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lunes, agosto 02, 2010

cervezas + vino tinto + porro asesino de Flor + mucho apuro porque hay que retirar las entradas para ver El Origen = las chicas (Ani, Lau, Amarula, Flor et moi) poniendo lo que les faltaba tomar en botellitas + las chicas bastante borrachas y fumadas apurando al taxista y llegando justito a retirar las entradas + las chicas bastante fumadas y borrachas tomando de las botellitas en la calle + las chicas absolutamente borrachas y fumadas sintiéndose un poco adolescentes.

domingo, junio 13, 2010

- Ani me dijo que el miércoles a la noche trajiste a un chico...
- ¿De dónde sacó Ani eso?
- Me dijo que te escuchó.
- No traje a nadie. Era sexo telefónico.


Ahora saco unos papeles picados del bolsillo y los tiro para arriba.
Iupi.

sábado, febrero 20, 2010

Las ganas de experimentar gastronomicamente le ganaron al deseo de reclusión y terminé en el supermercado a las puteadas porque no había yogurt natural. Y mejor que no empiece con toda mi diatriba contra el yogurt porque me pudre hasta a mí misma. Pero en serio, che, doscientas clases de yogurt y ni uno natural, sin azucar, sin nada; bueno, uno sí, de la nueva marca que reflotó el envase de vidrio, pero casi que no lo veo, así de escondido estaba, amdrentado por los de su especie con frutas, cereales y demases.
Puse a grillar las berenjenas y corté la cebolla en brunoise -porque después de años de clavarme todo programa de cocina existente, aprendí qué es brunoise-; lavé los champignones, piqué ajo, y blabla, todo lo que decía la receta que me pegué en los azulejos para tener a la altura de los ojos.
Para cuando llegaron Ani y Lau, las berenjenas estaban hechas y sólo faltaba condimentar la carne, echarle caldo y dejar reducir. Curry, pimentón, pimienta y una cosa picante que trajo Lau de Ecuador, todo adentro, a la olla burbujeante que despedía un olor intoxicantemente tentador, o será que para ese momento yo ya estaba muerta de hambre.
Después, a la fuente. Capa de berenjena, capa de carne, capa de berenjena, capa de carne; y así. El último golpe de horno, con un gratinado del bendito yogurt natural y queso.
Hubo aplausos, y no quedó ni para mojar el pancito.

miércoles, febrero 10, 2010

Genève vino hace un par de días con una propuesta de lo más interesante, alquilarle el cuarto de arriba de todo a un conocido de ella que necesita alojamiento durante unos meses, desde abril hasta agosto. Con esa plata, argumentó ella, podríamos hacer arreglos y capaz nos quedaba un resto y todo. Se consultó con Ani, que también aceptó y quedamos en que el muchacho este podía venir a ver el cuarto cuarto.
Yo lo había visto una vez y me había caído bien. No necesité pensarlo mucho, un ingreso extra para hacer arreglos y pagar cuentas. Alguien copado en la casa -además de Ani y Gen, de más está decirlo-; la idea me cerró.

Qué maravilla, qué buen negocio vamos a hacer. Qué divertido, vivir con un muchacho.
El otro día vino a casa y cuando lo vi me acordé de un detalle que no había tenido en cuenta. El chabón está buenísimo. Iinfinidad de pensamientos pecaminosos atravesaron mi cabeza.

Me imaginé levantándome temprano a la mañana y viéndolo prepararse el desayuno en boxer y remera de dormir, y me dije ¿qué más puedo pedirle a la vida? Bueno, podría pedirle garchármelo, pero conozco mis limitaciones.

Ani y Genève comparten el sentimiento. Ese chico, la va a pasasr muy bien.

miércoles, octubre 21, 2009

Desde los doce años hasta principios del 2007, vagué por casas varias. La de mis padres, mi abuela, mi otra abuela, Ale, Andre, Dedé, Lau, Ani, Ali, otras amigas, chongos, profesor de canto, tíos generosos. Un día acá, otro día allá; nunca dormí más de dos días seguidos en la misma cama, estaba acostumbrada a la mochila con una muda de ropa, a las distintas presiones del agua en las duchas, a despertarme y tardar un rato en saber dónde estaba. Me gustaba esa vida, ser medio nómade, sentir que ningún lugar era mi hogar, porque el hogar era otra cosa, más de adentro, algo que no tenía mucho que ver con un cuarto lleno de pósters o una heladera que dentro tuviera la mermelada del gusto que a uno le gusta. Entonces un día de febrero Nat me llamó y me ofreció el cuartito de arriba de la casa, acepté inmediatamente; planeé mi mudanza para el 21 de Marzo, el día que empezaba Aries -porque sí, yo hago esas cosas, calculo tránsitos planetarios antes de hacer las cosas-. Durante los primeros 4 meses no tuve muebles. Una cama prestada que me hacía retorcer de dolor, la repisa con los libros y nada más, todo en el suelo. Es difícil armar un espacio propio después de tantos años de andar vagando por ahì; pero en Julio me traje unos muebles de la casa matriz y me compré un colchón, empecé a habitar esa miniatura de cuarto. En Agosto La Secretaria se mudó, se vino Flor y la convivencia se hizo más tangible. Ver pelis las tres juntas, salir y compartir el taxi de vuelta, prepararles cenas, aprovechar las primeras noches de la primavera para tomar fernet con coca en la terraza. Un romance, eso tuve con mis roomates durante más o menos un año y medio, un romance también con la casa, empezar a apropiarme de un espacio me hizo ver que no todo era tan Acuariano como yo pensaba, que sólo se trataba de que lo creara yo.
En Marzo de este año se fue Flor y llegó Ani, su hermana. Por otro lado, Nat noviando amenazaba con que no iba a renovar contrato otra vez. La casa se oscureció, la abandonamos. Poca comunicación, poca dedicación, poca atención. Fueron meses raros, de estar mucho en lo de Dedé, de no querer volver a casa, de saber que había que tomar una decisión: mudarme para abajo o no, renovar contrato o no, saber quién se mudaría y de dónde carajo iba a aparecer una garantía. Resumiendo, me mudé al mejor cuarto de la casa, se renovó contrato a mi nombre, la garantía la pusieron mis abuelos y se vino Genève.
El torbellino Genève nos cambió la existencia. La casa está divina, da gusto llegar y colgar las llaves del ganchito. La convivencia vuelve a tomar forma de affair y es prácticamente imposible hacerme dormir fuera de casa. No me dan ganas de salir, mi cuarto es mi santuario. Plutón, el gato más bello, y mi hermana como invitada permanente no hacen más que sumar.
Todo esto para justificar que cuando salga de la librería en un rato, me voy a meter en un bazar bien grande y me voy a gastar la plata que no tengo en pelotudeces. Un coso para cortar ajo, por ejemplo.

martes, septiembre 29, 2009

Dejé de estar rara cuando después de cocinar para Lau y Ani, nos sentamos a cenar con un rico Tannat y a planear la fiesta de cumpleaños de Genève. Porque la risa me pone en eje.

lunes, septiembre 14, 2009

Mi Oma siempre fue viejita. Cuando yo nací ella ya había pasado los ochenta años, así que el recuerdo que tengo a lo largo de mi infancia es más o menos parejo; digo, siempre me pareció una viejita muy linda, no pude notar el paso del tiempo en su cara. Yo tocaba la puerta del departamento -ellos vivían en el séptimo y nosotros en el noveno- ella preguntaba "quién es" y abría sin esperar a que le contestase. La cocina era diminuta y las hornallas siempre tenían encima dos o tres ollas echando humo. Me daba alguna galletita bañada en chocolate y unos caramelos para que me guardara en el bolsillo. Falleció cuando yo tenía once años, me lo contó mi mamá por teléfono, porque yo estaba de vacaciones con el resto de mi familia.
Era hermosa. Alta, imponente, unas tetas enooormes que, según cuentan por ahí, eran la locura de todos los hombres. Inteligente, filosa, orgullosa y dedicada. Y excelente cocinera; tenía un toque mágico. No importaba si estaba preparando chucrut o si sólo había hervido unos repollitos de bruselas, todo era exquisito. Si hubiese sido un olor, habría sido el de las galletitas de manteca recién salidas del horno; si se hubiera convertido en textura, habría sido el crumble -que ella me nombraba en alemán y yo no sé cómo se escribe- que ponía por encima de su torta de ciruela. Ella y sus ollas humeantes, siempre.

Ayer me desperté, ordené mi cuarto, me quejé del dolor de garganta y me fui al supermercado. Compré jengibre y limón para hacerme té, mucha cebolla, puerro y unos pedazos importantes de carne. Porque a medida que avanzaba con el changuito, lo supe; había que aprovechar la última semana de invierno y hacer un goulash.
Corté las cebollas y la carne, en cubos. Sellé, doré, olí, sonreí y me armé de paciencia. Después de tres horas a fuego lento, el toque final, la fécula para que todo se vuelva espeso.
Ani aplaudió y limpió con el pancito hasta que el plato volvió a su blanco original; mi hermana felicitó y devoró todo en dos segundos; Genève no paró con su "qué rico olor" en toda la tarde. Yo me comí lo que quedó al mediodía, antes de venirme para la librería.

Mary se llamaba mi Oma, una grande.

lunes, agosto 31, 2009

Antes, los domingos eran despertarse en algún momento entre las dos y las cuatro de la tarde, arrastrarse hasta la panadería, volver e instalarnos en el cuarto de Flor a ver pelis hasta las doce de la noche. Flor hacía panqueques, a la noche se pedía delivery y si era veranito, nos tomábamos unos fernets en el patio de abajo.
Ahora, los domingos son despertarme tipo 12, ir hasta la panadería a comprar algún sandwich, volver a mi cuarto y ver alguna serie hasta que las conversaciones de las chicas no dejan que me concentre. Limpian; ellas, los domingos, limpian. Si a mí pasar un domingo en la cama con alguna peli o un libro me resulta de lo más terapéutico, ellas no comparten; a ellas les hace bien limpiar.
Ayer, me arrastraron hasta la terraza. Mientras yo me fumaba uno, ellas baldeaban y lavaban las botellas de cerveza -cincuenta aproximadamente- que están ahí desde que se empezó a alquilar la casa. Y mientras flasheaba con el agua, el escobillón y la rejilla, ellas dale que te dale con la pulcritud. De repente, miré la terraza, cómo mejoró, lo linda que está y me puse contenta.
Mañana voy con mi tío a comprar unos estantes y una parrilla. Porque eso es lo que siempre le faltó a casa, una parrilla.
También nos falta un parrillero, pero eso es lo de menos.

domingo, agosto 23, 2009

Y mientras Ani me tiraba desodorante, yo saltaba en la cama y cantaba I touch myself.
Ese debe haber sido uno de los highlights de la noche de ayer.
Todavía no puedo creer que en dos años nunca se me haya ocurrido ponerme a saltar en la cama.
Después dicen que las drogas hacen mal.

martes, agosto 18, 2009

En algún momento de la madrugada, abro la puerta de casa después de haber ido hasta la puerta de calle y me encuentro con Plutón maullándome, demandando cariño. También me encuentro con Ani, con voz ronca y cara de dormida, haciéndose un té en la cocina.

- Che, es re copado ese chico.
- ¿Y vos cómo sabés?
- Porque escuché...
- ¿Todo?
- No, un poco. Pero habla tranquilo y tiene linda voz.
- Sí... ¿Damián también escuchó?
- Nah... no escuchó nada.

Y después de un par de ataques de carcajada y de preguntar qué había escuchado exactamente, nos tomamos el té peperina y nos reímos un poco más; hasta que miramos y ya era de día.

martes, agosto 11, 2009

Acerca de cómo un mismo hecho puede ser visto a través de miradas completamente diferentes.

Por ejemplo, que yo invite a un hombre nuevo en mi vida a pasar la noche en casa.

Ani me codea y se pone a pura onomatopeya. "eeeeehhhhh", "eeeeesaaaa".. Así.

Flor inclina la cabeza, sonríe y pregunta dulcemente "¿y? ¿qué tal? ¿cómo la pasaste?". Muy divina ella, siempre.

Lau es la representante de los pies sobre la tierra. "Che ¿y qué hace de su vida?". Ella es de las mías, la compra más una profesión copada que un cuerpo escultural.

Nat indaga, habilita espacios, compara con otras experiencias, hasta que yo termino diciendo "bueno, sí, me hace acordar bastante a mi viejo...". Porque los hijos de psicoanalistas a veces son así.

Genève mira de reojo y con picardía dice "Bueno, vamos a lo importante ¿cómo la tiene?" desatando la carcajada y los detalles más suculentos.

Yo también me hago un par de preguntas clave.
No, nunca las confesaría.

martes, agosto 04, 2009

Sábado a la noche. Ani -actual cohabitante, amiga desde la más tierna adolescencia y hermana de Flor- llama a casa desde lo de sus padres.
- ¿Cómo estás?
- Bien.
- Daaale, en serio ¿cómo estás?
- Bien...
- Dale que lei tu blog.
- ...

Hoy al mediodía. Mientras tomaba una sopa y escuchaba la radio veo que me llega un mensaje de texto.
"Quien es tu mejor amigo?"
De: Ani
Recibido: MAR 13:26

Entonces, Anucha, ahora que estás tan al tanto de todo, aprovechemos este medio para comunicarnos sin gastar en celular.
Ponele, yo hoy voy a cenar en casa, podemos cocinar algo juntas. Ah, y habría que comprar piedritas para Plutón. Te quiero.

sábado, julio 25, 2009

Cosas que sí.
Los libros que llegaron hoy para que pueda pasar el fin de semana metida debajo de la cama. Philip Roth, Chuck Palahniuk, Sam Shepard y Jane Austen.
Capítulos de X-files por si me canso de leer.
Mi hermana que viene a visitarme hoy a la noche.
Terminar de resolver el asunto este de renovar el contrato de alquiler y ver que me dan los números.
El porro riquísimo de Damián, el novio de Ani.
Geneve como nueva cohabitante.
El guiso de lentejas que me hice el otro día, del que quedó un poco para cuando llegue de trabajar.
Diversos tipos de decisiones que en estos días han terminado de tomar forma.

Cosas que no.
Las ganas de revolear a alguien, irrefrenables, que tengo.
Que ese alguien tenga nombre y apellido.

lunes, mayo 25, 2009

Bajé las escaleras a las 6 de la mañana porque Ani estaba haciendo ruido en la cocina. Me preguntó cómo me había ido, le contesté que habíamos cogido y que después me fastidié y no fue necesario pedirle que se fuera, el pibe se vistió y chau pinela.
Tomamos Coca, fumamos un par de puchos, se quejó de su novio, me quejé de mi rodilla. Tomamos más Coca y cada una a dormir.
Y mientras cerraba el libro y lo dejaba en el piso me di cuenta de que acababa de coger, con clímax incluído, y de que no tenía ningún tipo de sensación en el cuerpo, por lo menos no otra que el bombazo hormonal que te hace sonreír sin motivos claros. Nada, como si no hubiera pasado nada. Eso me entristeció un poco, pero no me quitó el sueño.
Ahora el flaco me habla en el msn, me manda mensajes. Mientras, llueve un poco, no sé dónde se metió el gato, las chicas no están y me da fiaca cocinarme algo. Quisiera meterme debajo de las frazadas hasta el próximo 25 de Mayo, o que algún chico que esté disponible me guste un poco, lo suficiente como para no fastidiarme y poner años luz de distancia, o un cuarto de libra con queso. Me conformo con poco.
El chabón sigue mandando mensajes. Se me van a acabar las sutilezas y la paciencia.