El viernes en la fiesta del laburo vino un chico que trabaja del otro lado de la parecita (las filas se dividen por finas paredes que hacen que uno escuche todo lo que hable el que esté del otro lado) y me dijo que le daba miedo, que lo intimidaba. Supuestamente, porque no quiero a nadie o algo parecido, cosa totalmente absurda. Se nota que no está de MI lado de la pared, donde todos saben que sí, que a veces le pido a mi mamá por favor que se calle, algunas "reto" a mis amigas y que otras le corto a mi abuela, pero que en el fondo (y a veces no tan en el fondo) los quiero a todos y me cago de risa toda la tarde. El asunto es que, evidentemente, MI lado de la pared es un espacio que sólo veo yo, está en mi cabeza, como casi todo el resto de las cosas que creo que son reales.
Entonces, ayer, mientras tomábamos fernet, Mr Blonde me hacía entender lo agresiva que soy. Me gusta cuando yo me pongo al extremo de la vulnerabilidad y él demuestra su punto y yo quiero que se calle la boca de una buena vez porque no para de tirarme verdades y él sigue hablando y hablando hasta que digo algo como "bueno, basta"; después se va y yo quedo liviana liviana.
Así me levanté, liviana liviana. Y llamé al que va a ser mi analista, Martín. La voz de este hombre es inquietantemente sensual y a mí me da la impresión de que yo soy la típica subnormal que se enamora del analista de toque. Con el anterior no pasó porque era muy petiso, pero muy, eh; más petiso que yo, y eso ya es mucho decir.
A Martín me lo imagino como a Mike Patton.
Es que me crié con Andrea del Boca y Cris Morena, es inevitable.
No me sale llamarlo "eso"
Hace 14 años.