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sábado, octubre 01, 2011

- Me hacés acordar a los pacientes de Freud cuando hablás de eso.
- ¿Si? ¿Te parece? ¿Alguna en particular?
- No... Màs bien me refería a los pacientes hombres.
- Ah...
- ...
- ¿Y cómo era que se curaban?
- Viste que medio que nunca se curaban, pero hacer sesión cinco días por semana durante un tiempo les venía bastante bien.


Siempre supe que era muy fálica,
pero la corroboración de la analista no me viene mal.
Ahora me resta curarme nomás.
Sería todo más fácil si fuera histérica,
a esas se les pasa todo garchando.

viernes, agosto 19, 2011

- ...Así que sí. Todo necesita una explicación. Siempre. Siempre, siempre.
- ...
- ¿No funciona así la gente?
- ¿Así cómo?
- Así, intentando entender el por qué y el cómo de las cosas.
- ...
- ¿Vos qué me querés decir, que hay gente que hace las cosas porque sí, sólo porque tienen ganas? ¿Que hay personas que hacen lo que se les canta y después ni piensan en mirar para atrás?
- Yo no digo nada del resto de la gente. Hay de todo.
- Nah, dejate de joder. Yo no conozco a nadie así. Eso es de heroína de comedia romántica hollywoodense. Eso de la espontaneidad es un mito.
- Me parece que lo que pasa es que vos siempre te relacionás con gente como vos.
- ¿Gente como yo? ¿Cómo?
- Gente del mundo de las palabras, del pensar, del reflexionar sobre todo.
- Ah. Sí. Puede ser. Pero, en serio, ¿cómo hace el resto? ¿Les sale bien?
- ¿Si les sale bien qué cosa?
- LA VIDA: Porque si les sirve, enseñame.
- Y, no sé, Celeste. Si hay gente así, no creo que sienta la necesidad o el deseo de psicoanalizarse.
- ¡JA!
- Vamos dejando por hoy, ¿si?

sábado, julio 30, 2011

Hace un rato entró una señora con cara de orto la librería y me preguntó si tenía Lo Siniestro, de Freud. Le dije que no, que de Freud algún tomo suelto, pero que en ninguno estaba Lo Siniestro. Me preguntó si estaba segura. Odio, detesto, me llena de ira que me pregunten si estoy segura. Claro que no todo el mundo tiene que saber que si no estoy segura me levanto y busco mientras enuncio, para que no queden dudas, "no estoy segura, me voy a fijar...". Le contesté que estaba segurísima porque ese era mi texto favorito de Freud y la mina puso una cara de "¿ese?" que me hizo inundar el cuerpo de indignación. ¿Qué tiene que no curta el greatest hits de Sigmund? Mi texto favorito es Lo Siniestro ¿y qué? Ya sé que no llega a ningún lado, que no desarrolla ninguna idea en especial, no me interesa, me parece genial por lo literario, por el análisis lingüístico, por retratar algo que me pasa todo el tiempo y confundo con superstición. Entonces, decía, la mina con cara de orto me increpaba acerca de mi competencia como librera mientras sacaba una libretita donde tenía anotado qué editorial había editado Lo Siniestro para ver si lo tenía. Le tuve que explicar, nuevamente: no-lo-tengo, no-está, no-vendemos-libros-de-psicología.
Y ahí pasó algo terrible.
Me di cuenta de que la señora con cara de orto había sido MI ANALISTA durante 6 meses, allá por el 2004.
Lo que me molestaba como paciente era que tenía cara de amargura y que siempre parecía que tenía el pelo sucio. No me caía bien, pero en ese momento necesitaba tratamiento a como diera lugar y me ayudó un poco. Cuando me alivié un poco de la angustia, huí, desaparecí.
Sigue teniendo cara de agria. Sigue yendo por la vida con el pelo engrasado.
¿Me habrá reconocido?

jueves, julio 21, 2011

La analista sugiere que tal vez me cuesta sostener una relación convencional a través del tiempo porque, en el fondo, quiero algo que se salga de ese molde. Evado darle una respuesta en concreto y me embarco en un relato de mi vida romántico-amoroso-sexual en los últimos 8 años. En resumidas cuentas, yendo a los puntos conflictivos de cada vínculo, me doy cuenta de que tiendo a reciclar, suelo huir en los momentos menos oportunos y desconfío profundamente de la capacidad ajena de brindarme seguridad. Entonces, me escucho y sueno a persona difícil de complacer, una jodida, una histérica. También sueno a despreocupación, diversificación prácticamente involuntaria, enojo efímero y búsqueda sostenida en el ámbito de lo sexual. Termino reconociendo que sí, que en algún punto sigo queriendo lo mismo que a los veinte en materia de afectos-un ideal acuarianísimo-, pero que me fue tan mal las anteriores veces que quise darle forma y aplicarlo que me da un poco de miedo. Ella me corrige, me marca que, a partir de lo que le conté en la última hora. la empecé a pasar mal en el preciso instante en el que traté de volverme convencional.
¿Cómo es que nadie me lo hizo notar antes? ¿Cómo no me di cuenta? ¿Cómo tardé tanto en volver a terapia?