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martes, octubre 18, 2011

En el día de San Perón, pedí conocer a un hombre que tenga muchas ganas de comer mis recetas de medio oriente, que le guste dormir siestas largas y sea barbudo.





General, no me falles.

lunes, agosto 08, 2011

"(...) bueno, así que ya sabés, si en algún momento te sentís juguetona o estás quenchi, avisame, creo que puedo hacer que cambies de opinión respecto a mí"


Esto fue lo que recibí en el día del orgasmo femenino (ah, no sé de dónde salió esto; yo lo leí en twitter). Un banana a pedal que se piensa que puede generar algo en mí "si le doy una oportunidad", sin darse cuenta de que, justamente, es el modo en el que pide esa oportunidad lo que hace que mi libido desaparezca instantáneamente.
Dudo, ¿le contesto? ¿Le explico que la palabra "quenchi" es de coordinador de viaje de egresados que sólo se la pone a adolescentes ebrias? ¿Le aclaro que el verbo jugar entramado en lo sexual debe ser usado con sumo cuidado, porque si no tiene un efecto perjudicial? ¿Le pido que por favor se olvide de mi existencia y vaya a revolotearle a otra con un perfil más acorde a su persona?
Me decido por no contestarle nada, la situación no amerita más que un post en este blog.

quenchi. qué hijo de puta.

lunes, abril 11, 2011

Ayer estuve muchas horas tirada en la cama leyendo. Soy de quedarme dormida mientras leo; cada treinta o cuarenta páginas se me va la cabeza a cualquier lado y entro en un sopor que deviene en una siesta mínima, repleta de imágenes relacionadas con la lectura y las sensaciones que me haya transmitido. Ayer me la pasé en la cama con Mario Levrero y La Novela Luminosa. Llegué a un tope poco saludable de angustia a eso de las 3 am, sabiendo que en cinco horas tenía que estar duchándome para empezar otra semana monótona y llena de hastío.
Apagué la luz pensando en Levrero, en ese diario que es un 90% del libro y que me tiene agarrada del nudo de la garganta desde hace unos días. Me quedé dando vueltas en la cama, a oscuras, hasta quién sabe qué hora, intentando aplacar la compulsión de enunciar a medias lo que me genera terror, el éxtasis de la neurosis. Claro que no pude, a veces me pongo como un perro que su propia cola y me obsesiono circularmente, hago una y mil veces el mismo caminito que me lleva al mismo lugarcito sórdido y espantoso. Quizás el mecanismo se activó al meterme en la intimidad del autor, descubriendo su rosario de manías y paranoias, sintiendo el potencial de identificación; porque sé que ahora no soy así, pero quién te dice, sé que tengo buena pasta para convertirme en uno de esos personajes aislados, un poco ausentes. Bah, lo de ausente es acotación exclusivamente personal, pura proyección. La cosa es que me dormí mal, entre enojada y triste; muy ansiosa.
Después de soñar con la búsqueda infructuosa de uno de los volúmenes de En Busca del Tiempo Perdido de Proust, me desperté de un humor aun peor que el que tenía antes de dormir. Pero mal mal mal mal, eh. Un malestar que ya había olvidado que era capaz de experimentar. Fastidiosa, me pegué una ducha mientras lloraba sin saber bien por qué. Y mientras me enjuagaba el acondicionador decidí que mi vida es algo que ya no tiene remedio y para qué me gasto en tratar de hacerla un poco más pasable si al final siempre es lo mismo, la misma angustia, las mismas reacciones de los otros y la misma sensación de estar persiguiendo la zanahoria y nunca pegar el mordisco. Dramatizo porque es fácil y gratis.
Subí al 141 y me decepcioné, de lejos parecía que venía vacío, pero no; así que me apoyé al costado de la puerta del medio con La Novela Luminosa y sólo levanté la vista una vez antes de encontrar asiento: el tipo que estaba sentado justo en frente de mí hablaba por celular y, al mismo tiempo, sacaba todos los papelitos que tenía dentro de la billetera y los apoyaba sobre su maletín. Hablaba rápido pero con modulación casi perfecta, como los pibes yanquis que están en clubs de debate. Había una pila de tarjetas personales y papeluchos escritos todos con la misma tinta y la misma letra sobre su regazo y los ordenaba con un criterio que no intenté descifrar; le decía a su interlocutor que esa tarde tenía que dar una clase pero que después blabla. "Blabla" porque no escuché más, ahí me lo empecé a imaginar al frente de una clase, hablando rápido pero correctamente y con la billetera a punto de explotar de tantos papelitos; un poco me gustó. Para cuando se desocupó un asiento adelante de todo, Levrero contaba un episodio de necrofilia entre palomas, eso también me angustió, para variar; las palomas me parecen unos bichos horrendos, de aura gris, pero también me dan pena porque se comen el arroz crudo de los recién casados y les explota todo por dentro o porque son una peste infame que a nadie le importa.
Mientras metía el señalador entre las páginas a medio leer, alguien me tocó el hombro: el chico de los papelitos. Me señáló el libro y me dijo que era buenísimo; le contesté que opinaba igual. Me preguntó qué era lo que me gustaba al mismo tiempo que el bondi cruzó Mansilla y titubeé antes de empezar a hablar; él, rápido como en su discurso telefónico, me preguntó si me gustaba por sentirme identificada. Me sentí un poco avasallada, si le decía que sí, el desconocido del colectivo con la billetera llena de papelitos iba a pensar que soy una hipocondríaca neurótica hasta la médula y a mí me pesa demasiado la mirada del otro -más cuando esa mirada es proyección de la propia-. Así que le dije que me conmovía muchísimo poder adentrarme en ese mundo de las miserias del escritor y me levanté para tocar el timbre. Lo saludé y bajé ya sintiéndome medio boluda por no quedarme arriba del colectivo para charlar más sobre Levrero y las palomas necrofílicas.

Caminé las pocas cuadras hasta la librería en un estado de ira profunda. Las palomas, los escritores talentosos que se mueren de aneurismas en la aorta, la incertidumbre, los miedos, el yogurt casero, los tipos de ojos claros y traje que hablan rápido, la falta de sueño, los domingos deprimentes, los lunes deprimentes, los 141 llenos, las oportunidades deshechadas, la falta de incentivo, los .doc incompletos, la palabra ajena, la falta de respuesta ajena, la inminencia de ciertas decisiones, Umberto Eco, las fichas de lectura, el cansancio en la espalda, la falta de sexo, las pesadillas, los ex, los que no serán, las uñas despintadas y los platos sucios apilados en la pileta de la cocina.
A veces es como si me fuera a explotar la cabeza. A veces quiero agarrar alguna de esas herramientas de nombre desconocido por mí y extirparme la partecita esta de adelante de la cabeza, el lóbulo prefrontal. A veces quiero la amnesia más efectiva; la lobotomía.
A veces no aguanto más.

lunes, febrero 14, 2011

La vida no para de darme indicios de que ya estoy medio vieja. Todos los días encuentro una nueva cana, me duele en el cuerpo salir dos días seguidos, tiendo a prejuzgar a los jóvenes; esas cosas.
Me pasa esto y creo que mientras no se me caigan las tetas voy a llevar todo el asunto con bastante decencia. O no. Porque la vida te da sorpresas. Sorpresas horribles.

Hace un par de noches estaba compartiendo un momento conmigo misma, o sea, no quiero usar eufemismos para decir que me estaba toqueteando, así que eso, me estaba haciendo una paja -qué poco femenino que queda si lo digo de esa manera, menos mal que mi mamá no me lee el blog, si no, me retaría- y cuando estaba a punto de subir el último peldaño que me llevaría al éxtasis absoluto, me dio un calambre en la cadera.
Un calambre en la cadera.
¿Me captás? ¿Me sentís?
Un calambre en la cadera. ¿Saben a quiénes le dan calambres en la cadera? A mi abuela. Y a otros abuelos. Y a mí cuando me toco. Porque estoy vieja. Y, claramente, me falta potasio.


En otro orden de cosas, esta es la escena ¿literaria? de mi vida, en la que yo elijo sesgar mi completitud y crear un personaje al que sólo le importa que se la pongan o la quieran un poco; las dos cosas no, tampoco la pavada, el personaje aún tiene que evolucionar (aunque, por otro lado, yo estoy a punto caramelo). Y ¿cómo no hablar de San Valentín? Digo, si tengo blog de solterita, algo debería decir, ¿verdad? Decir que odio este día, que no voy a salir a la calle porque ver parejitas me da náuseas. O extrañar a algún hombre atento y dulce. O pensar que nunca voy a conocer a un hombre que quiera y me quiera.
Pero no.
El 14 de febrero como festejo del día de los enamorados me tiene sin cuidado. Porque es el cumpleaños de mi abuela y como torta. Y si como torta, no hay manera de sentirme mal. La vida está buenísima si le ponés una porción de torta al lado. Y la vida también está buenísima si tenés una abuela como yo, que se llama Zenona, y te salva de la conmiseración de San Valentín porque cumple años y hace torta.



Un calambre en la cadera. Mi vida como la conocía hasta ahora se desmorona.

viernes, febrero 11, 2011

Epa Epa Epa. Acabo de mirar para la vereda de enfrenta y resulta que en el videoclub no está el pelotudo que siempre pone cumbia al mango y que se piensa que es rocker porque de vez en cuando escucha Turf. Hay un treintañero barbudo y lleno de tatuajes que sale a la puerta a fumar Marlboro. Yo digo que está reemplazando al otro subnormal en receso vacacional y que nos vamos a lanzar miradas impúdicas mientras los autos nos pasan por el medio.





Epa Epa Epa. Acabo de recordar que, por default, tengo cara de orto y que soy incapaz de seducir a alguien si no tengo manera de expresarme a través de la palabra.





Epa Epa Epa. Acabo de darme cuenta de que no tengo ni un ápice de energía para destinar a estos susanitismos.

domingo, enero 30, 2011

Hay un índice para evaluar cómo la pasé en una cita: cantidad de cigarrillos en el cenicero.
En una situación de atracción normal hacia el otro, el promedio es de 3 cigarrillos por hora. Si el tipo me gusta mucho, no paro de tocarme el pelo y la ansiedad motriz es canalizada en forma de incontables bucles. Si el tipo no me gusta nada, tiendo a callarme la boca, mirar mucho para todos lados y prender un pucho cada vez que se avecina el monstruo del silencio incómodo.
A no ser que se trate de uno de esos encuentros en los que los dos nos emborrachamos y yo termino contando anécdotas vergonzosas prendida de un gin tonic. Ahí fumo como descosida y termino revolcándome con el flaco; es curioso, porque si el hombre en cuestión no me gusta, es como si todo mi organismo se pusiera en guardia y no hay manera de que me ponga en pedo. La naturaleza es sabia.

Vengo de tomar un par de pintas y fumar 9 cigarrillos. 2 horas: 9 cigarrillos.
Necesito conocer a un muchacho divertido YA.

jueves, enero 27, 2011

Me está invadiendo la comodidad y no me gusta un carajo.
Por un lado, siento ganas de que los ejes burgueses de mi existencia se queden clavados donde están aunque haya una parte de mi que se inquiete y empiece a mover los barrotes de la jaula donde la tuve guardada estos últimos años al grito de GUARDIA, como Diego Torres en esa película de hace mil años.
Mi vida sentimental es un desfile de refritos en el que el único con el que valía la pena el revival no quiere estar conmigo. De mi vida sexual ni me ocupo, el 2010 terminó a todo trapo, pero en lo que va de este año, sólo tengo espacio para pensar -o sentir, en mi mundo parecen ser sinónimos- que del otro lado no hay tanto deseo como de mi parte. Tengo clarísimo que no me voy a sacar el corpiño delante de nadie que no comparta mi búsqueda del deseo en su estado más primitivo, pero también sé que está exigencia me va a dejar sentada esperando durante un largo rato.
En el trabajo se va gestando la temporada escolar y el simple hecho de saber que de vuelta me esperan dos meses de trabajo full time, agresión gratuita y stress casi permanente, me agota. Aunque con mi jefe hayamos quedado en que no me voy a someter a estados insalubres, sé que pasada la vorágine de libros de texto voy a tener que ponerme a buscar otra cosa, que me dé más plata y horarios más convenientes. Y eso me agota más aún.
Espero el comienzo de clases con una ansiedad sospechosa. Incluso le pegué una repasada a los apuntes de Latín, no sea cosa que me vaya a olvidar de las declinaciones. Quiero dedicarle este año al estudio. Necesito recibirme, la posibilidad de un trabajo más estimulante. Aunque me falten millones de materias y no pueda visualizarme como profesora ante una horda de adolescentes amenazantes.
Esquivo pensar sobre mi casa, pero las ideas fatalistas se me escurren y todo lo invaden. Tengo miedo a la posibilidad de que el contrato no se renueve y tenga que salir a buscar un nuevo lugar por ahí, quién sabe dónde, quién sabe con quién. Aunque tenga en claro que la vida en comunidad ya no me genera tanto placer y que bien preferiría un espacio para mí sola.
Voy haciéndome a la idea de que los melones se van acomodando con la marcha, sí. Acepto que esto es la vida y que aunque nadie me haya avisado nunca que las cosas serían así de movilizantes y agitadas, voy armando -no sin tropezarme- algo que cada vez siento más como propio.
No me queda otra más que esperar. Que el dueño de casa se decida a renovar o no. Que empiecen las clases. Que sea mayo para salir a buscar trabajo. Que conozca a un hombre que me guste y le guste. No me queda otra y en el medio me como las uñas, trato de no aislarme del entorno, miro muchas series, escribo, canto, juego con la gata y desespero.
Es como si durante muchísimo tiempo me hubiese estado preparando y ensayando para este momento.
Y tengo pánico escénico.

viernes, octubre 22, 2010

Después de una jornada HORRIBLE en la que mi jefe me avisó del inminente cierre de la librería, sufrí los espantosos dolores de la depilación para que después me cancelaran un encuentro y me quedaran las manos secas por haber maniobrado toda la tarde con libros polvorientos, me vi la cara en reflejo de la ventanilla del colectivo y era la estampa del más puro odio. Me asusté.
De todos modos, como la vida es perra pero de vez en cuando me sorprende, Lau le hizo dar a mi día un giro de 180 grados. Me regaló la entrada para Massive Attack, me sirvió helado y fue poniendo uno a uno los discos de vinilo de su madre. Empezamos con Carly Simon y Zeppelin, seguimos con Joe Cocker, pasamos por los Beatles en su etapa gurú maharishi y terminamos a los gritos pelados con Janis Joplin. Janis te hace liberar tensiones, es un hecho comprobado.
Me fui a dormir un poco borracha, bastante caliente, un poco desilusionada y un poco contenta. La expresión de odio hacía rato se había borrado de mi cara y pensé y sentí que tal vez nada es tan terrible.

martes, octubre 12, 2010

Soñé que era hombre y, por supuesto, tenía pene. Sí, tomá Freud, tenés razón. Mi inconsciente volvió a algún momento previo al complejo de castración y me hizo soñar que tenía pene (yo pondría "pija" que es la palabra que uso siempre, pero capaz es medio violento).
Igual, un bajón. Llegaba con mi mujer (!!!) de una fiesta y yo quería ponerla pero ella estaba muy cansada. La mina mandaba a dormir a nuestros hijos (!!!) y después se tiraba boca abajo en la cama, rendida por el cansancio. Yo trataba de calentarla un toque y la muy aguafiestas me tiraba la onda de que me la cogiera dormida. Ahí se me bajaba por completo; un tremendo garrón.
Al final, me tiraba al lado de ella y también me quedaba dormido.
Hay que ser turra, eh. La única vez que porto aparato reproductor masculino y la guacha no le pone ni un poco de onda.

El tamaño era normal, eh. Nada estrafalario.

viernes, julio 16, 2010

- Te voy a hacer una pregunta, pero quiero que me respondas lo que de veras pensás, ¿si?
- Claro.
- ¿Vos pensás que alguna vez yo voy a conocer a alguien que me soporte?
- ¡Obvio!
- ¿En serio me decís? No me mientas, eh. Quiero que me digas la verdad.
- ¡Es la verdad! Si vos sos muy buena onda.
- Y tengo tetas, mis tetas son lindas.
- A ver, en lo que va del año ¿a cuantos pibes conociste?
- Ehmm... cinco.. seis... no, cinco. Cinco.
- Bueno, cada cinco semanas tuviste oportunidad de...
- Eso no tiene nada que ver.
- Bueno, en lo que va del año ¿con cuántos pibes que valieran la pena estuviste?
- ¿Tienen que ser todos de este año? ¿Puedo repetir de otros años que también hayan aparecido en el 2010?
- Sólo del 2009.
- Ehmm... ¡Dos!
- ¿Lo contaste a Mengano?
- Uh, no. ¡Tres!

Después ya no me acuerdo qué más nos dijimos. Lo que sí recuerdo es en lo que me quedé pensando yo.
De esos tres pibes que me caían/caen bien y el sexo estuvo/está bueno y no me parecen estúpidos -sino más bien todo lo contrario-, uno tiene novia, otro acababa de salir de una relación de una década -yo no estoy para ser rebote de nadie- y el último no es capaz de contestarme un mail sobre un asunto que no tiene nada que ver con nosotros dos en pelotas.

Voy a prender fuego todo.

domingo, junio 13, 2010

- Ani me dijo que el miércoles a la noche trajiste a un chico...
- ¿De dónde sacó Ani eso?
- Me dijo que te escuchó.
- No traje a nadie. Era sexo telefónico.


Ahora saco unos papeles picados del bolsillo y los tiro para arriba.
Iupi.

jueves, junio 03, 2010

Este puto corte de luz cayó justo el día en que yo TENÍA que volver a mi casa para bañarme, cambiarme, encremarme, maquillarme y perfumarme, no sin antes ultimar detalles con cierto sujeto que me esperaría con un Johnny Walker pronto a ser abierto y una gran sonrisa.

Edesur, la puta que te parió.

miércoles, junio 02, 2010

Cuando terminé de ver Super Size Me -hace unos cuantos años ya- lo primero que hice fue ir y devorar un cuarto de libra con queso.

Ayer a la madrugada terminé una novela chota sobre adictos al sexo.
No puedo explicar el estado en el que quedé. En realidad sí puedo, pero no tengo ganas de ponerme a contar.

Ojalá esto se arreglara con un whooper.

miércoles, mayo 26, 2010

En el principio del principio, el tipo se quejaba, decía que las mujeres éramos todas unas rompebolas que nos quejábamos por ser tratadas por ser sólo un par de tetas. Yo me reía y acompañaba la risa con la sensación de que hay algo en los virginianos misóginos que me atrae de manera enferma. Le tuve que explicar que no, que sí soy minita, pero que quejarme por ser sólo un par de tetas, nunca, eso nunca.
Después entendí todo. El tipo no había usado una frase al azar. El tipo dijo "se quejan de que sólo son un par de tetas" porque su obsesión con las gomas es algo que yo nunca hubiera imaginado posible y que probablmente puso incómoda a más de una. Pero fetiche, eh, no exagero. Estoy hablando de una fascinación inquietante, de un deseo irrefrenable, una pasión desbordada. Me sentí halagada, porque es de conocimiento público que soy una tetacéntrica, y hasta imaginé un futuro juntos, en el que él halagaría mi pechera hasta hacernos viejitos y desdentados. Pero mi euforia creció a razón inversa de su manía por mi escote y terminó por agotarse después de unos ruegos muy penosos en los que me pidió por favor -dijo "por favor", es una cosa de no creer- de vernos, o de ver mis tetas, que para él era más o menos lo mismo.
Así fue como llegó el momento en el que le tuve que decir que no, que yo no era sólo un par de tetas; claro que sin usar esas palabras, me inventé unos dolores un día, unos malhumores otro y la cuestión quedó suspendida en la nada desde marzo hasta hace unos días.
Y qué sacada andaré que casi le digo que sí al loco de las gomas cuando me invitó con un combo irresistible -al menos para él-: ir a una jam -él a tocar, yo a cantar-. para después pasar por su casa y deleitarnos con los placeres que puede proporcionar mi delantera. Casi que casi.
Por ahora.

viernes, mayo 21, 2010

El deseo urge y me convierto en un auténtico peligro. En un peligro para mí, eso primero; y en un peligro para todo aquel que se me acerque con la guardia baja. Si me ven por ahí, guarda, mejor esquivarme, o no, todo depende de qué se esté buscando. Si pudiera elegir, elegiría, eso está claro. Pero esta vez apunté mal. Los signos de aire se me escapan, o flotan por encima de mi cabeza, plantando ideas y nada más. Si pudiera elegir, agarraría al libriano de sonrisa que derrite y que con dos palabritas, pumba, me tiene de rodillas. O al geminiano que me hace acordar a McGyver y que me deja sin palabras. Pero no. Cuando no se puede, no se puede, hay que arremangarse y salir a ver qué pasa por ahí. Y hoy, hoy es el día. Porque después, una casita en el Tigre con Genève, Cedric y Alejo, tres libros, las flores recién cosechadas, una cantidad monstruosa de comida y mucha calma.
Los leo al regreso.
Sean felices.

sábado, abril 24, 2010

Tan contenta estaba yo por poder ir a la barra y no pagar nada ("¿ay, pero para mí que canté no hay descuento? "+ barman pajero) que no hubo momento en el que no tuviera las manos ocupadas con un fernet, una cerveza o un cuba libre.

Así me fue.
Sin darme cuenta de que estaba siendo víctima de la histeria masculina, fui manipulada con destreza por un especímen pelilargo y de ojos misteriosos.
Listo, esto fue la gota que rebalsó el vaso, renuncio a los guitarristas. Nunca nada bueno resulta de mis contactos con guitarristas. No sé si son ellos, no sé si soy yo -probablemente sea yo, mi ineptitud a la hora de los vínculos es de notable eficacia-, la cosa es que siempre pasa lo mismo. Yo hablo de más, ellos la juegan de inalcanzables, yo sufro el rechazo, ellos ni se inmutan. De hecho, debería renunciar a los músicos y ya. Tal vez tenga razón mi amigo y consejero y termine con un escribano.

sábado, abril 10, 2010

- ¿Conocés el bar ese de Ambrosetti?


Claro que lo conozco, y cualquiera que quiera llevarme ahí, no entendió nada de nada. Al final no fuimos, porque yo empecé con mi perorata acerca de Caballito y la clase media, que tal vez en otra situación hubiese evitado, tengo la mesura suficiente como para no ser hinchapelotas desde el vamos; pero considerando el panorama, decidí mostrar la hilacha, qué tanto. Y si bien tuve que tomar un TÉ DE BOLDO porque mi estómago no me permite nada más fuerte estos días, creo que fui una buena primera cita. Mucho chiste y mucho dato curioso para dejar al otro pensando que guardo una cantidad inefable de información probablemente inservible, porque soy una excelente partenaire, incluso cuando el tipo no me mueve ni un pelo; de hecho, especialmente cuando el tipo no me mueve ni un pelo, como si el rechazo me volviera encantadora.
Me bajé del auto casi sin mirarlo, quise evitar cualquier tipo de momento-beso, que de todos modos no sé si se hubiese generado. Y siempre pasa lo mismo; abro la puerta, tanteo la cerradura con la llave porque no me gusta prender la luz y camino por el pasillo oscuro y hago un resumen de la velada. Esta vez: qué cagada, pero qué cagada esta falta de inspiración, esta escasez de deseo y motivación; qué pena que me salgan mal los experimentos vinculares, qué tarada por pensar que me puede llegar a funcionar esto de la cena-cine -o té de boldo-cine, es lo mismo- con un flaco que, claramente, no tiene un pito que ver conmigo, en nada. Posta, en nada. Es de esos que dicen "¿qué te fumaste?" o "no sé qué se fumaron cuando hicieron tal película". Qué mal me cae esa gente.

jueves, abril 08, 2010

Y entonces ¿qué? ¿Voy hacer todo un despliegue de preparativos por casi nada? Tengo que bañarme, depilarme, elegir ropa decente, emprolijarme las cejas, pintarme los ojos, pintarme la boca y todo ¿para qué? ¿para un garche mediocre? ¿o una tocadita que puede llegar a ser igual que lo que hago todos los días yo sola? Nah, dejate de joder. Es demasiado laburo por nada.

Le decía yo a mi amigo y consejero hace un par de horas por teléfono. Claro que después dejé de hacerme la canchera y me di cuenta de que sí estaría dispuesta a todos esos preparativos... si notara un deseo real del otro lado. Porque sí, yo también quiero todo el versito, qué tanto; capaz un verso diferente, que no rime tanto. No pretendo que me prometan una escapadita juntos a San Bernardo el próximo fin de semana largo, pero sí exijo que me llenen la cabeza con perversas fantasías en las que yo soy la única fantasía. Por menos, no tengo ganas de negociar.
Aunque ni siquiera tenga ganas de pagar con la misma moneda.
Y he ahí la histeria. Oh, la histeria.
Por eso, amigo y consejero dijo la frase que todo lo desmorona. ¿Ves? También sos mujer.
Y ahí me callé la boca.

lunes, marzo 22, 2010

Al chico de ojos increíbles lo dejé de ver porque empezó la temporada nefasta en la librería y el simple hecho de pensar en maquillarme para lucir presentable me agotaba; también porque había algo que no me cerraba -y la vez que algo sí me cierre explota todo, así que que crucen los dedos para que siga tal como está porque si no ya saben, it's the end of the world as we know it-. Pero sí seguimos hablando, porque es inteligente, buena onda y entra en la categoría de hombre-colchón. Los hombres-colchón son esos que reciben los embates de histeria actuando como un sommier recién comprado, oponiendo resistencia, sí, pero la mínima e indispensable, de esta manera una no rebota y vuelve al punto de partida casi en el instante (véase hombre-cama-elástica) ni queda llena de moretones (véase hombre-colchoneta-de-gimnasio). El hombre colchón escucha, deja que una diga, pregunta, repregunta, comprende, aguarda y cobija.
Como con los hombres-colchón me permito explorar los grises del vasto mundo de las relaciones humanas, lo llamé para invitarlo al cine a ver Shutter Island hoy a la noche sin tener en claro si tenía ganas de traérmelo para casa después o no. A veces prefiero ir acompañada al cine.

Con su auto estacionado en la puerta de casa y después de una amena velada en la que no hubo ningún signo que indicara intenciones de su parte de dejarse arrastrar hacia mi cama, seguía yo en la disyuntiva. ¿Decirle "no querés pasar a tomar un Campari" o no? ¿Acercar mi mano a su muslo, casi llegando a la ingle, y tirar alguna barrabasada o no? Bueno, no. De repente, más que como colchón, lo vi como una pileta vacía; sentarme en el borde y que me cuelguen las patitas, nada más. Así que pregunté la hora y enuncié las frases pertinentes en una despedida. Me dio un beso que no pude entender si era de compromiso o no. Yo no meto mi lengua en un beso si es de compromiso, pero andá a saber cómo funcionan la gente-colchón en ese tipo de situaciones, siempre me vi más como silla mecedora, a algunas personas les copa la idea de tener una, pero nadie se queda mucho tiempo en ellas, el vaivén se vuelve un poco insoportable después de un rato.
Me bajé del coche, saqué las llaves de la cartera y entré.
Por ahora, me quedo sentada en el suelo.

domingo, febrero 21, 2010

Cel: Entonces le dije que no podía, porque me había caído y estaba toda lastimada.
Gen: Claro...
Cel: Y me dijo que si me quedaba sola en casa y necesitaba compañía, o algo, cualquier cosa, que le avisara.
Gen: Aaaaw, qué divino.
Cel: Sí, un amor. Pero bueno, estaban acá Ani y Lau, así que no, no necesitaba compañía.
Gen: No la de él...
Cel: Eso mismo. Y después, más tarde lo crucé en el msn y me volvió a decir algo del estilo, que si necesitaba mimos, que se venía; pero como yo no sabía si me iba para lo de Dedé o no, quedé en que le mandaba un texto cualquier cosa.
Gen: Pero acá estás, no fuiste a lo de Dedé.
Cel: No, me quedé mirando unas pelis.
Gen: Es divino ese chico.
Cel: Ya sé, boluda, pero no me gusta. No me gusta. No sé por qué. Me da pena y bronca, pero no va, eh. No va. ¿Sabés qué es lo peor? Que me re gustaría como amigo, ponele. Pero eso no se lo podés decir a alguien que quiere venir un sábado a la noche a tu casa a ver una peli y comer helado y ya te vio en pelotas.
Gen: No, no podés decirle eso, nunca. Ahora... ¿Y si el que te decía de cuidarte era fulanito?
Cel: Ponía la cera a calentar, lo esperaba con un escote hasta el ombligo y me olvidaba de mi rodilla hinchada y el pie torcido.