viernes, marzo 12, 2010

Sentir que ya no puedo estar parada, pero tener que seguir, hay que seguir. Ir al baño cada dos horas, bajar la tapa del inodoro y sentarme durante tres minutos, sólo eso, sentarme. Lidiar con doscientas personas por día que no entienden razones y me insultan, en general con la mirada, el resto de las veces, pocas, a viva voz. Tratar de entender el sistema de organización de mi jefe, o sea, tratar de entender el más absoluto caos, la entropía.
Y en uno de mis escapadas al fondo para tomar agua, un ibuprofeno y contestar algún sms, el patroncito se me pone a hablar y me informa de un par de situaciones complicadas y discutimos posibles métodos para poner un poco de orden. La conversación termina con la frase lapidaria.

Cele, andá preparándote, esta es mi última temporada, el año que viene te hacés cargo vos de todo esto.


Porque el miedo al compromiso no es algo que se limite a lo romántico.

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