lunes, mayo 18, 2009

Por más irreal que suene, el sexo telefónico, por lo menos en mi caso, puede reemplazar al real.
No me di cuenta de eso hasta hoy a la mañana.
Me corrijo,creo que fue el sexo telefónico de ayer a la madrugada el capaz de reemplazar al sexo real; realmente no sabría si extender la conclusión a todos las sesiones de sexo telefónico, pasadas o futuras.
Pero bueno, eso. Hoy cuando desperté, y hasta bien entrada la tarde, me vinieron una especie de escalofríos seguidos de mini orgasmos. Eso sólo me pasa en los días siguientes a las noches de (buen) sexo (cosa que también le sucede a Geneve, pero no a Dedé, ¿es algo que le pasa a todas las mujeres? tengo esa duda).
Parafilia a distancia. Pensar que yo solía reírme cuando leía al respecto.

viernes, mayo 15, 2009

Ayer venía para casa en el 36 y el libro que estoy leyendo, uno de Amis, decía algo acerca de los hombres que lloran a la noche, cuando nadie los está viendo. Entonces me puse a pensar en estos últimos tiempos, en mi incapacidad de llanto, en la histeria que se me atraviesa y no me deja hacer nada salvo tener náuseas.
Me bajé del colectivo con un nudo en el estómago y cara de Pantriste, caminé un par de cuadras hasta un supermercado y terminé lo que me quedaba del camino a casa. Cuando llegué a la puerta, mi llave no andaba. Ese era un momento justo para llorar. Yo, a las 9 de la noche, en la puerta de mi casa, llamando a Nat para ver si estaba adentro, cagándome de frío, cagándome de hambre y con una llave que no anda en la mano. Pero no pude, no me salió. Después de infinitos llamados, Nat me dijo que estaba en la ducha, que por eso no me había atendido.
La idea era llegar a mi cuarto, olvidarme de la cena, meterme debajo de las colchas y dormir hasta hoy al mediodía. Porque la tristeza estaba (está) y a veces me regocijo en ella, y me quedo hasta las 4 de la mañana hablándole a las paredes, contándoles lo mal que me trata la vida; pero eso cuando puedo llorar, cuando me ahogo y me sofoco, y vomito, y bajo al baño a lavarme la cara y a espantarme cuando me veo la cara destruida en el espejo, ahí hay un goce, de lo más masoquista, pero goce al fin. Si no hay llanto, no vale la pena todo el trámite.
Como tenía un paquete de espinaca que se iba a pudrir en la heladera, tenía más ganas de comer que de dormir y Nat estaba comiendo en la cocina, me puse a hacer canelones. Para el momento en el que metía el relleno en el panqueque, ya estaba en un estado de ira profunda.
Lo que es la palabra, eh. Durante semanas no hablo de nada relevante con nadie y así pasa todo, sin dejar marcas, sin poder registrar nada, pero a alguien se le ocurre preguntar “¿cómo estás?” (con verdadera intención de saber cómo estoy, estoy podrida de tratar de responder sinceramente a la pregunta y ver la mueca de desinterés del otro) y las palabras salen, y el tono de voz sube, y le apunto con el cuchillo con el que corto el ajo a la nada y me empiezo a sentir un poco viva, que no es poco.
Los canelones estaban demasiado buenos. Debo haber liberado endorfinas o algo así, porque me dormí tranquila, tuve sueños felices, y me desperté de relativo buen humor.
Por algún motivo me puse a escribir esto, y de vuelta el nudo en la boca del estómago, y de vuelta la desilusión, la frustración, la ansiedad descontrolada y sin canal a la vista.
Escucho desde lejos, dentro de mi cabeza, el sonido de una alarma.
Wishlist para el 25 de Mayo. O el Día del Niño. O mi cumpleaños. O, no sé, cuando sea que pueda ser.
- Un acolchado naranja.
- Alguien que quiera lijar las puertas de mi casa gratis. O a cambio de clases de inglés. Estoy abierta a negociaciones.
- Un sedativo para el gato que no para un puto segundo de corretear.
- Wolverine. En mi cama, todas las noches. O en su defecto, a su hermano. O en su defecto, a los dos juntos. Y que se venga Gambito también, si quiere.
- Una cama de cuatro plazas para que entremos todos.
- Un cuarto más grande.
- Una máquina del tiempo.
- Un amigo nerd como los de The Big Bang Theory.
- Un tratamiento en Lacuna inc.
- Una caja de Havannets.
- Un corpiño que no tenga la tasa dura pero que haga el efecto de un push-up.
- Tiempo.
- Poder de decisión.
- Algún súper poder que haga que el polvo de los libros no se me pegue a las manos.
- Algún súper poder.
- Mohinder Suresh.
- Un sueldo que me deje comprar todo el catálogo de Anagrama.
- La conquista de lo inútil.

sábado, mayo 09, 2009

Suponiendo que creyera eso de que para superar una ruptura hace falta la mitad del tiempo que una estuvo en la relación, me tendría que tomar 2 años para estar totalmente recompuesta.
Como ya pasó más de un año, sólo me faltarían alrededor de 7 meses para sentirme una mujer nueva y sana como para empezar una nueva relación.
Considerando que:
- Lo mío con El Innombrable fue, según las convenciones, una relación incatalogable.
- No siento que vaya a ser capaz de escuchar Bob Dylan, cantar algo de Frank Sinatra, ver algún ranking idiota en E!, o volver a confiar en cualquier sujeto de sexo masculino.
- Me estoy empezando a impacientar.
Resolví adoptar la política de sacar un clavo con otro clavo. Y al notar que no hay disponible en mercado ningún hombre que satisfaga mis necesidades, tuve que cambiar de especie.
A ver si esta vez, que la vida me pone nuevamente un pelirrojo en el camino, no salgo dañada.
Se llama Plutón, es naranja, muy bello y mimoso por demás.
Eso, que Nat trajo un gato de la sociedad protectora de animales.
Sí, se llama Plutón. Y no se aceptan comentarios negativos al respecto.

miércoles, mayo 06, 2009

Si alguien pasa por la puerta de la librería y ve pilas y pilas de libros desordenados sobre la mesa, y también ve a un señor mayor y a una chica de rulos (a la que hoy le dieron 20 años, quiero que quede un registro de este gran día) charlando animadamente, quiero avisar que no están discutiendo acerca de cómo van a hacer para que el local sea un lugar más presentable. Tampoco están debatiendo sobre si el potencial negocio de venta de libros antiguos es rentable o no. Ni están calculando el espacio disponible para ver cómo acomodan el gran quilombo gran.
Nada de eso.
Están armando un top 5 de pizzerías.
O intercambiando recetas de guisos.
O sacándole el cuero a las viejas que buscan libros de autoayuda.

lunes, mayo 04, 2009

Hace diez minutos entró al bar donde estoy almorzando un pibe con el que salí un par de veces hace años luz.
Tenía una frazada animal print con la cabeza de un león en el medio sobre la cama y un montón de revistas Hombre debajo del escritorio de la computadora.
Ahora tiene zapatos de burgués-clase-media-pretenciosa, canas y está leyendo unos catálogos de no sé qué.
Por eso es que nunca hay que confiar en el animal print.

¡Ah!
Me acabo de acordar de por qué no nos seguimos viendo (a pesar de que teníamos mucha química).
Una vez me hizo entrar a Locos x el fútbol.

Por eso es que nunca hay que confiar en el animal print.

sábado, mayo 02, 2009

"Me parece que tengo fiebre"
"Andá a tu casa entonces. Andá a saber qué es"
"Ay, ¿y qué va a ser?"
"Dengue. Fiebre porcina. Yo qué sé"
Ahí saltó mi paranoia, siempre lista, esperando que la llamen.

Pero me quedé un rato más, hasta que vino una señora a pedir el libro de Eri Peluch (sic).

Parece que tuve como 40 de fiebre, así que vino una doctora a casa y me dijo que no hiciera tanto drama, que sólo era una gastroenteritis común y silvestre, que todo el mundo andaba alterado con tanta peste dando vueltas.

El jueves a la tarde vino mi madre a hervirme un arroz, como si yo no pudiera hacerlo sola. Después me di cuenta; vino a investigar. Me trajo una botellita de alcohol en gel (que nunca usaré, estoy en contra de la neurosis al servicio de lo sanitario), corroboró que en mi cuarto no hubiera humedad, revisó la heladera ("¿por qué tantas botellas de fernet, Cele? ¿quién toma Campari?), me contó que mi papá piensa que mi hermana es una promiscua y trató de convencerme de que empezara a usar barbijo. El arroz estaba bastante rico, eh.

Y en el resto de tiempo que usé de "para reposar" y no ir al trabajo enceré el piso, ordené mi cuarto, separé ropa para regalar, me hice las uñas, fui hasta la Feria del Libro, me espanté de la cantidad de gente y me fui a lo de Dede, charlé con Lau, me fumé un porro, bajoneé con arroz hervido, estrené sábanas y tuve dulces sueños.

No necesitaba vacaciones para bajar un cambio, como yo pensaba hace unas semanas. Necesitaba 40 de fiebre y gastroenteritis.

lunes, abril 27, 2009

- Como la estepa. Asi esta mi vida sentimental. A veces me acuerdo de como la pasaba hace un par de anios y no lo puedo creer. Tenia vida amorosa!
- Ahora tambien la tenes, solo que sin sexo.
- Tendra razon Houellebecq?
- No busques la felicidad porque no existe?
- No. El sexo es igual al mercado.
- Desarrollando...
- Eso que dije. El sexo se maneja con las mismas variables y elasticidad que el mercado financiero. Y resulta que yo tengo un almacen de barrio re lindo y pintoresco, pero desde que empezaron a aparecer supermercados chinos y cotos y discos y jumbos quede medio en la lona.
- No seas boluda. Cambia de rubro, ponete un lavadero.
- No, me gustan los almacenes.
- Dejate de joder, Cel. Avivate, sos pesima comerciante. En el ultimo anio te relacionaste con un discapacitado emocional, con un vibrador, con un fobico que ademas tenia problemas de adiccion, y con... con otros que ya ni me acuerdo que problemas tenian.
- Es que no entendes, estoy destinada al almacen.
- Puede ser, pero es de esos almacenes copados, y todos los freaks del barrio te compran a vos. Puede que no tengas tanta clientela como los chinos, pero te lo aseguro, a tu almacen van porque realmente eligen, no para conseguir monedas.

miércoles, abril 22, 2009

Trabajar diez horas en una librería. Trabajar en una librería chiquita, con 30% de descuento sobre los libros que saque. Estudiar ruso. Hacer el cbc de Letras. Planear vacaciones de otoño. Planear vacaciones de verano. Cocinar canelones. Espantar ratas. Ahorrar plata. Estrenar notebook. Armar proyecto musical para Pepa, la diosa del antifaz. Armar proyecto musical para mí. Bajar la carga horaria del laburo. Pintar la casa. Dormir ocho horas por día.

Esa era mi lista de to-do's; por eso ni pintó pasar por el blog.
Y claro, tampoco me pasó nada emocionante.

domingo, marzo 08, 2009

Resulta que hace 3 años el Festival de Cine de Mar del Plata todavía se hacía durante el mes de Marzo. Y también resulta que yo me tomé un tren con Bar y Flor porque podíamos tomarnos unos días, Flor venía a ver a su novio y nos prestaban un departamento.
A las 48 horas de haber llegado, yo me escapaba de la fiesta de cierre en el Hermitage porque había visto al Innombrable yéndose del lugar con otra chica. Al día siguiente mandé a Flor a que le dejara una carta en el hotel. (Me acuerdo de dos frases de esa carta. "Sos un egoísta que cree que el mundo es una extensión de sus brazos y nunca tenés en cuenta que existe un otro" y "Y al final, sólo me vas a recordar porque hago ricos guisos de lentejas). Después nos dedicamos a comer postres Balcarce y fumar sin parar para paliar la angustia.
Y dije que nunca más iba a volver a esta ciudad que sólo me trae recuerdos horribles.
Tuve que comerme el nunca más, porque quería ver a mi papá, y él quería verme a mí. Y si no venía, no nos íbamos a ver las caras hasta semana santa.
Entonces, me subí al micro, dormí durante todo el viaje y me desperté cuando faltaban 15 minutos para llegar. Me estaban esperando mi mamá y mi hermana en la estación. Caminamos un par de cuadras y ahí estaba, imponente, el Hermitage. Me subió la angustia a la garganta (o tal vez bajó, quién sabe dónde se aloja la angustia) y casi que me pongo a llorar, pero no.
Los postres Balcarce siguen siendo un excelente medio para olvidarse de todo.

jueves, febrero 26, 2009

"¿Qué pasó con rulitos?" me preguntó Geneve y yo me hice la tarada. Al rato, lo mismo, y justo Sol empezó a hablar de la pena de muerte (¿cuántas veces vamos a tener la bendita charla sobre la pena de muerte?). A la tercera no me pude escapar, tuve que contar.
Explicar qué (no) paso con rulitos es un engorro. Es de esas cosas montaña-rusa (no la experiencia adrenalínica, sino el programa de tele que veía religiosamente a los 11 años), me-dijo/le-dije/no-sé-qué-onda-el-pibe, en las que caigo indefectiblemente. Es que no me sé manejar; oscilo entre la inadaptación absoluta al medio (entendiéndo por "medio" al sexo masculino) y unos aires de femme fatale que no dejan de sorprenderme.
Sol agitaba las manos y decía "Decile que tenés una estela en sagitario".
Dedé corregía a Sol. "No es estela, es stellium".
Geneve no paraba de reírse. "¿Cómo le vas a decir que si el universo los cruza le seguís contando? Sos una boluda".
Yo revoleaba los ojos. "Ya sé, ya sé. No me entero de nada".

domingo, febrero 22, 2009

¿Alguien se acuerda de El Joven Frankenstein? Esa, la de Mel Brooks.
En una escena (que me hizo recordar José Pablo Feinmann, obvio; de otra manera, nunca habría retornado a la memoria) Gene Wilder y Marty Feldman están desenterrando un cadáver. Uno le dice al otro algo así como "esto es horrible". Y el otro contesta "podría ser peor, podría estar lloviendo".
Ayer, cinco minutos después de haberme enterado de que me quedaba sin trabajo, se largó a llover. Y no paró por, no sé, ¿doce horas?.
Después le decía a DD, tal vez ahora conozco a alguien interesante. Digo, no se lo puede tener todo. Capaz que la providencia decide mandarme un amante a cambio de quedarme desempleada por un rato. Yo hago negocio, eh.
Entonces me quedé viendo Sex & the City hasta andá a saber qué hora, porque eso es lo que hago cuando me pongo un poco triste: hacer todo lo posible para ponerme más triste todavía. Sí, Sex & the City me pone triste por motivos muy personales que hoy no voy a explicar.
Cuando me desperté, seguía lloviendo.

martes, febrero 17, 2009

Lo de La Plata no cuajó.
Claro, todo el mundo me decía "¿cómo vas a hacer?" y yo me hacía la estoica, ponía cara de omnipotencia y decía "me voy a tener que romper el culo, pero voy a poder".
Y los primeros días fueron fantásticos, pero llegó el primer fin de semana y con él, una depresión insostenible. Levantarse a las 5.30 am y llegar a casa a las 9pm es algo que puede hacer una determinada clase de gente, no yo.
No quiero ese tipo de vida, no quiero dejar de cenar con mis amigas por tener que ir a dormir a las 11 de la noche. No quiero gastar un tercio de mi sueldo en viáticos. No quiero pagar un alquiler para estar en mi casa sólo un para de horas por día. No quiero mudarme a La Plata. No quiero vivir en el agotamiento.
Así que una noche de pura neurosis me quedé dando vueltas en la cama hasta que decidí que no, que no tenía por qué sostener una decisión por el simple hecho de haber dicho "yo puedo" en el pasado. Porque ponele que sí puedo, pero no quiero.
Entonces, vuelvo al plan original; al combo Edición-Letras.
Y veremos qué pasa.

viernes, febrero 13, 2009

D: ¿Vos te das cuenta? Todo lo que una hace para ser diferente... Y al fi...
C: Ese podría ser el título de tu biografía, Dedé. "Todo lo que una hace para ser diferente".
D: Totalmente.
C: ¿Y la mía cómo se llamaría?
D: Ehmm.....
C: Dale... una frase que me describa.
D: Dejame pensar...
C: ...
D: ...
C: ...
D: ¡Ah! ¡Ya sé!
C: A ver...
D: "Ay, sí... Y a mí qué me chupa". Con puntos suspensivos después del "Ay, sí".
C: ¿En serio?
D: Vos decís mucho eso. "Fulano blablabla... ay sí... a mí qué me chupa".
C: ¿En serio?
D: Sí.
C: Mirá vos.

lunes, febrero 09, 2009

Hace un año y medio había encontrado en la casa de mi abuela el diario que tuve desde marzo hasta agosto de 2004. Al principio me reí mucho; de hecho, llame al Innombrable (a.k.a Mr Blonde) para que nos riéramos juntos, porque, claro, era todo sobre él.
La cuestión es que en esa segunda leída, con él ahí al lado mío, me agarró una especie de angustia. Yo había sufrido muchísimo esos primeros meses después de conocernos (y los siguientes, y los siguientes también) y si bien había un montón de cosas que ya estaban superadas, había otro montón que no tanto.
Entonces, después de leérselo, agarré y metí el cuaderno en una alacena de la cocina y olvidé su existencia.
Ayer, buscando lentejas para hacerme una ensalada, lo encontré.
Todavía no me recupero.
Creo que en este mismo estado estaba Fiona Apple cuando escribió todas sus canciones despechadas.

viernes, febrero 06, 2009

Así, como bumerang.
Durante 6 meses la misma respuesta de mi parte "no, me parece que mejor me quedo en casa mirando una peli". Y ahora, que la televisión está rota, Flor en Cabo Polonio y Nat en alguna localidad del lejano oeste, se me ocurre que quiero salir; entonces manoteo el celular y empiezo el recorrido habitual. Una amiga que no está en su casa, otra está con el novio, otras dos están en un cumpleaños al que no sé ni cómo llegar. Ya no hay más mujeres, todo dice que voy a tener que empezar a probar con los hombres, pero claro, el único amigo que tengo está de retiro espiritual en Neuquén. Tomo coraje y tiro un par de propuestas, pero nada, nadie puede. Tengo ganas de tomar más coraje aun y proponer a esos con los que realmente me gustaría estar en la terraza hasta que se haga de día, pero hoy no estoy preparada para tanto rechazo.
Y después de una semana de viajar casi cuatro horas por día, de niños recién salidos de la escuela secundaria, Lamarck, el número de oro, notación científica y la masa atómica de la puta que los parió, lo único que quiero es salir.
Pero no.
Justo hoy al universo se le ocurre devolverme frisbee.

miércoles, febrero 04, 2009

Flor se muda en Abril, me quedo sin roomate y sin perra Elvira. Nat no sabe si va a querer renovar contrato o no. Tal vez venga vivir con nosotras la hermana de Flor, tal vez no. Sol se mudó a la vuelta de su casa. Dedé sigue buscando trabajo. Lau se va de vacaciones a lugares extrañísimos. Yo empecé la facultad y es todo raro. Mi papá se va a Mar del Plata lo que resta del verano por un laburo increíble, y mamá lo acompaña. Mi hermana piensa que necesita atención psiquiátrica. Mi abuela necesita atención psiquiátrica. Yo necesito atención.
Son demasiadas cosas, demasiados cambios, y todavía no puedo entender qué me genera todo esto, salvo la angustua; pero la angustia es casi una constante, ya ni la cuento.
Son demasiadas cosas, adentro, afuera, y es como si estuviera viendo una película.
Tuve un sueño, hace escasos minutos, en el que Macri era pariente político mio y que me lo quería levantar.
Hubo una escena especialmente cachonda en la que yo me acercaba mucho y le preguntaba si necesitaba algo del supermercado. Él me contestaba al oído "leche chocolatada".

miércoles, enero 21, 2009

Parece que hace como un mes me puse a categorizar el 2008, ya me había olvidado. Faltan un montón de categorías más, pero la verdad es que me da paja ponerme a pensar. Esto es lo que había.

El 2008 en categorías.

Mejor Experiencia Cinematográfica: Tropic Thunder con Flor y Nat, en segunda fila y completamente fumadas.

Peor Experiencia Cinematográfica: Hulk, en el sillón de Lau. ¿Quién creyó que nos íbamos a comer que Liv Tyler podía ser científica? ¿Por qué Edward Norton se prestó a eso? Me quedé dormida a la media hora y me desperté con los créditos y un malhumor galopante.

Mejor Experiencia Literaria: Releer Levantad, Carpinteros, la Viga del Tejado y Seymour: Una Introducción, de Salinger.

Peor Experiencia Literaria: Ver el libro de Cumbio en las mesas de las librerías.

Mejor Decisión: Multinacionales no more.

Peor Decisión: Pensar que volver a ver a Mr. Blonde podía ser positivo de alguna manera.

Frase Más Escuchada: "Celele, eres tan Celele que celelizas la celelidad"

El Descubrimiento: "Boluda, ya sé por qué la gente se hace drogadicta. ¡Porque es divertido!

lunes, enero 05, 2009

- Hey... Che, ¿Por qué no te venís conmigo a casa?
- ¿Ahora me lo decís?
- Ehm... Sí.
- ¿Recién ahora? Es casi de día, estoy cansado, mañana laburo... Me diste vueltas tres horas y venís recién ahora...
- ¿Cuál es la diferencia entre el hombre y la mujer?
- ¿Eh?
- Que cuál es la diferencia entre el hombre y la mujer-
- ....
- ¿Cuál es?
- No sé.
- Que la mujer tiene útero y el hombre no. Yo soy mujer, tengo útero, y eso me hace histérica. Mi matriz, hister, me domina. No lo puedo evitar, es incontrolable a veces. Por eso, como no lo puedo controlar pero lo intento, vengo así, comiéndome la vergüenza y te invito a dormir a mi casa.

Y el flaco (¿se puede creer acaso?) no vino a dormir a mi casa.
Nunca me había salido mal la de "por qué no te venís a casa conmigo".

Todo se reduce a dos opciones:
El tipo era más histérico que yo y me estuvo cortejando durante dos horas porque sí.
Oooooo...
Salió espantado después de mi monólogo (fue mucho más largo en la realidad) de ex estudiante de psicología pasada de fernet con coca.

O tal vez realmente estaba cansado y tenía que trabajar al otro día. Claro que esa es la opción que nunca tengo en cuenta. La más simple.