Mostrando las entradas con la etiqueta blogolandia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta blogolandia. Mostrar todas las entradas

viernes, noviembre 09, 2012

La primera excusa para dejar de escribir con continuidad en el blog fue que estaba intentando salirme del formato post. Escribí un par de cuentos y hasta podría decir que uno me salió bastante bien. Después -cuando la inspiración narrativa me abandonó-, me contuve de usar esto como canal para hacerle entender a un flaco que estaba triste por su culpa, así que tampoco escribí. El hábito que había mantenido durante tantos años se fue convirtiendo en algo casi desconocido, ajeno. Y al final, cuando me di cuenta de que extrañaba todo esto y quise volver, no pude.
Supongo el hecho de haberme puesto de novia influye bastante en toda la cuestión. ¿Cómo atreverme a romper con la armonía de solterita que oscila entre el despecho y la superación? ¿Permitir que este espacio se volviera un contenedor de frases cursis y abusar del concepto "esto sí es lo sano, perdón por haber intentado vender fruta durante tantos años"? Impensable, imposible.
Pero la realidad es que extraño el formato, el hábito, el territorio que se puede abarcar más allá de los 140 caracteres.
Aunque haya pasado de moda, vuelvo y soy millones. De posts.

lunes, septiembre 19, 2011

A mí me parece que la tecnología como facilitadora del garche es lo mejor que pasó en los últimos años. Podrán tildarme de vaga, de amarga que no quiere salir y de muchas cosas más, pero -al menos desde mi punto de vista- poder levantarme a alguien desde la comodidad de mi hogar es un gol, algo que le agradezco infinitamente a la posmodernidad.
Abajo el prejuicio estúpido que dice "los que quieren conocer gente por internet son todos losers y feos"; es mentira. Nada más alejado de la realidad. Redes sociales, blogs y chats abundan en gente interesante con ganas de conocer a otras personas para revolcarse, ennoviarse o dejarse fluir en el devenir de los vínculos. Y si bien hay que tener paciencia, filtrar y estarse atento a los detalles, prefiero eso, toda la vida. En serio, ¿no es algo fantástico sentir nacer el interés por el otro mientras se comen papitas y se toma coca del pico?
Uno se vuelve creativo al relacionarse cibernéticamente. Se le encuentra el gusto a mostrarse por cam o a relatar escenas porno. Se estimula la escritura y el uso de la palabra se torna cada vez más poético. Se charla de cosas interesantísimas y se tiene acceso a personas a las que nunca hubiéramos cruzado de otro modo. Por ejemplo, ayer a la noche me hablaron del concepto de entropía y el big crunch. A ver, yo quiero que alguien me diga a cuál bar van los muchachos de exactas a levantarse minas explicando el principio de incertidumbre porque quiero pasar todas mis noches ahí; mientras tanto, gtalk, facebook chat y msn.
Para cuando llega el momento del encuentro, se sabe tanto del otro que es muy difícil pasarla mal. De hecho, las estadísticas arrojan que en 8 de cada 10 citas hay polvo; en 6 de cada 10 hay reincidencia. Esos números son demasiado buenos como para ignorarlos.
Después, sí, está todo el tema de pelearse y que el otro te siga leyendo el blog a escondidas o que trate de levantarse a otras/os y vos lo tengas que ver en tu timeline o muro; pero esos son avatares de las relaciones. Prefiero dejar de leer un blog o de postear acerca de ciertos asuntos antes que cruzarme todos los días en el laburo con un tipo con el que la cosa no funcionó.
Sin ir más lejos, este blog me trajo en bandeja a varios de los hombres más encantadores que haya tenido en mi cama; ni hablar de que me hizo conocer a mi amigo y consejero y reencontrarme después de varios años con mi amiga Lali, La Secretaria. Facebook me sirvió para ubicar ex's y deshecharlos a todos, salvo a uno, que me hizo tener una primavera de lo más pecaminosa el año pasado. Twitter es fuente de amores platónicos y admiración ilimitada; también es un garchadero y el momento en el que se recibe el DMdecoger es glorioso.
Abracemos esta era de Acuario y entreguémonos a los nuevos soportes facilitadores de garche.
Dejemos el prejuicio de lado y a tuitear con alegría.
Que la palabra nos caliente y haga explotar el cuerpo con fantasías.
Vamos, que saber que la contraparte no tiene faltas de ortografía NO TIENE PRECIO.

martes, agosto 16, 2011

- Lo que pasa es que cuando escribís sobre mí es medio raro.
- Yo no escribo sobre vos.
- ¿Cómo que no?
- No, me parece que hay algo que no entendés. Yo no escribí nunca sobre vos. Para el caso, nunca escribí sobre nadie. ¿Sabés por qué? Porque siempre escribo sobre mí.
- No, bueno, pero vos sabés a qué me refiero.
- Sé perfectamente a qué te referís, por eso te aclaro. Cada vez que leíste y pensante que era sobre vos, le pifiaste. Es sobre mí, siempre sobre mí. No te preocupes, que cuando tengo cosas para decir sobre vos, te las digo sin mediaciones.
- Ya sé eso. Entonces, cuando me vislumbre en un texto, tengo que tener en claro que ese no soy yo. ¿Es un personaje?
- Es un personaje.
- ¿Soy ficción?
- Sos ficción. Somos ficción.
- Entonces haceme más lindo, más carismático, más viril.
- Buah, pará, que yo no soy Danielle Steel. Esto es realismo sucio, cariño. Servime whisky y callate la boca.

lunes, julio 25, 2011

Hace varios años, un tiempo después de abrir el primer blog, se me ocurrió que tenía que darle algún tipo de estructura a mis textos y me puse a tomar clases con un chongo que vivía en lejísimos de mi casa. Yo estaba segura de que era graciosa, cómica, ocurrente y creía que dándole un poco de forma a mi modo de escribir, podía terminar escribiendo una sitcom o algún delirio similar.
La cuestión es que el viernes a la noche me puse a hacer limpieza de mi cuenta de gmail y encontré cosas que escribía en esa época para el taller que hacía con mi amante de zona norte. Una bazofia. Algo realmente desastroso. Más allá de errores de sintaxis, puntuación y coherencia, escribía cosas que no podían hacer reír a nadie salvo a mí. Un juntadero de anécdotas -insólitas algunas, mediocres otras- narradas sin consistencia ni ritmo. Y lo digo con la mayor objetividad posible; pasaron como siete años, puedo darme el lujo de criticarme sin sentir que me estoy atacando. Entonces, agarré y me puse a leer, en orden cronológico, todos los archivos de todos mis blogs. Horas tardé, pero finalmente pude identificar los diferentes momentos, los estilos distintos, qué elegí contar, qué tono decidí aplicar y todas esas cosas que pueden interesarme sólo a mí para mantenerme activa en el ejercicio de la neurosis. Desde el primer momento en el que tomé el espacio como diario íntimo, el intermedio en el que me aboqué a la crónica de lo cotidiano hasta ahora, que ya no me da el cuero para contar con quién garché, qué me dijo fulanito cuando me dejó o hacer un relatominucioso, lleno de reflexiones, acerca de mi sábado a la tarde en plaza francia con Lau y su perra.
Desde la mirada más técnica, hay una evolución. También cambió el rol de la escritura en un costado más íntimo, pero cada vez que estoy frente al cuadrado en blanco de "nueva entrada" me pregunto por qué este blog, para quién, con qué finalidad. Tengo decenas de borradores que nunca me animé a publicar por miedo a herir susceptibilidades; ideas que me parecerían desperdiciadas si las usara para un post y no para un cuento; teorías larry-david-wannabe que prefiero compartir en reuniones con amigas; llantos melodramáticos impublicables.
No sé, no quiero decir con todo esto "entonces voy a cerrar el blog", porque no es la intención, pero sí noto que me da lo mismo escribir acá como no hacerlo; no tengo una motivación. Hay demasiada gente que me conoce que lo lee y después vienen los quilombos del "porque en tu blog vos dijiste x cosa de mí/de fulano/a". Y yo no digo nada de nadie. Hablo de mí y solamente de mí, todos los personajes que aparecen son eso: personajes. Convertir una experiencia en literaria es ficcionalizarla, para mí es algo clarísimo pero, evidentemente, no es así para todos. La verdad es que, en este momento, me dan más ganas de contarle un mail a un amigo sobre con quién me acosté hace dos días, limitarme a los 140 caracteres de twitter o escribir un cuento antes que medir lo que pongo y lo que no. Y el que diga que no me tiene que importar la opinión ajena, no me conoce ni un poco; me importa y no quiero que nadie me rompa las bolas en la misma medida que no quiero romperle las bolas a nadie.
Así que llego a este punto en el que me doy cuenta de que haber tenido un blog durante tanto tiempo me ayudó a crear el hábito de la escritura, pero que ya no me es necesario. Ahora escribo para otros espacios, para el profesorado y en mis .doc que todavía no me animo a mostrar. Se rompió la asociación entre el acto de escribir y la existencia del blog, porque escribir se convirtió en otra cosa, alejada de la descarga y la necesidad de poner en texto los soliloquios que me manijean. Volví a terapía, ya tengo una escena de catarsis.
Y ahora, quién sabe. Quizás me empiecen a pasar cosas absurdas y vuelva a sentir que soy graciosa como para postear acá. O tal vez vuelva a ese estado de observación permanente y vuelva al relato minucioso de lo más cotidiano. Me encantaría hacerme la canchera, poder decir que tengo demasiada vida allá afuera como para perder el tiempo acá (mentira, no lo haría, me encantaría sentirlo, pero no lo haría), pero la realidad es que todo sigue más o menos igual. Sigo resucitando hombres, sigo vendiendo libros, sigo queriendo ser profesora de literatura, sigo viviendo con amigas, sigo tomando whisky, sigo pintándome las uñas de azul. Hay algo que sí empezó a cambiar de un tiempo hasta acá, pero aún no lo tengo del todo identificado. Por lo pronto, sé que escribir ahora representa otras cosas, con eso me alcanza y tengo laburo para rato.

jueves, mayo 26, 2011

Hola, soy la chica que abre blogs.
Ahora, uno de reseñas literarias y crónicas/relatos/anécdotas que tengan que ver con la práctica de la lectura.
Os invito a visitarlo y, por qué no, a participar: Praxis de lectura.

martes, abril 12, 2011

Me torran mis compañeras del profesorado que se autodenominan "antitecnología".
"Prefiero la máquina de escribir", dijo una. Y yo realmente entiendo a la gente a la que no le copa del todo la Gran Madre Hipertextual -internés, para los amigos-, pero cuando ya saltan con el discurso ese en el que le roban la nostalgia a otras generaciones, me irrita un poco. Esta piba tiene, como mucho, 25 años y yo realmente dudo que alguna vez se haya puesto delante de una máquina de escribir el tiempo suficiente como para preferirla a un procesador de texto y un teclado. Más allá de la mística y de que todos queremos ser Hemingway (ah, ¿todos no?), que se deje de joder con la melancolía improductiva.
"Mi abuela tiene Facebook y yo ni siquiera sé lo que es", dijo otra. Y ahí sí que me enojé en serio. Ese desdén con el que lo dicen es lo que me enerva, como si le estuvieran haciendo un favor a la humanidad al no crearse una cuenta en Twitter o desconocer la nueva dimensión que adquirió el verbo "etiquetar" en los últimos tres años.
Como decía ayer La Secretaria camino al subte, no es que ser pro-tecnología quiera decir que sepamos de lenguaje HTML, la brutalidad y la ignorancia son variables en juego, pero sí está bueno disfrutar de los beneficios que brinda una herramienta. Por ejemplo, revivir a un ex desde el Facebook, saldar cuentas pendientes y sanar viejas heridas con un romance primaveral e inolvidable. Por ejemplo, atravesar la brecha y conocer lectores de este blog con quienes compartí momentos geniales. Por ejemplo, saber cuándo entra Juan a leerme el blog (aunque haya desaparecido de vuelta y no sea capaz de contestarme un mail) (ya ni me enojo, lo tomo como un ejercicio de la paciencia). Y lo mismo con Lucas. Y con Nicolás. Y con Alejandro.

martes, marzo 22, 2011

Hace justo un año empecé el profesorado. Bueno, mejor dicho, empezamos.
Llegué al aula y me puse feliz al ver la colorada cabellera de La Secretaria, a la que no veía hacía años. Felicidad de reencuentro que ya venía alborotándome desde el día en el que la deduje en un comment de un blkog ajeno. Al rato llegó Amarula, y viendo que el profesor no llegaba -y nunca llegaría, esa materia no tuvo profesor en todo el año- nos fuimos al bar de la esquina a tomar unas cervezas.
Recuerdo que le recomendamos a la secre darle una segunda oportunidad a Houellebecq y que instamos a Amarula a leer La conjura de los necios. También recuerdo que llegamos un poquito tarde al taller de lectura de textos literarios. Ah, medio borrachas, además. Llegamos tarde y un poco ebrias. Un comienzo así sólo puede ser de buen auspicio, pensé; y no me equivoqué. Fue, sin dudas, el año más gratificante y divertido a nivel académico. Y eso que llevo como 10 años de carrera en carrera, eh.
Después, a lo largo del año, descubrir el latín, la tildación impecable, la noche tropical, los caramelos ácidos uno tras otro y los comentarios por lo bajo sin que escuche nadie. Repito, el año más gratificante y divertido, por lejos.

¿Puedo ser sincera?
No veo la hora de que sea lunes para volver al Joaquín.
Me saldrán canas, se me caerán las tetas, tendré problemas en las articulaciones; pero siempre seré ñoña.

lunes, enero 31, 2011

- Es fascinante.
- ¿Qué cosa?
- Tu cabeza.
- ¿Eh?
- Sí, es como Lost.
- ¿Eh?
- Tu visión cinematográfica de las cosas. Del romance, más específicamente. Esta repleta de flashbacks y flashforwards. Ponele, conocés a un tipo, ¿no? No sólo es importante cómo se acerca, qué te dice para seducirte, cómo se vende. En paralelo aparece primero el fantasma del pasado. Eso que te dice el chabón alguna vez te lo dijo otro; y si no fue así, le encontrás el parecido de algún modo. Me imagino que tu mente se divide en dos y, al mismo tiempo, estás mirando al que te está encarando y al otro del pasado, hablando del mismo tema, haciendo el mismo gesto o andá a saber qué. Si en la comparación sale ganando el del tiempo presente, apretás el ff del control remoto neurótico y lo visualizás a la mañana siguiente, despeinado y con los ojos llenos de lagañas.
- Ajá, y después ¿qué?
- Bueno, si creés que podés soportarle el mal aliento matutino, le das para adelante.
- ...
- Por eso yo nunca dejé que tu vaso de whisky estuviera vacío.
- Ajá... ¿Y por qué eso?
- Porque era la única manera de nublar tu criterio y hacer que pasaras directamente a la dimensión paralela donde todo es posible y me imaginaras como un adonis la morning after.
- Nunca nos despertamos juntos nosotros.
- Bueno, fallas espacio-temporales de por medio, salió todo como esperaba igualmente.
- ¿Esto esperabas?
- Esto mismo, sí. Poder ser parte de ese guión que leía todos los días y que quería que se transformara en escena...
- Pero...
- Dejame terminar. Pero sin terminar etiquetado, literal o simbólicamente, como "innombrable", "pirulito" o "el neurótico que me hizo enojar miles de veces", que es la que mejor me calzaría.
- "El hombre que supo leerme entre líneas", esa podría ser tu etiqueta. Digo, "amigo y consejero" ya está tomada.
- Preferiría algo más sexy.
- Es fascinante.
- ¿Qué?
- Tu cabeza.


Porque cuando a veces digo que una de las razones de este blog es conocer hombres, no miento.


lunes, enero 03, 2011

Este año no hice balance. Mentira, balance hago casi todos los días. Pero, bueno, a lo que voy es a que mientras tomaba champaña no me puse a pensar en lo bueno y lo malo que me dejó el 2010. Básicamente porque ando bastante anulada y evasiva; por ejemplo, en el transcurso de estos dos últimos días me miré seis películas, terminé la cuarta temporada de Mad Men, empecé la tercera de In Treatment, la única de Freaks and Geeks y me puse un poco al día con la lectura y la escritura.
Eso sí, el balance cinematográfico es un deber anual.

Acá, el mío.
Y el del resto de los bloggers, por supuesto.

Si todavía no viste Machete o Scott Pilgrim vs. The World, realmente no sé qué es lo que estás esperando.
Si todavía no le echaste una mano a Amelie Nothomb, Mario Levrero o Manuel Puig, acercate a tu librería amiga, poné unos pesos y disfrutá de las lecturas de verano.

jueves, diciembre 23, 2010

A Juan lo conocí hace más o menos un año y medio. Salimos un sábado a la noche, charlamos unas cuantas horas y terminé yéndome a casa en un taxi, sola, suponiendo que nunca más iba a verlo en mi vida. No porque no me hubiese gustado, sino porque en ningún momento de la noche el flaco dio algún indicio de interés. Todo muy ameno y un diálogo relativamente fluido, pero no mucho más que eso. Mentira, sí hubo algo más. Algo que en ese momento noté pero no cobró relevancia hasta hace bastante poco: una mirada que me resulta dificilísimo describir. Una mirada que al aparecer siempre me hizo sentir desubicada, distanciada, un poco rechazada. Como si yo estuviera haciendo o diciendo algo inmensamente ridículo y él se horrorizara por verme o escucharme.
Caminando por el pasillo de entrada de mi casa esa madrugada me dije a mí misma que sí, que el muchacho me había gustado, pero que toda la situación me gritaba HE'S JUST NOT THAT INTO YOU, así que decidí no poner ni media ficha y seguir en la mía. En ese momento acababa de salir de un duelo de 6 meses con forma de celibato y, para qué mentir, me estaba poniendo al día por el tiempo perdido.
Para cuando volvió a aparecer yo ya prácticamente me había olvidado de quién era. El tipo mandó un mensaje dos meses después de no haber tenido ningún tipo de contacto y a los pocos minutos de ida vuelta de sms se estaba invitando a mi casa a comer guiso de lentejas casero. Acepté porque estaba en la misma situación que él: caliente y con ganas de comer guiso de lentejas. También porque tenía ganas de cocinarle a un hombre. Aunque supiera que este tal Juan no se merecía (por paracaidista) el placer mezclado con stress que me representa cocinar para un otro, mis ganas de hacerme creer que podía jugar a la casita un rato ganaron. Necesitaba cocinarle a alguien después de tanto tiempo; a alguien que no fuera Nicolás.
Al otro día después de trabajar fui a comprar las cosas para cocinar y me fui para casa. Ani se había ido a lo del novio y Nat estaba de viaje, así que tenía la casa para mí sola. Me bañé, me encremé y me metí en la cocina. Abrí un tinto porque me estaba empezando a poner nerviosa y me puse a cortar, saltear, hervir y guisar. Para el momento en el que el guiso estaba encaminado y él tenía que estar tocando el timbre, yo ya estaba medio borracha, sí, pero bastante más relajada. Tan relajada que no me di cuenta de que no había dejado el fuego al mínimo para que la preparación redujera y pasó lo peor de lo peor: se me quemó el guiso de lentejas. Se me quemó. No hay peor tragedia que se me queme algo; y si es algo que cocino para otro, el sufrimiento es peor.
Ante la desventura culinaria, opté por reprimir mis más puros instintos melodramáticos y me dediqué a seguir entrándole al vino para olvidarme del desastre.
El sexo fue raro. Raro bien, pero raro. Tal vez yo venía demasiado acostumbrada a otro tipo de encuentros, con otro tipo de gente, pero lo que más recuerdo fue la sorpresa -grata- ante su dulzura. No me había parecido en ningún momento un tipo dulce o cariñoso, hasta que me desperté con una caricia muy suave a lo largo de mi brazo y su voz, tranquilísima, diciéndome que se iba.
Recorrí el pasillo de entrada de mi casa como aquella vez hacía dos meses, tratando de ordenar la situación en mi cabeza. Llegué a la misma conclusión que la vez anterior: no poner ni una ficha, seguir con mis cosas; aunque el tipo me gustara. Había algo que no cerraba por ningún costado.

Continuará...



Quiero informar que esto está escrito para el mismo Juan, que, a pesar de haberle pedido que no lea más mi blog, sigue entrando.

Ya está, eh. Leé cuando quieras. De hecho, me dieron ganas de que tuvieras mi percepción de los hechos. Digo, si tantas ganas tenés de saber qué tengo para escribir cada día -aunque no tengas deseos de lidiar con mi presencia en vivo y en directo-, te doy algo para que leas y te sientas literalmente identificado.

martes, octubre 19, 2010

Me encanta crear cuentas en todas las redes sociales y cachivaches posibles para después dejar todo abandonado.
Al final me creé el formspring.me, porque cuando era chica me metía en el baño, me paraba frente al espejo, agarraba un cepillo a modo de micrófono y me entrevistaba a mí misma. Esquizofrenia infantil con producción era la mía.

http://formspring.me/celartemis

Pero además de seguir haciendo culto al exhibicionismo coloquial que me caracteriza, también puedo responder dudas gastronómicas, astrológicas, ortográficas, gramaticales y hasta ahí llegamos, mi campo de conocimiento es limitado.

viernes, septiembre 24, 2010

Después de tantos años este asunto del blog dejó de tener un poco de sentido. Porque ¿para qué un blog? En serio, honestamente: ¿para qué? Y esta es una pregunta que me hago a mí, cada uno tendrá sus motivos. Con sinceridad me respondo. Pero me respondo en silencio, no es algo que tenga ganas de andar publicando. Aunque sí confieso que hasta hace un tiempo cada vez que me hice esa pregunta la respuesta tuvo un poco que ver con levantar tipos y otro poco con recibir aprobación ajena, pero, bueno, esos son simplemente los titulares. La realidad, más allá de ciertas motivaciones que ya perdieron vigencia, es que cada día que pasa me veo más limitada. A esta altura del partido, ¿para quién escribo?, ¿por qué este formato?, ¿aporta?
Ya no escribo para mí ni para un otro, me limito a encriptar y esconder. O, lo que es más común, tomar una pequeñísima parte de la cotidianeidad y adornarla, llenarla de merengue y puntilla; eso no está mal, me divierte, pero no es lo que quiero. Lo que yo quiero es soltar amarras y contarle a quien quiera leer que estoy maravillada con ciertos aspectos de la vida; que estos últimos seis o siete meses me zarandearon tanto que ahora me siento un poco mareada, pero feliz, muy feliz; que aunque la satisfacción vaya colándose por los tajos que ha ido abriendo la neurosis, tengo que seguir en mi lucha activa contra la supremacía del ego, porque se me revira y a la primera que le saco el ojo de encima, me arma quilombo. Quiero escribir sobre reencuentros que me sanan y me hacen brillar la mirada de un modo distinto; y sobre situaciones turbias que sacan lo peor de mí: la manipulación, los celos y las ganas de hacer reventar a todos con sólo abrir la boca y decir un par de cosas.

Elijo, muy a conciencia, callarme. Elijo seguir adornando lo nimio en pos de esconder lo importante. Elijo, con premeditación y tranquilidad, porque sé que se viene la revolución. La siento venir. Si apoyo la oreja en el suelo, siento cómo retumba mi cabeza.
De brazos abiertos la espero.

miércoles, agosto 04, 2010

Vení, sí, vos. Vení. Acercate. Acercate así me escuchás bien clarito lo que te voy a decir. Más cerca; te lo digo al oído, bien bajito así nadie se entera.
Yo sé que entrás acá y leés lo que escribo. Que estás en el trabajo bien temprano y te metés; que te estás por ir y también te metés.
Y ahora te pregunto: ¿para qué, me querés decir? Si no tenés ganas de verme, ni de hablarme, ¿por qué todavía te dan ganas de leer?
No seas tontito, dejá de espiar desde detrás de una cortina, que te veo las patitas.

viernes, mayo 28, 2010

No pasa casi nunca, pero muy de vez en cuando caigo en un blog y tengo la certeza de que quien lo escribe me gustaría. Va más allá de que me guste el blog, de si el tipo escribe más o menos bien o no. Se me dispara una fantasía y devoro archivos para alimentarla. A veces me dan ganas de mandar un mail, pero no lo hago; ni siquiera dejo comentarios. Debe ser un poco porque soy tímida y otro poco porque me gusta espiar sin ser notada. Espío y fantaseo.
Igual, con el voyeurismo no alcanza, eventualmente me entra la curiosidad y averiguo. Porque, es necesario que se sepa. no hay que ser una blogger popular para estar bien contactada y enterarse de las cosas. Y, lamentablemente, en este tipo de situaciones, lo peor es enterarse de ciertas cosas.
Si fuera de esas chicas etéreas que tienen el pelo lacio y finito podría quedarme en mi rol de voyeur, pero no, tengo alma de señora con ruleros, chusmeo, averiguo y acá me tienen, con el globo pinchado.

Ah, vos no te preocupes. Vos tampoco, eh. Que yo pregunto pero nunca cuento. Chusma sí, boluda no.

miércoles, mayo 19, 2010

El regreso académico se cristalizó en forma de nota. 9 (nueve).

Eso sí, la alegría se terminó de completar con el gran 10 (diez) de La Secretaria, que se puso toda colorada.

Un aplauso para La Secre, que se estudió todo.
Y bueno, uno para mí también, que me encanta que me aplaudan.

miércoles, abril 14, 2010

Che, una cosa.
Sí, a vos. Que le das click una y otra vez a la etiqueta me gustan todos.
Primero, ¿qué onda?
Segundo, no me gustan todos, eh. Es una manera de decir.
Si me gustaran todos, otro sería el cantar.

martes, marzo 23, 2010

No había profesor asignado para la primera materia del día, con la que estrenábamos nueva carrera, así que nos fuimos al bar de la esquina a tomar unas cervezas. Llegamos casi tarde a la segunda clase y un poco borrachas. Así comenzamos esta nueva etapa con La Secretaria y Amarula.

Terminada la jornada académica, salimos a la calle y nos burlamos de la chica que había dicho que de llevarse un solo libro a una isla, sería La Tregua de Benedetti; no hacen falta explicaciones. Y también de la que dijo que Rayuela; por apología al cliché.

Vaticino una cursada espléndida.

viernes, febrero 12, 2010

Volvieron.
No, no mis ganas de vivir. (Aunque estoy casi segura de que este desgano es presión baja)
Los comentarios.

jueves, febrero 04, 2010

Hay alguien que durante el día 3 de febrero, entró más de 20 veces a este, mi blog.
Y yo me pregunto ¿para qué? ¿por qué?
Si me conoce ¿para qué?
Si no me conoce ¿para qué?
Pero lo pregunto en serio, eh. Si quiere responderme, el mail ahí a la derecha.
De veras me intriga.

miércoles, febrero 03, 2010

Esto del profesorado y el blog es contar una historia muy similar desde puntos diferentes de vista. Cuestion de perspectivas ¿vio?
La diferencia es que ella es buena onda y va al baño con las jóvenes de nombres estrambóticos.
Yo no hablo con nadie a no ser que me dirijan la palabra y soy feliz siendo así de Daria (lalalalala).

¿Sabían que el personaje de Daria estuvo inspirado en Janeane Garofalo?
Yo me enteré hace poco, y me cerró TANTO todo.