Mostrando las entradas con la etiqueta we're young we run green. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta we're young we run green. Mostrar todas las entradas

sábado, septiembre 10, 2011

Hay semanas tan cargadas de todo que ni tiempo dan para pensar; y cuando hablo de pensar no me refiero al análisis sintáctico de ablativos absolutos en latín sino al entramado de retrospectiva, observación de situaciones actuales y búsqueda de patrones conductuales, que viene siendo mi hobbie de los últimos 23 años más o menos. Al principio esa vorágine me hace sentir bien, productiva; me llena de energía levantarme y saber que tengo el día ocupado con cosas que me van a ser útiles. Hay un placer extraño al acostarme hecha percha y saber que me esperan pocas horas de sueño y un día lleno de actividades -tengo una faceta estoica que emerge cada tanto-, pero se me hace un cortocircuito cuando hay oportunidad de descanso. Como si millones de pequeñas ideas listas para ser desarrolladas hubieran quedado relegadas, latentes, y se amontonaran en algún umbral del inconsciente, preparadas para salir disparadas al menor indicio de tranquilidad.
Estos últimos días fueron agitados, largos, llenos de pequeñas responsabilidades impostergables. No estoy acostumbrada a esto, mi ritmo es otro; el compás me lo suelen marcar mi cabeza y mi deseo, no los turnos de médico de mi abuela, las fechas de entrega, las cursadas hasta entrada la noche o los trámites bancarios; pero, como dije antes, me adapto fácil a las nuevas reglas. El problema apareció ayer a la tarde, ya libre de obligaciones extra. Un tsunami de angustia se me vino encima. Una supernova de tristeza me estalló en el estómago. Todo junto: la soledad, las cuentas pendientes, la soledad, los problemas familiares, los asuntos de guita, la soledad, el escepticismo que me está costando frenar, la soledad, la expectativas académicas y laborales, la soledad. Llegué a mi casa al borde del llanto, con una bolsa con una cerveza negra colgándome del brazo y ganas de meterme en la cama sin cenar. Piqué algo en la cocina mientras trataba de tomar una decisión fundamental, ¿ponerme el pijama, cargar en cuevana una romántica lacrimógena que me hiciera sentir que nunca voy a sentirme capacitada para vivir el romance en todo su esplendor o abrir la cerveza, poner Bikini Kill al mango y ponerle onda a la vida? Como ya estoy re podrida de elegir la primera opción y embolarme, opté por la segunda. Para la una de la mañana los vecinos ya me habían llamado para pedirme que bajara la música (sin darse cuenta de que la música estaba baja, la que gritaba sobre Le Tigre era yo), se me había pasado la tristeza y estaba apenitas alegre de borrachera. A veces me olvido de que no hay mucho truco. La soledad es una constante, sólo tengo reencontrarme con la parte de mí que mejor me cae para no sentirla como un peso sino como algo inherente a la existencia. A veces me olvido de que, en general, yo soy la persona con quien mejor la paso. Y cuando me vuelvo a acordar, me inunda la satisfacción.
Después, me tomé un taxi hasta Villa Urquiza para garchar un rato, porque no hay mejor manera de festejar el reencuentro con la propia esencia que pegarse un buen revolcón con un amante rendidor.
O bien, no hay mejor manera de festejar. Lo que fuere que se festeje.
O bien, no hay mejor.

miércoles, noviembre 03, 2010

El sábado me disfracé de madama para ir a una fiesta. Me puse un vestido que me prestó Dedé que no les puedo explicar cómo hace resaltar mis atributos delanteros, me calcé unos tacos altísimos -mentira, altísimos para mí que vivo al ras del suelo-, me encimé un coso que no sé cómo se llama pero re da madama y me maquillé un montón. Además de los accesorios de rigor, me llevé mi vaso de whisky, del que no me desprendí en toda la noche. Eso sí, vacío, pero no es ese el punto.

La gente pensó que estaba disfrazada de la viuda de Néstor.

lunes, septiembre 06, 2010

Ah, pero se largó la primavera con todo, eh.
El chico del videoclub de enfrente puso cuarteto a todo volumen y me tapa con Ro-ro-ro-rodrigo la música clásica que me obliga a poner el patrón todos los días. Todo bien con la música clásica, incluso con la ópera, cada vez me copa más; el problema es los sábados al mediodía, hay un programa de zarzuela y ópera española que me taladra el cráneo. Sigue Rodrigo y a mí se me mueve el piecito involuntariamente.
Surge desde un lugar desconocido un deseo genuino de alimentarme sanamente y hacer dieta. No sólo porque la ropa de la primavera pasada me queda un cacho ajustada sino porque septiembre me suele pegar así, sano. Debe ser el Sol en Virgo. Ya me estuve anotando una recetas -voy googleando en vez de trabajar, claro-; muero por hacer unas berenjenas con ajo, yogurt y eneldo. ¿Dónde consigo eneldo fresco?
Volvió la temporada-marihuana también. Era de esperarse. O no, no lo sé. Si sé que estuve como ocho meses sin fumar prácticamente y que ahora empiezo a pensar nuevamente que todo -absolutamente todo- es mil veces mejor si estoy fumada. Comer, beber, charlar, coger, cocinar, pasear, ducharme; todo.
Ayer inauguré la hamaca paraguaya, lástima que ya era medio tarde, el sol no terminaba de pegar en la terraza y me dio frío. De todos modos, subir la escalera con mi almohadón y mi librito, poner los ganchos, tirarme y mecerme me hizo sentir muy feliz, aunque esa felicidad haya durado solo diez minutos.

Mete miedo tanta satisfacción.

viernes, mayo 21, 2010

El deseo urge y me convierto en un auténtico peligro. En un peligro para mí, eso primero; y en un peligro para todo aquel que se me acerque con la guardia baja. Si me ven por ahí, guarda, mejor esquivarme, o no, todo depende de qué se esté buscando. Si pudiera elegir, elegiría, eso está claro. Pero esta vez apunté mal. Los signos de aire se me escapan, o flotan por encima de mi cabeza, plantando ideas y nada más. Si pudiera elegir, agarraría al libriano de sonrisa que derrite y que con dos palabritas, pumba, me tiene de rodillas. O al geminiano que me hace acordar a McGyver y que me deja sin palabras. Pero no. Cuando no se puede, no se puede, hay que arremangarse y salir a ver qué pasa por ahí. Y hoy, hoy es el día. Porque después, una casita en el Tigre con Genève, Cedric y Alejo, tres libros, las flores recién cosechadas, una cantidad monstruosa de comida y mucha calma.
Los leo al regreso.
Sean felices.

jueves, marzo 04, 2010

- ... Entonces al principio fui muy cuidadosa, despacio. Pero después, cada vez más fuerte.
- ¿Pero qué se siente?
- Es como... no sé, es lo mejor del mundo. Porque sí, es muy muy duro, pero al principio, el primer contacto, no. Como goma ¿entendés?
- Más o menos. ¿Como morder un pedazo de goma?
- Sí... no sé, no sé cómo explicarte.
- ¿Como silicona?
- No. La silicona debe ser blanda.
- Claro.... Qué bueno, che.
- Sí, se lo recomendaría a todas.
- Y sí... pero ¿quién se presta a eso? Los frikis estos que salen con vos nomás.


Ahí, el peladito que estaba delante nuestro en la fila para comprar pochoclos se dio vuelta muy lentamente, con una cara que era la mezcla del horror y la curiosidad.
Nuentras caras de vergüenza nos delataron.
Sí, pelado. Eso mismo que estabas pensando.

miércoles, enero 06, 2010

Es la misma sensación que agarra cuando estás en uno de esos ascensores, esos que hacen que te suba y baje una cosa rara en la panza. Bueno, eso mismo. Pero en vez de sólo en la panza, en todo el cuerpo. Unas cosquillas, no sé, algo muy raro.
Como una de las resoluciones para este año era dejarme de romper las pelotas, pensar menos y hacer lo que se me cante, le doy para adelante. Y que salga lo que salga.
También le doy para adelante porque es enero y no quiero morir de aburrimiento.
En marzo, atendiendo ciento cincuenta madres furiosas y ansiosas por día, ol-vi-da-te.

domingo, noviembre 22, 2009

Siendo las 5:15 am del primer día de mis 27 años, y en un estado de completa embriaguez, declaro que recién se me había ocurrido algo que TENÍA que escribir y ahora se me olvidó por completo. De todos modos, no por olvido dejaré este espacio en blanco.
Resulta que mi jefe me regaló un libro y ahora me siento responsable y no sé qué regalarle a él, que cumple el lunes. Lo más probable es que me olvide y me ponga toda colorada cuando le diga feliz cumpleaños y no tenga nada bajo el brazo para darle.
Recibí: el libro antes mencionado -uno de Carver, como se nota que mi jefe me conoce-. Una pollera. Una torta. Unas medias buenísimas, con los fantasmitas del pacman. Una revista porno, una genialidad de otro mundo. Y aunque en mi quinto cumpleaños haya echado a una amiguita de la fiesta por no traerme un regalo, pasado pisado, ahora no me importan esas cosas (mentira, el martes hago festejo familiar y ahí se viene el aluvión de presentes).
Festejé en reunión de lo más íntima, ofreciendo las especialidades de la casa y un par de innovaciones. La estrella, la chocotorta de bajón, se llevó todos los suspiros.
Recibí muchos llamados, de los que esperaba y de los otros.
Mi muro de feisbuc se llenó de saludos de gente que no conozco, mentira, son tres o cuatro nomás. Me siento como esa gente que festeja su cumpleaños en un restaurant y que hace que todo el lugar aplauda al final del felizcumpleaños.
La noche amagó con terminar en una fiesta llena de snobs (sí, de esos que quieren ser uruguayitos y se hacen los popu; la peor clase de snob), pero por suerte nos fuimos antes de que las canciones de el príncipe hicieran entrar a todos en trance y no nos pudieran ir a abrir la puerta. Por suerte, a la vuelta nos tocó un taxista copado que nos inspiró a llegar y tomar un último fernet.
Ese fernet me reventó.
Bueno, y el porro con el que lo acompañamos también, para qué mentir.
Un mammmmbo re copppado.

Hoy me dijeron que podría llegar a hacer mucha plata haciendo de dominatriz. "Eso de la humillación psicológica, te re veo". Posta que me quedé pensando.

Bueno. La noche ha terminado, los pajaritos me taladran el cerebro. Despídome.
Este blog se está convirtiendo en un diario.

miércoles, noviembre 04, 2009

Yo pensaba que estaba en Aries, pero no, para mí que la luna justo se puso en Tauro a las 10 de la noche, por eso nos compramos la remera.
Dedé, mientras caminábamos para la parada de 36.

Entonces ayer seguía con los llantos que salen de la nada y le suspendí a unas amigas con las que iba a tomar un café porque no sabía si iba a poder sostener una situación de corte social civilizado. Al final pasó Lau a buscarme por la librería y justo Gen iba para casa, y Dedé que andaba por ahí... total que nos fuimos todas para casa a tomar unas cervezas, comer ensalada de fideos y testear el porro que acababa de comprar el novio de Gen.
A las dos horas estábamos los cinco matándonos de risa. Más que nada porque Dedé es muy graciosa, creo que es la mujer más graciosa que conozco; y ni que decir que se potencia cuando tiene un público que la festeja. Entonces salta de una cosa a la otra, de quejarse de su madre a categorizar los compañeros de facultad. De teorías astrológicas extravagantes a sacarle el cuero a los cantantes latinos -"Arjona es un aborto de pájaro" será la frase que quedará para la posteridad después de la noche de ayer-. Mientras, Martín nos decía que teníamos que empezar a filmarnos. Es que eso ya lo hicimos, esos videos nunca deben ver la luz.
Cómo en seis horas te cambia la percepción de la realidad.
No se puede creer.

martes, octubre 20, 2009

¿Se tira la casa por la ventana y no se para hasta que a los vecinos mala onda se les ocurra tirar huevos por la medianera? (based on true events) ¿Se pide a todo el mundo que invite a sus amigos hombres incluso corriendo el riesgo de que la casa se convierta en un desfile de bananas? ¿Se invita a todos los chongos aun sabiendo que hay que elegir a uno solo para terminar la noche? ¿Se decide por el clásico "nos juntamos los de siempre" y se te termina filmando a la agasajada chupando una pija de exquisito chocolate orgánico mientras alguien le vuelca leche de un sachet en la boca? (oh, sí, basado en hechos reales) ¿Se recibe a los invitados con comida o se trata de dedicarse a beber exclusivamente? ¿Vestido o pollera? ¿Tacos o comodidad? ¿Gin Tonic o Campari a morir? ¿Machaco a todo el mundo con Le Tigre y FNM o los dejo elegir qué escuchar? ¿Se invita o no a viejos compañeros de trabajo? ¿Asado de mediodía o bacanal nocturna? ¿Brownie de porro o del normal? ¿Cheesecake o chocotorta? ¿Veintisiete velas o una sola con forma de signo de interrogación? ¿Tambores y charango o pop careta de los 80's? ¿Karaoke? ¿Disfraces? ¿Bebida en mano o apelo a mi generosidad?
¿Qué hacer?
¡Oh!
¿Qué hacer?

viernes, octubre 02, 2009

Hace como diez años fue. Nos habíamos ido de campamento a... a no me acuerdo, algún lugar del interior de Buenos Aires. Había gente de la tarde y de la noche, mucha gente; los de la mañana nunca se prendían. Durante el viaje de ida nadie habló con nadie que no fuera de su grupo, para cuando llegó la noche del día que llegamos, andábamos todos como chanchos. La clave fue ir todos juntos al supermercado. Una botella de vodka salía tres pesos. Tres pesos. Qué lindo 1999, cuando teníamos 16 y el hígado nos permitía todo tipo de desacatos.
Después de incontables toc-toc (asco), y de andar probando de picos de botellas de diversos licores (ascoascoascoasco), me senté en una hamaca y me quedé enroscando mi pañuelo de brillitos celeste (asco) hasta que vino una chica. Me preguntó cómo me llamaba; "Vos no tenés cara de Celeste, tenés cara de Daniela", me dijo. Durante un tiempito la gente me llamó Daniela, después se les pasó.

Ah, porque la chica esa que se me acercó esa noche se acaba de parar frente a la vidriera, por eso.

martes, septiembre 29, 2009

Dejé de estar rara cuando después de cocinar para Lau y Ani, nos sentamos a cenar con un rico Tannat y a planear la fiesta de cumpleaños de Genève. Porque la risa me pone en eje.

sábado, septiembre 19, 2009

En la radio están pasando un tema de Man Ray. Me di cuenta de algo, si mi padre hubiese ejercido mayor presión sobre el asunto este del canto, y si mi madre no hubiese escuchado mis delirios de "cuando sea grande voy a ser economista" yo cantaría muy parecido a Hilda Lizarazu. Pero quién sabe, nunca canté en castellano -porque dudo que cantar Aguaviva de Los Brujos a los gritos, empepada, saltando en la cama, cuente-. Salvo a los once años, mi debut, "Rasguña las piedras" cuando todavía era soprano y a la maestra de música se le ocurrió que un micrófono, Sui Generis y Cel podían ser aptos para el acto del centenario del Colegio, o el 20 de Junio, realmente no me acuerdo.
Una vez, una compañera de laburo -después de mi participación estelar con la banda de mi ex profe de canto en el desaparecido Belleza y Felicidad- me tiró un "Alanis meets Kate Pierson". Será que nos caíamos muy bien; eso, o el call center ya le había freído la bocha.

viernes, septiembre 11, 2009

Pablo: El Callia es vino de nena.
Vic y yo, a coro: ¡No es vino de nena!
Pablo: Sí, es vino de nena..
Vic: No, las nenas toman vino blanco espumante sabor ananá.
Yo: Sí, las que leen la Cosmo y se hacen las superadas.
Pablo: ¿Siempre hacen eso ustedes? Se juntan y empiezan...

Porque con Vic nos hemos pasado horas -laborales y de las otras- categorizando. Y está bueno saber que pasan los años y no hemos perdido "el toque".

lunes, septiembre 07, 2009

Tapada hasta la nariz, con la cabeza a punto de explotar por culpa de la resaca y las piernas doloridas de tanto bailar; con el sol tímido del domingo de ayer entrando por las rendijas de los postigos y una botella de agua al lado de la cama. Así recibí el día, más o menos a las 11, queriendo dormir más y sin poder; pero también sonriendo un poco -ok, lo reconozco, con una tremenda sonrisa instalada en la cara, no en la boca, en la cara-, recreando escenas en mi cabeza, contando gestos como cuentas de un collar, cerrando los ojos para ver mejor las ideas, sintiéndome bien.
Doce horas después me dice que queda un poquito de mí en su almohada, pero que prácticamente nada. Entonces, hasta casi que me pongo colorada y todo. En vez de eso, bajo la mirada y pongo cara de tarada, justo para que Lau me vea y me diga "ay, mirá cómo te ponés".
Y sí, me pongo así. Porque está bueno ponerse colorada y un poco tarada de vez en cuando, canejo.

Aaah... ¿etiquetar o no etiquetar? Qué dilema, eh.
Yo le pondría algo así como Mr. deseé-abalanzarme-sobre-él-cuando-me-habló-de-su-gen-chavista. pero es como muy largo ¿no?

lunes, agosto 31, 2009

Antes, los domingos eran despertarse en algún momento entre las dos y las cuatro de la tarde, arrastrarse hasta la panadería, volver e instalarnos en el cuarto de Flor a ver pelis hasta las doce de la noche. Flor hacía panqueques, a la noche se pedía delivery y si era veranito, nos tomábamos unos fernets en el patio de abajo.
Ahora, los domingos son despertarme tipo 12, ir hasta la panadería a comprar algún sandwich, volver a mi cuarto y ver alguna serie hasta que las conversaciones de las chicas no dejan que me concentre. Limpian; ellas, los domingos, limpian. Si a mí pasar un domingo en la cama con alguna peli o un libro me resulta de lo más terapéutico, ellas no comparten; a ellas les hace bien limpiar.
Ayer, me arrastraron hasta la terraza. Mientras yo me fumaba uno, ellas baldeaban y lavaban las botellas de cerveza -cincuenta aproximadamente- que están ahí desde que se empezó a alquilar la casa. Y mientras flasheaba con el agua, el escobillón y la rejilla, ellas dale que te dale con la pulcritud. De repente, miré la terraza, cómo mejoró, lo linda que está y me puse contenta.
Mañana voy con mi tío a comprar unos estantes y una parrilla. Porque eso es lo que siempre le faltó a casa, una parrilla.
También nos falta un parrillero, pero eso es lo de menos.

jueves, agosto 27, 2009

Tengo ocho o nueve años, vuelvo del colegio por Ängel Gallardo y paro en la heladería. Me pido uno de banana y menta granizada, porque nunca supe combinar gustos de helados.
Tengo trece, y antes de entrar al colegio me duermo una siesta en las escaleras del mástil que está en frente de la biblioteca del Pizzurno. Me despierto a las 5 y cuarto, justo a tiempo.
Tengo 17, y ya no duermo siestas antes del colegio, tomo Tecate o sidra, porque a esa edad tomaba sidra.
Tengo 19 y vuelvo en el 37 desde Ciudad Universitaria. Me quedo dormida con el sol pegándome en la mejilla y los apuntes en el regazo.
Tengo 20 y estoy con un chico en Plaza Francia, tirados en el pasto, mirando a la gente con sus perros. Nos besamos por horas, hasta que se hace de noche y refresca.
Tengo 22 y comemos frutillas y cerezas con El Innombrable en el jardín de la casa de mi tía. A mí me encantaría que tuviera algún un gesto de dulzura, alguna vez, se lo pido con los ojos, pero no lo percibe, o no lo quiere percibir.
Tengo 24 y cruzamos hasta el río, todas las tardes. Media hora de sacarle el cuero al resto de la oficina, muchos puchos y los hombros que van tomando cada vez más color.
Tengo 26 y miro el techo mientras casi puedo escuchar lo rápido y fuerte que me late el corazón. Me ato el pelo, me acomodo un poco lo que me queda de ropa, y me doy cuenta de que esta época del año, los primeros calores, siempre dejó unos recuerdos de lo más indelebles.

domingo, agosto 23, 2009

Y mientras Ani me tiraba desodorante, yo saltaba en la cama y cantaba I touch myself.
Ese debe haber sido uno de los highlights de la noche de ayer.
Todavía no puedo creer que en dos años nunca se me haya ocurrido ponerme a saltar en la cama.
Después dicen que las drogas hacen mal.

sábado, agosto 15, 2009

- ¿No somos medio como hombres nosotras?
- ¿Por?
- Atrás... no mires, eh, hay dos chicas de nuestra edad, cenando. Están compartiendo un porrón de cerveza. A nosotras no nos trajeron la comida y ya vamos por la segunda Stella.
- Dejate de joder, Lau. el problema lo tienen ellas. ¿Quién comparte un porrón de cerveza? Es muy triste. Y a lo sumo, somos borrachas, no masculinas.
- Tenés razón, son re UP.

Si bien el plan original era ir a ver la banda de cierto sujeto que conocí hace unas semanas, para cuando estaba saliendo de la librería y Ani me mandó un mensaje de texto ultimando detalles -"nos juntamos con ale y lau y nos vamos al recital de tu guacho"- me agarro la pachorra. Así que terminamos con Lau en el colombiano de Córdoba y Gascón, tomando cerveza prácticamente en ayunas, esperando una cena que no llegaba nunca y planeando estrategias groupies para el fin de semana del primero de Noviembre. Para el momento de la caminata digestiva -Gascón hasta Larrea- teníamos una borrachera importante y todo nos hacía matar de risa.
Después, más matarnos de risa, Family Guy y a dormir porque los Sábados se trabaja.
Todos deberían tener una amiga como Lau. Lo recomiendo.

martes, julio 21, 2009

La idea original era tomar unos vinos en lo de Lau con Ani. Nada más. Cuatro horas más tarde, éramos nosotras tres y cuatro más, las mismas de la época del secundario, pero en vez de la paja neurótica con el profesor de historia, hablamos de esas cosas de grandes, mudanzas, parejas, impuestos, carreras y familia.
Después de varias cervezas los ánimos se exaltaron y decidimos llevar la velada a algún lugar más festivo, en este caso, el antro del Abasto, ese en el que se hacen fiestas los lunes, pasan música cachengue y está lleno de jipis. Y como ya me siento como en casa después de tantos lunes bailando y tantos martes prometiéndome que nunca más alcohol los días de semana, iba yo saludando a varias gentes, repartiendo abrazos y preguntando si alguien conocía a algún potencial cohabitante porque Nat se nos va a vivir con su novio. Encantadoramente simpática me paseaba entre la barra y la pista de baile, charlando con los mexicanos, abrazando a mis amigas, saludando más gente que llegaba, pasándola maravillosamente bien.
Y de repente, estaba hablando con este hombre, este sujeto de mirada cálida y esa buena onda que tienen los jipis que te compra. Por algún motivo que ya no recuerdo le decía "¿de dónde saliste vos? explicame de dónde saliste" mientras él se reía y me preguntaba lo mismo a mí. Y de repente de vuelta, nos estábamos dando un beso, y eso que a mí no me gusta andar besuqueándome en lugares a los que voy tan asiduamente, así de mucho me caía bien el muchacho este.
En un arranque de masculinidad, fui, agarré al tipo de la mano, le dije "nos vamos" y a los 5 minutos, después de haber discutido sobre si en-tu-casa-o-en-la-mía, estábamos en un taxi. Destino, Caballito.
Después, después no importa, bah, salvo que lo miraba y pensaba que qué loco, cómo se ha definido mi tipo de hombre en estos últimos meses. Y el flaco era exactamente mi tipo, la barba rojiza, el pelo medio largo, la contextura contundente, los ojos grandes.
A las 7:17 am, me acuerdo de la pantallita del celular y mi confusión por el hecho de que un extraño me estuviera despertando cuando afuera era noche cerrada, me pidió que le fuera a abrir. Manoteé un jogging, un cangurito y las pantuflas; antes de abrir la puerta del cuarto me quedé parada, renuente a salir a la intemperie, a la lluvia imparable. No sé qué habrá interpretado, porque me abrazó, y no con cualquier abrazo, un abrazo de verdad, de los que contienen. Me quedé un ratito con la cabeza apoyada en su pecho y le pregunté qué hacía de su vida que tenía que irse de la cama tan temprano. Cuando me terminó de contestar, ya estaba abriendo la puerta, agarrando las llaves de la puerta de calle.
Lo miré detenidamente una vez antes de que se fuera. Qué lindo chico.
Así sí da gusto tener sexo casual.

domingo, junio 21, 2009

Casa de Lau - porro - 64 - casa de Ale - cerveza - empanadas - novio facho de Ale - miradas cruzadas - ride a San Telmo - fiesta latinoide - muchacho con parecido asombroso a un lector del blog - más cerveza - más porro - boliche hiphopero africano - más cerveza - bailes desenfrenados - tarados con gorritas y buzos enormes - lluvia de africanos - taxi - "el taxista nos está paseando" - casa de Lau - bajón vegetariano - bajón de cheesecake - "¿de veras el sexo era tan malo?" - "no era malo, Lau, era corto, más o menos lo mismo" - noni - resaca - caminata - "feliz día, papá" - subte - "feliz día, abuelo" - comida de abuela - siesta en el sillón - 141 - casa - más siesta - llamado inoportuno - llamado a dedé - ducha - 141 - casa de dedé - post