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viernes, mayo 20, 2011

Me gusta el formato serie; de 25 minutos o 50. Me gusta eso de plantear un conflicto y que se resuelva rápido, pero que al mismo tiempo haya un hilo conductor que me lleve a mirar el episodio siguiente. Hay épocas en las que mi concentración no se banca una película de dos horas entera (¿por qué todas las películas, de repente, pasaron a durar dos horas mínimo? ¿qué tenía de malo la hora y media?) pero puedo mirar 4 horas seguidas de How I met your mother. La serie me da la posibilidad de ver todo el desarrollo de un personaje, me permite encariñarme y meterme de lleno en la historia. Entonces, para mí, las series son tan trascendentales como las películas. Así como me acuerdo de la adrenalina que sentí mientras estaba sentada en la butaca del cine asombrándome con Jurassic Park, evoco la alegría estúpida que me recorrió el cuerpo cuando Chandler y Monica se encamaron por primera vez. Sin juicios de valor implícados, David Lynch y Kevin Williamson me atravesaron con igual intensidad, cada uno a su manera, claro; no soy tan necia como para decir que están a la misma altura, pero sé muy bien que a los 15 años lloré durante toda una noche con el final de la primera temporada de Dawson's Creek y que a los 20 no dormí en toda otra noche tratando de descifrar Mulholland Drive.

Hasta los primeros años de facultad, las vi todas -TODAS-, pasaba infinidad de horas frente a la televisiòn. Despuès me mudé con mi abuela que no tenía cable, me compré un reproductor de DVD y durante 3 años miré, al menos, una película por día. La dinámica de todo cambió cuando descubrí Lost. La primera temporada, en una semana. La segunda, en 2 días (me clavé 24 capítulos a lo largo de un fin de semana, no puedo ni siquiera empezar a explicar los sueños que tuve en las noches siguientes). La tercera, en lo que duró un fin de semana largo. Ya para la cuarta, iba bajando a medida que se transmitía en Estados Unidos. La quinta y la sexta fueron la cristalización del desesncanto, pero no importa. A partir de Lost, cambió la manera de mirar series. O mejor dicho, poder bajar toda una temporada de un tirón lo cambió todo; pero para mí, ese paso de un modo al otro vino de la mano de Lost y su delirio justificado y sostenido. Después de Lost, la nada; un vacío. Un vacío que traté de llenar con Dexter, The Wire, Breaking Bad o Mad Men; series geniales, impecables, maravillosas, pero no es lo mismo. Nunca más el vértigo de final de temporada, nunca más las charlas de horas y horas con amigos tratando de desentrañar el misterio, nunca más la curiosidad alimentada por pistas sueltas en diálogos; nunca más, una pena.
A lo largo del año pasado le seguí el rastro a J.J. Abrams y me topé con Fringe. Lei la sinopsis y pedí recomendaciones. Me dio la sensación de que era un X-files wannabe y además todos me dijeron que era malísima, salvo mi tía Nilda, que la seguía semana a semana en Warner y estaba chocha, le encantaba. Pasa que mi tía Nilda, a mi parecer, tiene un gusto televisivo horrible y nunca coincidimos en nada. Hace unos meses, un domingo de calor pegajoso y sofocante, me acordé de la serie esta y la busqué en Cuevana. Y sí, terminé el primer episodio ya considerándola una copia tibia de X-files, como casi todos; pero le di play al siguiente porque me dio un poco de intriga. Y al tercero. Y al cuarto. Así, hasta llegar al noveno.
Entonces ahora -que acabo de terminar la segunda temporada y no veo la hora de llegar a casa para entrarle a la tercera- les vengo a decir a todos que Fringe ESTÁ BUENA. No tiene nada que ver con X-files. Es otra cosa, es un delirio alla Lost (duh, comparten creador), sus personajes son mucho más transparentes y queribles, el personaje de Olivia Dunham es de una belleza que me conmueve, el científico Walter Bishop es absolutamente adorable, Pacey se parte al medio solo (siempre será Pacey para mí) y habilita el campo a la curiosidad sobre temas como teorías de universos paralelos, wormholes y viaje en el tiempo.
Nada llenará el espacio que dejó Lost, eso lo sé muy bien; pero, como hoy le decía a Lau, la insatisfacción es un modo de vida y es lo que nos define. En el hambre de estímulo me topé con Fringe, y qué contenta me pone.

martes, marzo 01, 2011

Cuando vino la otra vez yo estaba de vacaciones, así que no pudimos encontrarnos. Hoy me enteré de que está de vuelta en Buenos Aires, así que voy a salir a buscarlo por las calles de la ciudad.
Ah, sí, porque John Cusack está en el Faena hospedándose.
Y yo estoy enamorada de John Cusack desde que era chica y lo veía en las comedias románticas ochentosas.
Ale me dijo que se dice por ahí que es gay, pero me niego a creerlo. Posta, no da gay, ni un poco. ¿O si? ¿Acaso es algo que todos notan y que para mí está velado porque su imagen ha sido objeto de mi fantaseo hollywoodense desde la pubertad?
Además, imagino que me llevaría re bien con Joan Cusack, si esa no es cuñada copada, ¿quién lo es?
Así que, bueno, si lo ven, ¿no le avisan que lo estoy esperando en la librería? No en mi casa, no en su habitación, no en un bosque frondoso donde poder hacer un picnic sobre un mantel a cuadros blanco y rojo; en la librería, donde voy a estar metida por 10 horas todos los días de mi trágica existencia.
Ok, todos no, hasta junio. Déjenme exagerar.

domingo, febrero 27, 2011

Mis amigas están de acuerdo en dos cosas acerca de mí.

1. Si fuera hombre, me iría mucho mejor románticamente. Romance, no sexo. En cuando a vida sexual andaría más o menos igual.
Flor dice que es porque me muero de ganas de portar un pene, yo no estoy tan segura de que así sea. Digo, me parece un sistema fascinante y me encantaría experimentar un par de días qué se siente tener pito; pero no, no es eso. Para mí es porque mis defectos y virtudes serían mejor apreciados si fuera hombre. Eso no me convierte en masculina, simplemente hay algo que está levemente chingado.

2. Si mi vida tuviera género, sería comedia de Woody Allen.
El exceso de neurosis plasmada en el ámbito de lo discursivo convierte mis relaciones en puro blablableo, así que ellas dicen que podría ser una de las comedias esas llenas de parejas, infidelidades, remates ingeniosos y jazz de fondo. En mi opinión, apenas llego a capítulo de Dawson's Creek, aunque les juro que hago lo que puedo.

Están de acuerdo en muchas más cosas, como por ejemplo en que a veces cocino rico, que soy una aparata, que pareciera que todo me chupa un huevo, que tanto libro y película afectaron mi manera de ver la realidad, que me gusta meterme en quilombos y que tengo talento para deletrear; pero eso es de público conocimiento

lunes, enero 03, 2011

Este año no hice balance. Mentira, balance hago casi todos los días. Pero, bueno, a lo que voy es a que mientras tomaba champaña no me puse a pensar en lo bueno y lo malo que me dejó el 2010. Básicamente porque ando bastante anulada y evasiva; por ejemplo, en el transcurso de estos dos últimos días me miré seis películas, terminé la cuarta temporada de Mad Men, empecé la tercera de In Treatment, la única de Freaks and Geeks y me puse un poco al día con la lectura y la escritura.
Eso sí, el balance cinematográfico es un deber anual.

Acá, el mío.
Y el del resto de los bloggers, por supuesto.

Si todavía no viste Machete o Scott Pilgrim vs. The World, realmente no sé qué es lo que estás esperando.
Si todavía no le echaste una mano a Amelie Nothomb, Mario Levrero o Manuel Puig, acercate a tu librería amiga, poné unos pesos y disfrutá de las lecturas de verano.

miércoles, octubre 06, 2010

Si bien suelo ser víctima del mal timing, a veces es como si la sincronización estuviera de mi lado.
Claro que siempre es para cosas de lo más pelotudas, nunca para las importantes, pero bueno, algo es algo.
Mientras hoy lloraba frente al monitor por cosas que no vienen al caso y que tampoco podría publicar (porque esto de que todo mi pequeño mundo lea este blog es un peligro y ya me tiene las tetas re llenas), se terminó de bajar la segunda temporada de Mad Men.
Plop, hizo el torrent. Y yo me pasé el dorso de la mano derecha por la mejilla para secar lágrimas y puse rápido play. Sólo pude ver veinte minutos de Don Draper y su mirada misteriosa. Don Draper en remera blanca y su espalda contundente. Don Draper y sus Lucky sin filtro.

Me esperan unos días de hacerme cargo de ciertos límites que me había prometido poner por ahí. Me esperan encarnizadas luchas con mi ego y sus embates codependientes. Menos mal que tengo horas y horas de Don Draper.

lunes, septiembre 20, 2010

Hay gente que cuando se pone de moda algo lo rechaza por el simple hecho de que todo el mundo lo pondera. Hay gente que se suma a las tendencias sin ningún tipo de pudor. Hay gente que se jacta de haber sido pionera y su frase de cabecera es "cuando nadie sabía siquiera que x-cosa existía yo ya..."
Y hay gente que, dependiendo del caso, es de una clase u otra. Como yo.
Por eso odio los cupcakes de manera irracional sólo porque asocio el frosting de las tortitas estas con treintañeras al pedo con ilusiones de armar su propio emprendimiento y que después terminan haciendo el catering en los cumpleaños de sus sobrinos y nada más.
Por eso ayer me deleité con 7 capitulos al hilo de Mad Men. Una maravilla. Primero, y porque soy muy pajera, el protagonista. Segundo, la dirección de arte. Tercero, me parece un poco una maravilla y otro poco muy terrible que haya existido una época en la que la gente fumara en cualquier espacio público y chupara whisky o vodka en horario laboral. Cuarto, el guión; hacía bastante que una historia no me llevaba de la mano tan plácidamente.
También puedo ser de esas que dicen "yo ya usaba twitter en el 2007", pero en general me callo porque no me gusta pecar de pelotuda.

martes, septiembre 14, 2010

No sé para qué me metí en un cine a ver una comedia romántica si ya no tengo problemas para llorar. El trato conmigo misma era ese en su momento, como no había manera de llorar por motivos reales, una vez al mes elegía el chick flick de turno, sacaba entrada, compraba pochoclos y me sentaba en alguno de los laterales para poder moquear a mis anchas sin que nadie me tuviera que escuchar. Fui Renee, Julia, Kate, Cameron, Meg, Sarah Jessica y Drew. Fui todas y después de salir de la sala, con los ojos un poco hinchados, siempre me sentí aliviada; infeliz pero aliviada.
No sé para qué me metí en un cine a ver una comedia romántica si ya no tengo problemas para llorar. Será que Drew siempre me tienta y necesitaba el ritual de tarde a solas conmigo misma, escondiéndome detrás de unos lentes enormes que me hacen ver todo color sepia. La sala estaba vacía -salvo una parejita justo detrás de mí- y no me pude terminar los pochoclos. Desprecié el flequillo de Justin Long y también desprecié esta costumbre puta que tengo de quererlo todo pero no poder hacerme cargo de nada.

martes, agosto 03, 2010

Como todo el mundo me decía que la iba a odiar, había evitado ver la versión de Tim Burton de Alice in Wonderland. Hasta ayer. Consideré que ya era hora de decidir por mí misma y la alquilé. Bueno, parece que todo el mundo tenía razón, porque odié la peli, odié a Tim Burton y odié a toda esa gente que, cuando ofrezco el libro, dice "ah, pero ya vi la película".
Me fui a dormir indignada, con los pies un poco fríos y a las puteadas porque el despertador sonaba a las 9 cuando ya eran las 2 y media pasadas.
No me despertó el canto de los pajaritos: no me despertó el despertador -mentira, no tengo despertador, uso el servicio de alarma de Telefónica-; me despertó el vecino de atrás gritándole a los de la construcción de al lado. Miré el reloj y eran las 8 y media. En ese momento supe que ya no iba a poder volver a dormir. Escuché gritos y puteadas de ambos bandos hasta que sonó el teléfono y "gracias por utilizar nuestro servicio".
Cuando salí a prepararme el desayuno miré para arriba y a la derecha: cinco señores de mameluco azul picando la medianera y apreciando mi look de recién levantada, uno incluso me dijo buendía. Buen día tu hermana, forro, pensé, mientras pateaba escombros en el patio.
Salí apurada y me olvidé los guantes.
Y, por algún artilugio cósmico, estoy de un humor fantástico.
El día que entienda mis hormonas, dominaré el mundo.

sábado, junio 19, 2010

¿Saben que voy a hacer hoy, cómo voy a pasar la noche de sábado?
Voy a inaugurar mi whisky invernal -siempre scotch, nunca bourbon- y me voy a poner Synecdoche New York.
Esto es como lo del gato de Schrödinger, puede salir genial o para el carajo.
Veremos.

Update 01:20 am: Ay, perdón. Perdón por no haber sido correcta mi enunciación de la metáfora del gato de Schrödinger; me había olvidado de que ahora todos somos Sheldon Cooper. La idea era, al mismo tiempo, estúpida y genial. Supongo que nunca sabremos qué podría haber pasado, me quedé dormida después de cenar y ahora me agarró culpa por ser tan irresponsable y me pienso poner a leer la Eneida de una puta vez.

lunes, marzo 08, 2010

Ya van como tres discusiones acerca de lo mismo en lo que va del día.
Los clientes se ponen a hablar de lo contentos que están porque *ganamos* el Oscar. Y yo les digo que yo no gané nada, que me alegro profundamente por Campanella y cía pero que realmente dudo que El Secreto de sus Ojos sea mejor que las otras pelis extranjeras nominadas.
Lo que me llama la atención, es que haya ganado PABLO RAGO. ¿No es algo muy twilight zone? Digo, viajemos en el tiempo. Vayamos al año, no sé, 2004 o a 1999. Si alguien te preguntaba hace 6 u 11 años atrás cuál de los de Clave de Sol tenía la posibilidad de participar en una película ganadora de Oscar, ¿quién se te ocurría? Leonardo Sbaraglia, obvio, recontra obvio. Pero no, vino Pablo Rago, puso cara de viudo compungido y tomá.

lunes, marzo 01, 2010

Me comía un filet de merluza con ensalada, miraba una peli y pensaba que qué raro, porque Jason Bateman me encanta. Pero me encanta, me e-n-c-a-n-t-a, me encanta, me ENCANTA. Y sí, es raro, porque mucho no dice, ¿no? Tiene como mucha cara de yanqui y no sé, no es feo, pero tampoco es lindo y medio que la nada; pero yo le doy play a cualquier película con él y me empiezan a efervescer las hormonas -cosa que, bien lo sabemos todos, tampoco es tan complicada-.

Me terminaba el filet, ponía agua en la pava para un té de yuyos y ahí empecé.
Claro, a mí el Bateman este me hace acordar a alguien. ¿A quién me hace acordar?

Agarraba la taza, daba sorbitos y miraba fijamente el monitor.
¿A quién? Tiene como un aire a... no sé, no sé a quién. Pará. La nariz, es la nariz. Bah, la forma de la cara en general, pero sobre todo la nariz.

Apoyaba la taza vacía en el suelo, prendía un pucho y seguía mirando al chaboncito este.
Changos, ya sé a quién.

Sonreí.

Es como cuando estaba convencida de que Nico era parecido a Facundo Arana. O que LlaveInglsa tenía un look muy Vince Vaughn, que sólo le sobraba nariz -¿la nariz de V. Vaughn no es demasiado pequeña?- y le faltaban diez centímetros.
Porque me gusta encontrar parecidos entre los tipos que me gustan y esos otros tipos que me gustan.
Aunque claro, nunca me gustó Facundo Arana.

lunes, febrero 22, 2010

¿Cuántas veces se puede mirar la misma película?
Acabo de ver Reality Bites, y quién sabe cuántas veces me la vi, de principio a fin, con acompañamiento de bailecito en la escena de la estación de servicio y llanto al final incluídos. Creo que la primera vez fue a los trece o catorce y claro, ¿cómo no querer ser Lelaina a los 23? ¿cómo no querer my own private Troy?

Entonces, son las cinco de la mañana, me tengo que levantar en cuatro horas pero no puedo, no quiero, irme a dormir, porque sé que en el momento en que apague la luz se me va a venir todo encima, como un peso muerto sobre el pecho. Porque es eso, peso muerto, algo que está ahí, desde los trece o catorce y ya no sé cómo manejar. Pero pesa.
No saber cómo hacer y ya no encontrar modos de parafrasear el intento de hacerlo palabra. Como si enunciarlo lo alivianara, como si sirviera de algo. Como si escribiendo pudiera reparar el daño, la torpeza de cometer siempre el mismo error. Siempre. El mismo.
Esas cosas que les pasa a otra gente y a mí nunca, y yo me pongo de al lado de afuera del vidrio y hago como si me estuviera arreglando el pelo con el reflejo pero en realidad todo se torna muy de-chiquilín-te-miraba-de-afuera. Y ese es el problema, que si alguien viniera y me dijera "¿querés pasar?" yo diría que no, que sólo estaba viendo si tenía los pelos demasiado alborotados. Como si me diera vergüenza reconocer que sí, que yo también quiero, pero que siento que no puedo, que es demasiado, que no sé si me lo merezco.
Parece que no necesité apagar la luz para que se viniera todo encima, porque son las cinco y cuarto y estoy llorando mientras tipeo. Porque parece que lo único que puedo hacer últimamente, es eso. Y por últimamente me refiero a los últimos trece años. Desde los trece o catorce hasta ahora. Se acumulan archivos, y posts, y blogs, y mails enviados, y borradores, y cuadernos, y cartas nunca entregadas; eso es lo que tengo. Eso y el peso muerto.
Y a vos, que estás leyendo esto ¿no te cansás de leer lo mismo una y otra vez? ¿no se siente como un deja vu constante? ¿soy sólo yo o es realmente evidente que, por cómo vienen las cosas, el panorama no va a cambiar? Sí, eso, que mañana -o en unas horas- me voy a sentir mejor, que no voy a estar tan hastiada, que voy a ponerme la mascarita carnavalera para salir a hacerme la cancherita por ahí. Y dentro de diez días, o quince, o en un mes, de vuelta con lo mismo; con el yunque en el pecho, la lagrimita fácil y todo el juego de inseguridades, miedos y tropiezos.

En serio, eh ¿cuántas veces se puede mirar la misma película?

viernes, febrero 19, 2010

Las opciones para el fin de semana son:

1- Hombre bohemio, músico, cuya edad está más cercana a la de mi madre que a la mía. Igual, no parece de la edad que tiene, eh.
Lo vengo bicicleteando desde hace semanas. porque siempre termina surgiendo algo mejor o yo estoy con ataque de minita y me encierro en mi cuarto durante las 48hs del sábado y domingo. Ya me dijo "pendeja, te estoy por mandar a la mierda" y yo, que amo sentirme pendeja, me hice la boba y pedí perdón por enésima vez.

2- Experimentación en cocina étnica con Lau como partenaire. En esta entrega, Moussaka, una receta griega de carne, condimentos, berenjena y gratinado de yogurt. Sí, ya sé, no soy muy buena vendiendo recetas.

3- Ponerme al día con la lectura, lo que me queda de Breaking Bad y todas las pelis que tengo bajadas; en la cama. Dicen que va a llover todo el fin de semana. Debo decir que en este momento es la opción que más me convence.

4- Clase de inglés con bonus track. El chico de ojos increíbles propuso un encuentro para el sábado que todavía no me animé a confirmar o rechazar. Supongo que considerar ir a buscar libros al Parque Rivadavia en vez de aceptarle bonus trackear un buen rato habla bastante de cómo me siento con respecto a la situación con este muchacho

Podría hacer un gran combo. Opción 1 para esta noche del viernes. Opción 4 para tarde del sábado, la 2 para la noche. Y opción 3 para el domingo.
O bien, 2 para hoy a la noche, 4 para la tarde noche del sábado, 1 para el domingo a la noche.
O a la mierda con todo y puro 3, que es lo que más tira

sábado, febrero 06, 2010

Esto de no querer pensar en nada demasiado importante toma trabajo, eh, no se crean. Descartados el alcohol y el porro como herramientas de evasión -no me vengo sintiendo muy descontrol últimamente, está bueno, me gusta este estado-, sólo quedan las películas y series, y los libros. El asunto libros es de lo más conflictivo, después de darme una sobredosis de lectura en Córdoba, como que me empaché, así que sólo quedan pelis y series, las mejores aliadas.
¿Cómo dice? Sí sí, usted, el de remra gris, repítalo. ¿Que el sexo también sirve como método evasivo? Sí, algo me han contado sobre eso, pero es que hace tanto que no garcho como dios manda que ya me olvidé de qué se trata.
Entonces, empecé a torrentear como desquiciada. Adventureland, Sinechdoque New York, The Men Who Stare at Goats, Sour Grapes -nunca, nunca la vean-, los nuevos capítulos de Lost -que me tuvieron pegada a la pantalla, todavía no sé si me gustó o no este comienzo de temporada, pero que me hizo liberar adrenalina, seguro-, Breaking Bad, y ya no sé, me olvido. La cosa es que imdbeando, me enteré de que John Turturro había dirigido un musical, con el visto bueno de los hermanos Coen y con un elenco que adorè desde que lei la listita: James Gandolfini, Susan Sarandon, Kate Winslet, Christopher Walken, Mandy Moore -MANDY MOORE, no me puede caer TAN bien Mandy Moore-, la mina de Weeds´, Steve Buscemi y alguno que otro más que ahora no se me viene a la mente. Romance & Cigarettes. Y medio que la bajé con un poco de desconfianza, porque, ¿hola? es un musical, pero a los diez minutos de haber dado play, estaba encantadísima. Y después la vi de vuelta, pero porque James Gandolfini me calienta hasta lo indecible, de veras, es algo que no puedo, ni quiero, controlar.
No la recomiendo porque me da la sensación de que es una de esas cosas que solamente me gustan a mí, y a Flor, ponele. Así que Flor, a vos sí, a vos te la re recomiendo.

Este es mi humilde intento de cortar un poco el tono oscuro, dramàtico y depresivo de los dos últimos posts.
De nada.

domingo, enero 31, 2010

"Everything is more complicated than you think. You only see a tenth of what is true. There are a million little strings attached to every choice you make; you can destroy your life every time you choose. But maybe you won't know for twenty years. And you may never ever trace it to its source. And you only get one chance to play it out. Just try and figure out your own divorce. And they say there is no fate, but there is: it's what you create. And even though the world goes on for eons and eons, you are only here for a fraction of a fraction of a second. Most of your time is spent being dead or not yet born. But while alive, you wait in vain, wasting years, for a phone call or a letter or a look from someone or something to make it all right. And it never comes or it seems to but it doesn't really. And so you spend your time in vague regret or vaguer hope that something good will come along. Something to make you feel connected, something to make you feel whole, something to make you feel loved. And the truth is I feel so angry, and the truth is I feel so fucking sad, and the truth is I've felt so fucking hurt for so fucking long and for just as long I've been pretending I'm OK, just to get along, just for, I don't know why, maybe because no one wants to hear about my misery, because they have their own. Well, fuck everybody. Amen"
Sinechdoque, New York

Amén.

jueves, enero 14, 2010

Para no pensar que soy mucho más susceptible de lo que quiero reconocer. Para no caer en el vaivén este de mis estados de ánimo. Para no sentirme una desquiciada caprichosa que a la primera que las cosas no salen exactamente como estaba planeado, se angustia y quiere culpar al cosmos por su error al elegir. Para no recordar que de las últimas 45 horas sólo dormí 5.
Me pongo a sacar entradas a las 8 y media de la mañana para ver Sherlock Holmes esta noche. Butacas 10, 11 y 12 de la fila E.
Recién llegada, con el maquillaje un poco corrido y un gusto agridulce en la boca, quiero imaginar que una dosis de Robert Downey Jr. y Jude Law me va a abstraer, me va a sacar del estado de absoluta incertidumbre en el que vengo metida desde hace días.
Lo que siento tiene un sabor. Desconcierto, desilusión, incoherencia. Como sal en el café.

martes, diciembre 29, 2009

En algún momento, en alguna charla, hace años ya, surgió el interrogante. Si se hiciera una película de tu vida, ¿quién te interpretaría? Había llegado a una conclusión que todavía me cierra bastante: Janeane Garofalo; porque siempre hace personajes que se parecen un poco a mí debe ser. También podría ser Maggie Gyllenhaall, sí, definitivamente. Vic decía que yo era muy Drew Barrymore cuando aparece de joven metalera en los ángeles de Charlie, con la diferencia de que yo escuchaba zeppelin, no sé, Drew me parece que me queda un poco grande.

El Innombrable era Billy Crystal, aunque me pesara, era imposible no verlo. Cada vez que veo When Harry met Sally se me dibuja una sonrisa de costadete; es raro enamorarse de un Billy Crystal.

Tomás no sé, nunca lo pensé ahora que me doy cuenta. Podría caer en lo fácil, decir que lo podría interpretar cualquiera de los pibes de The Big Bang Theory, pero no. El único actor que se me viene a la cabeza es ese que hizo de protagonista en la peli de los chabones superdotados del MIT que hacen trampa apostando en Atlantic City y Las Vegas, y no hablo de Kevin Spacey. Si no saben quién es, lo comprendo, esa peli la vimos Lau y yo nada más, estoy casi segura.

LlaveInglesa es simple, Vince Vaughn de cabeza.

Me puse a pensar en todo esto ayer, domingo, completamente colgada, fumando en el patio, con el sol dándome tibio en la cara. Aparece gente nueva en mi vida todo el tiempo, tengo que saber quiénes forman el cast.

Genève podría ser Penélope Cruz, en su faceta más Almodovar. Fantaseo y sueño seguido con un Matthew Broderick. A Damián, el novio de Ani, me lo imagino como Casey Affleck. Un muchacho que conocí por este blog hace un tiempo es muy Christian Bale en su época de Laurie en Little Women. A mi hermana le iría perfecto Angelina Jolie y el papel de mi padre lo interpretaría Kevin Spacey, sin lugar a dudas.

Así me pasé parte de la tarde, armando un elenco en mi cabeza. Después hablé por teléfono con mi mamá y no pudimos sacar quién haría de ella. Para mí, la que hacía de Sylvia Fine iría perfecto, pero no se lo dije.


jueves, diciembre 03, 2009

Mi mamá es de esas que vé películas con mensaje. Lo dice así, mensaje. A vos, Cele, no te gustó X película, porque no entendiste el mensaje, dice. ¿Qué se supone que es el mensaje ese? ¿Acaso no todas las películas tienen mensaje? ¿Por qué esa loca búsqueda de la moraleja? ¿No podemos sentarnos a ver una peli sin tener la necesidad de debatir las motivaciones de los personajes durante dos horas después de verla? Entonces pasa que, juntas, sólo podemos ver comedias románticas -aunque desde que me empezó a apodar Bridget Jones ese género quedó descalificado- y películas de época, de reinas, intrigas y vestuarios y direcciones de arte increíbles. Con nadie más podría haber ido al cine a ver Casanova o esas con Cate Blanchet haciendo de reina
Mi papá no es tan pretencioso en sus gustos. No busca mensajes encubiertos en giones mediocres, él quiere historias. Historias que lo hagan reír, que le den miedo, que lo emocionen; no importa de qué sea la historia -mientras no sea romántica-, lo importante es que esté bien contada. Y aparte, es hombre, le caben las de catástrofes, monstruos y tiros. Con él se abre un poco más el espectro de posibles películas a compartir y también el de diálogo post-peli, porque, a diferencia de mi madre, se limita a hablar de la película, no del metamensaje filosófico o espiritual o moral o blah, no, se habla del argumento, de las actuaciones, de la dirección, de la fotografía, del guión.
Ir al cine con mis viejos es un garrón. Mi papá quiere ir a ver cualquiera de ciencia ficción o terror o acción; mi mamá pone cara de orto, lo trata de infantil y propone dramas agrios, llenos de lágrimas y gente insatisfecha. Mi hermana y yo -que tenemos un gusto muy similar- tratamos de no tomar partido y mirar para otro lado. Es así como alguna vez mi madre se levantó de su butaca porque no soportaba ´ver más naves espaciales en la pantalla. O me acuerdo de otra vez en la que mi papá se fue en el medio de una con Jennifer Aniston y Kevin Costner, enojadísimo, indignado; y creo que ni siquiera esperó a que saliéramos, enfiló derecho para su casa.
Entonces, no me siento culpable por haber arreglado con Genève y su novio para ir a ver 2012. Porque sí, las apocalípticas siempre fueron patrimonio familiar, lo sé. Pero el sólo hecho de imaginar a mi madre hablar de las profecías mayas me crispa un poco los nervios, y no por las profecías en sí, sino porque apuesto mi sommier a que termina hablando de Chopra y de cómo si nos sintonizamos, podemos evitar la hecatombe. También imagino a mi papá revoleando los ojos, cargándola, hasta colmar su paciencia. Recreo una pelea en el medio de la calle, con gritos incluídos.
Porque al cine, siempre sola, salvo las de se termina el mundo.

martes, noviembre 17, 2009

Alguna noche de insomnio del verano de 2005.
Le pedí que me contara alguna historia antes de irme a dormir, ese era (y asumo que sigue siendo) su trabajo, no tenía que costarle demasiado. Qué clase de historia, me preguntó. La que cuente cómo voy a conocer al amor de mi vida, le contesté. Después de un ratito me di cuenta, me estaba contando el argumento de French Kiss. Y ponele que yo me re copo con un Kevin Kline, es muy mi tipo, pero ambos bien sabíamos que no hay manera de convertirme a mí en una Meg Ryan, no encajo en el perfil. Además se suponía que tenía que ser una historia original, a mi medida.
Después de unos días, la vimos juntos, en vhs. Cuando terminó, me acurruqué contra él y le dije bien despacito que lo quería. A partir de ahí, The Big Chill -peli, debate y soundtrack- y The Accidental Tourist, también de Lawrence Kasdan; y tragarme los tequiero, tratar de convencerme de que todo había sido producto de la comedia romántica y el vino.

Muchos años después, alguna noche de primavera de 2009, Sol toca el piano y yo canto Dream a little dream of me. Más teatral que dulce, recordando esa peli que desde esa primera vez en HBO cuando tenía quince años hasta ese tequiero el verano de 2005 vi demasiadas veces -me arriesgo y digo que casi decenas-. Después no pude, porque la melancolía es una patología y parece que a mí me tocó en el sorteo.
Más tarde, Dedé confiesa que nunca vio Pretty Woman; Genève y yo chillamos, que cómo puede ser, que en qué tupper vivís. En dos minutos se arma el top five de comedias románticas. Yo mantengo el mío a rajatabla. When Harry Met Sally. French Kiss. Bridget's Jones Diary. Chasing Amy. Clueless. No necesariemente en ese orden.

Hoy a la mañana.
Semana Jodida no da respiro y no tengo mejor idea que poner a bajar French Kiss.
Porque cuando quiero, soy muy pelotuda.

lunes, octubre 05, 2009

Acá tenés una tuca, a ver si te cambia el humor. Eso me dijo mi jefa de los sábados cuando nos despedimos en la esquina de Charcas, mientras me agarraba la mano y me ponía un bollito de papel en la palma. Así de amargada estaba, así de intolerante. A la hora, estaba en la cama pelando un kiwi y mirando unos capítulos de The Big Bang Theory, de un humor inmejorable. Después de una palta pisada con sal y limón, me puse Tideland y para cuando la cosa se estaba volviendo demasiado angustiante, llamé a Dedé, que estaba en su casa con Lau. Después de maravillarme con la tecnología del cableado telefónico, pasamos a lo importante. Que las mujeres de Venus, que los hombres de algún lugar horrible y remoto, inaccesible. Que hay que saber cuáles son las armas de seducción y a veces hacerse un poco la pelotuda, un poco nomás. El concepto de "el padre de" y la perversa venganza del útero frente a la falta de concepción. Esas charlas que se tienen un sábado a la noche, no importa si es en persona o por teléfono.
Después de doce horas de sueño y aventuras oníricas de lo más interesantes, más películas. Muchas, todas las que se pudieron; hasta que llegó la tormenta. Ahí apagué todo, me metí debajo de las sábanas y me quedé escuchando hasta quedarme dormida.