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viernes, enero 20, 2012

No sé si le pasa al resto de la gente, pero a mí los últimos dos o tres años se me mezclan en una nebulosa de eventos. No puedo hacer un balance de nada porque me cuesta saber si fue hace seis meses o dos años y medio que empecé el profesorado; o me cuesta calcular si la última vez que me enamoré fue en 2009 o el año pasado. Mi mamá dice que es una cuestión planetaria -o cósmica, yo qué sé-; que la Era de Acuario y el fin del mundo y la inversión de los polos y la mar en coche. Yo la miro y asiento, pero en realidad no entiendo mucho lo que me dice, básicamente porque ella no entiende lo que me dice. Sus opiniones son premisas tiradas al viento sin ningún tipo de argumentación, y como siempre nos terminamos peleando porque yo la acuso de crédula comprabuzones y ella me trata de escéptica refutadora compulsiva, prefiero esbozar una media sonrisa y ya. Porque al final, qué me importa por qué el tiempo parece acelerarse, qué me importan las pseudo explicaciones new age de mi madre; qué me importa si no hay nada tan liberador como la sensación de que el tiempo no termina de ser una variable del todo relevante, por lo menos en lo que a retrospectiva y resignificación respecta.

La única coordenada temporal que no olvido se planta en el invierno de 2009. No sé bien qué estaba pasando en mi vida a nivel concreto -creo que estaba enganchadita con un pibe que tenía novia, se me hacía el lindo y me bicicleteaba los revolcones-, pero la cuestión es que un domingo, en la casa de Dedé, entramos en un estado de honestidad violenta y empezaron a florecer las epifanías. Desde ese día, prometí no olvidarme nunca de dos cosas que no pienso revelar porque quiero envolverme en un halo de misterio, pero que condicionaron mi accionar desde ese momento.
Oh, qué enseñanza de vida, cuánto aprendizaje. Me fumé un porro hace dos años y descubrí que estaba viviendo una mentira, que venía haciendo un personaje y que no me dejaba atravesar por el placer. Oh, la revelación, la iluminación, la lógica al servicio de la esperanza y un horizonte que se ensanchó en el transcurso de una madrugada.
Y aunque me burle, de protector de pantalla en la compu tengo un cartel que, en loop eterno, me recuerda "no te olvides". No me olvido.

viernes, septiembre 10, 2010

Tengo planeadísima la primavera.

Martini bianco con ginger ale y Mondo Cane de fondo.
Smoothies.
Llegada de Saturno Schrödinger a la casa. Un gatito negro con ojos fosforescentes y caracter de mierda.
Campari con naranja en la hamaca paraguaya mientras atardece.
Pescado a la parrilla y terraza.
Remitirme a los hechos, solo a los hechos.
Fernet, coca y amigas.
Vacío, mollejas y chinchulines; verduras asadas para Dedé que no come carne.
Respetar las ganas. Primero las ganas.
Inducir a Dedé a que abandone el vegetarianismo. Estamos hablando de una vegetariana que habla de cordero al horno y se le ilumina la mirada.
Continuar con este proceso de aceptación del ascendente en Piscis.
Paseos de domingo.
Comprender, asumir, incorporarlo de una vez: el único refugio es la ausencia de refugio.

viernes, agosto 13, 2010

Puedo hacer un relato detalladísimo, minucioso, con actuaciones y recreaciones de voces en off. Puedo y me encanta. Que la historia de lugar a opiniones, anécdotas, confesiones y conjeturas. Estiro los momentos, me voy de tema, me voy lejos y vuelvo. Disfruto la narración, muchísimo.
Por eso ayer me tomé el tiempo de la cena y gran parte de la sobremesa para contar qué había pasado la noche anterior. Sol me tiroteaba a preguntas y Dedé tiraba sus comentarios mientras yo avanzaba en mi cuentito. Porque es así, al principio cuento el cuentito. Me dijo-le dije. Hizo esto, hice lo otro. No sabés qué gracioso cuando. Me encantó que. Y es eso, limitarme a lo concreto, al comentario chistoso frente a eso concreto y todas nos matamos de risa mientras seguimos tomando fernet.
Pero después, ya bien entrada la madrugada, cuando el atado de puchos estaba por terminarse y era más hora de irse a dormir que otra cosa, abrí la boca y fui sincera. Porque esto de dejar de caretearla es algo que se está convirtiendo en hábito y nadie para de festejármelo, como si durante los últimos años me hubiese comportado como una perra sin sentimientos sanos hacia nadie.

"Estás más pisciana", me dijeron.
"Es la idea", contesté.

sábado, agosto 07, 2010

"Chicas, no tengo novio y a ALGUIEN le tengo que cocinar"

Por eso, ayer a la noche, sopa de ajo -orgásmica- y ñoquis de calabaza rellenos. Cuatro horas estuve en la cocina. Cuatro. Pero con Flor, Lau y Dedé -y una considerable cantidad de vino y whiky, claro- se pasaron vo lan do.

En otro orden de cosas, me tumba la resaca.

martes, julio 20, 2010

Primero me dijo "feliz día" la mina de la imprenta que nos trae las tarjetas y los talonarios de facturas. Después, un compañero del profesorado que sólo me habló dos veces por msn para preguntarme qué era un acento enclítico. A la primera le sonreí y balbuceé algo parecido a "feliz día para vos también" porque me tomó desprevenida, al segundo ni le contesté el saludo fraternal y le respondí la pregunta que me estaba haciendo.
Todo bien, pero para que yo le diga felizdìa a alguien, tiene que ser amigo de verdad. Como Dedé, que me cocina milanesas de berenjena, me arma porros y le saca la numerología a los chicos que me gustan. O Lau, que siempre tiene ganas de tomar cerveza, ir a comer afuera, probar de cocinar recetas exóticas y mirar fotos de tipos lindos en Google. O amigo y consejero que me atiende el teléfono a las 12 y media de la noche aunque esté borracha, quejosa e insoportable.

Eso sí, a Lili, mi clienta octogenaria que se lleva novelas románticas, se pinta los labios de un rojo divino y usa unas hebillitas de lo más simpáticas para agarrarse las pocas mechas que tiene, sí le dije felizdía. Porque no somos amigas, es cierto, pero si yo hubiese nacido cincuenta años antes, lo seríamos.

lunes, mayo 17, 2010

- Ay, soy una pelotudaaaaa. No sé por qué estoy llorando. Buaaaaa.
- Peeero, no. Lo estás sacando afuera. Está bien.
- Pero ni sé por qué estoy llorando, boluda. Jajajabuaaaajajajbuaaa.
- Te estás permitiendo otra cosa. Estás evolucionando. ¡Sos el homo novus!
- Buaaaaaaa. No, soy una marmota. Jajajaja. ¿Ves? No sé si me estoy riendo o llorando. Estoy podrida de las hormonas.
- Pero más allá de las hormonas. Que llores, que digas las cosas que estabas diciendo... es todo parte de un cambio re grande, nena. ¡Homo novus!
- Novus: nominativo singular de la segunda declinación. Novus, nove, novum, novi, novo, novo.
- Aunque hay cosas que nunca cambian.

viernes, mayo 14, 2010

- Bueno, bien. Se están viendo.
- No no, Dedé, "se están" no. Eso es tiempo presente. Implica hábito. Acá aplicaría un pretérito perfecto. "Se vieron". "Se vieron un día". "Se vieron otro día". No hay una rutina como para hablar de tiempo presente.
- ...
- Para que hablemos con propiedad.
- ...
- No, bueno, eso. Todo bien.

viernes, febrero 26, 2010

Fui a lo de Dedé después de la librería, primero porque necesitaba provisión de antibióticos y segundo porque empecé a dudar de mi deseo enfermizo de soledad, considerando que mientras mi jefe hacía que no me veía yo me largaba a llorar una y otra vez, el germen de conclusión obvia empezó a crecer con la misma rapidez que el coso que me salió en el brazo y que hizo que requiriera antibióticos.
Estábamos sentadas las cuatro, Dedé, Sol, Genéve y yo. Mientras Sol proponía un domingo de maratón de Volver al futuro e imitaba la cara de Brad Pitt cogiendo por primera vez en Meet Joe Black, Dedé contaba sus peripecias en el centro de terapia ocupacional, donde le hicieron meter la mano en un frasco con porotos de soja. Yo acotaba comentarios de los que siempre meto en las conversaciones y Gen arengaba para que estafáramos a la pizzería que nos había mandado un pedido mucho más generoso que el hecho por nosotras.
Y si bien me sentí un poco al margen al principio, un par de risas -más bien carcajadas- me hicieron volver un poco. Volver a ese lugar que a veces descuido, el de la reunión, y no sólo reunión desde lo más concreto, sino desde otro lado, el de poder compartir un momento, el que sea, sin pretensiones, sin planteos neuróticos. Reírse un rato.
Sol se fue al ensayo -al que yo falté por no poder mover el brazo y sentirme afiebrada-, Gen partió al rato y yo me quedé a solas con Dedé. Después de unos cuantos cigarrillos y una charla sobre las madres, las lunas y la necesidad de terapia, terminé diciéndolo, porque sólo a ella podía confesárselo. Que tal vez mi incapacidad de relacionarme llegó a magnitudes desproporcionadas porque divisé un objeto de potencial afecto. Algo de lo más inocente, pero justamente por esa misma razón, un motivo de temor. Unas ganas genuinas de alguien, de un hombre en particular. Un hombre que me ha hecho reír con todo el cuerpo. Un deseo de lo simple, de recostarme en ese sillón y dejarme ser un rato. Alguien que me gusta.
Saltan las inseguridades, los miedos, las profecías nefastas, pero no pueden contra las ganas, que eclipsan mis pronósticos más desalentadores, esos que suelo tener en la punta de la lengua.
En veinticuatro horas, cambia todo, decido dejarme de romper las pelotas y empezar a disfrutar de esta sensación, esperando que a él le den ganas de compartirla conmigo. Y si no, si no quiere, si no percibe que estoy dispuesta a que me siga haciendo reír y a que me den ganas de abrazarlo mientras le acaricio el pelo, pues mala leche, tengo en claro que la posibilidad de la negativa de su parte existe, pero no me importa. Porque lo que siento -y no lo que pienso, ahí está la gran diferencia gran- es mío. Y se siente de puta madre.

miércoles, diciembre 23, 2009

Ayer, mientras Ita me hacía entrega de mis flores de Bach y yo le hacía un bailecito ridículo en el que bamboleaba el escote y cantaba algo así como "soy sexy" o andá a saber qué, Dedé interpelaba a su madre. "Las hiciste vos ¿no?" "¿Les pusiste brandy?" "Le deberías haber puesto más, es poco" "¿Pusiste primero el brandy, despuès las flores y despuès el agua?". Ita contestaba entre desganada e indignada y yo ya me estaba clavando las últimas cuatro gotitas del día, de lo más feliz y confiada.
Yo no sé si serán las gotas estas que me prepara Ita, si es Gershwin que suena a mi espalda, o qué, pero la paz y la comodidad que vengo sintiendo en estas últimas semanas es algo que no termino de entender del todo. Una sensibilidad que no incomoda, una tolerancia al fracaso que va en aumento, un abandono del cinismo que hasta me asusta. Noté, incluso, que me está cambiando la manera de hablar. Muy twilight zone emocional.

Menos plata, tengo todo lo que necesito.
A quién engaño, coger no vendría nada mal.

jueves, diciembre 17, 2009

- Esta vez tengo que tomarme mi tiempo. Siempre la cago cogiendo.
- Claro, esa es la especialidad de la casa. Señores, este es el menú Celeste. Como pueden ver, la caga porque es drogadicto. La caga porque es fóbico. La caga porque tiene novia. La caga porque es virgen. La caga porque eran amigos. La caga porque es inaccesible. Todo siempre acompañado de Luna en Piscis, Neptuno en 1 o Sol en 12.

Dedé está tan compenetrada en su rol de camarera que hace la mímica de estar mostrando un menú y aclara "¿ves? muestro con la mano, no se señala con el dedo". Nos reímos y nos ponemos a hablar de cualquier otra cosa.
Por eso, cuando ya llegó Sol, nos estamos preparando para tirarnos las cartas y las flores que tenía Dedé guardadas empiezan a hacer efecto, nos sorprendemos las tres cuando yo digo que lo que quiero en este caso particular es comunión. No sé si es la palabra o que yo no haya tirado una frase que incluyera la palabra "pija", pero sé que les di ternura. Sol habla de la luz, el destino y me ceba. Dedé me visualiza mucho más receptiva y me ceba.
Cebadísima estoy.
Y confiadísima.
Raro.

miércoles, diciembre 09, 2009

- Bueno, si el sábado me dan franco a la mañana, nos vemos el viernes ¿dale?
- No puedo. Trabajo el sábado a la mañana. No puedo salir el viernes.
- Cierto...
- ...
-...
- ¿Ves?
- ¿Qué?
- Lo que acabo de hacer. Estuvimos hablando, todo bien. Llego a abrirme un poco y automáticamente pongo distancia.
- ...
- De veras, boluda, vos no te das cuenta, pero yo sí. Es verdad que laburo el sábado a la mañana, pero siempre la termino bardeando los viernes. Dije que no podía para poner distancia. Es automático; ya me tiene podrida.
- Bueno, por lo menos ahora lo identificás.
- Siempre lo identifico.
- Bueno, por lo menos ahora lo verbalizás.
- No alcanza, Dedé. Con verbalizar no alcanza.

Dedé dice que no se puede creer lo mercuriana que ando. También dice que nunca me vio tan preocupada. Dice muchas cosas y mientras las dice yo no puedo ni mirarla a los ojos, porque sería demasiado, prefiero pensar que es una voz que sale de algún lugar y me tira un par de puntas. Porque si la miro me tengo que hacer cargo de todo lo que me dice.
Dice que basta de ser rebuenaonda recopadas merebancotodo yosolapuedonotenecesito. Y sí, yo asiento, aunque la luz esté apagada y no pueda verme. Asiento, pero por dentro, muy adentro, no tan adentro, a quién engaño, siento que sí puedo sola, que sí me banco todo, que necesito dis-tan-cia. Entonces me duermo con una angustia imposible de traducir en palabras.
Me despierto y la angustia no se fue, camino por el centro y lo mismo, sigue ahí. Me bajo mal del bondi y camino por Bolívar como diez cuadras y no se me pasa. Bajo las escaleras de la estación Perú de la A y hago la combinación con la D como una zombie, escondiéndome detrás de los lentes, porque no puedo tolerar ni siquiera la mirada de los desconocidos. Desde Catedral hasta Facultad de Medicina una nena de rulos me mira, yo también la miro un poco, pero siempre desde detrás de los vidrios casi negros.
Sobre Córdoba hay un olor insoportable, son los huevos aplastados de los recién recibidos que se van pudriendo después de andá a saber cuánto tiempo de estar ahí. Las arcadas son lo único que me sacan del estado ese de desdoblamiento, es como si me despertara, justo a tiempo para cruzar la avenida antes de que se vengan todos los autos encima.

miércoles, noviembre 25, 2009

Somos las pichones de bruja de Ita. Ita es la madre de Dedé. Le enseñó a ella, me enseñó a mí, a Gen también.
Y ya no hacemos esas maratones hasta las 9 de la mañana a puro mate y pucho tirando las cartitas una y otra vez, parafraseando preguntas hasta recibir la respuesta esperada. Ahora es cada tanto, cuando la situación amerita, cuando se siente que en ese momento sí; cuando son las tres de la mañana y damos vueltas en la cama porque nos acosa tal o cual cosa.
Dedé ya no lleva encima el I-Ching a cada lugar que va. No sólo porque se le despedaza el libro, sino porque por algún motivo ya no necesita la respuesta incuestionable del oráculo. Ya no tiene su bolsita con las runas a mano. Ni pide unas chiquititas -modalidad apodada por nosotras a un determinado tipo de pregunta y tirada- cada vez que vé a un tipo que más o menos le gustó en el trabajo; aunque confesó que el otro día les preguntó si se iba a casar con Mike Patton, hay mañas que no s pierden.
Yo las tengo sobre el escritorio, en una bolsita roja que me cosió Genève. Están a mano, me gusta tenerlas a mano, no sea cosa que me olvide que están ahí, siempre listas. Me gusta también convencer a los hombres, que primero se nieguen un poco, que aleguen escepticismo y que después los mate la curiosidad. Es impagable la cara de un tipo cuando más o menos le pegás a algo, no lo puede creer, le da una mezcla de vértigo y más curiosidad; después de eso, directo al bolsillo. Debe ser la sangre gitana, que tira.

Ita me hace ir a su pieza y sentar en la cama. Mezcla y me hace cortar. En el lapso de una hora, estuve a punto de llorar, me maté de risa, replanteé varias cosas y dejé de valorar otras. Y ahí está, esa es la esencia. No se trata del vaticinio, se trata de la percepción, de un momento en el que las cosas se ven, por una vez, claras; una oportunidad para sincerarse con uno mismo y aceptar que en general, el destino no es algo impuesto desde afuera.

Después, Dedé me pregunta qué salió. Menos mal que llega el taxi y me subo, así, no tengo que contarle nada.

martes, noviembre 17, 2009

Alguna noche de insomnio del verano de 2005.
Le pedí que me contara alguna historia antes de irme a dormir, ese era (y asumo que sigue siendo) su trabajo, no tenía que costarle demasiado. Qué clase de historia, me preguntó. La que cuente cómo voy a conocer al amor de mi vida, le contesté. Después de un ratito me di cuenta, me estaba contando el argumento de French Kiss. Y ponele que yo me re copo con un Kevin Kline, es muy mi tipo, pero ambos bien sabíamos que no hay manera de convertirme a mí en una Meg Ryan, no encajo en el perfil. Además se suponía que tenía que ser una historia original, a mi medida.
Después de unos días, la vimos juntos, en vhs. Cuando terminó, me acurruqué contra él y le dije bien despacito que lo quería. A partir de ahí, The Big Chill -peli, debate y soundtrack- y The Accidental Tourist, también de Lawrence Kasdan; y tragarme los tequiero, tratar de convencerme de que todo había sido producto de la comedia romántica y el vino.

Muchos años después, alguna noche de primavera de 2009, Sol toca el piano y yo canto Dream a little dream of me. Más teatral que dulce, recordando esa peli que desde esa primera vez en HBO cuando tenía quince años hasta ese tequiero el verano de 2005 vi demasiadas veces -me arriesgo y digo que casi decenas-. Después no pude, porque la melancolía es una patología y parece que a mí me tocó en el sorteo.
Más tarde, Dedé confiesa que nunca vio Pretty Woman; Genève y yo chillamos, que cómo puede ser, que en qué tupper vivís. En dos minutos se arma el top five de comedias románticas. Yo mantengo el mío a rajatabla. When Harry Met Sally. French Kiss. Bridget's Jones Diary. Chasing Amy. Clueless. No necesariemente en ese orden.

Hoy a la mañana.
Semana Jodida no da respiro y no tengo mejor idea que poner a bajar French Kiss.
Porque cuando quiero, soy muy pelotuda.

miércoles, noviembre 04, 2009

Yo pensaba que estaba en Aries, pero no, para mí que la luna justo se puso en Tauro a las 10 de la noche, por eso nos compramos la remera.
Dedé, mientras caminábamos para la parada de 36.

Entonces ayer seguía con los llantos que salen de la nada y le suspendí a unas amigas con las que iba a tomar un café porque no sabía si iba a poder sostener una situación de corte social civilizado. Al final pasó Lau a buscarme por la librería y justo Gen iba para casa, y Dedé que andaba por ahí... total que nos fuimos todas para casa a tomar unas cervezas, comer ensalada de fideos y testear el porro que acababa de comprar el novio de Gen.
A las dos horas estábamos los cinco matándonos de risa. Más que nada porque Dedé es muy graciosa, creo que es la mujer más graciosa que conozco; y ni que decir que se potencia cuando tiene un público que la festeja. Entonces salta de una cosa a la otra, de quejarse de su madre a categorizar los compañeros de facultad. De teorías astrológicas extravagantes a sacarle el cuero a los cantantes latinos -"Arjona es un aborto de pájaro" será la frase que quedará para la posteridad después de la noche de ayer-. Mientras, Martín nos decía que teníamos que empezar a filmarnos. Es que eso ya lo hicimos, esos videos nunca deben ver la luz.
Cómo en seis horas te cambia la percepción de la realidad.
No se puede creer.

lunes, noviembre 02, 2009

Algún día de 1996. María -mi hermana- y yo mirando music 21. De repente, el pianito de Easy. De repente, un pibe con toda la onda haciendo un cover de Lionel Ritchie.
- ¿Quién es este chabón?
- No sé, decía Faith No More.
- Está buenísimo.
- Sí...
- No no, está MUY BUENO.

Algún día de 2004. Clase de canto con Juan, mi ex profesor.
- Si tuviera que elegir tener la voz de alguien, de quien quisiera, elegiría la de Mike Patton.
- ¿El de Faith No More?
- Ajá. Todo el talento junto tiene.
- ¿No estarás exagerando, Juan?
- Vení, escuchá.

Algún día de Marzo de 2009. Con Fer en la cocina de Dedé, preparando canelones.
- ¿Vas a ver Radiohead?
- No. No tengo plata... Aparte nunca me gustó demasiado Radiohead.
- ¿Vos, Fer?
- Ni en pedo.
- Creo que la única banda que iría a ver en este momento, sería Faith No More.
- Uh, ¿Te imaginás si viene Faith No more?
- Yo me muero. Me muero de la emoción.

Algún día de Junio de 2009. Chateando con Fer.
Fer dice:
boludaaaaaaaaaaaaaaaaa, viene fnm!!!!!!!!!!!!!!
Cel dice:
fer, no juegues con mis sentimientos. está confirmado?
Fer dice:
es casi seguro.
Cel dice:
nooooooooo, me mueroooooo

Algún día de Julio de 2009. Suena el teléfono y es Lau del otro lado.
- Viene Faith No More. Las entradas se ponen en venta el Lunes que viene.
- ¿Voy a tener a Patton en un radio de 300 metros? ¿Voy a ver a Patton en vivo? ¿¿¿¿Lo vamos a ver Patton, Lau????

Ayer. Tipo ocho y media de la noche. Se apagan todas las luces. Suenan los acordes de un tema muy tranca. Un ratito después, aparece él, con una flor en el ojal del saco. Una emoción extraña me va recorriendo el cuerpo. Un subeybaja en el estómago, se aceleran las pulsaciones y bailo mientras estiro el cuello para verlo un poco mejor. Se escuchan voces alrededor, de mujeres, todas pensamos lo mismo, algunas lo dicen en voz alta.
Siguen con From out of nowhere y la gente se enloquece, veinte segundos duramos en el pogo con Dedé. Fue, oficialmente nuestro último pogo, aunque haya durado veinte segundos y un bajón de presión importante. Nos vamos un poco más lejos, un poco más a la derecha. Y lo veo, chiquito, pero lo veo. Y canto, y salto y sonrío. Sonrío durante todo el recital. Y me caliento. Es inentendible llegar a un nivel de calentura tal con un tipo que está a cien metros. Es inentendible y absurdo, pero está pasando. Lo veo en la cara de las chicas que tengo cerca. Patton debe estar sintiendo una oleada constante de calentura que lo tiene como única razón. Claro que no es sólo eso; también nos maravillamos con su voz, desde lo gutural hasta lo casi lírico, le festejamos las muecas, nos reímos de su español italianizado. Agradezco que Juan me haya hecho redescubrirlo. Salto, hasta que me canso y paro un ratito, para volver a saltar.

No nos quedamos para los Hosen, queríamos mantener el calorcito interno que nos había quedado después de Faith No More, después de cantar a grito pelado.

A mis 26 años compré mi primera remera de una banda, que funcionará como pijama, obvio, pero no deja de hacerme sentir un poquito pavota. Pavota pero feliz.

miércoles, octubre 21, 2009

Desde los doce años hasta principios del 2007, vagué por casas varias. La de mis padres, mi abuela, mi otra abuela, Ale, Andre, Dedé, Lau, Ani, Ali, otras amigas, chongos, profesor de canto, tíos generosos. Un día acá, otro día allá; nunca dormí más de dos días seguidos en la misma cama, estaba acostumbrada a la mochila con una muda de ropa, a las distintas presiones del agua en las duchas, a despertarme y tardar un rato en saber dónde estaba. Me gustaba esa vida, ser medio nómade, sentir que ningún lugar era mi hogar, porque el hogar era otra cosa, más de adentro, algo que no tenía mucho que ver con un cuarto lleno de pósters o una heladera que dentro tuviera la mermelada del gusto que a uno le gusta. Entonces un día de febrero Nat me llamó y me ofreció el cuartito de arriba de la casa, acepté inmediatamente; planeé mi mudanza para el 21 de Marzo, el día que empezaba Aries -porque sí, yo hago esas cosas, calculo tránsitos planetarios antes de hacer las cosas-. Durante los primeros 4 meses no tuve muebles. Una cama prestada que me hacía retorcer de dolor, la repisa con los libros y nada más, todo en el suelo. Es difícil armar un espacio propio después de tantos años de andar vagando por ahì; pero en Julio me traje unos muebles de la casa matriz y me compré un colchón, empecé a habitar esa miniatura de cuarto. En Agosto La Secretaria se mudó, se vino Flor y la convivencia se hizo más tangible. Ver pelis las tres juntas, salir y compartir el taxi de vuelta, prepararles cenas, aprovechar las primeras noches de la primavera para tomar fernet con coca en la terraza. Un romance, eso tuve con mis roomates durante más o menos un año y medio, un romance también con la casa, empezar a apropiarme de un espacio me hizo ver que no todo era tan Acuariano como yo pensaba, que sólo se trataba de que lo creara yo.
En Marzo de este año se fue Flor y llegó Ani, su hermana. Por otro lado, Nat noviando amenazaba con que no iba a renovar contrato otra vez. La casa se oscureció, la abandonamos. Poca comunicación, poca dedicación, poca atención. Fueron meses raros, de estar mucho en lo de Dedé, de no querer volver a casa, de saber que había que tomar una decisión: mudarme para abajo o no, renovar contrato o no, saber quién se mudaría y de dónde carajo iba a aparecer una garantía. Resumiendo, me mudé al mejor cuarto de la casa, se renovó contrato a mi nombre, la garantía la pusieron mis abuelos y se vino Genève.
El torbellino Genève nos cambió la existencia. La casa está divina, da gusto llegar y colgar las llaves del ganchito. La convivencia vuelve a tomar forma de affair y es prácticamente imposible hacerme dormir fuera de casa. No me dan ganas de salir, mi cuarto es mi santuario. Plutón, el gato más bello, y mi hermana como invitada permanente no hacen más que sumar.
Todo esto para justificar que cuando salga de la librería en un rato, me voy a meter en un bazar bien grande y me voy a gastar la plata que no tengo en pelotudeces. Un coso para cortar ajo, por ejemplo.

jueves, octubre 08, 2009

Me hice amiga de Dedé hace 8 años más o menos. Había sido compañera de Ani en el secundario y aparecía en alguna que otra reunión de vez en cuando; nunca hablábamos, yo la miraba desde lejos y pensaba "qué mina personaje". Todo cambió una noche en The Roxy -lugar obligado de cada sábado desde que terminamos el secundario hasta que nos aburrimos-, sentadas en el patio, fumando un cigarrillo tras otro. Hablamos durante horas de fenómenos paranormales y astrología. Desde ahí, amigas, a veces hasta casi inseparables. Además de los planetas, las casas y los tránsitos astrológicos, nos unieron las maratones gastronómicas. Ella se mudaba cada seis meses, y en cada lugar que hacía nido, conseguíamos las coordenadas de alguna buena parrilla; incluso compusimos el hit "Me gusta tu chinchula" -cuya letra repetía el título de la canción una y otra vez, eso sí, la melodía era de lo más pegadiza-.
Cada tanto, alguna de las dos decidía dejar la carne por un tiempo, pero el amor es más fuerte, siempre volvíamos. Legendarias eran las noches de sábado de 2004. Parrillada para dos, hachís, Pop City y seguir hasta el desayuno del domingo, completamente ebrias.
La tragedia ocurrió en el verano de 2007. Ella vio una película sobre los mataderos no sé dónde y lo que empezó como un "me parece que voy a dejar de comer carne" se convirtió en un vegetarianismo de lo más disciplinado que dura hasta ahora. No más parrilla, no más. Una pena.
Y sí, a veces hacemos canelones o ella prepara unos brownies que enloquecerían a cualquiera.
Pero no es lo mismo.

lunes, octubre 05, 2009

Acá tenés una tuca, a ver si te cambia el humor. Eso me dijo mi jefa de los sábados cuando nos despedimos en la esquina de Charcas, mientras me agarraba la mano y me ponía un bollito de papel en la palma. Así de amargada estaba, así de intolerante. A la hora, estaba en la cama pelando un kiwi y mirando unos capítulos de The Big Bang Theory, de un humor inmejorable. Después de una palta pisada con sal y limón, me puse Tideland y para cuando la cosa se estaba volviendo demasiado angustiante, llamé a Dedé, que estaba en su casa con Lau. Después de maravillarme con la tecnología del cableado telefónico, pasamos a lo importante. Que las mujeres de Venus, que los hombres de algún lugar horrible y remoto, inaccesible. Que hay que saber cuáles son las armas de seducción y a veces hacerse un poco la pelotuda, un poco nomás. El concepto de "el padre de" y la perversa venganza del útero frente a la falta de concepción. Esas charlas que se tienen un sábado a la noche, no importa si es en persona o por teléfono.
Después de doce horas de sueño y aventuras oníricas de lo más interesantes, más películas. Muchas, todas las que se pudieron; hasta que llegó la tormenta. Ahí apagué todo, me metí debajo de las sábanas y me quedé escuchando hasta quedarme dormida.

viernes, febrero 13, 2009

D: ¿Vos te das cuenta? Todo lo que una hace para ser diferente... Y al fi...
C: Ese podría ser el título de tu biografía, Dedé. "Todo lo que una hace para ser diferente".
D: Totalmente.
C: ¿Y la mía cómo se llamaría?
D: Ehmm.....
C: Dale... una frase que me describa.
D: Dejame pensar...
C: ...
D: ...
C: ...
D: ¡Ah! ¡Ya sé!
C: A ver...
D: "Ay, sí... Y a mí qué me chupa". Con puntos suspensivos después del "Ay, sí".
C: ¿En serio?
D: Vos decís mucho eso. "Fulano blablabla... ay sí... a mí qué me chupa".
C: ¿En serio?
D: Sí.
C: Mirá vos.