Mostrando las entradas con la etiqueta Flor. Mostrar todas las entradas
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miércoles, febrero 23, 2011

Días en los que te despertás y sabés que la vas a pasar, como mínimo, para el orto. Eso es actitud, eh, pero en serio, hay días malparidos y uno lo sabe. Porque llueve, dormiste apenas cuatro horas, tenés resaca y es como si todavía no hubiera bajado el faso. Porque no tenés paraguas y desde la casa de Flor hasta la parada del bondi hay varias cuadras; y otras varias cuadras hay desde donde te deja el bondi hasta tu casa. Entonces aceptás la propuesta de tu amiga de acompañarla a su local, desayunar juntas y esperar a que pare la lluvia para ir a tratar de dormir un par de horas antes de tener que entrar a trabajar. Y mientras tu amiga arregla cuestiones laborales, vos te sentás frente a la compu y ves su facebook abierto. Primero corroborás que en tu perfil no se pueden ver las fotos y después, una idea que de tan brillante te pone un poco la piel de gallina.

¿Por qué no buscás desde el fb de Flor al chico ese al que estuviste viendo durante el año pasado y al que, después de cortar, decidiste bloquear porque no querías amargarte? Dale, ¿por qué no espiás al flaco este que se apareció después de siete años para hacerte acordar lo mucho que te gustaba y lo poco capacitada que estabas emocionalmente a los veinte años y, de paso, alegrarte el invierno y la primavera? Pero sí, metete, fijate si le escribió en el muro a alguna chirusa que va a tener el placer de escucharle la voz esa con la que a veces te despertaba -profunda, grave, acogedora- y te hacía poner como quinceañera. Aprovechá la oportunidad para mirar de vuelta sus fotos y pensar que es probable que pase mucho tiempo hasta que vuelvas a cruzarte con un hombre así, que calza perfecto con tu ideal físico masculino y que además es un amor de persona. Arriesgate a asumir que tal vez nunca más un tipo te va a invitar una noche a su casa para tomar una cervecita, darte de fumar, sacarte la ropa, masajear cada parte -ca.da.par.te- de tu cuerpo con aceite de almendras, cogerte un par de veces, cocinarte rico y volverte a coger; en ese puto orden. Si total, ¿qué podés perder? ¿La paciencia? ¿La compostura? ¿El temple? Dale, que te morís de ganas.

Esa idea tenés y mientras tipeás el nombre del muchacho en cuestión, ya sabés que de brillante no tiene un carajo. Pero retroceder nunca, reindirse jamás, una vez que empezás, la terminás y que sea lo que dios quiera. Entonces ahí está él, con las fotos, el muro, la chirusa con apodo cliché comentándole pavadas y sus dibujos, tan buenos sus dibujos.
Después de un rato tu amiga te pregunta que qué hacés y vos, derrotadísima, confesás el desliz. Chusmean un poco a sus amigos, porque entre ellos está un ex de ella y se toman un té con limón mientras que miran las ventanas del Pizzurno a través de la vidriera. No volvés nada a tu casa, porque te da fiaca, así que te tomás el 12 hasta el laburo y te morís de embole, sueño y nostalgia. Hasta que viene la clienta a la que le prestaste tu versión de Madame Bovary (c'est moi) y te la devuelve junto con un jaboncito de un aroma que te transporta a algún lugar silvestre y maravilloso. Y, por primera vez en el día, sonreís.
La estás pasando, como mínimo, para el orto; pero sonreís.

sábado, agosto 07, 2010

"Chicas, no tengo novio y a ALGUIEN le tengo que cocinar"

Por eso, ayer a la noche, sopa de ajo -orgásmica- y ñoquis de calabaza rellenos. Cuatro horas estuve en la cocina. Cuatro. Pero con Flor, Lau y Dedé -y una considerable cantidad de vino y whiky, claro- se pasaron vo lan do.

En otro orden de cosas, me tumba la resaca.

lunes, agosto 02, 2010

cervezas + vino tinto + porro asesino de Flor + mucho apuro porque hay que retirar las entradas para ver El Origen = las chicas (Ani, Lau, Amarula, Flor et moi) poniendo lo que les faltaba tomar en botellitas + las chicas bastante borrachas y fumadas apurando al taxista y llegando justito a retirar las entradas + las chicas bastante fumadas y borrachas tomando de las botellitas en la calle + las chicas absolutamente borrachas y fumadas sintiéndose un poco adolescentes.

jueves, marzo 04, 2010

- ... Entonces al principio fui muy cuidadosa, despacio. Pero después, cada vez más fuerte.
- ¿Pero qué se siente?
- Es como... no sé, es lo mejor del mundo. Porque sí, es muy muy duro, pero al principio, el primer contacto, no. Como goma ¿entendés?
- Más o menos. ¿Como morder un pedazo de goma?
- Sí... no sé, no sé cómo explicarte.
- ¿Como silicona?
- No. La silicona debe ser blanda.
- Claro.... Qué bueno, che.
- Sí, se lo recomendaría a todas.
- Y sí... pero ¿quién se presta a eso? Los frikis estos que salen con vos nomás.


Ahí, el peladito que estaba delante nuestro en la fila para comprar pochoclos se dio vuelta muy lentamente, con una cara que era la mezcla del horror y la curiosidad.
Nuentras caras de vergüenza nos delataron.
Sí, pelado. Eso mismo que estabas pensando.

sábado, febrero 06, 2010

Esto de no querer pensar en nada demasiado importante toma trabajo, eh, no se crean. Descartados el alcohol y el porro como herramientas de evasión -no me vengo sintiendo muy descontrol últimamente, está bueno, me gusta este estado-, sólo quedan las películas y series, y los libros. El asunto libros es de lo más conflictivo, después de darme una sobredosis de lectura en Córdoba, como que me empaché, así que sólo quedan pelis y series, las mejores aliadas.
¿Cómo dice? Sí sí, usted, el de remra gris, repítalo. ¿Que el sexo también sirve como método evasivo? Sí, algo me han contado sobre eso, pero es que hace tanto que no garcho como dios manda que ya me olvidé de qué se trata.
Entonces, empecé a torrentear como desquiciada. Adventureland, Sinechdoque New York, The Men Who Stare at Goats, Sour Grapes -nunca, nunca la vean-, los nuevos capítulos de Lost -que me tuvieron pegada a la pantalla, todavía no sé si me gustó o no este comienzo de temporada, pero que me hizo liberar adrenalina, seguro-, Breaking Bad, y ya no sé, me olvido. La cosa es que imdbeando, me enteré de que John Turturro había dirigido un musical, con el visto bueno de los hermanos Coen y con un elenco que adorè desde que lei la listita: James Gandolfini, Susan Sarandon, Kate Winslet, Christopher Walken, Mandy Moore -MANDY MOORE, no me puede caer TAN bien Mandy Moore-, la mina de Weeds´, Steve Buscemi y alguno que otro más que ahora no se me viene a la mente. Romance & Cigarettes. Y medio que la bajé con un poco de desconfianza, porque, ¿hola? es un musical, pero a los diez minutos de haber dado play, estaba encantadísima. Y después la vi de vuelta, pero porque James Gandolfini me calienta hasta lo indecible, de veras, es algo que no puedo, ni quiero, controlar.
No la recomiendo porque me da la sensación de que es una de esas cosas que solamente me gustan a mí, y a Flor, ponele. Así que Flor, a vos sí, a vos te la re recomiendo.

Este es mi humilde intento de cortar un poco el tono oscuro, dramàtico y depresivo de los dos últimos posts.
De nada.

sábado, enero 30, 2010

Cerca de la una de la mañana del presente, apareció el ya-no-sé-qué-número (creo que fue el sexto, pero no quiero arriesgar) ataque de minita del año. El último había acontecido hace poco más de dos semanas, en presencia de Lau y Flor que me decían que no lo podían creer, que no me podía poner así. Me pongo así, siempre, el tema es que en general no tengo público. Hago lo posible para ahorrarle a los seres queridos el horror de verme absolutamente conflictuada por cuestiones que debería tener resueltas desde la pubertad.
Mi única solución posible en el momento, eran las tranquilizadoras y sabias palabras de mi amigo y consejero, pero estaba en el cine, así que tuve que resolverlo yo solita. Bah, "resolverlo". Resolver, no resolví nada. Resolver no es mi especialidad. Pero por lo menos no empecé a toser como desquiciada (síntoma #1) ni a sentir un pelota de andá a saber qué rebotando en el estómago (síntoma #2).
Menos mal que en dos días vuelvo al trabajo y empiezo el profesorado; si sigo con este ritmo de meta pensar pelotudeces y tomármelas como cosas serias, me va a recalentar el cerebro y voy a terminar con una embolia.
Era tan joven, van a decir.

viernes, noviembre 20, 2009

Resaca. Esto que me pasa ahora, se llama resaca. Por haber mezclado cerveza con vino tinto y uno de esos brebajes de minita que son una cosa espumante con gusto a melón; porque cuando son las 3 de la mañana y no hay delivery de alcohol, y tenés ganas de seguir, y ya no queda nada salvo la cosa esa que está en la heladera desde la fiesta de cumpleaños de Genève, como que ya no importa nada, y adentro.
Sabia Mariela que se fue a dormir antes de terminarse su vaso. Ignorantes mi hermana y yo, que nos terminamos la botella mientras nos hacíamos confesiones de borrachas; ella, con mirada cálida, aseguró que soy otra -una versión mejorada de mí misma- desde hace un tiempo largo ya, tiempo largo que concuerda con el tiempo que he pasado sin ver a El Innombrable; yo, con rubor en las mejillas, hablé de mi deseo animal hacia un libriano de sonrisa poderosa y mente inflamable. Después, cada una a su cuarto.
Y a pesar de haberme ido a dormir con una sonrisa orgásmica dibujada en la cara, el inconsciente me jugó una mala pasada y me hizo tener uno de esos sueños que si siguiera haciendo análisis jungiano, alimentaría la terapia por meses. Me desperté angustiada, y esa angustia no se fue hasta bien entrada la tarde, hasta que no identifiqué un par de elementos de esos que forman un patrón en mi historia onírica.
Llamé a Flor desesperando, contándole que en el sueño había un vecino de mi abuela que me acosaba, que su pasividad agresiva hacía que lo sintiera espiándome todo el tiempo, como una sombra; que el tipo, un cincuentón que se parecía a Manuel Puig, estaba obsesionado con arruinarme la existencia, que me revisaba la basura y pegaba hojas de mi diario en las puertas de las casas del Pasaje San Ireneo; y hasta ahí una pesadilla común y corriente, el problema era la escena en la que con desesperación le decía a mi mamá "es que si este monstruo me persigue es porque lo tuve todo este tiempo adentro y no lo quise ver, ¿no te das cuenta? viene de afuera porque no lo quiero ver adentro. atraerlo y hacerlo venir como algo externo era la única manera de hacerme cargo". Qué lúcida soy cuando duermo, eh. Me cago en mi culto a la proyección y la sobredosis de información que me estuve dando en estos días. Flor quiso resolver todo rápido "Boluda, es clarísimo, el monstruo es El Innombrable. Todos los ex son monstruos". Menos mal que no me dejé llevar por esa premisa.

En otro orden de cosas, pueden decidir qué ver este finde y mi primera crítica cinematográfica junto con la bonita presentación que hizo Ale de mí en Noche de peli.

Ahora mi mente olvida los embates de mi inconsciente y se dedica a tratar de decidir qué cocinar mañana a la noche. Estarán los clásicos guacamole, hummus y tal vez me ponga las pilas y tire unas berenjenas sobre las hornallas para hacer una pasta. Panes árabes, papitas y demases porquerías y algunos quesos; pero como que no estoy conforme, hace falta más. Menos mal que con las tortas soy de lo más decidida, la chocotorta es el combo perfecto que combina practicidad y ricor.
Y pensar que cuando tenía quince pensaba que me iba a morir a los 27.
Ni loca. N-I-L-O-C-A.

miércoles, octubre 21, 2009

Desde los doce años hasta principios del 2007, vagué por casas varias. La de mis padres, mi abuela, mi otra abuela, Ale, Andre, Dedé, Lau, Ani, Ali, otras amigas, chongos, profesor de canto, tíos generosos. Un día acá, otro día allá; nunca dormí más de dos días seguidos en la misma cama, estaba acostumbrada a la mochila con una muda de ropa, a las distintas presiones del agua en las duchas, a despertarme y tardar un rato en saber dónde estaba. Me gustaba esa vida, ser medio nómade, sentir que ningún lugar era mi hogar, porque el hogar era otra cosa, más de adentro, algo que no tenía mucho que ver con un cuarto lleno de pósters o una heladera que dentro tuviera la mermelada del gusto que a uno le gusta. Entonces un día de febrero Nat me llamó y me ofreció el cuartito de arriba de la casa, acepté inmediatamente; planeé mi mudanza para el 21 de Marzo, el día que empezaba Aries -porque sí, yo hago esas cosas, calculo tránsitos planetarios antes de hacer las cosas-. Durante los primeros 4 meses no tuve muebles. Una cama prestada que me hacía retorcer de dolor, la repisa con los libros y nada más, todo en el suelo. Es difícil armar un espacio propio después de tantos años de andar vagando por ahì; pero en Julio me traje unos muebles de la casa matriz y me compré un colchón, empecé a habitar esa miniatura de cuarto. En Agosto La Secretaria se mudó, se vino Flor y la convivencia se hizo más tangible. Ver pelis las tres juntas, salir y compartir el taxi de vuelta, prepararles cenas, aprovechar las primeras noches de la primavera para tomar fernet con coca en la terraza. Un romance, eso tuve con mis roomates durante más o menos un año y medio, un romance también con la casa, empezar a apropiarme de un espacio me hizo ver que no todo era tan Acuariano como yo pensaba, que sólo se trataba de que lo creara yo.
En Marzo de este año se fue Flor y llegó Ani, su hermana. Por otro lado, Nat noviando amenazaba con que no iba a renovar contrato otra vez. La casa se oscureció, la abandonamos. Poca comunicación, poca dedicación, poca atención. Fueron meses raros, de estar mucho en lo de Dedé, de no querer volver a casa, de saber que había que tomar una decisión: mudarme para abajo o no, renovar contrato o no, saber quién se mudaría y de dónde carajo iba a aparecer una garantía. Resumiendo, me mudé al mejor cuarto de la casa, se renovó contrato a mi nombre, la garantía la pusieron mis abuelos y se vino Genève.
El torbellino Genève nos cambió la existencia. La casa está divina, da gusto llegar y colgar las llaves del ganchito. La convivencia vuelve a tomar forma de affair y es prácticamente imposible hacerme dormir fuera de casa. No me dan ganas de salir, mi cuarto es mi santuario. Plutón, el gato más bello, y mi hermana como invitada permanente no hacen más que sumar.
Todo esto para justificar que cuando salga de la librería en un rato, me voy a meter en un bazar bien grande y me voy a gastar la plata que no tengo en pelotudeces. Un coso para cortar ajo, por ejemplo.

martes, agosto 11, 2009

Acerca de cómo un mismo hecho puede ser visto a través de miradas completamente diferentes.

Por ejemplo, que yo invite a un hombre nuevo en mi vida a pasar la noche en casa.

Ani me codea y se pone a pura onomatopeya. "eeeeehhhhh", "eeeeesaaaa".. Así.

Flor inclina la cabeza, sonríe y pregunta dulcemente "¿y? ¿qué tal? ¿cómo la pasaste?". Muy divina ella, siempre.

Lau es la representante de los pies sobre la tierra. "Che ¿y qué hace de su vida?". Ella es de las mías, la compra más una profesión copada que un cuerpo escultural.

Nat indaga, habilita espacios, compara con otras experiencias, hasta que yo termino diciendo "bueno, sí, me hace acordar bastante a mi viejo...". Porque los hijos de psicoanalistas a veces son así.

Genève mira de reojo y con picardía dice "Bueno, vamos a lo importante ¿cómo la tiene?" desatando la carcajada y los detalles más suculentos.

Yo también me hago un par de preguntas clave.
No, nunca las confesaría.

domingo, marzo 08, 2009

Resulta que hace 3 años el Festival de Cine de Mar del Plata todavía se hacía durante el mes de Marzo. Y también resulta que yo me tomé un tren con Bar y Flor porque podíamos tomarnos unos días, Flor venía a ver a su novio y nos prestaban un departamento.
A las 48 horas de haber llegado, yo me escapaba de la fiesta de cierre en el Hermitage porque había visto al Innombrable yéndose del lugar con otra chica. Al día siguiente mandé a Flor a que le dejara una carta en el hotel. (Me acuerdo de dos frases de esa carta. "Sos un egoísta que cree que el mundo es una extensión de sus brazos y nunca tenés en cuenta que existe un otro" y "Y al final, sólo me vas a recordar porque hago ricos guisos de lentejas). Después nos dedicamos a comer postres Balcarce y fumar sin parar para paliar la angustia.
Y dije que nunca más iba a volver a esta ciudad que sólo me trae recuerdos horribles.
Tuve que comerme el nunca más, porque quería ver a mi papá, y él quería verme a mí. Y si no venía, no nos íbamos a ver las caras hasta semana santa.
Entonces, me subí al micro, dormí durante todo el viaje y me desperté cuando faltaban 15 minutos para llegar. Me estaban esperando mi mamá y mi hermana en la estación. Caminamos un par de cuadras y ahí estaba, imponente, el Hermitage. Me subió la angustia a la garganta (o tal vez bajó, quién sabe dónde se aloja la angustia) y casi que me pongo a llorar, pero no.
Los postres Balcarce siguen siendo un excelente medio para olvidarse de todo.