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jueves, mayo 19, 2011

Desde los 15 años hasta ahora:
- Atendí un local de ropa en la Bond Street
- Corregí pruebas y trabajos prácticos de alumnos de sexto y séptimo grado para un amigo de mi viejo que era maestro.
- Pinté remeras y pantalones para una de mis tías artesanas.
- Mandé a hacer camisolas y las vendí los fines de semana en plaza francia.
- Hice los chirimbolos esos de silicona de colores para pegar en los vidrios.
- Trabajé de vendedora en un local de ropa en Once.
- Fui soporte técnico telefónico de máquinas de revelado fotográfico para USA durante un año.
- Fui soporte técnico telefónico para usuarios de MSN en USA.
- Fui de esas que calientan vía sms en los servicios del estilo "¿querés encontrar pareja? envía AMOR al 2020"
- Fui de esas que leen el futuro vía sms en los servicios referidos en el ítem anterior.
- Tiré las cartas a cambio de dinero.
- Administré órdenes de compra para una gran multinacional durante casi dos años.
- Llamé a muchos morosos latinos residentes en USA instándolos a saldar las deduas que habían contraído comprando juegos de ollas de acero inoxidable.
- Dí clases de inglés.
- Atendí un local de ropa y accesorios en Palermo.

Y la librería desde hace más de dos años, claro. Así que ¿saben qué? estoy cansada de trabajar. Quiero unas vacaciones muy largas. Quiero un año laboralmente sabático. Quiero poder dedicarme al estudio y solamente al estudio por lo menos durante un ciclo lectivo. Quiero una licencia con goce de sueldo hasta sentir que realmente estoy descansada. Quiero un sponsor que me beque simplemente por ser yo. Pero como sé que no es posible, simplemente pido que la librería se venda antes de que tenga que salir a buscar un nuevo trabajo, así recibo la indemnización que me corresponde y hago vida de mantenida durante un par de semanas.
¿Dale, Cosmos, que te copás y mandás un comprador para cuando mi jefe vuelva de viaje?

miércoles, mayo 04, 2011

El flaco me decía que mejor la cortáramos ahí porque yo quería "algo más". Y yo le respondía que claro que quería algo más, pero en un sentido más general de la expresión; que el "algo más" que
él estaba conjeturando era sólo una de las posibilidades de algos-máses a nuestra disposición. Que siempre quiero más y eso no necesariamente tiene que ver con un deseo romanticón de andar juntitos de la mano, de decirle a mi papá "te presento a mi novio" o de irnos juntos un fin de semana a algún lugar de la costa. Que con coger y sólo coger a mí no me alcanza, que es preciso que haya un ingrediente extra, como que el otro tenga mujer y todo tenga gustito a incorrecto y prohibido; o que broten fantasías y morbos como conejos de la galera; o que los diálogos sean tan estimulantes como reflexivos. Algo, lo que sea, pero que para tener orgasmos ya me tenía a mí misma. Así, "para acabar me alcanza conmigo misma".
Él me decía que no terminaba de entender a qué iba con esa declaración de principios y yo me daba cuenta en ese preciso instante de que el tipo no tenía ganas de nada conmigo, que el problema no era el "algo más", sino yo en general. Pero también caía en la cuenta de que él tampoco me alcanzaba y que tenía razón, mejor dejarlo todo ahí.


Genial, hasta en los sueños me hago la cancherita. Yo no sé qué quiere decir este sueño, lo que sí sé es que cuando un diálogo parecido se dio en la vida real hace unos meses, yo quería todos los máses con él y, bueno, él no.
Eso sí, el discurso de mi yo onírico me cierra por todos los costados. Siempre quiero más, más de lo que fuere, pero más.

Cuando salí de la cama me puse a buscar unas hojas cuadriculadas para un tp del profesorado y ahí estaba, escondido entre otros papeles, el guión del corto del hombre soñado. Me acordé de Freud y su texto Lo Ominoso (o Lo Siniestro, según la traducción) y traté de armar redes entre manifestaciones del inconsciente; pero antes de ponerme a especular le eché un vistazo y no sentí ni angustia ni melancolía; todo lo contrario, me dieron muchas ganas de que algún día pueda filmar esa idea tan bella. También deseé que le diera pelota a mis correcciones, pero eso por el bien de la sintaxis.

Y así, mientras dormía, fue que me dije a mí misma que -otra vez- quiero más.
Alguien más.

viernes, septiembre 10, 2010

Tengo planeadísima la primavera.

Martini bianco con ginger ale y Mondo Cane de fondo.
Smoothies.
Llegada de Saturno Schrödinger a la casa. Un gatito negro con ojos fosforescentes y caracter de mierda.
Campari con naranja en la hamaca paraguaya mientras atardece.
Pescado a la parrilla y terraza.
Remitirme a los hechos, solo a los hechos.
Fernet, coca y amigas.
Vacío, mollejas y chinchulines; verduras asadas para Dedé que no come carne.
Respetar las ganas. Primero las ganas.
Inducir a Dedé a que abandone el vegetarianismo. Estamos hablando de una vegetariana que habla de cordero al horno y se le ilumina la mirada.
Continuar con este proceso de aceptación del ascendente en Piscis.
Paseos de domingo.
Comprender, asumir, incorporarlo de una vez: el único refugio es la ausencia de refugio.

martes, junio 29, 2010

Tenés que ver cómo conseguir más plata sin emplear demasiado tiempo. Hay que coger más. Hay que coger más con fulano. No hay que coger más con mengano. Berenjenas en escabeche. Ajos confitados. Pimientos en vinagre. El nominativo, si no es el núcleo del sujeto, es predicativo subjetivo. Fulano es un hombre increíble; "un hombre increíble" es el predicativo subjetivo. Gershwin, quiero cantar y escuchar mucho Gershwin. Hay que apagar la luz de la cocina. Hay que pagar la luz. Hay que pagar el gas. Mañana me despierto temprano y estudio. Tarde, tarada, ni siquiera pusiste el despertador. ¿Cómo tardé tanto en empezar a leer Bolaño? ¿Por qué no sacan Alta Fidelidad en versión compactos? ¿Por qué no vivo en España para comprar libros a 9 euros? ¿Dónde voy a meter todos los libros que ya no entran en los estantes? Fulano es un hombre muy interesante; "muy" es un adverbio, un circunstancial. Tengo que sacar turno con el tatuador. Todo lo terrible en mi vida es culpa de la cuadratura Luna-Saturno, nunca va a ser suficiente, no hay Fulano en el mundo que pueda cumplir con las expectativas. Llamá a amigo y consejero apenas te levantes. ¿Qué le vas a regalar a amigo y consejero? Dormí. Dale, dormí. Chocolate con almendras. Cuando me dijo que una palabra como "apoteosis" me define ¿qué me quiso decir realmente el flaco este? Porque yo sí vivo el presente en ciertos momentos. Ciertos momentos equals garchar. Hay que coger más. Fulano es un hombre muy sexual; el verbo "ser" es copulativo. Hay que copular más..

No me para la cabeza.
Necesito vacaciones.

viernes, junio 25, 2010

A ver si nos entendemos.
Usar el "de que" cuando no corresponde queda horrible, sí. Dios nos libre a todos del dequeísmo.
Pero ojo, mis queridos, que no usarlo cuando sí corresponde es igual de incorrecto.

Entonces:
Antes/después DE que.
Me acordé DE que.
Estamos seguros DE que.
No se dio cuenta DE que.
Estaban convencidos DE que.

¿Estamos?

domingo, abril 04, 2010

Tuve que mediar conmigo misma y llegué a un buen acuerdo.
A veces me despierto de las siestas con unas gansadas tremendas como ideas, y desde la mirada somnolienta se me hacen brillantes, pero debo poner paños fríos.
Raciocinio. Ya no más estrategia, la estrategia sólo me aleja del deseo. Se trata de evaluar variables y constantes. La constante soy yo queriendo siempre lo mismo más allá de que los hechos se empeñen en demostrarme que es probable que no valga la pena intentar nada más. Pero soy testaruda y mi nivel de tolerancia al fracaso fluctúa incesante, tanto, que no me da respiro.
Hoy me desperté de la mini siesta sintiéndome invencible, aplanadora, a mi qué, que quién es quién para no dejarme hacer y decir lo que se me cante. Me preparé un té chai y cada sorbito venía acompañado de una frase. Calma, chicha, que siempre abrís la bocota y después te querés matar. Bancate dos horitas, si en dos horitas pensás igual, avanti. Ahora hacete la tarea de latín y después te fijás qué onda. Y así, hasta que se terminó el té.
Después fui a comprarme una coca, complemento de ferné, para gratificarme por haber separado en sílabas los primeros versos de la Eneida y haber diferenciado las vocales cortas de las largas, y mientras abría la puerta de casa terminé de decidirlo.
No hay otra, señores. Cuando llega el momento, la conciliación entre el lado más salvaje y el más miedoso es posible, hay un punto de encuentro. El punto de encuentro es el momento. El momento es todo.
Un pequeño paso para la historia de la humanidad, un momento de absoluta satisfacción y paz interior para Cel.







Claro que cinco horas después aparece el otro momento. El momento de hacerme otro té y decirme, sorbito tras sorbito, que no puedo ser tan hijita del rigor.

viernes, enero 15, 2010

Del lunes al jueves, mi casa sola, absolutamente sola. Los gatos y yo. Mis libros y yo. Mis pelis y yo. Mi cama y yo. Mis vacaciones y yo. Genève en Brasil, Ani en Mar del Plata y yo en Caballito, en la hamaca paraguaya, libro en mano, con un Campari con naranjas recién exprimidas al alcance de la mano, con el sol ya bajo, escondiéndose; y yo en bombacha y musculosa todo el día, porque los novios de las chicas no están, porque las chicas no están.
El jueves a la nochecita, Córdoba, pero eso ya es otra historia.

miércoles, enero 06, 2010

Es la misma sensación que agarra cuando estás en uno de esos ascensores, esos que hacen que te suba y baje una cosa rara en la panza. Bueno, eso mismo. Pero en vez de sólo en la panza, en todo el cuerpo. Unas cosquillas, no sé, algo muy raro.
Como una de las resoluciones para este año era dejarme de romper las pelotas, pensar menos y hacer lo que se me cante, le doy para adelante. Y que salga lo que salga.
También le doy para adelante porque es enero y no quiero morir de aburrimiento.
En marzo, atendiendo ciento cincuenta madres furiosas y ansiosas por día, ol-vi-da-te.

lunes, diciembre 14, 2009

Decidí entonces dejar de estar esperando lo que nunca quiere aparecer. Me cansé de tibiezas, de propuestas inconclusas, de la falta de feedback. Sin tristeza, sin rencores, simplemente aprovechar que por una vez tengo bastante en claro qué es lo que quiero de un tipo. Bueno, más que nada sé lo que no quiero, pero más o menos se puede armar un concepto más o menos copado.
Parece que la claridad mental y las decisiones acordes a esa claridad son algo de lo más sano y yo me había olvidado. Me encontró el mediodía de los más relajada y segura, recibiendo un mensaje de texto que me sacó una sonrisa, y también una respuesta afirmativa a una propuesta. Llegué al trabajo liviana, tarareando, contenta.
Abrí el msn, revisé los mails. Nos chateamos un rato y yo, aunque no lo tuviera en frente, me enrulaba el pelo y todas esas pelotudeces que hago cuando me cabe un pibe. Una sensación maravillosa.

Hasta que.

¿Hasta qué?

Hasta que.

Voy a comer de mi viejo, dijo.

de-mi-viejo.


Esta vez voy a hacer una excepción; voy a ignorar a esa parte de mí que se horroriza hasta llegar a límites insospechados por estas boludeces. Es difícil, pero se puede. Si pude bancar 6 meses con Tomás que escibía iva o estube, puedo con todo.
Yo puedo.
Se puede ¿no?

viernes, noviembre 27, 2009

Hoy canto, y hace tanto que no canto en público que me agarra el nudo en el estómago y tengo la sensación de que me voy a quedar sin aire, y que todo el mundo se va a reír de mí, pero por dentro, por fuera van a poner cara de circunstancia y decir cosas como "claro, pobrecita, ella es muy nerviosa". Por lo menos eso diría mi abuela; para ella, todas somos muy "nerviosas". Y por dentro, carcajadas y "¿quién se piensa esta que es?.
Mentira, no pienso eso. Lo más probable es que salga todo normal, rayando lo mediocre. Que reciba un par de felicitaciones y la que ponga cara de circunstancia sea yo, porque por dentro voy a estar pensando que me faltan años luz por recorrer si alguna vez quiero cantar como se supone que tengo que cantar. Menos mal que hace rato colgué los guantes en ese sentido y lo tomo todo como algo más terapéutico, o como pegote para estrechar mi relación con mi padre, o como liberador de endorfinas, o como entrenamiento de karaoke.
Y resulta que me acabo de acordar que soñé -de vuelta- con Mike Patton. Lo tomo como una señal y una bendición.
Juro que hoy daré lo mejor de mí -cantando All of me, qué justo ¿no?- y no dramatizaré si las cosas no salen como a mí se me ocurre que tienen que salir.
Lo juro sobre el último de Auster, lo juro por los ojos y la mirada de Paul.

miércoles, noviembre 25, 2009

Somos las pichones de bruja de Ita. Ita es la madre de Dedé. Le enseñó a ella, me enseñó a mí, a Gen también.
Y ya no hacemos esas maratones hasta las 9 de la mañana a puro mate y pucho tirando las cartitas una y otra vez, parafraseando preguntas hasta recibir la respuesta esperada. Ahora es cada tanto, cuando la situación amerita, cuando se siente que en ese momento sí; cuando son las tres de la mañana y damos vueltas en la cama porque nos acosa tal o cual cosa.
Dedé ya no lleva encima el I-Ching a cada lugar que va. No sólo porque se le despedaza el libro, sino porque por algún motivo ya no necesita la respuesta incuestionable del oráculo. Ya no tiene su bolsita con las runas a mano. Ni pide unas chiquititas -modalidad apodada por nosotras a un determinado tipo de pregunta y tirada- cada vez que vé a un tipo que más o menos le gustó en el trabajo; aunque confesó que el otro día les preguntó si se iba a casar con Mike Patton, hay mañas que no s pierden.
Yo las tengo sobre el escritorio, en una bolsita roja que me cosió Genève. Están a mano, me gusta tenerlas a mano, no sea cosa que me olvide que están ahí, siempre listas. Me gusta también convencer a los hombres, que primero se nieguen un poco, que aleguen escepticismo y que después los mate la curiosidad. Es impagable la cara de un tipo cuando más o menos le pegás a algo, no lo puede creer, le da una mezcla de vértigo y más curiosidad; después de eso, directo al bolsillo. Debe ser la sangre gitana, que tira.

Ita me hace ir a su pieza y sentar en la cama. Mezcla y me hace cortar. En el lapso de una hora, estuve a punto de llorar, me maté de risa, replanteé varias cosas y dejé de valorar otras. Y ahí está, esa es la esencia. No se trata del vaticinio, se trata de la percepción, de un momento en el que las cosas se ven, por una vez, claras; una oportunidad para sincerarse con uno mismo y aceptar que en general, el destino no es algo impuesto desde afuera.

Después, Dedé me pregunta qué salió. Menos mal que llega el taxi y me subo, así, no tengo que contarle nada.

jueves, noviembre 05, 2009

No sé si alarmarme. El otro día estaba buscando un post en particular de este blog y me topé con uno en el que me quejaba de tener siempre alrededor el mismo elenco -de hombres, claro está-. Eso era en el 2007, y sí, el elenco era demasiado estable. Los mismos personajes durante años, las mismas dinámicas, los mismos planteos y las mismas inquietudes y confusiones de mi lado. Que si estaba enamorada o no de El Innombrable, que si con LlaveInglesa algún día podríamos darnos alguna vez eso que pensábamos que necesitábamos, que si fulano se ponía muy cargoso, que si mengano tenía novia y me llevaba a situaciones extrañss; siempre lo mismo. Durante años.
El 2008 fue el año del duelo. Caer en que ninguno del cast estable me terminaba de convencer, que los veía porque había una historia demasiado truculenta que me ataba, o porque simplemente no tenía otra cosa que hacer. Un año y un poco más de estar absolutamente sola, de elegir de corazón estar sola, y de rechazar casi cualquier oportunidad que se presentara; de celibato sufrido pero satisfactorio, de culto al onanismo y mucha charla reconfortante con amigas. En algún momento de Noviembre entendí qué era lo que tanto venía buscando y supe que no me quedaba mucho tiempo más de encierro, que tenía que salir a buscarlo y experimentar.
Un año después, y me cago en la puta, me doy cuenta de lo terrible: sin darme cuenta, en seis meses armé un nuevo cast, mucho menos enfermo y atormentado que el anterior, pero igualmente estable. Y de vuelta me encuentro en el medio de unos tipos que pretenden cosas de mí y me niegan otras. Que me hacen reír y enojar en partes iguales. Que están ahí y no se van. No se van.
Está bien, por ahora que se queden.

martes, octubre 20, 2009

¿Se tira la casa por la ventana y no se para hasta que a los vecinos mala onda se les ocurra tirar huevos por la medianera? (based on true events) ¿Se pide a todo el mundo que invite a sus amigos hombres incluso corriendo el riesgo de que la casa se convierta en un desfile de bananas? ¿Se invita a todos los chongos aun sabiendo que hay que elegir a uno solo para terminar la noche? ¿Se decide por el clásico "nos juntamos los de siempre" y se te termina filmando a la agasajada chupando una pija de exquisito chocolate orgánico mientras alguien le vuelca leche de un sachet en la boca? (oh, sí, basado en hechos reales) ¿Se recibe a los invitados con comida o se trata de dedicarse a beber exclusivamente? ¿Vestido o pollera? ¿Tacos o comodidad? ¿Gin Tonic o Campari a morir? ¿Machaco a todo el mundo con Le Tigre y FNM o los dejo elegir qué escuchar? ¿Se invita o no a viejos compañeros de trabajo? ¿Asado de mediodía o bacanal nocturna? ¿Brownie de porro o del normal? ¿Cheesecake o chocotorta? ¿Veintisiete velas o una sola con forma de signo de interrogación? ¿Tambores y charango o pop careta de los 80's? ¿Karaoke? ¿Disfraces? ¿Bebida en mano o apelo a mi generosidad?
¿Qué hacer?
¡Oh!
¿Qué hacer?

sábado, septiembre 26, 2009

Voy a echarle la culpa a la resaca, al fernet, a mi irresponsabilidad. Si estoy de mal humor es por esas cosas, por haberme quedado hasta cualquier hora sabiendo que hoy el despertador sonaba a las nueve; no estoy malhumorada porque estoy haciendo como que no estoy esperando un llamado/mensaje que sé que no va a llegar.
Qué cosas, eh, una se piensa que está curada, que ya fue eso de estar esperando al lado del teléfono, o eso de mirar fijamente el celular como queriendo hacerlo sonar con el poder de la mente. Pero no.

jueves, septiembre 24, 2009

- Con esto, restó 38 puntos.
- Basta con eso.
- ¿Con qué?
- Con los puntajes y las listas. Basta.
- Bueno... bajó en concepto.

Llegué a casa, jugué con Plutón, hice un pastel de papas -que se derrumbaba pero que estaba muy rico-, me fumé un porro, comí un poco de chocolate, vi diez minutos de Wild at Heart, vi quince de la de los hermanos Grimm y salí al patio, a seguir fumando y charlar con Genève (que me dijo que parase con las listas). Volví a mi cuarto con un disco con pelis. Un par de Almodovar, la de los Simpson y Sex & the City. Terminé viendo a Carrie y su pandilla, por tercera vez. Tercera vez. Esta vez, no lloré, ni me rei. Nada. Y aparecía Big, y nada. Porque siempre -o por lo menos hasta hace unos cuantos meses- quise creer que algún día mi historia con my-own-private-Mr-Big iba a virar para el lado de los fuegos artificiales, los corazones y las confesiones tardías de amor eterno. En cambio, ayer me di cuenta de algo. No. No pasó, no va a pasar, ni quiero que pase. Es como si todos esos años se hubiesen convertido en un recuerdo casi irreal. Como el viaje de egresados a Córdoba cuando tenía 12 años. Como el primer día de clases en primer grado. Cosas que en su momento fueron de lo más emocionantes, cosas que viví con absoluta intensidad, pero que en el presente no significan nada; son imágenes, a lo sumo el recuerdo de alguna situación, pero no más que eso.
Entonces apagué la compu y el velador. Me metí debajo de las colchas y traté de ver qué pasaba. Sonreí. Una sonrisa con todos los dientes, en la oscuridad. Porque, por fin, siento que se fue el peso de encima. No está más. Estoy liviana. No lo puedo creer. De veras, realmente no lo puedo creer.
De todos modos, esto va a llegar a su fin cuando deje de ser El Innombrable. Cuando ya ni siquiera sea nombrado.

martes, septiembre 15, 2009

Comíamos unas cosas parecidas a unos ravioles en la cocina de Lau. Entonces ella se preguntó qué es lo que deja uno en la vida del otro después de una separación. Hábitos, ciertos gustos, ideas; esas cosas. Con cara de soñadora, mirando para arriba, decia que tenía ganas de saber qué huella había dejado ella en cada uno de sus ex.
Ese deseo de trascender, de formar parte de la vida del otro aunque sea tácitamente. Esa necesidad de estar presente, el ego que se nos exacerba y quiere estar en todas, siempre.
También las ganas de saber qué es propio y qué vino de afuera, qué empezó siendo ajeno. Ella supo en ese momento que nunca habría visto partidos de fútbol si no hubiese sido por su primer novio; que nunca se habría animado a comer sémola con las manos de no haber salido con un chico africano durante un año.
Y yo supe que es probable que el haber empezado a fumar haya sido culpa del compañero de colegio que me en-can-ta-ba y siempre tenía un parissien colgando de los dedos; también caí en que mi forma de ver el cine cambió con El Innombrable; que Cat Power, Patti Smith y Red Kross fueron un regalo de mi primer profesor de canto; que Bukowski y Kerouac habrían sido dos desconocidos de no haber conocido a ese morocho enorme con ojos moros que me llamaba "pendeja"; que el primer interés por la física vino de la mano de Tomás.
¿Y qué les quedó a ellos? Quién sabe. Alguno me dijo una vez que después de conocerme, empezó a preguntarle a la gente de qué signo zodiacal era. Para eso mejor que no quede nada me parece.
Sólo quiero que quede registro de este maravilloso día.
Las semillas están germinando y brotando.
Genève quiere ponerles nombre. Betty & Boop, propuse yo; Tarzán y Chita, tiró ella.
Vamos a ver, vamos a ver.

jueves, septiembre 03, 2009

Mientras me pinto las uñas, miro In Treatment. Me distraigo un segundo y cae esmalte color "ciruela" -¿hay algún esmalte que no tenga nombre de comida?- sobre el almohadón que tengo en el regazo. Puteo por lo bajo y prendo un cigarrillo después de mil maniobras para no arruinar la maniquiur. Entonces miro a Gabriel Byrne, miro a Hope Davis; que hacen de analista y paciente. Me doy cuenta de algo, hace años, una serie así me hubiese disparado el deseo de volver a estudiar psicología; ahora tengo ganas de volver al diván, unas ganas que se están transformando en acción. Esta vez quiero una mujer.

martes, septiembre 01, 2009

Yo tenía la sensación esa, esa que me hce sentir que me voy a encontrar con alguien en cualquier momento. Entonces voy por la calle con las antenas paradas, mirando al frente y no mis pies como suelo hacer. Especulo, y me fijo en qué zona estoy para barajar los posibles encuentros.
La cagada es que siempre le pongo demasiadas fichas a la sensación. Bueno, la cagada es que siempre le pongo demasiadas fichas a demasiadas cosas, pero ese es otro tema.
Ayer, en el lugar habitual de los lunes, me crucé con un pibe con el que había ido al cine hace millones de años -circa 2005- y nunca más nada. Resulta que es amigo de un amigo. Lo que son las cosas de la vida, eh. Y me dijo que tengo cara de Puán; qué horror.
En el mismo lugar, divisé a un flaco con el que estuve hace unas cuantas semanas; pero este no cuenta porque nos habíamos conocido en ese mismo lugar. Lo que sí cuenta es que en este tipo de situaciones soy la peor, para cuando había terminado de dar mis mil quinientas vueltas, el pibe ya se había ido.
Y hoy, mientras caminaba por Perú y Moreno, con una resaca considerable a cuestas, lo vi -y pareciera que voy a decir algo emocionante, como "vi a mi primer amor" o "vi al Innombrable de la mano de una mujer embarazada", pero no, nada que ver-. Un chico que era amigo de un novio que tenía Lau a los quince años*. Nos habíamos dado unos besos en mi fiesta de egresados; yo estaba completamente borracha, así que no me acuerdo de mucho. Iba con un sobretodo negro y un pucho en la mano. Me gustó un poquito, pero más que nada por el sobretodo. Seguí caminando y para cuando había llegado a Avenida de Mayo lo supe, hasta ahí llegaba esta racha de encuentros, se terminó lo que se daba.
Sigo esperando encontrarme algún día con algo más suculento. Como la vez esa, que yo justo me había vestido de lo más putona para ir a la facultad y en la puerta estaba un chico con el que había salido unos meses el año anterior, esperando a su novia. O la vez que me encontré al Innombrable y al novio de Flor, juntos, en una panadería y casi le vuelo un vigilante de la mano. Es más divertido cuando me pongo nerviosa, me pongo colorada y se me traban las palabras.

*Mensaje personal para Marula: estoy hablando del amigo de Gastón con el que vos saliste. ¿Vos sabés que está igual? Una cara de nene de no creer. El sobretodo ese garpaba mucho, pero no sé si sos del tipo que se entrega por un sobretodo. Fin del mensaje personal para Marula.

jueves, agosto 27, 2009

Tengo ocho o nueve años, vuelvo del colegio por Ängel Gallardo y paro en la heladería. Me pido uno de banana y menta granizada, porque nunca supe combinar gustos de helados.
Tengo trece, y antes de entrar al colegio me duermo una siesta en las escaleras del mástil que está en frente de la biblioteca del Pizzurno. Me despierto a las 5 y cuarto, justo a tiempo.
Tengo 17, y ya no duermo siestas antes del colegio, tomo Tecate o sidra, porque a esa edad tomaba sidra.
Tengo 19 y vuelvo en el 37 desde Ciudad Universitaria. Me quedo dormida con el sol pegándome en la mejilla y los apuntes en el regazo.
Tengo 20 y estoy con un chico en Plaza Francia, tirados en el pasto, mirando a la gente con sus perros. Nos besamos por horas, hasta que se hace de noche y refresca.
Tengo 22 y comemos frutillas y cerezas con El Innombrable en el jardín de la casa de mi tía. A mí me encantaría que tuviera algún un gesto de dulzura, alguna vez, se lo pido con los ojos, pero no lo percibe, o no lo quiere percibir.
Tengo 24 y cruzamos hasta el río, todas las tardes. Media hora de sacarle el cuero al resto de la oficina, muchos puchos y los hombros que van tomando cada vez más color.
Tengo 26 y miro el techo mientras casi puedo escuchar lo rápido y fuerte que me late el corazón. Me ato el pelo, me acomodo un poco lo que me queda de ropa, y me doy cuenta de que esta época del año, los primeros calores, siempre dejó unos recuerdos de lo más indelebles.