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domingo, junio 13, 2010

- Ani me dijo que el miércoles a la noche trajiste a un chico...
- ¿De dónde sacó Ani eso?
- Me dijo que te escuchó.
- No traje a nadie. Era sexo telefónico.


Ahora saco unos papeles picados del bolsillo y los tiro para arriba.
Iupi.

viernes, febrero 26, 2010

Fui a lo de Dedé después de la librería, primero porque necesitaba provisión de antibióticos y segundo porque empecé a dudar de mi deseo enfermizo de soledad, considerando que mientras mi jefe hacía que no me veía yo me largaba a llorar una y otra vez, el germen de conclusión obvia empezó a crecer con la misma rapidez que el coso que me salió en el brazo y que hizo que requiriera antibióticos.
Estábamos sentadas las cuatro, Dedé, Sol, Genéve y yo. Mientras Sol proponía un domingo de maratón de Volver al futuro e imitaba la cara de Brad Pitt cogiendo por primera vez en Meet Joe Black, Dedé contaba sus peripecias en el centro de terapia ocupacional, donde le hicieron meter la mano en un frasco con porotos de soja. Yo acotaba comentarios de los que siempre meto en las conversaciones y Gen arengaba para que estafáramos a la pizzería que nos había mandado un pedido mucho más generoso que el hecho por nosotras.
Y si bien me sentí un poco al margen al principio, un par de risas -más bien carcajadas- me hicieron volver un poco. Volver a ese lugar que a veces descuido, el de la reunión, y no sólo reunión desde lo más concreto, sino desde otro lado, el de poder compartir un momento, el que sea, sin pretensiones, sin planteos neuróticos. Reírse un rato.
Sol se fue al ensayo -al que yo falté por no poder mover el brazo y sentirme afiebrada-, Gen partió al rato y yo me quedé a solas con Dedé. Después de unos cuantos cigarrillos y una charla sobre las madres, las lunas y la necesidad de terapia, terminé diciéndolo, porque sólo a ella podía confesárselo. Que tal vez mi incapacidad de relacionarme llegó a magnitudes desproporcionadas porque divisé un objeto de potencial afecto. Algo de lo más inocente, pero justamente por esa misma razón, un motivo de temor. Unas ganas genuinas de alguien, de un hombre en particular. Un hombre que me ha hecho reír con todo el cuerpo. Un deseo de lo simple, de recostarme en ese sillón y dejarme ser un rato. Alguien que me gusta.
Saltan las inseguridades, los miedos, las profecías nefastas, pero no pueden contra las ganas, que eclipsan mis pronósticos más desalentadores, esos que suelo tener en la punta de la lengua.
En veinticuatro horas, cambia todo, decido dejarme de romper las pelotas y empezar a disfrutar de esta sensación, esperando que a él le den ganas de compartirla conmigo. Y si no, si no quiere, si no percibe que estoy dispuesta a que me siga haciendo reír y a que me den ganas de abrazarlo mientras le acaricio el pelo, pues mala leche, tengo en claro que la posibilidad de la negativa de su parte existe, pero no me importa. Porque lo que siento -y no lo que pienso, ahí está la gran diferencia gran- es mío. Y se siente de puta madre.

domingo, febrero 21, 2010

Cel: Entonces le dije que no podía, porque me había caído y estaba toda lastimada.
Gen: Claro...
Cel: Y me dijo que si me quedaba sola en casa y necesitaba compañía, o algo, cualquier cosa, que le avisara.
Gen: Aaaaw, qué divino.
Cel: Sí, un amor. Pero bueno, estaban acá Ani y Lau, así que no, no necesitaba compañía.
Gen: No la de él...
Cel: Eso mismo. Y después, más tarde lo crucé en el msn y me volvió a decir algo del estilo, que si necesitaba mimos, que se venía; pero como yo no sabía si me iba para lo de Dedé o no, quedé en que le mandaba un texto cualquier cosa.
Gen: Pero acá estás, no fuiste a lo de Dedé.
Cel: No, me quedé mirando unas pelis.
Gen: Es divino ese chico.
Cel: Ya sé, boluda, pero no me gusta. No me gusta. No sé por qué. Me da pena y bronca, pero no va, eh. No va. ¿Sabés qué es lo peor? Que me re gustaría como amigo, ponele. Pero eso no se lo podés decir a alguien que quiere venir un sábado a la noche a tu casa a ver una peli y comer helado y ya te vio en pelotas.
Gen: No, no podés decirle eso, nunca. Ahora... ¿Y si el que te decía de cuidarte era fulanito?
Cel: Ponía la cera a calentar, lo esperaba con un escote hasta el ombligo y me olvidaba de mi rodilla hinchada y el pie torcido.

miércoles, febrero 10, 2010

Genève vino hace un par de días con una propuesta de lo más interesante, alquilarle el cuarto de arriba de todo a un conocido de ella que necesita alojamiento durante unos meses, desde abril hasta agosto. Con esa plata, argumentó ella, podríamos hacer arreglos y capaz nos quedaba un resto y todo. Se consultó con Ani, que también aceptó y quedamos en que el muchacho este podía venir a ver el cuarto cuarto.
Yo lo había visto una vez y me había caído bien. No necesité pensarlo mucho, un ingreso extra para hacer arreglos y pagar cuentas. Alguien copado en la casa -además de Ani y Gen, de más está decirlo-; la idea me cerró.

Qué maravilla, qué buen negocio vamos a hacer. Qué divertido, vivir con un muchacho.
El otro día vino a casa y cuando lo vi me acordé de un detalle que no había tenido en cuenta. El chabón está buenísimo. Iinfinidad de pensamientos pecaminosos atravesaron mi cabeza.

Me imaginé levantándome temprano a la mañana y viéndolo prepararse el desayuno en boxer y remera de dormir, y me dije ¿qué más puedo pedirle a la vida? Bueno, podría pedirle garchármelo, pero conozco mis limitaciones.

Ani y Genève comparten el sentimiento. Ese chico, la va a pasasr muy bien.

martes, noviembre 17, 2009

Alguna noche de insomnio del verano de 2005.
Le pedí que me contara alguna historia antes de irme a dormir, ese era (y asumo que sigue siendo) su trabajo, no tenía que costarle demasiado. Qué clase de historia, me preguntó. La que cuente cómo voy a conocer al amor de mi vida, le contesté. Después de un ratito me di cuenta, me estaba contando el argumento de French Kiss. Y ponele que yo me re copo con un Kevin Kline, es muy mi tipo, pero ambos bien sabíamos que no hay manera de convertirme a mí en una Meg Ryan, no encajo en el perfil. Además se suponía que tenía que ser una historia original, a mi medida.
Después de unos días, la vimos juntos, en vhs. Cuando terminó, me acurruqué contra él y le dije bien despacito que lo quería. A partir de ahí, The Big Chill -peli, debate y soundtrack- y The Accidental Tourist, también de Lawrence Kasdan; y tragarme los tequiero, tratar de convencerme de que todo había sido producto de la comedia romántica y el vino.

Muchos años después, alguna noche de primavera de 2009, Sol toca el piano y yo canto Dream a little dream of me. Más teatral que dulce, recordando esa peli que desde esa primera vez en HBO cuando tenía quince años hasta ese tequiero el verano de 2005 vi demasiadas veces -me arriesgo y digo que casi decenas-. Después no pude, porque la melancolía es una patología y parece que a mí me tocó en el sorteo.
Más tarde, Dedé confiesa que nunca vio Pretty Woman; Genève y yo chillamos, que cómo puede ser, que en qué tupper vivís. En dos minutos se arma el top five de comedias románticas. Yo mantengo el mío a rajatabla. When Harry Met Sally. French Kiss. Bridget's Jones Diary. Chasing Amy. Clueless. No necesariemente en ese orden.

Hoy a la mañana.
Semana Jodida no da respiro y no tengo mejor idea que poner a bajar French Kiss.
Porque cuando quiero, soy muy pelotuda.

miércoles, noviembre 04, 2009

Yo pensaba que estaba en Aries, pero no, para mí que la luna justo se puso en Tauro a las 10 de la noche, por eso nos compramos la remera.
Dedé, mientras caminábamos para la parada de 36.

Entonces ayer seguía con los llantos que salen de la nada y le suspendí a unas amigas con las que iba a tomar un café porque no sabía si iba a poder sostener una situación de corte social civilizado. Al final pasó Lau a buscarme por la librería y justo Gen iba para casa, y Dedé que andaba por ahí... total que nos fuimos todas para casa a tomar unas cervezas, comer ensalada de fideos y testear el porro que acababa de comprar el novio de Gen.
A las dos horas estábamos los cinco matándonos de risa. Más que nada porque Dedé es muy graciosa, creo que es la mujer más graciosa que conozco; y ni que decir que se potencia cuando tiene un público que la festeja. Entonces salta de una cosa a la otra, de quejarse de su madre a categorizar los compañeros de facultad. De teorías astrológicas extravagantes a sacarle el cuero a los cantantes latinos -"Arjona es un aborto de pájaro" será la frase que quedará para la posteridad después de la noche de ayer-. Mientras, Martín nos decía que teníamos que empezar a filmarnos. Es que eso ya lo hicimos, esos videos nunca deben ver la luz.
Cómo en seis horas te cambia la percepción de la realidad.
No se puede creer.

miércoles, octubre 21, 2009

Desde los doce años hasta principios del 2007, vagué por casas varias. La de mis padres, mi abuela, mi otra abuela, Ale, Andre, Dedé, Lau, Ani, Ali, otras amigas, chongos, profesor de canto, tíos generosos. Un día acá, otro día allá; nunca dormí más de dos días seguidos en la misma cama, estaba acostumbrada a la mochila con una muda de ropa, a las distintas presiones del agua en las duchas, a despertarme y tardar un rato en saber dónde estaba. Me gustaba esa vida, ser medio nómade, sentir que ningún lugar era mi hogar, porque el hogar era otra cosa, más de adentro, algo que no tenía mucho que ver con un cuarto lleno de pósters o una heladera que dentro tuviera la mermelada del gusto que a uno le gusta. Entonces un día de febrero Nat me llamó y me ofreció el cuartito de arriba de la casa, acepté inmediatamente; planeé mi mudanza para el 21 de Marzo, el día que empezaba Aries -porque sí, yo hago esas cosas, calculo tránsitos planetarios antes de hacer las cosas-. Durante los primeros 4 meses no tuve muebles. Una cama prestada que me hacía retorcer de dolor, la repisa con los libros y nada más, todo en el suelo. Es difícil armar un espacio propio después de tantos años de andar vagando por ahì; pero en Julio me traje unos muebles de la casa matriz y me compré un colchón, empecé a habitar esa miniatura de cuarto. En Agosto La Secretaria se mudó, se vino Flor y la convivencia se hizo más tangible. Ver pelis las tres juntas, salir y compartir el taxi de vuelta, prepararles cenas, aprovechar las primeras noches de la primavera para tomar fernet con coca en la terraza. Un romance, eso tuve con mis roomates durante más o menos un año y medio, un romance también con la casa, empezar a apropiarme de un espacio me hizo ver que no todo era tan Acuariano como yo pensaba, que sólo se trataba de que lo creara yo.
En Marzo de este año se fue Flor y llegó Ani, su hermana. Por otro lado, Nat noviando amenazaba con que no iba a renovar contrato otra vez. La casa se oscureció, la abandonamos. Poca comunicación, poca dedicación, poca atención. Fueron meses raros, de estar mucho en lo de Dedé, de no querer volver a casa, de saber que había que tomar una decisión: mudarme para abajo o no, renovar contrato o no, saber quién se mudaría y de dónde carajo iba a aparecer una garantía. Resumiendo, me mudé al mejor cuarto de la casa, se renovó contrato a mi nombre, la garantía la pusieron mis abuelos y se vino Genève.
El torbellino Genève nos cambió la existencia. La casa está divina, da gusto llegar y colgar las llaves del ganchito. La convivencia vuelve a tomar forma de affair y es prácticamente imposible hacerme dormir fuera de casa. No me dan ganas de salir, mi cuarto es mi santuario. Plutón, el gato más bello, y mi hermana como invitada permanente no hacen más que sumar.
Todo esto para justificar que cuando salga de la librería en un rato, me voy a meter en un bazar bien grande y me voy a gastar la plata que no tengo en pelotudeces. Un coso para cortar ajo, por ejemplo.

martes, octubre 13, 2009

- Boluuuuuuuda, ¿qué onda el colombiano?
- Bleh...
- Pero ¿la pasaste bien?
- No sé, sí, calculo.
- Es un buena onda.
- Sí.
- ...
- Ay, no. Me acabo de acordar de algo terrible.
- ¿Qué?
- Me puse a llorar. Estábamos garchando, le dije que parase, me di media vuelta y me puse a llorar. Poquito, pero igual, ¡yo no lloro delante de la gente!
- Bueeeeno, es que estabas borracha.
- Yo no lloro delante de la gente que no conozco. Ni borracha.
- Le voy a pasar tu mail.
- Que ni se te pase por la cabeza, Genève. Dijo la frase "te hago el amor".

Después (de haber atravesado la resaca del año) Tacho -vía msn- me dijo que no es para tanto, que si me tomara estas cosas con mayor libertad, no me ahogaría en un vaso de agua. Pero eso es porque él es un buenaonda y siempre me dice cosas para que me sienta mejor. Igual, tiene razón.
Por lo pronto, no más llantos sorpresivos delante de caribeños. Que te traten de consolar con acento es de lo más desconcertante.
Por lo pronto también, ir dándome cuenta de un par de cosas. Por ejemplo, que eso que un día había escrito en la pared, "el único refugio es la ausencia de refugio", es muy cierto.

sábado, octubre 03, 2009

Genève medio mal de la panza, yo haciendo una especie de ayuno; las dos enojadísimas por la ausencia de respuesta de dos sujetos en particular y muy cansadas, muy. Después de la travesía que implica tomarse el puto 36 y sabiendo que no quedaba otra más que pasar la noche en casa comiendo verdura, pasamos por el videoclub con una clara consigna: una comedia, bien boluda, que no nos haga pensar demasiado, en lo posible romántica.
Qué problema tratar de ver una película conmigo. Ya me vi casi todo, o por lo menos casi todo lo que entra dentro de mi estilo. Entonces ahí estábamos, cada vez que ella me señalaba una, yo negaba, diciendo "ya la vi" o "no no, esa no". Yo no sé si fue el hambre o qué, pero por algún misterioso motivo, nos pareció una buena idea elegir una argentina. La de Celeste Cid con Marrale. Me chupa un huevo ser cerrada y blabla, odio el (nuevo) cine argentino -salvo contadas excepciones, claro está-, me aburre, está lleno de lugares comunes, se le huele la pretensión a la legua, pretende ser íntimo y cercano cuando sólo logra alejar(me). No sé si me explico. Y esta peli no era la excepción, todos los clichés posibles, los personajes mal delineados, el conflicto que se avista desde el primer minuto, la resolución traída de los pelos, la estética trilladísima, la falta de gracia, ay, me acuerdo y me indigno.
Cuando había pasado una hora, Gen se levantó y se fue a dormir. Yo me fumé lo que quedaba del porro que habíamos empezado antes y traté de evadirme hasta el final de la tortura. Cuando empezaron los créditos me acordé que el director era amigo de El Innombrable. Èl lo admiraba. Me fui a dormir con una sonrisa sobradora en la boca. Y no tuve sueños.

martes, septiembre 29, 2009

Dejé de estar rara cuando después de cocinar para Lau y Ani, nos sentamos a cenar con un rico Tannat y a planear la fiesta de cumpleaños de Genève. Porque la risa me pone en eje.

jueves, septiembre 24, 2009

- Con esto, restó 38 puntos.
- Basta con eso.
- ¿Con qué?
- Con los puntajes y las listas. Basta.
- Bueno... bajó en concepto.

Llegué a casa, jugué con Plutón, hice un pastel de papas -que se derrumbaba pero que estaba muy rico-, me fumé un porro, comí un poco de chocolate, vi diez minutos de Wild at Heart, vi quince de la de los hermanos Grimm y salí al patio, a seguir fumando y charlar con Genève (que me dijo que parase con las listas). Volví a mi cuarto con un disco con pelis. Un par de Almodovar, la de los Simpson y Sex & the City. Terminé viendo a Carrie y su pandilla, por tercera vez. Tercera vez. Esta vez, no lloré, ni me rei. Nada. Y aparecía Big, y nada. Porque siempre -o por lo menos hasta hace unos cuantos meses- quise creer que algún día mi historia con my-own-private-Mr-Big iba a virar para el lado de los fuegos artificiales, los corazones y las confesiones tardías de amor eterno. En cambio, ayer me di cuenta de algo. No. No pasó, no va a pasar, ni quiero que pase. Es como si todos esos años se hubiesen convertido en un recuerdo casi irreal. Como el viaje de egresados a Córdoba cuando tenía 12 años. Como el primer día de clases en primer grado. Cosas que en su momento fueron de lo más emocionantes, cosas que viví con absoluta intensidad, pero que en el presente no significan nada; son imágenes, a lo sumo el recuerdo de alguna situación, pero no más que eso.
Entonces apagué la compu y el velador. Me metí debajo de las colchas y traté de ver qué pasaba. Sonreí. Una sonrisa con todos los dientes, en la oscuridad. Porque, por fin, siento que se fue el peso de encima. No está más. Estoy liviana. No lo puedo creer. De veras, realmente no lo puedo creer.
De todos modos, esto va a llegar a su fin cuando deje de ser El Innombrable. Cuando ya ni siquiera sea nombrado.

martes, septiembre 15, 2009

Sólo quiero que quede registro de este maravilloso día.
Las semillas están germinando y brotando.
Genève quiere ponerles nombre. Betty & Boop, propuse yo; Tarzán y Chita, tiró ella.
Vamos a ver, vamos a ver.

lunes, septiembre 14, 2009

Mi Oma siempre fue viejita. Cuando yo nací ella ya había pasado los ochenta años, así que el recuerdo que tengo a lo largo de mi infancia es más o menos parejo; digo, siempre me pareció una viejita muy linda, no pude notar el paso del tiempo en su cara. Yo tocaba la puerta del departamento -ellos vivían en el séptimo y nosotros en el noveno- ella preguntaba "quién es" y abría sin esperar a que le contestase. La cocina era diminuta y las hornallas siempre tenían encima dos o tres ollas echando humo. Me daba alguna galletita bañada en chocolate y unos caramelos para que me guardara en el bolsillo. Falleció cuando yo tenía once años, me lo contó mi mamá por teléfono, porque yo estaba de vacaciones con el resto de mi familia.
Era hermosa. Alta, imponente, unas tetas enooormes que, según cuentan por ahí, eran la locura de todos los hombres. Inteligente, filosa, orgullosa y dedicada. Y excelente cocinera; tenía un toque mágico. No importaba si estaba preparando chucrut o si sólo había hervido unos repollitos de bruselas, todo era exquisito. Si hubiese sido un olor, habría sido el de las galletitas de manteca recién salidas del horno; si se hubiera convertido en textura, habría sido el crumble -que ella me nombraba en alemán y yo no sé cómo se escribe- que ponía por encima de su torta de ciruela. Ella y sus ollas humeantes, siempre.

Ayer me desperté, ordené mi cuarto, me quejé del dolor de garganta y me fui al supermercado. Compré jengibre y limón para hacerme té, mucha cebolla, puerro y unos pedazos importantes de carne. Porque a medida que avanzaba con el changuito, lo supe; había que aprovechar la última semana de invierno y hacer un goulash.
Corté las cebollas y la carne, en cubos. Sellé, doré, olí, sonreí y me armé de paciencia. Después de tres horas a fuego lento, el toque final, la fécula para que todo se vuelva espeso.
Ani aplaudió y limpió con el pancito hasta que el plato volvió a su blanco original; mi hermana felicitó y devoró todo en dos segundos; Genève no paró con su "qué rico olor" en toda la tarde. Yo me comí lo que quedó al mediodía, antes de venirme para la librería.

Mary se llamaba mi Oma, una grande.

lunes, agosto 31, 2009

Antes, los domingos eran despertarse en algún momento entre las dos y las cuatro de la tarde, arrastrarse hasta la panadería, volver e instalarnos en el cuarto de Flor a ver pelis hasta las doce de la noche. Flor hacía panqueques, a la noche se pedía delivery y si era veranito, nos tomábamos unos fernets en el patio de abajo.
Ahora, los domingos son despertarme tipo 12, ir hasta la panadería a comprar algún sandwich, volver a mi cuarto y ver alguna serie hasta que las conversaciones de las chicas no dejan que me concentre. Limpian; ellas, los domingos, limpian. Si a mí pasar un domingo en la cama con alguna peli o un libro me resulta de lo más terapéutico, ellas no comparten; a ellas les hace bien limpiar.
Ayer, me arrastraron hasta la terraza. Mientras yo me fumaba uno, ellas baldeaban y lavaban las botellas de cerveza -cincuenta aproximadamente- que están ahí desde que se empezó a alquilar la casa. Y mientras flasheaba con el agua, el escobillón y la rejilla, ellas dale que te dale con la pulcritud. De repente, miré la terraza, cómo mejoró, lo linda que está y me puse contenta.
Mañana voy con mi tío a comprar unos estantes y una parrilla. Porque eso es lo que siempre le faltó a casa, una parrilla.
También nos falta un parrillero, pero eso es lo de menos.

viernes, agosto 28, 2009

Estábamos en el patio de la casa de los mejores amigos de mi papá, que se habían separado hacía unos meses. Yo estaba en sexto grado, así que tendría once años. La casa se la había quedado ella, porque él un día se había levantado a la mañana y le había dicho "me voy con Fulana", hizo una valija y se tomó el palo. Su vida con Fulana duró poco, y después de varias parejas conoció a una chica más chica que yo y ahora tienen un bebé divino, viven cerca de La Plata y tienen la plantación de marihuana más maravillosa que haya visto. Su ex mujer nunca lo superó, por eso se fue a vivir a Europa con un pendejo brillante al que le llevaba como 20 años.
Pero vuelvo al patio de esa casa, una noche de hace como quince años. Mientras yo hacía que leía, mi mamá y su amiga no paraban un segundo de hablar. La recién separada estaba indignada, al parecer, otro amigo del grupo la había insultado, injuriado, faltado el respeto. Mi mamá le preguntaba cada vez más ansiosa "¿qué es lo que te dijo?", desesperada por el chisme recién salido del horno. Al final, ella cedió y confesó, "me dijo que era una promiscua". En ese momento levanté la vista y estuve a punto de preguntar qué quería decir esa palabra, pero me pareció más prudente seguir haciéndome la boluda y buscarla después en el diccionario. Al otro día ya no la recordaba, me sonaba a "pascualina" pero estaba segura de que nadíe podía enojarse tanto por una analogía de tipo gastronómico.
La palabra no volvió a aparecer hasta que fui más grande y entendí qué querìa decir.

Hace un par de días Genève se prendía un Virginia Slims en el patio de casa, y se preguntaba si la gente que de soltera es promiscua tiene una tendencia a la infidelidad cuando está en una relación de pareja. Llegamos a una conclusión basada en nuestras propias experiencias, que es medio difícil ser fiel, pero que se puede mientras se quiera. "Promiscuas como nosotras" había dicho Gen unos minutos antes, y si bien me chocó un poco el término, nunca habría podido indignarme como lo había hecho la amiga de mis viejos aquella noche. Qué le voy a hacer. Si cada vez que cojo bien con alguien, ese alguien desaparece después de un par de veces, no me queda otra más que seguir probando ¿no?
De todos modos, cada vez que alguien usa ese término, no dejo de imaginarme pascualinas flotando. No lo puedo evitar.

martes, agosto 11, 2009

Acerca de cómo un mismo hecho puede ser visto a través de miradas completamente diferentes.

Por ejemplo, que yo invite a un hombre nuevo en mi vida a pasar la noche en casa.

Ani me codea y se pone a pura onomatopeya. "eeeeehhhhh", "eeeeesaaaa".. Así.

Flor inclina la cabeza, sonríe y pregunta dulcemente "¿y? ¿qué tal? ¿cómo la pasaste?". Muy divina ella, siempre.

Lau es la representante de los pies sobre la tierra. "Che ¿y qué hace de su vida?". Ella es de las mías, la compra más una profesión copada que un cuerpo escultural.

Nat indaga, habilita espacios, compara con otras experiencias, hasta que yo termino diciendo "bueno, sí, me hace acordar bastante a mi viejo...". Porque los hijos de psicoanalistas a veces son así.

Genève mira de reojo y con picardía dice "Bueno, vamos a lo importante ¿cómo la tiene?" desatando la carcajada y los detalles más suculentos.

Yo también me hago un par de preguntas clave.
No, nunca las confesaría.

sábado, julio 25, 2009

Cosas que sí.
Los libros que llegaron hoy para que pueda pasar el fin de semana metida debajo de la cama. Philip Roth, Chuck Palahniuk, Sam Shepard y Jane Austen.
Capítulos de X-files por si me canso de leer.
Mi hermana que viene a visitarme hoy a la noche.
Terminar de resolver el asunto este de renovar el contrato de alquiler y ver que me dan los números.
El porro riquísimo de Damián, el novio de Ani.
Geneve como nueva cohabitante.
El guiso de lentejas que me hice el otro día, del que quedó un poco para cuando llegue de trabajar.
Diversos tipos de decisiones que en estos días han terminado de tomar forma.

Cosas que no.
Las ganas de revolear a alguien, irrefrenables, que tengo.
Que ese alguien tenga nombre y apellido.