viernes, febrero 12, 2010

La mañana empezó bien, una mañana más. Snoozeé hasta el límite, me bañé, comí un durazno, me vine para la librería, todo normal; la rutina del 36, bajarme en Charcas, hacer siempre el mismo camino, este día en particular con Eddie Vedder de fondo.
Pero en el momento en que mi jefe me dijo "me voy para casa, vuelvo en unas horas" y se fue, un vacío. Ni tristeza, ni angustia, la nada. Ganas de la nada; de despertarme y que ya sea marzo, para tener que trabajar 11 horas por día y no tener tiempo de pensar en nada. Abulia.
Y cuando estaba por mandarle un mail a mi amigo y consejero para contarle que ayer a la noche fui a ver la de Benicio del Toro haciendo de hombre lobo y me quedé completamente dormida en la butaca, un mail en la bandeja de entrada. Hoy se suspenden las clases del profesorado por falta de agua.
Salgo del trabajo a las cinco de la tarde y ¿qué hago? ¿qué hago con esta apatía y una tarde libre?
De veras, ¿qué hago?
Estoy teniendo una de esas conversaciones en las que no me importa nada y me sincero, me libero, me aliviano.
Claro que es con alguien que me chupa un huevo.
Pero nos vamos acercando, capaz la próxima soy sincera en una situación que lo amerite y todo.

jueves, febrero 11, 2010

Bueno, yo le hablo, qué tanto. ¿Y qué le digo? No voy a empezar con "hola", si empiezo con "hola" me va a preguntar cómo anda, y yo también, y nos vamos a contar cómo andamos, nos vamos a ir por las ramas y no le voy a poder decir nada. Pero si él no me dijo nada hasta ahora, es porque no quiere. O capaz no me dijo nada porque no se anima.
Mirá si serás pelotuda, qué no se va a animar, si no te dijo nada hasta ahora es porque no quiere verte y listo.
¿Entonces qué? yo quiero ver a alguien pero como ese alguien no da él el primer paso, yo me quedo en el molde, ¿no? ¿Así funciona esto? Esperar eternamente el deseo del otro, mirar fijo un monitor o un teléfono; divino, esto de relacionarse con el sexo opuesto es un viaje emocionante de los que no hay. Yo le hablo y se va todo al carajo, por lo menos, defino, me saco la duda.
Va a pensar que estás desesperada y va a perder el interés. Son las reglas, chiquita.
Me cago en las reglas. Le voy a decir que aunque el benemérito manual de señoritas que no se arrastran no permite que haga bandera de mi deseo de desnudarlo de a poquito, soy una rebelde con serios problemas ante la autoridad. Que él se fije si quiere dejarse manosear un rato y me lo comunique.
¿Eso vas a decir? Es una pelotudez atómica.
Eso le voy a decir.

Ahí se cortó la conexión, cuando volvió, ya no estaba conectado.
Me cago en las señales.

miércoles, febrero 10, 2010

Genève vino hace un par de días con una propuesta de lo más interesante, alquilarle el cuarto de arriba de todo a un conocido de ella que necesita alojamiento durante unos meses, desde abril hasta agosto. Con esa plata, argumentó ella, podríamos hacer arreglos y capaz nos quedaba un resto y todo. Se consultó con Ani, que también aceptó y quedamos en que el muchacho este podía venir a ver el cuarto cuarto.
Yo lo había visto una vez y me había caído bien. No necesité pensarlo mucho, un ingreso extra para hacer arreglos y pagar cuentas. Alguien copado en la casa -además de Ani y Gen, de más está decirlo-; la idea me cerró.

Qué maravilla, qué buen negocio vamos a hacer. Qué divertido, vivir con un muchacho.
El otro día vino a casa y cuando lo vi me acordé de un detalle que no había tenido en cuenta. El chabón está buenísimo. Iinfinidad de pensamientos pecaminosos atravesaron mi cabeza.

Me imaginé levantándome temprano a la mañana y viéndolo prepararse el desayuno en boxer y remera de dormir, y me dije ¿qué más puedo pedirle a la vida? Bueno, podría pedirle garchármelo, pero conozco mis limitaciones.

Ani y Genève comparten el sentimiento. Ese chico, la va a pasasr muy bien.

martes, febrero 09, 2010

Apago la luz, me acomodo en la cama y la imagen aparece automáticamente. Así varias veces en estos últimos días.
Camino por esa calle de muchos árboles, checkeo la dirección que está anotada en una tarjetita, voy hasta la altura indicada y toco el timbre. Veo que en el fondo se enciende una luz y una sombra que se acerca. Abre la puerta y me sonríe. Yo le sonrío, pero sin poder mirarlo a los ojos, porque estoy un poco nerviosa. Él me dice algo gracioso y uso la carcajada para liberar tensiones y empiezo a caminar. Me cruzo con un gato y me agacho para saludarlo, lo alzo y lo llevo en brazos hasta el living.
Después, la escena puede tomar cientos de caminos.
A veces charlamos y nos reímos hasta que el sueño me vence y ya no puedo seguir imaginando más nada. Otras, veo cómo su mano se acerca a mi cara, a mi cuello, inclino la cabeza y bajo la mirada.
Aunque la mayoría de todas esas posibilidades termina en su cama enorme, con él encima mío y yo sin poder dejar de mirarlo a los ojos, sonriéndole, diciéndole cómo me gusta que me coja así.

Ayer, después de apagar la luz y de imaginar la vereda arbolada, no pude seguir. Las palabras de mi amigo y consejero no paraban de repetirse.
"Querés lo que no tenés".
Se me mezclaban los gatos, y los sillones eran de otro color. Su cama no era tan grande. Yo no estaba tan nerviosa y se metían personajes ajenos todo el tiempo. Él no me alborotaba el pelo, simplemente se limitaba a quedarse ahí, mirándome, sin expresión.
"Querés lo que no tenés".
Y trataba de hacer el camino de vuelta, mirar la tarjetita, volver a tocar el timbre; pero en el medio me tropezaba y me doblaba el tobillo, o no encontraba la altura que tenía anotada.
Me dormí cuando ya era de día, absolutamente agotada.

lunes, febrero 08, 2010

El tipo se acaba de ir. El tipo tiene unos ojos de un color que no puedo explicar, bellísimos. Y también tiene un discurso que a una le dan ganas de comprar, correcto, ubicado, amable. Tal vez demasiado correcto, demasiado ubicado, demasiando amable. Tiene un perfume exquisito -que todavía siento en la ropa y las manos-, y una sonrisa compradora. El tipo besa bien, si es que existe eso de besar bien o mal; me besa bien, digamos, entonces. Y también me coge bien. Y se queda mirando mi biblioteca y hace un comentario que no pienso reproducir pero que infló mi ego a tamaños insospechados.
Pero.
Siempre hay un pero.

- Qué lindo color de ojos.
- Sí, son medio verdes, medio grises. Pasa que no se nota por los lentes a veces.
- Son muy lindos.
- Gracias.
- Bue...
- ¿Qué?
- Nada. No importa.
- No, ¿qué?
- Que tampoco es que hayas hecho algo... Nada, dejá.
- ¿Que no debería sentirme orgulloso por tener ojos lindos?
- ...
- ...
- No es personal, eh. Estas cosas se me aparecen en la cabeza y las digo. No tengo filtro.

Si mis parte emocional fuera persona, andaría en sillas de ruedas.

domingo, febrero 07, 2010

No seré Tamara, la ucraniana que nunca inflinge dolor, pero te digo una cosa... esto fue muchísimo más fácil y simple de lo que imaginaba.
Ya encontré una manera de ahorrar plata.
Recién a los 27 años me le animo a esto de la depilación en solitario. 27 años. 13 años de someterme a mujeres de las más diversas nacionalidades en esto de la extracción del vello. O entregarle mi cuerpo a mi hermana -que si no llega a encontrar su vocación, podría dedicarse a estos menesteres, sin duda alguna-. O a alguna amiga.
Lo que es ser pobre, eh.
Mentira, ayer estaba tan para abajo, tan descompuesta de desesperanza que me vine directo de la librería para casa y dejé plantada a Tamara, la ucraniana de tirón perfecto.
Hoy al mediodía me di cuenta de que el probable encuentro cercano se me venía encima y decidí tomar cartas en el asunto.
Me ahorré cuarenta mangos y dejé la cera calentando a baño maría.
A veces, puedo.

sábado, febrero 06, 2010

Esto de no querer pensar en nada demasiado importante toma trabajo, eh, no se crean. Descartados el alcohol y el porro como herramientas de evasión -no me vengo sintiendo muy descontrol últimamente, está bueno, me gusta este estado-, sólo quedan las películas y series, y los libros. El asunto libros es de lo más conflictivo, después de darme una sobredosis de lectura en Córdoba, como que me empaché, así que sólo quedan pelis y series, las mejores aliadas.
¿Cómo dice? Sí sí, usted, el de remra gris, repítalo. ¿Que el sexo también sirve como método evasivo? Sí, algo me han contado sobre eso, pero es que hace tanto que no garcho como dios manda que ya me olvidé de qué se trata.
Entonces, empecé a torrentear como desquiciada. Adventureland, Sinechdoque New York, The Men Who Stare at Goats, Sour Grapes -nunca, nunca la vean-, los nuevos capítulos de Lost -que me tuvieron pegada a la pantalla, todavía no sé si me gustó o no este comienzo de temporada, pero que me hizo liberar adrenalina, seguro-, Breaking Bad, y ya no sé, me olvido. La cosa es que imdbeando, me enteré de que John Turturro había dirigido un musical, con el visto bueno de los hermanos Coen y con un elenco que adorè desde que lei la listita: James Gandolfini, Susan Sarandon, Kate Winslet, Christopher Walken, Mandy Moore -MANDY MOORE, no me puede caer TAN bien Mandy Moore-, la mina de Weeds´, Steve Buscemi y alguno que otro más que ahora no se me viene a la mente. Romance & Cigarettes. Y medio que la bajé con un poco de desconfianza, porque, ¿hola? es un musical, pero a los diez minutos de haber dado play, estaba encantadísima. Y después la vi de vuelta, pero porque James Gandolfini me calienta hasta lo indecible, de veras, es algo que no puedo, ni quiero, controlar.
No la recomiendo porque me da la sensación de que es una de esas cosas que solamente me gustan a mí, y a Flor, ponele. Así que Flor, a vos sí, a vos te la re recomiendo.

Este es mi humilde intento de cortar un poco el tono oscuro, dramàtico y depresivo de los dos últimos posts.
De nada.
Dijo que percibía que yo era una persona que pasaba mucho tiempo en soledad, pero sin ver a esa soledad como algo malo, al contrario; pero que a veces sentía como que me pesaba un poco, que necesitaba salir de ese estado solitario por un rato. Y menos mal que estábamos a oscuras porque bajé la cabeza y se me debe haber oscurecido la mirada.

A veces cuando estoy por dormirme, trato de imaginarme que un brazo está apoyado sobre mi cintura, sólo eso. A veces puedo, y me quedo dormida instantáneamente. Otras, me reprocho ser tan tarada, cómo si un brazo fantasmático sirviera de algo, y doy vueltas en la cama o me hago una paja intensa, agotadora.

Recreo esa imagen de mí misma y lloro, es automático.
Ya llorè cinco veces hoy.
Me acaban de hacer acordar del tipo ese que se subía al tren con una sonrisa enorme y predicaba "sólo el amor salvará al mundo". Y entonces, todo el vagón se ponía contento y todos le dábamos un montón de monedas. Después, yo hacía un par de cuadras hasta la multinacional y me iba olvidando. Olvido de negación, olvido de mentira por saber que sí, que yo al viejo ese le respetaba su premisa pero ¿de qué valía mi respeto si yo no era capaz de poner en práctica nada de eso? ¿Para qué convertirme en una de esas que piensan que sí, que las cosas pueden cambiar, pero que mejor las cambien otros?

Que el gobierno haga algo, que los otros practiquen eso del amor, es lo mismo. A mí no me sale, o me sale a veces, contadas veces. Porque la verdad es que en el momento que se avista un riesgo, me echo atrás, no sea cosa de quedar en evidencia, no vaya a pasar que mi amor no sea enteramente correspondido y mis deseos queden expuestos ¡qué terrible sería eso!
Entonces mi amor es siempre seguro y fiel. Si vos me querés, yo te quiero. Así pasa con mi mamá, mi hermana, mi papá, el resto de la familia, los amigos. Todos los que excedan esos ámbitos estarán sometidos a mi miedo infinito, a mi inseguridad, a mi incapacidad de demostrar interés y a mi desconfianza crónica.
¿Qué clase de amor puedo ofrecer yo? Uno que no quiere pisar si no es en firme, uno que piensa que podría ofrecerlo todo pero mejor no, mejor en otro momento, cuando el pronóstico sea más favorable. ¿Quién puede querer esa clase de amor?
Convivir con esto, todos los días. No ver posibilidades de cambio por sentir que el daño es irreversible, que la herida es incurable. No puedo ni empezar a explicar cómo se siente. No tengo palabras. No tengo nada.

viernes, febrero 05, 2010

Iba a decir que desconocía el funcionamiento de los grises intermedios entre las categorías novio/chongo y amigo. Pero qué necia que me pongo a veces, ¿cómo olvidarme de que pasé cinco años -CINCO AÑOS- explorando los matices del gris casi sin descanso?
Reformulo, entonces, y digo que ya no tengo ganas de entender los grises esos. Porque soy re copada (sic), y los tipos estos se relajan y cuentan intimidades, y está bien, me encanta eso; pero de ahí a que me cuenten a quién se garcharon después de una semana de haber estado conmigo en pelotas en la misma cama, con detalles y referencias a sentimientos que nunca habrían podido tener hacia mí, bueno, hay un trecho. Y en ese trecho conviven mi ego vapuleado y el fantasma de Nico, que mete más miedo que Pepito.
Por eso, declaro en este solemne acto, que de ahora en más me rehusaré a escuchar historias de felicidad ajenas -que involucren mujeres, obvio- de hombres que me hayan tocado las tetas y por quienes no siento ningún tipo de sentimiento más que simpatía.

También aprovecho y cuento que me hicieron una devolución del primer texto que escribí para el curso del profesorado que casi me hizo poner colorada.
Soy tan feliz con tan poco. No entiendo todavía cómo no es que soy feliz.

jueves, febrero 04, 2010

Hay alguien que durante el día 3 de febrero, entró más de 20 veces a este, mi blog.
Y yo me pregunto ¿para qué? ¿por qué?
Si me conoce ¿para qué?
Si no me conoce ¿para qué?
Pero lo pregunto en serio, eh. Si quiere responderme, el mail ahí a la derecha.
De veras me intriga.
No sé cómo se llama, pero tiene cara de esos nombres que estaba tan de moda ponerle a las nenas a fines de los setentas o principios de los ochentas. Carolina, Natalia, Florencia, Julieta (hace millones de años que no conozco a ninguna Julieta ¿dónde están?).
Ella encarna a una de las clases de la argentina básica, la más tradicional y casera. Las que se quedas los domingos a la tarde preparando un bizcochuelo con su madre o una tía, a veces le ponen dulce de leche. Siempre tienen novio. Tienen novio desde los catorce, y pierden la virginidad rápido, porque serán caseras pero no boludas. Eso sí, al noviecito lo presentan de toque y hacen que preparen los asados del sábado al mediodía.
Esta en particular, tiene un tatuaje en el coxis, y hoy me di cuenta de que se levanta la musculosa y baja la pollera a propósito para que se note. Obvio que es un tribal, no podía ser de otra manera. Habla, hasta por los codos habla. Y no importa en qué momento pongas la oreja, siempre está hablando de algo completamente intrascendente. Que la madre se quemó haciendo churros, que le gusta tomar mate, que ocho años andaba en patines y yo qué sé cuántas cosas más. No levanta la mano para hablar, y eso, en un espacio con cincuenta personas más puede ser conflictivo. Ya le tengo reconocida la voz, no importa si está a diez metros de distancia o a ciencuenta centímetros. Ella habla. De hecho, estoy segura de que estudia esto para poder estar hablando durante cuarenta minutos con una audiencia que la escuche; capaz hizo el examen para entrar al lugar ese donde estudian locución y no entró, es una de las posibilidades de potenciales pasados que barajo.
Ella y las conjeturas que surgen a partir de sus gestos me llevan lejos, a cualquier lugar, a pensar que seguro tiene ahijados que la llaman "madrina" en vez de por su nombre de pila, a estar casi segura de que tiene un novio desde hace no menos de tres años, con quien garcha de lo más bien, porque no emana vibraciones de frígida. El novio se metió a la UTN para estudiar ingeniería en algo pero después dejó. Si vive en capital, es de Barracas o San Cristóbal. Si es de provincia, zona oeste, de cabeza. Casi nunca se acuerda de lo que soñó.
Algún día le charlaré para despejar mis dudas.

miércoles, febrero 03, 2010

Esto del profesorado y el blog es contar una historia muy similar desde puntos diferentes de vista. Cuestion de perspectivas ¿vio?
La diferencia es que ella es buena onda y va al baño con las jóvenes de nombres estrambóticos.
Yo no hablo con nadie a no ser que me dirijan la palabra y soy feliz siendo así de Daria (lalalalala).

¿Sabían que el personaje de Daria estuvo inspirado en Janeane Garofalo?
Yo me enteré hace poco, y me cerró TANTO todo.
Miro la listita de contactos y le hablo, le digo "dale, saludame". Como no me saluda, subo el tono. "Qué puto sos, eh, qué te cuesta". Y tampoco recibo respuesta alguna. Entonces termino haciéndole fakiu al monitor, como una pelotuda.

Como cuando estaba en el patio del colegio y miraba al zaparrastroso ese que me gustaba, muy de reojo, y pensaba, rogaba, "acercate, acercate"; claro que siempre venía y me mangueaba un cigarrillo y después se iba, pero yo -porque pelotuda fui desde bien entrada la juventud- me ponía contenta, como si mi mente tuviera algún tipo de poder.

Ahora, este, el guachito que no me quiere hablar, no vendría a manguearme cigarrillos, haría como que me convence de revolcarnos un rato, cuando los dos bien sabemos que yo estaría entregadísima desde el "hola".

Así que me quedo en el molde. Miro con rabia las ventanitas que salen al costado de la pantalla y sé que si no hago nada yo es porque no estoy en condiciones de enfrentarme a ningún tipo de rechazo, tampoco estoy como para fumarme un pucho después de coger y pensar que el tipo que tengo al lado no está del todo convencido de lo que hizo. No me dan ganas. Porque una cosa es bancarme estoicamente esta absurda racha de situaciones inverosímiles que me viene aconteciendo, no me queda más que aceptar, porque cada situación es tan nueva, tan original, que no hay manera de prevenir ningún daño. Otra muy diferente es ponerme en un lugar que ya conozco, hacer un papel que ya me sé de memoria y que me angustia interpretar.

Hoy espero a que sea él el que hable.
En cualquier momento me convierto en una de esas que toman daiquiris.

martes, febrero 02, 2010

Mi amigo y consejero me había dicho que si me daba mucho miedo, podía llamarlo, no importaba la hora. Y yo me hice la canchera, porque claro, cualquiera, mirá si te voy a llamar a las cuatro de la mañana porque estoy segura de que en cuarto habita un fantasma.
La cosa es que apagué la luz a las tres de la mañana y me tiré boca abajo en la cama, esperando quedarme dormida. Pero nada de sueño, empecé a flashear con que Pepito me miraba -ah, le puse Pepito, si voy a vivir con un fantasma, que tenga un nombre simpático por lo menos-. Con que me tocaba la espalda. Con que me miraba dar vueltas en el colchón desde el marco de la puerta. Y pensaba, mi cabeza no paraba, le pedía a Pepito que se fuera a la terraza, le decía que tenía toda la hamaca paraguaya para él, pero que por esa noche me dejara dormir en paz; después me di cuenta de que es probable que los fantasmas no lean la mente. Una cosa es estar muerto, andar espiando a la gente cuando prepara milanesas de berenjena y otra muy diferente es leer mentes.
Estuve a punto -a punto, eh- de cazar el teléfono y llamarlo -a mi amigo y consejero, no a Pepito-, pero entre que me puse a dudar y mirar el reloj, me quedé completamente dormida.
En la fila de adelante, a la derecha. La linda que es medio jipi. Todo el outfit, eh. La musculosa de tela vaporosa, la pollerita, las sandalias. Los aros enormes que hacen que el lóbulo esté a punto de ceder, en cualquier momento. Una cara in-cre-í-ble y un modo de ponerse el rimmel que me dio mucha envidia. Claro que después abrió la boca. Y ahí se convirtió en la linda-medio jipi-era mejor cuando hacías ojitos y nada más. Y no, no por linda tonta, sino por linda que dice absolutamente todo lo que se le pasa por la cabeza, putea demasiado y usa la palabra "pete" innecesariamente -siempre seré partidaria de "chupar la pija", "pete" me hace acordar a Petete y su libro gordo y le quita toda la magia al asunto-.
Entonces, cuando la profesora -divina, perspicaz, graciosa; cuando sea profesora quiero ser como ella- pregunta quién quiere contestar cuál fue el último libro leído, un par levantan la mano y sí, las obviedades. El extranjero, Camus. El libro de arena, Borges. Crimen y castigo, (vamo') Fedor. Y la linda-medio jipi-qué rimmel usás, hace asomar su brazo, lo agita; el pueblo quiere saber. Anticristo, de Nietzsche.
"Nísche" para ella.

lunes, febrero 01, 2010

Me acabo de sacar la tobillera que tuve colgada del pie durante el último tiempo.
Se me terminó el verano.
Me voy a empezar las clases.