domingo, enero 31, 2010

- Es que te dijimos "Cele callate" durante tanto tiempo...
- No creo que ahora sea reservada porque hace veinte años me dijeran "callate" diez veces por día.
- ¿Te parece que no?
- Bah... puede ser. Pero no cierra, má. Porque hablo, hablo todo el tiempo. El tema es que no hablo de las cosas importantes.
- A mi me da la sensación de que vos te sentís demasiado segura y por eso no tenés la necesidad de manifestar ciertas cosas.
- No, mamá. Al contrario. No digo nada porque pienso "¿a quién le puede importar lo que a mí me pasa o me deja de pasar?".
- Ah...

Después entramos a la verdulería a comprar un melón. Y no se habló más del tema.
"Everything is more complicated than you think. You only see a tenth of what is true. There are a million little strings attached to every choice you make; you can destroy your life every time you choose. But maybe you won't know for twenty years. And you may never ever trace it to its source. And you only get one chance to play it out. Just try and figure out your own divorce. And they say there is no fate, but there is: it's what you create. And even though the world goes on for eons and eons, you are only here for a fraction of a fraction of a second. Most of your time is spent being dead or not yet born. But while alive, you wait in vain, wasting years, for a phone call or a letter or a look from someone or something to make it all right. And it never comes or it seems to but it doesn't really. And so you spend your time in vague regret or vaguer hope that something good will come along. Something to make you feel connected, something to make you feel whole, something to make you feel loved. And the truth is I feel so angry, and the truth is I feel so fucking sad, and the truth is I've felt so fucking hurt for so fucking long and for just as long I've been pretending I'm OK, just to get along, just for, I don't know why, maybe because no one wants to hear about my misery, because they have their own. Well, fuck everybody. Amen"
Sinechdoque, New York

Amén.

sábado, enero 30, 2010

Cerca de la una de la mañana del presente, apareció el ya-no-sé-qué-número (creo que fue el sexto, pero no quiero arriesgar) ataque de minita del año. El último había acontecido hace poco más de dos semanas, en presencia de Lau y Flor que me decían que no lo podían creer, que no me podía poner así. Me pongo así, siempre, el tema es que en general no tengo público. Hago lo posible para ahorrarle a los seres queridos el horror de verme absolutamente conflictuada por cuestiones que debería tener resueltas desde la pubertad.
Mi única solución posible en el momento, eran las tranquilizadoras y sabias palabras de mi amigo y consejero, pero estaba en el cine, así que tuve que resolverlo yo solita. Bah, "resolverlo". Resolver, no resolví nada. Resolver no es mi especialidad. Pero por lo menos no empecé a toser como desquiciada (síntoma #1) ni a sentir un pelota de andá a saber qué rebotando en el estómago (síntoma #2).
Menos mal que en dos días vuelvo al trabajo y empiezo el profesorado; si sigo con este ritmo de meta pensar pelotudeces y tomármelas como cosas serias, me va a recalentar el cerebro y voy a terminar con una embolia.
Era tan joven, van a decir.

viernes, enero 29, 2010

Sueño que estoy en lo de mi jefe y en el medio de la noche a la mujer le agarra un infarto. Como no encuentro el número de la obra social, llamo a información y el pelotudo que me atiende, me da el teléfono de osplad en vez del de osde. Mientras, mi jefe me dice que no llame a emergencias, que pida empanadas, y va tirando los gustos.

jueves, enero 28, 2010

Cada día más parecida a tu mamá, vos. Eso me dijo una amiga de mi tía allá, en el valle. Y qué loco, porque sí, capaz que me parezco a mí mamá, y a mis tías, y a toda la parte de mi familia por parte de abuelo materno; pero a mí eso no me interesa, porque sí, tenemos todos los mismos rasgos y blah, lo sabemos muy bien todos.
Acá el tema es otro. Lo que me da mucha intriga es la otra parte que puso sus cromosomas para que yo esté escribiendo acá, sentada en la cama, y a la que nunca le vi la cara. ¿Seré parecida? ¿Tendré, desperdigados por ahí, hermanos con los que compartimos gestos y expresiones? Esas cosas.
Entonces me miro en el espejo y busco, busco algo que nunca encuentro.
“If you really want to hear about it, the first thing you’ll probably want to know is where I was born and what my lousy childhood was like, and how my parents were occupied and all before they had me, and all that David Copperfield kind of crap, but I don’t feel like going into it, if you want to know the truth.”
Holden Caulfield

Mientras, literalmente, miro el techo, llega un mensaje de texto. Es mi amigo y consejero, quien, btw, tiene mi preciadísimo ejemplar de Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, que mi biblioteca empieza a extrañar.
Que se murió J D Salinger, me avisa.

¿Saben qué?
Lloré un poquito.
Llegué.
Volví.
No sé si soy millones, pero la cosa anda bastante bien.

jueves, enero 21, 2010

Libros, 5. Mailer, Highsmith, Pérez Reverte, Auster y Larkin.
Mazo de Tarot, uno.
Música en el aparatito, de todo. FNM, Soundgarden, Aimee Mann, Easy Star All-Stars, Peeping Tom, Fiona Appel, Eddie Vedder, The Ting Tings y no sé cuántas cosas más.
Ropa, la justa y necesaria.
Implementos para escribir, dos. Cuaderno a estrenar con holograma de un gato con cara de loco en el frente y birome.
Productos de higiene y belleza, muchos. Limas, cremas, un protector solar de factor insuficiente, cepillo de dientes, dentífrico, desodorante con supuesto olor a pepino y todo lo que me entró en el estuche.
Pasaje a Los Hornillos, Córdoba, uno. De ida, 20:15, Retiro.

miércoles, enero 20, 2010

Estos han sido días de caminatas. Hoy me toca Río de Janeiro, desde que termina hasta que empieza, y de ahí, esquivar avenidas hasta llegar sana y salva a casa. Mientras me quedo mirando unas sandalias horribles en una zapatería, atraviesa, fugaz, la idea. No tengo verdaderos problemas; ninguna preocupación me conflictua, no estoy tildada pensando en ningún "y qué hago con...". Sigo avanzando y sonrío, porque no creo que falte mucho para que aparezca una nueva preocupación, porque así son las cosas. Por fin abro la puerta de casa y los gatos me reclaman, los atiendo, les cambio el agua, les pongo comida. Prendo la compu y ahí está, la buena noticia del día, una de esas cosas que me gusta ver como "buena señal".
A veces está todo tan calmo, hay tanta paz, que no entiendo cómo me las arreglo para enroscarlo todo en cuestión de minutos.
Otras veces sí entiendo, y me perdono. Esta es una de ellas.

martes, enero 19, 2010

Volvía por Rivadavia, desde Medrano. Me puse el saquito porque levantó viento y pensé. Pensé como por diez cuadras. Que a veces no tengo por qué esforzarme tanto, especialmente cuando sé que se trata de una causa perdida. Que me ubico en lugares que no tengo las tetas suficientes para llenar, y que sí, que podría, pero ¿vale la pena el esfuerzo? Que sí, que siempre vale la pena, porque es una batalla per-so-nal, que si el fruto del esfuerzo nadie me lo quiere aprovechar en el presente, es algo que ya tengo ganado, una prueba menos a superar. Pero que ahora no, no me dan ganas, que tengo derecho a darme el lujo de elegir las batallas que peleo y a quién elijo de sancho para que me acompañe a enfrentar el conflicto. Que probablemente es la misma excusa que pongo siempre pero con otro enunciado. Que no me importa. Después llegué a Acoyte y me quise pegar un tiro, porque ese es el efecto de Acoyte y Rivadavia, ganas de suicidarse, o de empezar a los tiros indiscriminados. Así que dejé de pensar, diez cuadras es un montón.
Y ahí va de vuelta la inconsciente a meterse donde no la llaman.

lunes, enero 18, 2010

En un acto de estoicismo sin precedentes en mi historial. Envolví mi mano en bolsas varias. Tomé al inmundo animal por su cola espantosa y lo metí en una bolsa. Esa bolsa en otra bolsa. Y de vuelta el mismo proceso.
Me lavé las manos tres veces y anoté mentalmente que este fue el tercer ataque de minita en el año.
Me despierto y es mi primer día de vacaciones. Soy feliz, doy vueltas en la cama y no me importa que sea la una de la tarde. Cuando por fin me levanto y voy al baño, el horror. La tragedia.
Plutón cazó una rata y me la dejó de trofeo en el medio del patio de abajo.
Y yo, que festejaba por tener la casa sola, puteo, en silencio y a viva voz, porque no están los novios de las chicas que TAN útiles son en estos casos.
Me cago en Plutón, la rata y mi asco infinito para este tipo de cosas.
Mi tía superó el sufrimiento de los primeros días después de la primera sesión de quimio y casi que la vi como la de siempre. Con sus risitas y sus abrazos. También estaban un par de primos y otra tía.
Y cuando a las dos de la mañana, sentados en el quincho, comiendo unas hamburguesas a la parrilla que estaban buenísimas, nos empezamos a contar historias de caídas y anécdotas boludas, me sentí bien. En familia, con todo lo que eso pueda llegar a significar.
Entonces en el viaje de vuelta, con mi primo de 19 años, hablamos. Bah, mejor dicho, él habló. Y habló como nunca habló conmigo. Fué él, como nunca le había permitido ser. Porque siempre me pongo a un costado y miro desde afuera.
Esta vez, y capaz sea el hecho de que alguien que queremos mucho esté pasando por un momento jodido, estuve, no me ausenté. Dejé afuera el personaje y me sinceré. Disfruté y no me quería ir. Porque siempre me quiero ir.

sábado, enero 16, 2010

Es Villa Crespo y ¿quién diría que a un par de cuadras del Parque Centenario hay un restaurant africano buenísimo?
Para cuando llega la comida, ya estamos medio entonadas y la charla tiene que ver, básicamente, con una sola cosa, estar chongless y técnicas para revertir tal situación.
Y tal vez empezamos con cuchillo y tenedor, muy civilizadamente, pero la música, la energía estival y Lau -que de comida africana algo sabe- que agarra la sémola con las manos, nos hacen animar a Flor y a mí. Entonces no importa, porque el pescado se come con las manos, y las batatas fritas también, y se hacen bolitas de sémola que se mojan en la salsa de maní.
Nos chupamos los dedos mientras nos reímos y seguimos emborrachándonos.
Ojalá todo se pudiera comer con las manos.

viernes, enero 15, 2010

No hay caso, no sirvo para "el juego". Entonces hoy le decía por mail a mi amigo y consejero que sí, que no me queda otra más que jugar, pero la verdad es que soy pésima. Necesito un asistente permanente o una lobotomía. Si es por mí, digo lo que pienso en el momento en que lo estoy pensando, pero parece que no, que eso no conviene si se quiere "ganar" o lo que sea que se obtenga.
Ok, pienso, a jugar, a transpirar la camiseta, a dejar todo en la cancha, blah. Pero me quedo dura, inmóvil, mirando el arco, o el cesto, o el tablero, se entiene a qué me refiero.
Y no sé, no entiendo, necesito un manual, no me sale, no soy buena en esto.
Del lunes al jueves, mi casa sola, absolutamente sola. Los gatos y yo. Mis libros y yo. Mis pelis y yo. Mi cama y yo. Mis vacaciones y yo. Genève en Brasil, Ani en Mar del Plata y yo en Caballito, en la hamaca paraguaya, libro en mano, con un Campari con naranjas recién exprimidas al alcance de la mano, con el sol ya bajo, escondiéndose; y yo en bombacha y musculosa todo el día, porque los novios de las chicas no están, porque las chicas no están.
El jueves a la nochecita, Córdoba, pero eso ya es otra historia.

jueves, enero 14, 2010

¿Sabés qué es raro?
Estar con un tipo, que sea la segunda vez que se ven, y empiecen a hablar emocionadamente de cómo, cuando eran adolescentes, planeaban suicidarse, incluso discutir métodos; obviamente, cagándose de risa, porque ya somos grandes, esas cosas ya no se sufren.
Descubrir que los dos se obsesionaban con especular qué harían todos los seres queridos de concretarse el suicidio.

¿Sabés qué es lo peor?
Que a mí esas cosas me terminan conquistando.
El flaco en algún momento de la charla comentó que mientras estaba en pareja, leía los blogs de gente soltera y le daban ganas de ser uno de ellos. Después dijo algo más, pero la palabra "blog" disparó la maquinaria de mi paranoia, que venía en stand by hasta el momento, ¿y si el tipo era esa persona que vino googleando mi mail según el servicio de estadísticas y en realidad se hacía el boludo aunque supiera de todas las cosas que yo escribo acá? Estuve a punto de confesar que sí, que hasta capaz había leído mi blog y todo, pero no. Como la noche anterior había estado a punto de confesar que mientras él estaba esperando que yo volviera del baño, yo me resbalaba por las escaleras y caía sentada y muerta de risa en el último escalón, todo cortesía de mis chatitas de suela inoperante.
Entonces me entero de que el cáncer de mi tía se fue a los huesos, que es un hecho. Que la quimio es el único recurso y que menos mal que la empezó. Que las posibilidades son pocas, pero el panorama podría ser peor. Que crucemos los dedos por que no vaya a las piernas.
Hace tres días que no puede probar bocado y ni siquiera puede levantarse para ir al baño.
Esto, esto que siento ahora es jodido. La culpa por haberme alejado de ella los últimos años, el amor inconmensurable que le tengo, los reproches que le hice de frente y a sus espaldas, el saber que sin importar qué ella siempre estuvo para todo lo que necesité.
Y no sé. No sé qué hacer