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sábado, mayo 14, 2011

Se habla de géneros discursivos en la clase de Expresión Oral y Escrita II. Que las convenciones, que loa enunciados, que blabla. En un momento, el profesor -que es lo más de lo más de lo más-, habla de géneros más informales. Por ejemplo, el diario íntimo.
¿Alguien lleva un diario íntimo?, pregunta.
Y yo asiento sin pensar, sin darme cuenta de que el aula es chica y que cualquier movimiento puede ser notado. Así que el tipo me dice que sí, que yo, que hable un poco de eso. Entonces armo una oración atropellada, casi tartamuda, que incluye la frase "bola de catarsis".
Me cago en mi cráneo que asiente automáticamente y en mi falta de adaptación a los espacios. Una hora antes, el tipo me había devuelto un TP diciéndome "muy buena manera de resolverlo" y resulta que me las arreglo para arruinar mi imagen; bola de catarsis, qué estúpida.
Él es amable e indaga sobre otras cosas, por ejemplo, las convenciones. Me pregunta si fecho cada entrada del diario y ahí sí, ya estoy en graciosa-mode y le contesto que claro, que soy neurótica, que necesito el registro.
Todos ríen, el profesor ríe, yo río.

viernes, septiembre 03, 2010

A los catorce años encontré una campera de corderoy bordó (o bordeaux, lo que sea) y no me la saqué en dos años. Porque los adolescentes son así, les cuesta desprender. Tenía corte de campera de jean y cuando se terminó la primavera de 1998 mi mamá me la tiró porque los puños se estaban deshaciendo en hilachas. La combinaba con mis oxford azul oscurísimo que tenían las botamangas hechas bolsa y las All Star azul marino que tenían la suela escrita con bic azul. Linyera desde la más tierna juventud, sí, señores. Si hacía calor, remera lisa, manga corta y de color estridente; como mucho, rayas. Si refrescaba, suéter escote V -petróleo o verde botella- que robaba del placard de mi abuelo. Le robaba la ropa a mi abuelo. Linyera, muy linyera lo mío. También tenía un pullover naranja que tenía agujeritos hechos POR LAS POLILLAS que tenía que ponerme a escondidas de mi madre porque cada vez que me lo veía armaba un escándalo. Me pintaba los ojos de azul -rimmel y delineador- y abusaba del Angel Face. Y el pelo, qué tema el pelo. Elaine Benes, Felicity (season01), Shakira recién llegada a USA, Cher, Carrie Bradshaw, Medusa; una mezcla de todas ellas. Cada noche me hacía unos rodetitos a lo huérfana de Cris Morena en toda la cabeza y me los dejaba durante un par de horas. Después del tratamiento me quedaban unos bucles que no puedo explicar, una belleza. Siempre se cerraba el asunto con media cola bajita y unos mechoncitos del frente enmarcando la cara.

Hoy me miré al espejo antes de salir y ahí estaba yo, con el pelo igual de salvaje que a los quince: puro volumen y frizz.
Sonreí, porque es como si mi cabellera entendiera mis estados de ánimo y se comportara acorde a eso. Porque, últimamente, no adolezco, pero me vengo sosteniendo en un estado de ensoñación quinceañeril que genera ternura en todos los que me aguantan.
Me gusta.

lunes, enero 18, 2010

En un acto de estoicismo sin precedentes en mi historial. Envolví mi mano en bolsas varias. Tomé al inmundo animal por su cola espantosa y lo metí en una bolsa. Esa bolsa en otra bolsa. Y de vuelta el mismo proceso.
Me lavé las manos tres veces y anoté mentalmente que este fue el tercer ataque de minita en el año.

lunes, noviembre 23, 2009

- Me atendiste medio mal ayer. ¿Te enojaste por algo?

- ¿Tengo algún motivo para enojarme?

- Eso te pregunto a vos. ¿Estás enojada? Después te hablé por msn y no me contestaste.

- Es que te dije, cuando llamaste estaba hablando por teléfono. Hablé un rato más, cuando corté, ya no estabas conectado.

-...

-Igual, tenés razón, eh.

- ¿Con qué?

- Con que capaz te traté medio mal. Pero yo no me había dado cuenta, eh. Cuando corté con vos el amigo con el que estaba hablando me lo hizo notar. Entonces yo ahí pensé que capaz es cierto, que a veces te trato medio mal, pero no me doy cuenta, no es a propósito, eh; yo nunca quiero tratarte mal, y los dos sabemos que cuando te quiero tratar mal, te trato súper mal y después vos te ponés hipersensible y yo no sé cómo carajo pedir perdón porque caigo en que vos no te merecés que te trate mal nunca. Y ahí me acabo de contradecir, ya sé, porque dije que nunca pero a veces sí; pero vos sabés cómo me funciona la cabeza a mí, así que para qué explicarte. Tampoco podría explicarte, aunque quisiera. O capaz sí, como que a veces te trato mal pero no es porque quiera que te sientas mal, es para poner distancia, me enojo a propósito para que tengas un par de puntos en contra, porque si no son todos a favor. Y si son todos los punto a favor, estoy en el horno, alguna contra tenés que tener. Además de la contra enorme que ya vino de fábrica, claro, pero de eso ya sé que no hablamos, porque para qué ¿no? Entonces me enojo a propósito para tener asociada esa idea de enojo con el concepto que tengo de vos en la cabeza, es como un reflejo condicionado pero al revés. Y ayer le decía a mi amigo "vas a ver que le voy a terminar diciendo todo, quemándole la cabeza".

- ...

- ...

- ...

- Bueno, decí algo.

- ¿Todo a favor? ¿De veras?

- En serio.



A veces siento que es como cuando Susanita empezaba a contar algún chisme y se iba por las ramas. A veces hago un recorrido similar pero dentro de mi cabeza, y el globito de diálogo va creciendo cada vez más hasta ocupar demasiado espacio. Y a veces, por suerte, encuentro a alguien que sigue el hilo turbio de mis asociaciones y no le importa, o por lo menos no me tilda de neurótica insoportable. Porque sabe leer entre las líneas.
Que yo no quiera ver que me estoy metiendo en la bocadel lobo es otro asunto. Y de eso, en este blog no se habla.

miércoles, septiembre 23, 2009

Cosas que sí.
Ir al chino de Guayaquil a comprar papel higiénico y cruzarme a Alberto Laiseca en las góndolas.

Cosas que no.
No animarme a ir y decirle que lo admiro mucho y que justo estoy por empezar un libro suyo, que lo tengo sobre el escritorio para cuando termine con el que estoy ahora.

Es que estaba prácticamente en pijama y con cara de recién levantada, capaz se asustaba.

lunes, septiembre 07, 2009

Tapada hasta la nariz, con la cabeza a punto de explotar por culpa de la resaca y las piernas doloridas de tanto bailar; con el sol tímido del domingo de ayer entrando por las rendijas de los postigos y una botella de agua al lado de la cama. Así recibí el día, más o menos a las 11, queriendo dormir más y sin poder; pero también sonriendo un poco -ok, lo reconozco, con una tremenda sonrisa instalada en la cara, no en la boca, en la cara-, recreando escenas en mi cabeza, contando gestos como cuentas de un collar, cerrando los ojos para ver mejor las ideas, sintiéndome bien.
Doce horas después me dice que queda un poquito de mí en su almohada, pero que prácticamente nada. Entonces, hasta casi que me pongo colorada y todo. En vez de eso, bajo la mirada y pongo cara de tarada, justo para que Lau me vea y me diga "ay, mirá cómo te ponés".
Y sí, me pongo así. Porque está bueno ponerse colorada y un poco tarada de vez en cuando, canejo.

Aaah... ¿etiquetar o no etiquetar? Qué dilema, eh.
Yo le pondría algo así como Mr. deseé-abalanzarme-sobre-él-cuando-me-habló-de-su-gen-chavista. pero es como muy largo ¿no?