomar mate, que ocho años andaba en patines y yo qué sé cuántas cosas más. No levanta la mano para hablar, y eso, en un espacio con cincuenta personas más puede ser conflictivo. Ya le tengo reconocida la voz, no importa si está a diez metros de distancia o a ciencuenta centímetros. Ella habla. De hecho, estoy segura de que estudia esto para poder estar hablando durante cuarenta minutos con una audiencia que la escuche; capaz hizo el examen para entrar al lugar ese donde estudian locución y no entró, es una de las posibilidades de potenciales pasados que barajo.
Ella y las conjeturas que surgen a partir de sus gestos me llevan lejos, a cualquier lugar, a pensar que seguro tiene ahijados que la llaman "madrina" en vez de por su nombre de pila, a estar casi segura de que tiene un novio desde hace no menos de tres años, con quien garcha de lo más bien, porque no emana vibraciones de frígida. El novio se metió a la UTN para estudiar ingeniería en algo pero después dejó. Si vive en capital, es de Barracas o San Cristóbal. Si es de provincia, zona oeste, de cabeza. Casi nunca se acuerda de lo que soñó.
Algún día le charlaré para despejar mis dudas.

miércoles, febrero 03, 2010

Esto del profesorado y el blog es contar una historia muy similar desde puntos diferentes de vista. Cuestion de perspectivas ¿vio?
La diferencia es que ella es buena onda y va al baño con las jóvenes de nombres estrambóticos.
Yo no hablo con nadie a no ser que me dirijan la palabra y soy feliz siendo así de Daria (lalalalala).

¿Sabían que el personaje de Daria estuvo inspirado en Janeane Garofalo?
Yo me enteré hace poco, y me cerró TANTO todo.
Miro la listita de contactos y le hablo, le digo "dale, saludame". Como no me saluda, subo el tono. "Qué puto sos, eh, qué te cuesta". Y tampoco recibo respuesta alguna. Entonces termino haciéndole fakiu al monitor, como una pelotuda.

Como cuando estaba en el patio del colegio y miraba al zaparrastroso ese que me gustaba, muy de reojo, y pensaba, rogaba, "acercate, acercate"; claro que siempre venía y me mangueaba un cigarrillo y después se iba, pero yo -porque pelotuda fui desde bien entrada la juventud- me ponía contenta, como si mi mente tuviera algún tipo de poder.

Ahora, este, el guachito que no me quiere hablar, no vendría a manguearme cigarrillos, haría como que me convence de revolcarnos un rato, cuando los dos bien sabemos que yo estaría entregadísima desde el "hola".

Así que me quedo en el molde. Miro con rabia las ventanitas que salen al costado de la pantalla y sé que si no hago nada yo es porque no estoy en condiciones de enfrentarme a ningún tipo de rechazo, tampoco estoy como para fumarme un pucho después de coger y pensar que el tipo que tengo al lado no está del todo convencido de lo que hizo. No me dan ganas. Porque una cosa es bancarme estoicamente esta absurda racha de situaciones inverosímiles que me viene aconteciendo, no me queda más que aceptar, porque cada situación es tan nueva, tan original, que no hay manera de prevenir ningún daño. Otra muy diferente es ponerme en un lugar que ya conozco, hacer un papel que ya me sé de memoria y que me angustia interpretar.

Hoy espero a que sea él el que hable.
En cualquier momento me convierto en una de esas que toman daiquiris.

martes, febrero 02, 2010

Mi amigo y consejero me había dicho que si me daba mucho miedo, podía llamarlo, no importaba la hora. Y yo me hice la canchera, porque claro, cualquiera, mirá si te voy a llamar a las cuatro de la mañana porque estoy segura de que en cuarto habita un fantasma.
La cosa es que apagué la luz a las tres de la mañana y me tiré boca abajo en la cama, esperando quedarme dormida. Pero nada de sueño, empecé a flashear con que Pepito me miraba -ah, le puse Pepito, si voy a vivir con un fantasma, que tenga un nombre simpático por lo menos-. Con que me tocaba la espalda. Con que me miraba dar vueltas en el colchón desde el marco de la puerta. Y pensaba, mi cabeza no paraba, le pedía a Pepito que se fuera a la terraza, le decía que tenía toda la hamaca paraguaya para él, pero que por esa noche me dejara dormir en paz; después me di cuenta de que es probable que los fantasmas no lean la mente. Una cosa es estar muerto, andar espiando a la gente cuando prepara milanesas de berenjena y otra muy diferente es leer mentes.
Estuve a punto -a punto, eh- de cazar el teléfono y llamarlo -a mi amigo y consejero, no a Pepito-, pero entre que me puse a dudar y mirar el reloj, me quedé completamente dormida.
En la fila de adelante, a la derecha. La linda que es medio jipi. Todo el outfit, eh. La musculosa de tela vaporosa, la pollerita, las sandalias. Los aros enormes que hacen que el lóbulo esté a punto de ceder, en cualquier momento. Una cara in-cre-í-ble y un modo de ponerse el rimmel que me dio mucha envidia. Claro que después abrió la boca. Y ahí se convirtió en la linda-medio jipi-era mejor cuando hacías ojitos y nada más. Y no, no por linda tonta, sino por linda que dice absolutamente todo lo que se le pasa por la cabeza, putea demasiado y usa la palabra "pete" innecesariamente -siempre seré partidaria de "chupar la pija", "pete" me hace acordar a Petete y su libro gordo y le quita toda la magia al asunto-.
Entonces, cuando la profesora -divina, perspicaz, graciosa; cuando sea profesora quiero ser como ella- pregunta quién quiere contestar cuál fue el último libro leído, un par levantan la mano y sí, las obviedades. El extranjero, Camus. El libro de arena, Borges. Crimen y castigo, (vamo') Fedor. Y la linda-medio jipi-qué rimmel usás, hace asomar su brazo, lo agita; el pueblo quiere saber. Anticristo, de Nietzsche.
"Nísche" para ella.

lunes, febrero 01, 2010

Me acabo de sacar la tobillera que tuve colgada del pie durante el último tiempo.
Se me terminó el verano.
Me voy a empezar las clases.

domingo, enero 31, 2010

- Es que te dijimos "Cele callate" durante tanto tiempo...
- No creo que ahora sea reservada porque hace veinte años me dijeran "callate" diez veces por día.
- ¿Te parece que no?
- Bah... puede ser. Pero no cierra, má. Porque hablo, hablo todo el tiempo. El tema es que no hablo de las cosas importantes.
- A mi me da la sensación de que vos te sentís demasiado segura y por eso no tenés la necesidad de manifestar ciertas cosas.
- No, mamá. Al contrario. No digo nada porque pienso "¿a quién le puede importar lo que a mí me pasa o me deja de pasar?".
- Ah...

Después entramos a la verdulería a comprar un melón. Y no se habló más del tema.
"Everything is more complicated than you think. You only see a tenth of what is true. There are a million little strings attached to every choice you make; you can destroy your life every time you choose. But maybe you won't know for twenty years. And you may never ever trace it to its source. And you only get one chance to play it out. Just try and figure out your own divorce. And they say there is no fate, but there is: it's what you create. And even though the world goes on for eons and eons, you are only here for a fraction of a fraction of a second. Most of your time is spent being dead or not yet born. But while alive, you wait in vain, wasting years, for a phone call or a letter or a look from someone or something to make it all right. And it never comes or it seems to but it doesn't really. And so you spend your time in vague regret or vaguer hope that something good will come along. Something to make you feel connected, something to make you feel whole, something to make you feel loved. And the truth is I feel so angry, and the truth is I feel so fucking sad, and the truth is I've felt so fucking hurt for so fucking long and for just as long I've been pretending I'm OK, just to get along, just for, I don't know why, maybe because no one wants to hear about my misery, because they have their own. Well, fuck everybody. Amen"
Sinechdoque, New York

Amén.

sábado, enero 30, 2010

Cerca de la una de la mañana del presente, apareció el ya-no-sé-qué-número (creo que fue el sexto, pero no quiero arriesgar) ataque de minita del año. El último había acontecido hace poco más de dos semanas, en presencia de Lau y Flor que me decían que no lo podían creer, que no me podía poner así. Me pongo así, siempre, el tema es que en general no tengo público. Hago lo posible para ahorrarle a los seres queridos el horror de verme absolutamente conflictuada por cuestiones que debería tener resueltas desde la pubertad.
Mi única solución posible en el momento, eran las tranquilizadoras y sabias palabras de mi amigo y consejero, pero estaba en el cine, así que tuve que resolverlo yo solita. Bah, "resolverlo". Resolver, no resolví nada. Resolver no es mi especialidad. Pero por lo menos no empecé a toser como desquiciada (síntoma #1) ni a sentir un pelota de andá a saber qué rebotando en el estómago (síntoma #2).
Menos mal que en dos días vuelvo al trabajo y empiezo el profesorado; si sigo con este ritmo de meta pensar pelotudeces y tomármelas como cosas serias, me va a recalentar el cerebro y voy a terminar con una embolia.
Era tan joven, van a decir.

viernes, enero 29, 2010

Sueño que estoy en lo de mi jefe y en el medio de la noche a la mujer le agarra un infarto. Como no encuentro el número de la obra social, llamo a información y el pelotudo que me atiende, me da el teléfono de osplad en vez del de osde. Mientras, mi jefe me dice que no llame a emergencias, que pida empanadas, y va tirando los gustos.

jueves, enero 28, 2010

Cada día más parecida a tu mamá, vos. Eso me dijo una amiga de mi tía allá, en el valle. Y qué loco, porque sí, capaz que me parezco a mí mamá, y a mis tías, y a toda la parte de mi familia por parte de abuelo materno; pero a mí eso no me interesa, porque sí, tenemos todos los mismos rasgos y blah, lo sabemos muy bien todos.
Acá el tema es otro. Lo que me da mucha intriga es la otra parte que puso sus cromosomas para que yo esté escribiendo acá, sentada en la cama, y a la que nunca le vi la cara. ¿Seré parecida? ¿Tendré, desperdigados por ahí, hermanos con los que compartimos gestos y expresiones? Esas cosas.
Entonces me miro en el espejo y busco, busco algo que nunca encuentro.
“If you really want to hear about it, the first thing you’ll probably want to know is where I was born and what my lousy childhood was like, and how my parents were occupied and all before they had me, and all that David Copperfield kind of crap, but I don’t feel like going into it, if you want to know the truth.”
Holden Caulfield

Mientras, literalmente, miro el techo, llega un mensaje de texto. Es mi amigo y consejero, quien, btw, tiene mi preciadísimo ejemplar de Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, que mi biblioteca empieza a extrañar.
Que se murió J D Salinger, me avisa.

¿Saben qué?
Lloré un poquito.
Llegué.
Volví.
No sé si soy millones, pero la cosa anda bastante bien.

jueves, enero 21, 2010

Libros, 5. Mailer, Highsmith, Pérez Reverte, Auster y Larkin.
Mazo de Tarot, uno.
Música en el aparatito, de todo. FNM, Soundgarden, Aimee Mann, Easy Star All-Stars, Peeping Tom, Fiona Appel, Eddie Vedder, The Ting Tings y no sé cuántas cosas más.
Ropa, la justa y necesaria.
Implementos para escribir, dos. Cuaderno a estrenar con holograma de un gato con cara de loco en el frente y birome.
Productos de higiene y belleza, muchos. Limas, cremas, un protector solar de factor insuficiente, cepillo de dientes, dentífrico, desodorante con supuesto olor a pepino y todo lo que me entró en el estuche.
Pasaje a Los Hornillos, Córdoba, uno. De ida, 20:15, Retiro.

miércoles, enero 20, 2010

Estos han sido días de caminatas. Hoy me toca Río de Janeiro, desde que termina hasta que empieza, y de ahí, esquivar avenidas hasta llegar sana y salva a casa. Mientras me quedo mirando unas sandalias horribles en una zapatería, atraviesa, fugaz, la idea. No tengo verdaderos problemas; ninguna preocupación me conflictua, no estoy tildada pensando en ningún "y qué hago con...". Sigo avanzando y sonrío, porque no creo que falte mucho para que aparezca una nueva preocupación, porque así son las cosas. Por fin abro la puerta de casa y los gatos me reclaman, los atiendo, les cambio el agua, les pongo comida. Prendo la compu y ahí está, la buena noticia del día, una de esas cosas que me gusta ver como "buena señal".
A veces está todo tan calmo, hay tanta paz, que no entiendo cómo me las arreglo para enroscarlo todo en cuestión de minutos.
Otras veces sí entiendo, y me perdono. Esta es una de ellas.