lunes, junio 14, 2010

A veces los cambios de planes repentinos me caen bien.
Hoy, ya con las llaves en la mano, se me ocurrió llamar a mi mamá para confirmar que me estaba esperando para ir a hacer unos trámites. "Dejá, voy yo sola el miércoles, llueve mucho".
Así que, encamperada y encapuchada como estaba, me fui hasta Rivadavia y me metí en el cine. Kick-Ass y la sala entera para mí. Parece que a la gente no le gusta ir al cine los lunes a las tres de la tarde; mejor para mí, me despatarré y no sufrí por la aparición en pantalla de Nicolas Cage, así de mucho disfruté la peli.
Cuando salí al mundo ya no llovía.

Ahora tengo un goulash en la olla. Tuve una charla imaginaria con el espíritu de mi oma mientras cortaba la carne en cubos. Ella me retaba por pensar que un puré de porotos negros podía ser buena guarnición para la receta que ella siguió a rajatabla durante los setenta años que fue activa cocinera; yo le ofrecía una copa de tempranillo aunque fueran las seis y media de la tarde y le decía que no se preocupara, que el clavo de olor se lo ponía sí o sí; porque con ciertas cosas no-se-jode.
Creo que en dos o tres horitas va a estar listo.

domingo, junio 13, 2010

- Ani me dijo que el miércoles a la noche trajiste a un chico...
- ¿De dónde sacó Ani eso?
- Me dijo que te escuchó.
- No traje a nadie. Era sexo telefónico.


Ahora saco unos papeles picados del bolsillo y los tiro para arriba.
Iupi.

sábado, junio 12, 2010

sa - ... Ah, un celesto.
- ¿Eh?
- Celeste versión masculina.
- ¿Por qué?
- ¿No te das cuenta? Vos ahora sos como Nicolás y él es como eras vos con Nico.
- ...
- Te dice que no le importa si no son algo más que amigos porque lo importante es tenerte cerca, que te quiere en su vida.
-...
- Mientras, vos ni regitrás su existencia.
- ...
- Se pone mal si le hablás de otros tipos pero no lo dice explícitamente.
- No lo puedo creer.
- ...
- Soy Nico.

miércoles, junio 09, 2010

En el medio de un hábito que se estaba volviendo rutina me di cuenta de que lo que estaba haciendo estaba más dominado porla inercia que por un deseo real. Y en ese preciso instante la observación de lo automático me devolvió la libertad. Ya no importa. Lo que necesitaba , decir y saber hace dos semanas, seis días, 36 horas, se había convertido en la nada, la nada misma.
Ya no me interesa. Ya no me mueve hacia ningún lado. Y aunque me alarme este desapego casi inmediato -porque me pongo a resignificarlo todo y a escribir "¿de veras me gustaba tanto?" con el dedito en el aire-, por otro lado sonrío de costado y me doy una palmadita imaginaria en el hombro.
Así como en algún momento no fue una persona sino un concepto de hombre, ahora deviene en eso que nunca más. Un nunca más auténtico, sin deber asociado, sino más bien fluido, orgánico. Mi cuerpo me lo informa, mi cabeza ya ni quiere ocuparse del asunto.
En tiempos de personas normales, un mes suena a demasiado. En tiempos de drama-queen-con-alta-tolerancia-al-fracaso en lo que a hombres ausentes respecta, un mes no es nada.
Es como si estuviera aprendiendo de una vez por todas.

martes, junio 08, 2010

Si bien la idea era renovar por completo el cast, por algún motivo que aún desconozco terminé invitando al chico de ojos increíbles a mi casa a emborracharse. Quizás en mi cabeza albergaba la idea de tomarnos hasta el agua de los floreros y después, beso en mejilla y "qué lindo que seamos amigos", porque ahora que descubrí que puedo ser amiga de los hombres me estoy re copando. Pero no, porque cualquiera que tiene dos dedos de frente se da cuenta instantáneamente de que es imposible salir ilesa después de traer a tu casa a un tipo que ya te vio en pelotas en contadas ocasiones y te dice que va a llevar una botella de tequila. Claro que me avivé 10 segundos tarde, como siempre.
A veces me hago tanto la boluda que hasta yo me lo creo. "Amigos". ¡Ja!

El chico de ojos increíbles siempre me halaga y me trata bien. Incluso una vez me dijo que me quería. ¿Saben cuándo fue la última vez que un muchacho me dijo que me quería? Yo tampoco, ya me olvidé de tanto tiempo que pasó. Claro que no le crei. Tampoco la pavada.

domingo, junio 06, 2010

Masala ahumado, curry picante, "garrapinola" (creo que compré por el nombre nada más, no me cabe mucho la granola), portobellos secos, gírgolas, arroz yamaní, porotos negros, mostaza ahumada, salsa de soja, hamburguesas de trigo burgol, salsa barbacoa y chocoarroces.
Volví del barrio chino en el 55, leyendo una de esas novelitas chotísimas con las que me vengo castigando últimamente. Caminé las cuatro cuadras hasta casa pensando en que iba a hidratar los hongos con un poco de vino, saltar cebolla, agregarle el masala; todo con un poco de arroz que me había sobrado de ayer y qué rico, pero qué rico.
Terminé llorando sobre los portobellos, sobre el arroz, sobre las pastillas de levadura de cerveza, sobre el plato y sobre la almohada. Todo lo lloré, sin saber bien por qué. Capaz porque nunca me respondieron un mail que mandé hace una semana y que pensaba que merecía una contestación al menos breve; o porque me gustaría cocinarle a alguien alguna vez; porque me quiero cambiar de trabajo y no sé bien por dónde empezar; por pasarme la tarde recordando estupideces; por lo inconveniente de mi deseo. Probablemente, por todo eso junto.
Un gran llanto condimentado con especias de India, exquisito, suculento.
Estoy que reviento.

jueves, junio 03, 2010

Este puto corte de luz cayó justo el día en que yo TENÍA que volver a mi casa para bañarme, cambiarme, encremarme, maquillarme y perfumarme, no sin antes ultimar detalles con cierto sujeto que me esperaría con un Johnny Walker pronto a ser abierto y una gran sonrisa.

Edesur, la puta que te parió.
Acaba de entrar a la librería un pibe con el que salí una vez hace como nueve años.

Yo salía de The Roxy, se largó a llover y me invitó a que compartiéramos taxi. Diez minutos después estábamos transando en algún callejón de Chacarita. De borracha, le di el teléfono; en esa época nunca daba el teléfono. Salimos un viernes por Plaza Serrano. El tipo me contaba que era fanático de Kiss y que los había perseguido hasta el hotel durante su estadía en Argentina mientras yo me enrulaba un mechón de pelo y trataba de no quedarme dormida. Intentaba terminar el cbc de medicina desde hacía tres años. Le apasionaba todo lo que tuviera que ver con la segunda guerra mundial; ante mi "ahá" desencantado se atajó. "pero mirá que tengo amigos judíos". Posta, "pero mirá que tengo amigos judíos". Yo no lo podía creer y se me abrieron muy grandes los ojos, el único signo de vitalidad que emití esa noche. A los cinco minutos miré mi reloj imaginario y le dije que me tenía que ir. Mientras me paraba y sacaba el morral colgado de la mesa me preguntó si quería que me acompañara a casa. Tenía 19 años y mi diplomacia era inexistente.

- Dale, ¿cómo te vas a volver sola a tu casa? Es tarde.
- Todo bien, me tomo un taxi. Si no hay onda, ¿para qué te voy a hacer acompañarme hasta mi casa?
- ¿No hay onda?
- Ehmmm... no. ¡Suerte, eh!

Ya treintañero, con cara de buena onda pero bastante banana, me preguntó por un policial que estaba en la vidriera. Le mostré el libro, le dije el precio y mientras me miraba con cara de a-vos-te-conozco-de-algún-lado, yo puse cara de nada.
Estoy casi segura de que a último momento se acordó; a punto de abrir la puerta hubo un cambio en su expresión, pero parece que él también decidió hacerse el boludo.

miércoles, junio 02, 2010

Cuando terminé de ver Super Size Me -hace unos cuantos años ya- lo primero que hice fue ir y devorar un cuarto de libra con queso.

Ayer a la madrugada terminé una novela chota sobre adictos al sexo.
No puedo explicar el estado en el que quedé. En realidad sí puedo, pero no tengo ganas de ponerme a contar.

Ojalá esto se arreglara con un whooper.

martes, junio 01, 2010

El problema era que siempre otorgaba el beneficio de la duda.
Hoy, me saco un conflicto de encima. No más dudas.
No hay dudas de que soy una boluda. No hay dudas de que me han pelotudeado de lo lindo.

Y hasta cierto punto, es un alivio.

domingo, mayo 30, 2010

En la primera clase del curso introductorio del profesorado nos hicieron escribir un texto que hiciera alusión a alguna situación que nos hubiera llevado a estar sentados en esa silla, queriendo ser docentes, queriendo enseñar literatura. No necesité pensarlo mucho.
A los once años me enamoré de un libro. Había una colección de libros españoles en la biblioteca del colegio. Tenían la tapa color maíz y la traducción era de esas que ahora me resultan un poco molestas pero que en ese momento ni registraba. Me llevé el librito este, de una escritora alemana, a mi casa un viernes. El domingo a la tarde lo había terminado, después de haber pasado por todos los estados posibles.
Fue en ese fin de semana que surgió el ritual, un acto que se repite cada vez que una lectura me llega y me completa. Pasó con Yo que he servido al rey de Inglaterra de Hrabal, pasó con Océano mar de Baricco, también con El maestro y Margarita de Bulgakov; pero nunca tan intenso como con Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel: el amor más kitsch, comprometido y adornado. Lloré durante horas por esa mariquita llena de puntillas, flores; por el guerrillero de corazón enorme que tal vez sí, pero no. Después, devolvérselo a Nat con eterno agradecimiento y despedirlo con un pañuelito blanco, como enamorada en estación de tren.

El libro debajo de la almohada. Tenerlo cerca durante un par de noches. No querer despegarme de la sensación. La fuerza del objeto.

Por eso cuando ayer a la tarde Ita sacó el libro del chileno de su biblioteca y me lo dio, me lo regaló, un escalofrío me recorrió el cuerpo. La fuerza del objeto.
Llega en el momento justo. Cuando siento que la transición me parte en dos. Cuando ya no más tengo miedo, torero sino tengo miedo torero*.



(*) El valor de una coma, cosa de no creer, eh.

viernes, mayo 28, 2010

No pasa casi nunca, pero muy de vez en cuando caigo en un blog y tengo la certeza de que quien lo escribe me gustaría. Va más allá de que me guste el blog, de si el tipo escribe más o menos bien o no. Se me dispara una fantasía y devoro archivos para alimentarla. A veces me dan ganas de mandar un mail, pero no lo hago; ni siquiera dejo comentarios. Debe ser un poco porque soy tímida y otro poco porque me gusta espiar sin ser notada. Espío y fantaseo.
Igual, con el voyeurismo no alcanza, eventualmente me entra la curiosidad y averiguo. Porque, es necesario que se sepa. no hay que ser una blogger popular para estar bien contactada y enterarse de las cosas. Y, lamentablemente, en este tipo de situaciones, lo peor es enterarse de ciertas cosas.
Si fuera de esas chicas etéreas que tienen el pelo lacio y finito podría quedarme en mi rol de voyeur, pero no, tengo alma de señora con ruleros, chusmeo, averiguo y acá me tienen, con el globo pinchado.

Ah, vos no te preocupes. Vos tampoco, eh. Que yo pregunto pero nunca cuento. Chusma sí, boluda no.

jueves, mayo 27, 2010

Si bien durante durante la mitad del año me pongo la camiseta de NO AL MELODRAMA, activo mi radar interno de histeria, anulando cualquier intento de goce a través del síntoma o la manipulación, y llevo una militancia activa contra el síndrome que sufrimos todas aquellas que nos criamos con las novelas de Andrea del Boca y Cris Morena -aunque estoy casi segura de que fue Dawson's Creek lo que me dejo mal para el resto de la cosecha-, soy conciente de que los seis meses restantes soy una auténtica estúpida que traga cantidades industriales de comedias románticas y se mete en historias estériles, retorcidas y catalizadoras de llantos tan injustificados como efusivos.
Venía relativamente bien. Con paso firme, la cabeza en alto y las ideas claras. Sin querer llearme todo por delante, pensando pero también sintiendo. Vamos, que estaba más o menos estable y muy feliz por eso. Hasta que se me activó el gen de quinceañera. Y ojo, eh, que el gen de quinceañera no es lo mismo que el gen minita, es mil veces peor. El gen quinceañera hace que una dibuje corazones al lado del nombre del chico que nos gusta; el gen minita te hace tomarte unos daiquiris, encamarte con alguno y después echarle la culpa al alcohol. El gen quinceañera te hace llamar y cortar cuando el chabón te atiende; el gen minita te hace mandarle un sms medio porno a un flaco que sabés que no te quiere ni ver, para después poder enviarle sin culpa maldiciones a toda la raza masculina cuando no se reciba respuesta alguna del otro lado. Bueno, no, el gen minita es peor. Los corazones y cortar el teléfono son absolutamente inofensivos.
Ayer llegué al límite del quinceañerismo. Podría hacer un relato detallado, pero realmente me da vergüenza. Solamente voy a decir que me metí en un myspace para maquinarme escuchando "su música", le quemé el cerebro a Lau que me dio los mejores consejos del mundo y... BUSQUE UN NÜMERO EN LA GUÏA DE TELÉFONO. ¿Hay algo más 1997 que buscr un número en la guía de teléfonos?
Me voy a estrangular y vuelvo.

miércoles, mayo 26, 2010

En el principio del principio, el tipo se quejaba, decía que las mujeres éramos todas unas rompebolas que nos quejábamos por ser tratadas por ser sólo un par de tetas. Yo me reía y acompañaba la risa con la sensación de que hay algo en los virginianos misóginos que me atrae de manera enferma. Le tuve que explicar que no, que sí soy minita, pero que quejarme por ser sólo un par de tetas, nunca, eso nunca.
Después entendí todo. El tipo no había usado una frase al azar. El tipo dijo "se quejan de que sólo son un par de tetas" porque su obsesión con las gomas es algo que yo nunca hubiera imaginado posible y que probablmente puso incómoda a más de una. Pero fetiche, eh, no exagero. Estoy hablando de una fascinación inquietante, de un deseo irrefrenable, una pasión desbordada. Me sentí halagada, porque es de conocimiento público que soy una tetacéntrica, y hasta imaginé un futuro juntos, en el que él halagaría mi pechera hasta hacernos viejitos y desdentados. Pero mi euforia creció a razón inversa de su manía por mi escote y terminó por agotarse después de unos ruegos muy penosos en los que me pidió por favor -dijo "por favor", es una cosa de no creer- de vernos, o de ver mis tetas, que para él era más o menos lo mismo.
Así fue como llegó el momento en el que le tuve que decir que no, que yo no era sólo un par de tetas; claro que sin usar esas palabras, me inventé unos dolores un día, unos malhumores otro y la cuestión quedó suspendida en la nada desde marzo hasta hace unos días.
Y qué sacada andaré que casi le digo que sí al loco de las gomas cuando me invitó con un combo irresistible -al menos para él-: ir a una jam -él a tocar, yo a cantar-. para después pasar por su casa y deleitarnos con los placeres que puede proporcionar mi delantera. Casi que casi.
Por ahora.

viernes, mayo 21, 2010

El deseo urge y me convierto en un auténtico peligro. En un peligro para mí, eso primero; y en un peligro para todo aquel que se me acerque con la guardia baja. Si me ven por ahí, guarda, mejor esquivarme, o no, todo depende de qué se esté buscando. Si pudiera elegir, elegiría, eso está claro. Pero esta vez apunté mal. Los signos de aire se me escapan, o flotan por encima de mi cabeza, plantando ideas y nada más. Si pudiera elegir, agarraría al libriano de sonrisa que derrite y que con dos palabritas, pumba, me tiene de rodillas. O al geminiano que me hace acordar a McGyver y que me deja sin palabras. Pero no. Cuando no se puede, no se puede, hay que arremangarse y salir a ver qué pasa por ahí. Y hoy, hoy es el día. Porque después, una casita en el Tigre con Genève, Cedric y Alejo, tres libros, las flores recién cosechadas, una cantidad monstruosa de comida y mucha calma.
Los leo al regreso.
Sean felices.

jueves, mayo 20, 2010

- Yo realmente creo que sos muy atractivo. Va más allá de que seas medio freak.
- Eso pensás porque vos estás medio rota. Yo no le puedo gustar a ninguna mina normal. Tampoco me puede gustar a mí ninguna mina normal. Por eso las cosas están como están.

Y yo me reí, a pura carcajada me reí, porque lo dice de una manera tan graciosa que forma le gana a contenido y medio que no registro que me está metiendo en la gran bolsa de neuróticos incurables en la que va acumulando amistades, minitas y, bueno, cosas como yo, que, como de costumbre, soy una especie de híbrido entre unos polvos inolvidables y confidencias a la madrugada.
Después de la risa lo pienso un poco y tal vez tenga razón; por lo menos en lo que respecta a él, lo que me conquistó desde un principio, cuando tenía tiernos veinte años y todavía creía que iba a ser una brillante psicoanalista, fue esa pinta de loco manso que hacía lo que se le venía en gana cuando se le venía en gana, todo siempre acompañado de un look impecablemente desalineado y ese pelo de largo grunge y suavidad perfumada.
Su presencia lo abarca todo y se convierte en ese que precedió a todos, en casi todo. Brindo por su anormalidad, por la mía. Lo enmarco y lo cuelgo de una pared. El primero que me hizo acabar, el primero que me hizo hablar, el primero que me respetó, el primero que entendió.
El primero del que no me arrepiento en absoluto.

miércoles, mayo 19, 2010

Como el lunes estaba de relativo buen humor, no me convertí en Medusa cuando una quinceañera vino a pedirme La Vara, de Moliera (sic) y Bolas de Sangre, de García Orca (oh, my, sic) (sick). Fue al final del día, sabía que después me iba a tomar unas cervezas con gente linda así que no pasó de ser una más de las burradas de los pibitos estos palermistas.
Pero. Ay, siempre hay un pero. Hoy me levanté llorando y enojada. Enojada con mi madre por no querer saber qué es de mi vida, con mi padre por nunca ser capaz de levantar el puto tubo del teléfono para saludarme, con mi jefe por pagarme chirolas, con un muchacho por tratarme decentemente y después desaparecer, con telefónica por despertarme a las once de la mañana, con el mundo por ser mundo. Y mientras hacía ejercicios de respiración para no largarme a moquear en el medio de la librería vino un muchachito en su uniforme azul y gris a pedirme "1834". Le entregué 1984 con desprecio y una cara muy particular que suelo poner cuando estoy de estos humores tan poco amenos y que un día de estos va a hacer que alguien me pegue un bife por ser tan asquerosita, estoy segurísima.
Estoy ahí, al borde. No sé al borde de qué, pero se presiente el límite.
Que no me busquen.
En serio, que no me busquen.
El regreso académico se cristalizó en forma de nota. 9 (nueve).

Eso sí, la alegría se terminó de completar con el gran 10 (diez) de La Secretaria, que se puso toda colorada.

Un aplauso para La Secre, que se estudió todo.
Y bueno, uno para mí también, que me encanta que me aplaudan.

martes, mayo 18, 2010

Uy, ¿saben qué?
Tengo las tetas llenas de esta infatuación que tiene todo el mundo por los cupcakes.
Y de repente, lidiar con la ansiedad. Hacerme cargo de todas las cosas que vine diciendo durante el último tiempo.
Respiro.
Cuento hasta diez.
Y me voy a dormir.

lunes, mayo 17, 2010

- Ay, soy una pelotudaaaaa. No sé por qué estoy llorando. Buaaaaa.
- Peeero, no. Lo estás sacando afuera. Está bien.
- Pero ni sé por qué estoy llorando, boluda. Jajajabuaaaajajajbuaaa.
- Te estás permitiendo otra cosa. Estás evolucionando. ¡Sos el homo novus!
- Buaaaaaaa. No, soy una marmota. Jajajaja. ¿Ves? No sé si me estoy riendo o llorando. Estoy podrida de las hormonas.
- Pero más allá de las hormonas. Que llores, que digas las cosas que estabas diciendo... es todo parte de un cambio re grande, nena. ¡Homo novus!
- Novus: nominativo singular de la segunda declinación. Novus, nove, novum, novi, novo, novo.
- Aunque hay cosas que nunca cambian.

sábado, mayo 15, 2010

Días como hoy siento que los ojos se me hacen más grandes, más marrones, más expresivos. Porque estoy un poco triste, un poco hormonal y como no me sale decirlo, comunico con los ojos. Entonces miro desde abajo, bajando el mentón y apuntando hacia arriba la mirada; asiento mucho y cuando hablo meto mucha mano, mucho gesto.

No tuve mejor idea que elegir uno de Murakami como compañía en esta tarde. Justo Murakami, con todo lo que me hacen angustiar los japoneses occidentalizados. Si apelo a la memoria emocional puedo hasta llorar de sólo recordar todo lo que me produjo Amrita, de Yoshimoto; un llanto sin razón, de pura angustia, de no me alcanza el alma para poder entender estas cosas que me querés decir, Banana.

Ahora lloro también, mientras me escondo detrás de la pc para que el jefe no me vea.
Un llanto sin causa, sin razón aparente. Porque sí, porque hay demasiada emoción dando vueltas últimamente; mucho detonante. Y me pregunto si realmente todo se trata de esto, de sentirlo todo de esta manera tan intensa, que me parte al medio, me atraviesa. Como si me estuviese conduciendo a mí misma hacia el más absoluto desastre, a una colisión entre decenas de variables que hasta ahora habían ido, muy panchas, por carriles diferentes. La autopista de mi mente es ancha, muy ancha.

Me gustaría que alguien me mirara a los ojos hoy. Hoy es el día.

viernes, mayo 14, 2010

Tengo contactos en el msn a los que solo les hablo cuando me falta un rato para irme del trabajo y ya no sé qué hacer para no quedarme dormida en el escritorio. Es el último escalón antes de pasar al tebloqueo-telimino.
No me siento mal al respecto. Es una cuestión de dinámica de relaciones, esta gente cumple ese rol, ellos me tendrán algún papel desginado en su vida cibernética.
Sin culpa, mantengo breves e intrascendentes conversaciones, hasta que a las ocho de la noche cierro con un "uh, ya se hizo la hora, suerte, un beso". Y me voy a tomar el 36.
- Bueno, bien. Se están viendo.
- No no, Dedé, "se están" no. Eso es tiempo presente. Implica hábito. Acá aplicaría un pretérito perfecto. "Se vieron". "Se vieron un día". "Se vieron otro día". No hay una rutina como para hablar de tiempo presente.
- ...
- Para que hablemos con propiedad.
- ...
- No, bueno, eso. Todo bien.

jueves, mayo 13, 2010

Si estás mal de salud, comete un churrasco. Si estás mal de ánimo, comete unas tortas fritas. Y si andás llorando por amor, jodete, sos una boluda, nadie que te hace llorar te merece, no sé qué estás haciendo, gastando lágrimas al pedo. Esa es la filosofía de mi abuela. Asi crió a mi madre. Así crecí yo, convencida de que una entrañita era capaz de hacer desaparecer una contractura, ocultando lágrimas o disfrazándolas de fracasos escolares o dolores de panza -sólo si estaba dispuesta a aceptar el remedio vacuno- con tal de no sentirme una tarada por andar llorando por andá a saber cuál pendejito que me tenía a mal traer.
Fue difícil hacer malabares con esos dos universos: el de la nena/púber/adolescente que sólo tenía tiempo para el estudio y actividades extracurriculares y el de la susanita incorregible que iba suspirando por todos los fulanitos que le quitaban una sonrisa. Qué digo, no fue difícil, fue imposible. No pude con eso, no me salió. Mi mente fue ganando terreno, conquistando espacios, volviéndose cada vez más hábil. Y mi pequeña susanita quedó rezagada en un rincón, juntando lágrimas en frascos, fantaseando matrimonios, sin que nadie la escuchara; a veces una guardia se baja y sale a la superficie, entonces guardo boletos de colectivo y envoltorios de chocolates, escribo párrafos cursis en mis cuadernitos y libretitas, y hago el jueguito ese en el que se escribe el nombre de los dos para sacar un porcentaje de no sé qué -sí, he hecho el jueguito ese con 25 años, me la banco-. Hasta ahí la dejo ir, después de eso, esquivar miradas, ponerme colorada y enarbolar teorías acuarianas de poligamia y desapego.
Justo en el medio, entre mi cabeza -porque estoy convencida de que a veces se convierte en una entidad independiente, casi ajena- y susanita, estoy yo. Yo, que siento todo, tanto, tan intenso y no sé cómo manejarlo. Que me desmorono si me corren el pelo de la cara con un poco más de delicadeza que lo habitual, porque recién a esta altura del partido me permito disfrutar de la dulzura. Que quiero, que realmente quiero, pero a veces no puedo.
Lloro, sin juntar nada en frasquitos. Tampoco me castigo.
Ni me como una torta frita. Ni nada.

martes, mayo 11, 2010

Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo

El presente proyecto fue presentado en la Cámara de Diputados/as por las organizaciones integrantes de la "Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito" el 16 de marzo de 2010. Es objetivo de los/as firmantes que el mismo adquiera estado parlamentario para darle tratamiento junto con las demás iniciativas referidas a esta temática.

Artículo 1º: Toda mujer tiene derecho a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras doce semanas del proceso gestacional.

Artículo 2º: Toda mujer tiene derecho a acceder a la realización de la práctica del aborto en los servicios del sistema de salud, en las condiciones que determina la presente ley.

Artículo 3º: Fuera del plazo establecido en el art 1º toda mujer tiene derecho a decidir la interrupción del embarazo en los siguientes casos:
a) Si el embarazo fuera producto de una violación, acreditada con denuncia judicial o policial o formulada en un servicio de salud.
b) Si estuviera en riesgo la salud o la vida de la mujer.
c) Si existieran malformaciones fetales graves.

Artículo 4º: Previamente a la realización del aborto en los casos previstos en la presente ley, se requerirá el consentimiento informado de la mujer expresado por escrito.

Artículo 5º: Los servicios de salud del sistema público garantizarán el acceso gratuito a las prestaciones mencionadas en los arts. 1º y 3º y los de la seguridad social de salud y de los sistemas privados las incorporarán a sus coberturas en igualdad de condiciones con sus otras prestaciones. Asimismo deberán garantizar en forma permanente las prestaciones enunciadas en la presente ley, incluyendo el personal de salud, instalaciones e insumos requeridos.

Artículo 6º: Aquellos médicos/as y demás personal de salud que manifiesten objeción de conciencia para intervenir en los actos médicos a que hace referencia esta ley, deberán hacerlo saber a las autoridades de los establecimientos a los que pertenezcan dentro del plazo de treinta días corridos contados a partir de la promulgación de la presente ley. Quienes ingresen posteriormente podrán manifestar su objeción de conciencia en el momento en que comiencen a prestar servicio. Los/as profesionales que no hayan expresado objeción en los términos establecidos no podrán negarse a efectuar las intervenciones. En todos los casos la autoridad responsable del servicio de salud deberá garantizar la realización de la práctica.

Artículo 7º: Las prácticas profesionales establecidas en la presente ley se efectivizarán sin ninguna autorización judicial previa.

Artículo 8º: En caso de que la interrupción del embarazo deba practicarse a una mujer de menos de catorce años se requerirá el asentimiento de al menos uno de sus representantes legales, o en su ausencia o inexistencia de su guardador de hecho. En todos los casos la niña deberá ser oída y frente a cualquier otro interés se considerará primordial la satisfacción del interés superior de la niña en el pleno goce de sus derechos y garantías consagrados en la Convención Internacional de los Derechos del Niño (Ley 23.849).

Artículo 9º: Si se tratara de una mujer declarada incapaz en juicio se requerirá el consentimiento informado de su representante legal.

Artículo 10º: Derogase el Art. 85 inc. 2 del Código Penal de la Nación.

Artículo 11º: Deróganse los Arts. 86 y 88 del Código Penal de la Nación.

Artículo 12º: De forma.

Firmantes: Juliana Di Tullio (FPV), María luisa Storani (UCR), Miguel Barrios (PS), Cecilia Merchan (Libres del SUR), Marcela Rodríguez (CC), Héctor Álvaro (FPV), Adela Segarra (FPV), (SI)lvia Storni (UCR), Nélida Belois (Proy. progre(SI)sta), Claudio Lozano (SUR), Fabián Peralta (GEN), Verónica Benas (SI), Fernanda Gil Lozano (CC), Lisandro Viale (PS), Mónica Fein (PS), Alicia Ciciliani (PS), Liliana Parada (SUR), María Josefa Areta (Frente de todos), Adriana Puiggrós (FPV), Néstor Hugo Castañón (UCR), Horacio Alcuaz (GEN), Victoria Donda Pérez (Libres del SUR), Gerardo Milman (GEN), Silvana Giudici (UCR), Fernanda Reyes (CC), Hector Recalde (FPV), Martín Sabatella (NEPyS), Vilma Ibarra (NEPyS), Carlos Heller (NEPyS), Ricardo Cu(CC)ovillo (PS), Roy Cortina (PS), Jorge Rivas (NEPyS), Ariel Basteiro (NEPyS), Adriana García (Peronismo federal), Lorena Rossi (Peronismo federal), Laura Alonso (PRO), Remo Carlota (FPV), Hector Perié (FPV), María Elena Chieno (FPV), Graciela Iturraspe (Sur), Carlos M. Comi (CC).

PROYECTO DE LEY Iniciado: Diputados Expediente: 0998-D-2010. Publicado en: Trámite Parlamentario nº 15 Fecha: 16/03/2010

Si apoyás que el proyecto de Ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito se trate y apruebe en el Congreso de la Nación Argentina
Firmá acá

lunes, mayo 10, 2010

En Mayo:

- Aprobar el primer parcial de latín.
- Ir a buscar la estufa que compré hace una eternidad en Mercado Libre.
- No morir congelada.
- Ir a tatuarme; esta vez creo que les llega el turno a Venus y Plutón.
- Pasar el fin de semana bicentenario en alguna casita del delta del Tigre con amigas.
- Intentar no enojarme con Dedé por seguir con ese novio malo y choto que tiene.
- Feijoada.
- Seguir así, que las cosas van muy bien.

sábado, mayo 08, 2010

La señora entra con cara de asco y me pide alguna novela que no sea muy conflictiva, pero sí entretenida, y buena, tiene que ser buena. Compara a Almudena Grandes con Ruiz Zafón y yo ya no sé qué es lo que quiere leer esta mujer, qué criterio habita su mente, así que agarro de la vidriera unos cuantos y se los pongo sobre la mesa. Pregunta quién es Claudia Piñeiro y le comento que es la autora de Las Viudas de los Jueves; en ese momento a la vieja se le transforma la cara, una mueca de burla la deforma.

- ¿Pero de qué trata este?
- Es un policial -que le hacen leer a los pibes en segundo año del secundario, olvidé decirle-.
- No habla de los desaparecidos ¿no?
- Ehmmm... no, no habla de los desaparecidos -arriesgué sin conocimiento de causa-.
- Porque la literatura argentina es tan monotemática...
- ¿A qué se refiere?
- A que todos hablan de la época de la dictadura.
- No... es realidad no. Hay mucho, y de todo.
- Ay, nena, sí, todos piensan que los desaparecidos son tema obligado.
- ... -cara de póker-.
- Ya cansa.
- ... -no soy tan buena jugadora, vieja chota, no me busque-.
- ¿No te parece?
- No. Creo que todavía me cansa que Hollywood siga lucrando con el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial...

Ahí vino mi jefe a interrumpirme y poner paz, ya me venía relojeando desde que la vieja provocadora había pisado el local. Él, tan sagitariano, es el as de la diplomacia, salvo cuando le hablan de Perón, ahí se enciende y escupe su discurso gorilón de palermitano vitalicio. Igual, hacemos una buena dupla.
La vieja de mierda se llevó el de Piñeiro y se asoció a la biblioteca circulante. Quedó enamorada de mi jefe y se fue con una sonrisa enorme. Yo me vine a mi compu a escribir este post.
Por ejemplo el caso de mi sobrino... que tiene treintaypico y, pobre, como no estudió ninguna carrera no consigue trabajo de nada. Es una pena, porque los padres son profesionales, pero no sé por qué no lo presionaron un poco más. El muchacho siempre fue medio raro. Tuvo un hijo a los 17 años, y se separó... y me acuerdo que cuando era adolescente el padre lo había anotado en rugby pero al final abandonó y se empezó a juntar con una barrita que parece que le daba a la yerba, por suerte tenía otros amigos que no andaban en eso y lo apartaron de la droga. Ah, y después se hizo rastas... Para mí que es porque es adoptado, por eso todo tan desastroso.

Mis queridos y queridas, les presento a mi jefe.

Keywords: barrita, yerba, rastas

No me le rei en la cara porque es un señor mayor y yo soy una chica muy respetuoisa.

viernes, mayo 07, 2010

Divina la librera, que describe las ilustraciones de ciertos libros infantiles como viajes de ácido (sic) ante la anonadada mirada de la madre que, aunque joven y canchera, nota un cierto exceso de efusividad en la rulienta vendedora y se incomoda.

Nunca me dejen a cargo a sus hijos.

miércoles, mayo 05, 2010

Cuando llegué a casa después de cursar, avisé que no iba a ensayar porque la garganta se me está enfermando, me preparé un bife, una ensalada con muchas semillas y espanté a Plutón mientras comía, quería tirarse encima del plato sin escuchar razones. Y mientras disfrutaba de mi sobremesa en soledad mirando un capítulo de In Treatment, fui quedándome dormida, muy de a poco; luchando contra el sueño, eran las diez de la noche y siempre se corre peligro de despertar a las dos de la mañana con todas las pilas, fui cayendo en esa nebulosa pre-onírica que dispara imágenes sin sentido. Esta vez, repetición de escena sucedida hace apenas horas.
Estaba yo entonces en esa cama ajena, en la más completa oscuridad, con música -¿clásica?- de fondo y muy satisfecha, muy contenta. Una mano apoyada en su barba, entre acariciando y rascando. De repente, más cercanía y casi que podía ver sus ojos abiertos. La respiración que se iba agitando cada vez más y ganas, muchas ganas. Un deseo que se me desbordaba, que no me dejaba quitarle las manos de encima.
Tan perfecta había sido en su versión original, que cuando se iba repitiendo mientras caía por ese túnel que lleva directo al sueño profundo, me hizo revivir cada sensación. Mientras sentia la electricidad subiéndome por la espalda pensé que era necesario escribirlo. Que ponerlo en palabras de alguna manera ayudaría en algo. No sé para qué.
Y ahora que hice el intento, con las imágenes nítidas a la altura de la frente, no me sale. Ni quiero que salga.
Me lo guardo para mí.

martes, mayo 04, 2010

Aries hace como que escucha, asiente, sonríe pero no emite opinión, está muy entretenido mirando el escote. Tauro desconfía, pero en ningún momento falta el respeto o desvaloriza. Géminis revolea los ojos y hace algún chiste para no caer en ningún tipo de debate. Cáncer presta atención, asimila y reflexiona. Leo lo convierte en un cuestionario acerca de sus propias cualidades solares. Virgo toma distancia, presenta su powerpoint mental refutador y hace que una quiera alejarse lo más posible. Libra se maravilla y le brinda al asunto un aura etérea, color pastel. A Escorpio se le escapa la curiosidad por los ojos, pero también se incomoda, se siente controlado, vigilado. Sagitario se ceba, pide más información, pide guía, pide clases, se entusiasma. Capricornio cuestiona, procesa, evalúa y no compra. Acuario integra y propone. Piscis inclina la cabeza mientras piensa en cualquier otra cosa.

Porque en algún momento, no puedo aguantarlo más y saco el tema.
Cel y la astrología, cuestión que allana o lleva posibles romances al mismísimo tacho.

lunes, mayo 03, 2010

Después de mucho tiempo me vengo a dar cuenta de que no soy la misma. La torpeza, la timidez, el temblequeo y la manipulación ya casi que no están. Y si bien sigo siendo bastante inexperta e ineficaz en esto de "el juego", y me rompe las pelotas el código tácito de las señoritas-medidas-que-se-saben-manejar, no soy la misma.
Me tomé más de dos años para esto y, por fin, veo los resultados. Unos cuantos meses para terminar con una relación ya irremontable. Otros tantos para no querer que me toquen ni un pelo. Y un período de transición en el que me reencontré con mi parte más divertida y descomprometida. Y ahora, ahora esto.
Ya no soy la misma. Qué lindo. Qué alivio.

jueves, abril 29, 2010

Me bajé del 26 todavía cagándome de risa por el de Philip Roth que vengo leyendo desde hace unos días, pero para cuando estaba a un par de cuadras de casa me había olvidado del lamento de Portnoy, las obsesiones y las madres judías. Mientras caminaba ligero para llegar lo antes posible, pensaba. Pensaba que, una vez más, me encuentro en esta situación de tener alrededor a estos hombres que me hacen bien en millones de sentidos pero que no dejan de ser inaccesibles de un modo u otro. Y además de pensar, una sensación muy linda en el cuerpo, especialmente en el pecho; ganas de abrazar, de agradecer, de estar, realmente estar. Abrí la puerta de casa, dejé las cosas tiradas por ahí y me senté en la cama, mirando el folleto del delivery totalmente ausente; toda esa calidez que me recorría el cuerpo minutos antes se transformó en inquietud. ¿Y si nunca me puede pasar esto que me pasa con alguien que esté realmente disponible? ¿Y si todo es una estrategia mía para sentirme cercana a alguien sin tener que hacerme cargo de todas las consecuencias de una relación? ¿Por qué siempre me engancho en estos vínculos? ¿Será que no estoy diseñada para tener una relación normal? ¿Qué quiero comer? ¿filet o suprema de pollo? ¿papas españolas o ensalada de zanahoria y tomate?
Después de comer, el malestar se acentuó y cuando estaba a punto de caer en la victimización, la situación se dio vuelta como un panqueue y al rato estaba tapándome la boca para no despertar a Ani con las carcajadas. A las cuatro de la mañana, la satisfacción se había reinstalado por completo.
Ël sigue, después de tantos años, causándome el mismo efecto. Admiración, ternura y deseo.
Y yo, yo sigo contenta.

martes, abril 27, 2010

- Dale, marmota, te hablo en serio.
- Yo también te hablo en serio. Aprovechemos un día que no esté mi jefe, a la siesta.
- Pero yo te estaba hablando de otra cosa.
- Sí, y ya te dije que todo bien, que te lo conseguía al libro. Ahora vayamos a lo interesante.
- ¿Vos te das cuenta?
- ¿De qué?
- De lo que hacés.
- ¿Qué hago?
- Siempre llevás todo al mismo lugar, lo volvés sexual, con mi ayuda, obvio. Y a mí me encantás, y me encanta que te puedas soltar conmigo, que te lo permitas, pero me da la sensación de que estamos siendo medio boludos.
- ¿Por qué boludos?
- Porque nos elegimos unos disfraces que nos quedan chicos.
- Desarrolle que me interesa.
- Eso, que vos te comiste un personaje de la más putita y te queda re lindo, pero todos sabemos que hay màs. Y yo agarré el de más pija del condado, y de vuelta, todos sabemos que hay más. ¿Por qué no aprovechar... nos? ¿Por qué no podemos hablar más de cosas interesantes, o de boludeces, como hacíamos antes? ¿Qué pasó en el medio? Ni vos te volviste idiota ni yo un obtuso, todo lo contrario, tu vida es más interesante que hace unos años, yo estoy bastante más del moño que hace unos años; deberíamos poder comunicarnos sin tener que usar la palabra pija o teta cada dos frases.
- Wow.
- Sí, acabé con la magia. Teta, pija, coger, leche. Digo, para equilibrar.
- Te quiero, boludo.
- Yo a vos, marmota.
-¿No es muy loco que haya aparecido el flaco este en este momento?
-Sí, la verdad es que sí.
-Es como que cayó justo.
-Es tu ángel de la garcha.
-...
-Todas tenemos un ángel de la garcha. Ese chabón que aparece siempre que tu vida romántica se va al tacho. Después desaparece hasta que algún otro imbécil te deja sin suelo debajo de los pies.

sábado, abril 24, 2010

Tan contenta estaba yo por poder ir a la barra y no pagar nada ("¿ay, pero para mí que canté no hay descuento? "+ barman pajero) que no hubo momento en el que no tuviera las manos ocupadas con un fernet, una cerveza o un cuba libre.

Así me fue.
Sin darme cuenta de que estaba siendo víctima de la histeria masculina, fui manipulada con destreza por un especímen pelilargo y de ojos misteriosos.
Listo, esto fue la gota que rebalsó el vaso, renuncio a los guitarristas. Nunca nada bueno resulta de mis contactos con guitarristas. No sé si son ellos, no sé si soy yo -probablemente sea yo, mi ineptitud a la hora de los vínculos es de notable eficacia-, la cosa es que siempre pasa lo mismo. Yo hablo de más, ellos la juegan de inalcanzables, yo sufro el rechazo, ellos ni se inmutan. De hecho, debería renunciar a los músicos y ya. Tal vez tenga razón mi amigo y consejero y termine con un escribano.

jueves, abril 22, 2010

Me gustaría saber dónde es que guardo la calma, porque sale y se instala en cualquier momento, sin ninguna razón.
Por qué no puedo sentirme satisfecha con lo simple más a menudo.
Por qué un día como hoy un detalle me alegra el día y el resto del tiempo es sólo eso, un detalle.
Por qué cada vez que siento paz la asocio con la melancolía.
Esas cosas me pregunto. Y estoy tan tranquila que ni siquiera me preocupa no poder contestarme.
El verano me pone ansiosa, el invierno me neurotiza, la primavera me emboba.
El otoño me calza perfecto.

miércoles, abril 21, 2010

En estos días en que los compromisos sociales, familiares, académicos y extracurriculares se me superponen unos con otros, sin dejarme mi par de horas diarias de ocio recreativo/contemplativo (acariciar a Plutón, tardar cuarenta minutos en tomar un té mientras miro la nada, ir al día con Lost, tirarme a leer un buen rato y, especialmente, pensar, pensar sin parar) empieza a sonar una alarma. Una luz roja se prende. Estoy perdiendo mi superpoder, el que me permite tomar una idea y abordarla desde todos los ángulos posibles hasta secarme el cerebro.
Dejo de vivir en mi cabeza para salir y tratar de entender latín, cantar, emborracharme y bailar cumbia, viajar en tren mientras charlo con mi mamá, comprar ropa y planear escapadas de fin de semana largo.

Todavía no sé si es alivio o vacío.
¿Qué hago si dejo de ser una neurótica eficaz?

martes, abril 20, 2010

De: Cel
Para: La Secretaria
Asunto: el bloqueo

El bloqueo, el bloqueo más bloqueado.
No puedo redactar.
No-pue-do.
Me lei los dos textos como cincuenta veces y cuando abro el word para escribir, el horror. No puedo hilar dos ideas juntas.
Nada, necesitaba contarle a alguien que me siento una acccsoluta inepta.
Ahora sigo y cuando me venza el sueño te mando lo que haya hecho hasta ese momento y vos me contás qué te parece.



Cuarenta minutos después...



De: Cel
Para: La Secretaria
Asunto: desisto

Me preparé un café ENORME. Fui hasta el kiosco a comprar puchos. Marqué en el texto de Cortazar qué palabras se deducían por asociación fónica y cuáles por cotenxto, sintaxis y sarasa. Fui a hacer pis como 6 veces. Y no puedo escribir. Te juro que la frustración que siento en este momento es feísima. También estoy indispuesta, así que exagero por demás.
Te mandó la pobreza que escribí hasta ahora. Mañana entre el laburo y latín, sigo.
Y que la fuerza nos acompañe.

Perdón, perdón por ser la peor compañera de tp ever.




Cierto, cierto que me había olvidado que soy una psycho que cuando algo no le sale como se suponía que tenía que salir se brota, fuma el triple que lo usual y mira todo con la lupa hormonal que todo lo convierte en mosntruoso.

lunes, abril 19, 2010

Por las escaleras que dan a la terraza bajaba un perro, un ovejero alemán, que se me tiraba encima de lo más cariñoso. Al principio trataba de sacarlo, pero era imposible, pesaba mucho y estaba completamente dedicado a darme afecto perruno. Quién sabe como, el can mutaba, se convertía en hombre. Un morocho de casi dos metro y pelo medio largo; para el crimen. Todavía shockeada por la antropomorfización, manteníamos un diálogo limitado, el morocho no tenía muy clara la gramática española y humana. Después íbamos al supermercado y alguien se avivaba de que el tipo antes era perro y nos empezaban a perseguir para meterlo en un laboratorio e investigar el fenómeno. La escapada nos llevaba a una playa horrenda, con un puente, una autopista al costado y unos caños que despedían desechos tóxicos directamente en el océano. Al hombre-perro lo desilusionaba su encuentro con el mar y volvíamos a casa, donde se producía una escena cargada de tensión sexual y millones de sentimientos de tinte romántico en la que yo me debatía acerca de la perversidad de pegarnos un revolcón con el ovejero alemán devenido en morocho con porte de oso. Él me abrazaba y me decía que si lo sentía, lo dejara ser, que no tenía mucho truco el asunto. Yo me dejaba cubrir por sus brazos largos y sentía un amor inmenso que prácticamente no me dejaba respirar.
Me desperté angustiada, con la sensación del amor sin ser expresado en todo el cuerpo, especialmente en la boca del estómago.
La frustración, la desilusión, la impotencia.
Y todavía no se me fue.

viernes, abril 16, 2010

Y aunque me embargue la felicidad por la fecha del viernes que viene... ¿qué hacer si el nombre de la banda para la que hago coros me parece horrible?

jueves, abril 15, 2010

Está bien, entiendo que pueda resultar gracioso; pero eso no quita que me duela.
La rodilla me duele. Así de hinchada la tengo. Y con un raspón importante.
Todo porque iba por Charcas mirando para cualquier lado, sin reparar en que la vereda estaba alfombrada de unas flores que se habían caído de los árboles y creaban una capa resbaladiza color rosa chicle. Entonces me caí y aterricé con la rodilla izquierda, que ahora está hinchada y afiebrada.
Sí, es un poco gracioso. Resbalarme con las flores es el equivalente poético de la cáscara de banana. Sí, ya sé. Pero igual, duele. Por lo menos ríanse a mis espaldas, que yo no me entere.
"Las flores son traicioneras" dijo el señor de bigotes que me ayudó a levantarme.

miércoles, abril 14, 2010

Che, una cosa.
Sí, a vos. Que le das click una y otra vez a la etiqueta me gustan todos.
Primero, ¿qué onda?
Segundo, no me gustan todos, eh. Es una manera de decir.
Si me gustaran todos, otro sería el cantar.

martes, abril 13, 2010

Trato de hacer la cuenta de todos los posts que no escribí acerca de las cosas que me hacía sentir una situación con un tipo en particular y el número es alto -aún cuando no tenga parámetros de cuánto es alto y cuánto es bajo, pero bueno, exagero por deporte-.
¿Por qué? Porque en algún momento en el que me sentía Shirley Holmes deduje que el tipo en particular leía este blog. Claro, obvio, la gente anda rastreando y googleando para encontrarme; así de importante soy.

Podría ahora juntar todas esas pequeñas cositas que en su momento decidí filtrar y decir que todavía tengo ganas, que suele ser protagonista recurrente de mis fantasías y que si me buscara, agarraría viaje a pesar de sentir que estoy en desventaja; pero no.
Puedo escribir ahora porque ya no se trata de él, ya lo he elevado a la categoría de concepto. Concepto de hombre que me hizo sentir escuchada, deseada y atendida. Y quiero eso. Poder despedirme un mediodía cualquiera, parar algún bondi que me acerque a casa y sentirme satisfecha, sin el "¿qué onda este flaco conmigo?" taladrándome el cerebro como el pajarito de la propaganda. Coger mirando al otro y sonreír sin motivo, sólo por el simple hecho de estar contenta. Compartir una cena, un té, una charla, sin tener la sensación de ausencia, de que podría estar mejor en mi cuarto, tirada leyendo. Reírme a carcajada limpia con las ocurrencias ajenas. Querer que el otro se sienta bien. Tener la certeza de que no voy tropezando con cada frase que enuncio y que mi discurso sea recibido con entendimiento y sentido crítico. Descubrirme absolutamente cautivada por la historia de vida y los hilos de razonamiento que se van poniendo evidencia conversación de por medio. Maravillarme con mi capacidad de respuesta frente al propio deseo.
Conocer a alguien y querer seguir conociéndolo.
Tranquilidad. Calentura. Contento.

sábado, abril 10, 2010

- ¿Conocés el bar ese de Ambrosetti?


Claro que lo conozco, y cualquiera que quiera llevarme ahí, no entendió nada de nada. Al final no fuimos, porque yo empecé con mi perorata acerca de Caballito y la clase media, que tal vez en otra situación hubiese evitado, tengo la mesura suficiente como para no ser hinchapelotas desde el vamos; pero considerando el panorama, decidí mostrar la hilacha, qué tanto. Y si bien tuve que tomar un TÉ DE BOLDO porque mi estómago no me permite nada más fuerte estos días, creo que fui una buena primera cita. Mucho chiste y mucho dato curioso para dejar al otro pensando que guardo una cantidad inefable de información probablemente inservible, porque soy una excelente partenaire, incluso cuando el tipo no me mueve ni un pelo; de hecho, especialmente cuando el tipo no me mueve ni un pelo, como si el rechazo me volviera encantadora.
Me bajé del auto casi sin mirarlo, quise evitar cualquier tipo de momento-beso, que de todos modos no sé si se hubiese generado. Y siempre pasa lo mismo; abro la puerta, tanteo la cerradura con la llave porque no me gusta prender la luz y camino por el pasillo oscuro y hago un resumen de la velada. Esta vez: qué cagada, pero qué cagada esta falta de inspiración, esta escasez de deseo y motivación; qué pena que me salgan mal los experimentos vinculares, qué tarada por pensar que me puede llegar a funcionar esto de la cena-cine -o té de boldo-cine, es lo mismo- con un flaco que, claramente, no tiene un pito que ver conmigo, en nada. Posta, en nada. Es de esos que dicen "¿qué te fumaste?" o "no sé qué se fumaron cuando hicieron tal película". Qué mal me cae esa gente.

jueves, abril 08, 2010

Y entonces ¿qué? ¿Voy hacer todo un despliegue de preparativos por casi nada? Tengo que bañarme, depilarme, elegir ropa decente, emprolijarme las cejas, pintarme los ojos, pintarme la boca y todo ¿para qué? ¿para un garche mediocre? ¿o una tocadita que puede llegar a ser igual que lo que hago todos los días yo sola? Nah, dejate de joder. Es demasiado laburo por nada.

Le decía yo a mi amigo y consejero hace un par de horas por teléfono. Claro que después dejé de hacerme la canchera y me di cuenta de que sí estaría dispuesta a todos esos preparativos... si notara un deseo real del otro lado. Porque sí, yo también quiero todo el versito, qué tanto; capaz un verso diferente, que no rime tanto. No pretendo que me prometan una escapadita juntos a San Bernardo el próximo fin de semana largo, pero sí exijo que me llenen la cabeza con perversas fantasías en las que yo soy la única fantasía. Por menos, no tengo ganas de negociar.
Aunque ni siquiera tenga ganas de pagar con la misma moneda.
Y he ahí la histeria. Oh, la histeria.
Por eso, amigo y consejero dijo la frase que todo lo desmorona. ¿Ves? También sos mujer.
Y ahí me callé la boca.

lunes, abril 05, 2010

La primera tarde de fresco y real otoño del año nos reunió a Martín, Geneve y quien les escribe en la terraza de casa. Ellos elegían las ramitas listas para cosechar mientras yo miraba extasiada todo el proceso y sentía el exquisito aroma que la plantita iba emanando.

Ahora falta que seque.

Qué maravilla, la madre naturaleza.

domingo, abril 04, 2010

Tuve que mediar conmigo misma y llegué a un buen acuerdo.
A veces me despierto de las siestas con unas gansadas tremendas como ideas, y desde la mirada somnolienta se me hacen brillantes, pero debo poner paños fríos.
Raciocinio. Ya no más estrategia, la estrategia sólo me aleja del deseo. Se trata de evaluar variables y constantes. La constante soy yo queriendo siempre lo mismo más allá de que los hechos se empeñen en demostrarme que es probable que no valga la pena intentar nada más. Pero soy testaruda y mi nivel de tolerancia al fracaso fluctúa incesante, tanto, que no me da respiro.
Hoy me desperté de la mini siesta sintiéndome invencible, aplanadora, a mi qué, que quién es quién para no dejarme hacer y decir lo que se me cante. Me preparé un té chai y cada sorbito venía acompañado de una frase. Calma, chicha, que siempre abrís la bocota y después te querés matar. Bancate dos horitas, si en dos horitas pensás igual, avanti. Ahora hacete la tarea de latín y después te fijás qué onda. Y así, hasta que se terminó el té.
Después fui a comprarme una coca, complemento de ferné, para gratificarme por haber separado en sílabas los primeros versos de la Eneida y haber diferenciado las vocales cortas de las largas, y mientras abría la puerta de casa terminé de decidirlo.
No hay otra, señores. Cuando llega el momento, la conciliación entre el lado más salvaje y el más miedoso es posible, hay un punto de encuentro. El punto de encuentro es el momento. El momento es todo.
Un pequeño paso para la historia de la humanidad, un momento de absoluta satisfacción y paz interior para Cel.







Claro que cinco horas después aparece el otro momento. El momento de hacerme otro té y decirme, sorbito tras sorbito, que no puedo ser tan hijita del rigor.

jueves, abril 01, 2010

Se me escapa el principio, es una pena, pero la cuestión es que terminaba en una casa al lado de la playa con una madre y sus tres hijas; también estaba Dedé. La cosa es que yo tenía que coger con las tres hijas y creo que con la madre también. No quería, bajo ningún punto de vista, así que ideaba un plan de escape que constaba en decirles "miren, si quieren garchar, déjenme salir a correr una horita para energizarme", salir al trote y no volver nunca más.
¿Por qué estaba obligada a coger con las cuatro minas? ¿por qué Dedé no tenía que coger con nadie? ¿por qué una hora de jogging me energizaría? No lo sé.
Entonces salía a correr, me desvíaba en unas escaleras mecánicas que salían de la nada y me tomaba el palo. En algún momento me avivaba de algo terrible, todas -TODAS- mis cosas estaban en la casa de las brujas -porque para ese momento ya las había etiquetado como hechiceras-. Me desperté de la angustia, pensando qué vida tan triste iba a tener sin mis libros. Tardé casi un minuto en caer.

martes, marzo 30, 2010

- Soy medio rompepelotas con algunas cosas...
- Ajá...
- Ciertos detalles...
- Mmmh.
- Por ejemplo, mis cejas no son así...
- ...
- Porque cuando era más chico iba a plancharme el pelo y las minas de la peluquería me convencieron de que me sacara un poco de ceja.
- Mmmh..

A veces, cuando estamos con Lau y no hay gente alrededor decimos cosas como uh, eso me baja la pija. Es que no hay otra manera de describir en un par de palabras ciertas sensaciones.
Porque además de no terminar de aceptar que tengo un útero y envidiar el falo ajeno, realmente creo que existen esos momentos en los que un gesto, una frase, un movimiento, cualquier detalle, hace desaparecer por completo la calentura. En ese momento sólo soy un ser humano frente a otro que me está contando que cuando era más pendejo se planchaba el pelo y no hay otra sensación más que ganas de salir corriendo.
Se-planchaba-el-pelo.
Me enamoré de tus tetas.

Esto es lo más parecido al amor que he tenido en los últimos meses.
No me quejo, eh. No me quejo.
Cosecho mi siembra.

viernes, marzo 26, 2010

Ese Año Nuevo no sabíamos que hacer, había un par de fiestas pero ninguna resultaba convincente. Un mensaje de texto de él me hizo terminar de decidir y arrastrar a las amigas con las que estaba a un lugar por costanera.
Lo vi apenas llegué, estaba apoyado contra una baranda, fumando un pucho. Seguramente quería dar una imagen de tipo misterioso, que se abstrae del mundo mientras el resto se emborracha y festeja. Me acerqué y le toqué la espalda; nos abrazamos muy fuerte.
Cuando el sol terminó de salir, metí una mano por debajo de su camisa y le pedí que nos fuéramos juntos a su casa. Miró hacia la nada, esperó unos segundos y asintió con la cabeza. Me desperté todavía acostada sobre él, con una resaca que me taladraba el cerebro pero que no me impedía creer que ese 2006 no podía ser malo, no si lo estaba recibiendo en su cama, encima de él. Veníamos de una época extraña, en la que yo le había pedido que por favor no nos viéramos más por un tiempo. El receso que habíamos acordado se nos interrumpió con la llegada de las fiestas, por la nostalgia que trajo ese diciembre.
A la tarde, cociné unos ravioles con crema y nos quedamos mirando la tele. Ya de noche, nos bañamos y salimos por ahí a buscar un lugar donde cenar. Las sandalias me habían sacado ampollas y lo único que esperaba era sentarme para desabrochármelas y tener los pies libres de vuelta. Terminamos en un Pippo por el centro, a diez cuadras de su casa, los talones me latían de dolor.
Mientras esperábamos la comida, lo dijo por fin. Que no estaba bueno que nos hubiésemos ido juntos de la fiesta esa, que él esperaba el momento en el que dejáramos de recurrir el uno al otro, que realmente quería otra cosa; que sabía que no me elegía pero que aún así, no podía evitar llamarme cada vez que quedábamos en poner un poco de distancia. "Pensé que esta vez iba a a ser diferente, pero al final caí en lo mismo de siempre". Lo mismo de siempre era yo. Como si se hubiese estado quejando con la madre de que siempre comían milanesas. Como si me hubiese estado contando de lo podrido que estaba de tomarse el subte todos los días. Lo mismo de siempre. Yo quería un siempre con él. Él trataba de evitarlo sin éxito.
Llegaron mis pastas y apenas pude probar bocado. Cambié de tema porque no sabía qué decir, porque ante la posibilidad de estrolarle el plato de sorrentinos en la jeta me acobardé, con tal de creer que existía la posibilidad de un "siempre" me callé y tragué infinidad de sorrentinos a lo largo de los años.
Terminamos de cenar y volvimos a su departamento. Los talones seguían en carne viva, pero mi poder de negación abarcó incluso el dolor físico.
Esa noche ni nos tocamos.
A la semana siguiente, planteó distancia.
El primer fin de semana de febrero, estábamos cogiendo en la pileta de la casa de mi tía.

Y cuando ese siempre, unos años después, dejó de serlo, cuando se convirtió en un de vez en cuando, sufrí; dolió que ya no volviera una y otra vez, como arrepentido pero aún así presente. Con el tiempo la situación decantó en un nunca y ahí sí, se terminó.

A veces me pregunto si se acuerda de mí, si tiene recuerdos más gratos que los que a mí se me vienen a la mente cuando lo evoco. Porque cuando entendí que yo era para él como las milanesas de todas las noches, o el transporte público y agobiante de cada mañana, todo se tiñó de negro, ya no lo pude querer a pesar de todo, como alguna vez le había prometido que iba a ser. Ahí fue cuando decidí enfrentarme a todos esos platos de sorrentinos que nunca le había estampado en la cara.
Como para alimentar a todos los nenitos desnutridos del mundo.
Ya me olvidé de la última vez que vi a mi papá.
Solemos tener estos distanciamientos, no vernos por semanas, a veces hasta meses. Simplemente sucede que no nos cruzamos, yo hago alguna de mis paradas por la casa matriz y, por un motivo u otro, él no está; salió con algún amigo, se peleó con mi hermana y se fue a caminar por ahí, esas cosas.
Mi mamá me cuenta de sus novedades y le debe transmitir un breve resumen de lo que va siendo mi vida a él. Hay que ver qué le cuenta, claro. Con qué tinte, cómo lo adorna. Prefiero no enterarme.
Cuando lo estaban por operar de una pierna que se le fracturó por hacerse el Superman, iba a visitarlo al hospital dos veces por semana, siempre los sábados y algún que otro mediodía antes de tomarme el 59 hasta Vicente López y caminar las diez cuadras que me separaban de donde trabajaba en ese momento. Se ponía contento cuando iba, le hacía chistes, le llevaba libros y le comentaba los últimos estrenos de la cartelera; me decía que me veía feliz. Creo que era bastante feliz en ese momento. Después, el post operatorio en una cama que mi mamá puso al lado de la ventana del living de su casa. Él pintaba, leía y rompía las pelotas. Los sábados, cuando mi mamá se iba a la feria, yo me quedaba sentada al lado de él, le llevaba la comida en una bandeja y nos quedábamos charlando hasta que empezaba a bajar el sol. Una de esas tardes me explicó por qué María Celeste. Por qué ese nombre para mí. El recién llegaba de Rosario, tenía veintitantos y estaba empezando a conocer gente. En una de las tertulias con sus nuevos amigos, alguien dijo "ahora en un rato viene María Celeste" y a él le quedó picando el nombre en la cabeza, y, según mis propios cálculos, también la muchacha en cuestión; parece que era muy linda.
Extraño a mi papá, extraño que me diga que soy una barrileta mientras me agarra de la oreja y me sacude toda. Extraño que me cuente los mega guiones -con cast hollywoodense incluído- que idea de madrugada, cuando lo asalta el insmnio y no tiene ganas de seguir haciendo zapping. Extraño su histrionismo y que se siente al piano y me haga cantar un rato.
En momentos como este, entiendo por qué mi mamá lo eligió.

jueves, marzo 25, 2010

El chico de ojos increíbles es bueno en los papeles pero en la realidad, no sé. Realmente no lo sé. Pasó más de un mes y todavía no me decido. Entonces, como no me decido, tanteo. Lo tanteo como amigo y responde. Lo tanteo como hombre y también parece funcionar. Me parece que estoy ante un posible amigarchi.
Es como si papanuel me hubiese traído mi regalo con tres meses de atraso.

martes, marzo 23, 2010

No había profesor asignado para la primera materia del día, con la que estrenábamos nueva carrera, así que nos fuimos al bar de la esquina a tomar unas cervezas. Llegamos casi tarde a la segunda clase y un poco borrachas. Así comenzamos esta nueva etapa con La Secretaria y Amarula.

Terminada la jornada académica, salimos a la calle y nos burlamos de la chica que había dicho que de llevarse un solo libro a una isla, sería La Tregua de Benedetti; no hacen falta explicaciones. Y también de la que dijo que Rayuela; por apología al cliché.

Vaticino una cursada espléndida.

lunes, marzo 22, 2010

Al chico de ojos increíbles lo dejé de ver porque empezó la temporada nefasta en la librería y el simple hecho de pensar en maquillarme para lucir presentable me agotaba; también porque había algo que no me cerraba -y la vez que algo sí me cierre explota todo, así que que crucen los dedos para que siga tal como está porque si no ya saben, it's the end of the world as we know it-. Pero sí seguimos hablando, porque es inteligente, buena onda y entra en la categoría de hombre-colchón. Los hombres-colchón son esos que reciben los embates de histeria actuando como un sommier recién comprado, oponiendo resistencia, sí, pero la mínima e indispensable, de esta manera una no rebota y vuelve al punto de partida casi en el instante (véase hombre-cama-elástica) ni queda llena de moretones (véase hombre-colchoneta-de-gimnasio). El hombre colchón escucha, deja que una diga, pregunta, repregunta, comprende, aguarda y cobija.
Como con los hombres-colchón me permito explorar los grises del vasto mundo de las relaciones humanas, lo llamé para invitarlo al cine a ver Shutter Island hoy a la noche sin tener en claro si tenía ganas de traérmelo para casa después o no. A veces prefiero ir acompañada al cine.

Con su auto estacionado en la puerta de casa y después de una amena velada en la que no hubo ningún signo que indicara intenciones de su parte de dejarse arrastrar hacia mi cama, seguía yo en la disyuntiva. ¿Decirle "no querés pasar a tomar un Campari" o no? ¿Acercar mi mano a su muslo, casi llegando a la ingle, y tirar alguna barrabasada o no? Bueno, no. De repente, más que como colchón, lo vi como una pileta vacía; sentarme en el borde y que me cuelguen las patitas, nada más. Así que pregunté la hora y enuncié las frases pertinentes en una despedida. Me dio un beso que no pude entender si era de compromiso o no. Yo no meto mi lengua en un beso si es de compromiso, pero andá a saber cómo funcionan la gente-colchón en ese tipo de situaciones, siempre me vi más como silla mecedora, a algunas personas les copa la idea de tener una, pero nadie se queda mucho tiempo en ellas, el vaivén se vuelve un poco insoportable después de un rato.
Me bajé del coche, saqué las llaves de la cartera y entré.
Por ahora, me quedo sentada en el suelo.

viernes, marzo 19, 2010

Iba en el 36, ya llegando tarde a la librería. Estaba angustiada, porque hacía dos noches que no dormía; dos días que no comía. Y mientras el bondi hacía unas cuadras por José María Moreno, lo único que podía repetirme era "renuncio, yo renuncio y a la mierda".
Cuando atravesó Rivadavia y todo se convirtió en Acoyte, miré por la ventanilla, hacia la derecha. Vi un chico alto, medio despeinado, con barba, mirando su celular. Me olvidé de mi mantra de trabajadora angustiada y pensé que sí, que yo quería un chico exactamente así, tan lindo. Pasaron tres segundos y me di cuenta, hace unos años yo había tenido un chico exactamente así, a ese mismo chico que ahora levantaba la cabeza y empezaba a cruzar la avenida, mostrándome su perfil, que se fue alejando a la vez que yo trataba de girar la cabeza como Linda Blair.
Me cagó el día. Verlo, me cagó el día. Y no porque me haya roto el corazón ni porque lo extrañe, porque, vamos, ya pasaron casi tres años, soy melancólica pero no tanto, sino porque me acordé de lo mucho que me gustaba ser yo misma cuando estábamos juntos. Eso que todo el mundo siente a diario, a mí sólo me pasó con él. Y me cagó el día, y la semana, porque no sé si alguna vez me va a pasar lo mismo, si me voy a sentir lo suficientemente cómoda y con la guardia baja como para permitirme ser esa persona de vuelta. Quiero ser esa persona. Me gustaba serlo. No sé si puedo.
Y quiero poder, de veras que quiero, pero también me repito que renuncio, que yo renuncio.

miércoles, marzo 17, 2010

Cuando le pregunté hace unas semanas a Geneve si su amigo belga que venía a Argentina por un par de meses y se quedaba a vivir en casa estaba bueno, me contestó que no.
Evidentemente, tenemos gustos bastante diferentes.


Este chico es de esos que me dan ganas de mirar durante horas. Que me ponen en un mode extraño.
Mirarlo y sonreír. Me inspira. Me saca la ficha instantaneamente y me arenga a salir al mundo, a proyectar, a entregarme. Es luz.
Me abraza y me da un beso en la mejilla, ruidoso, mientras esperamos que el automático de la cámara de fotos dispare. Después, cada uno a su cuarto y yo me siento revitalizada. Motivada. Energizada. Un poco enamorada.
Enamorada en el sentido más simple del término, enamorada de querer dar amor.

domingo, marzo 14, 2010

En algún momento, entre los 18 y los 20 años, no recuerdo bien cuándo, decidí que nunca más -porque me encanta proponerme cosas con nunca máses y siempres- me iba a gustar un chico que no me diera bola; y respeté la decisión.
Hasta ahora.
Me siento de quince. Mirando pelis con Jason Bateman sólo porque me hace acordar al geminiano este que me tiene así, deshojando la margarita como pelotuda.
"¿Un geminiano?" diría mi madre.
Qué se le va a hacer.

viernes, marzo 12, 2010

Sentir que ya no puedo estar parada, pero tener que seguir, hay que seguir. Ir al baño cada dos horas, bajar la tapa del inodoro y sentarme durante tres minutos, sólo eso, sentarme. Lidiar con doscientas personas por día que no entienden razones y me insultan, en general con la mirada, el resto de las veces, pocas, a viva voz. Tratar de entender el sistema de organización de mi jefe, o sea, tratar de entender el más absoluto caos, la entropía.
Y en uno de mis escapadas al fondo para tomar agua, un ibuprofeno y contestar algún sms, el patroncito se me pone a hablar y me informa de un par de situaciones complicadas y discutimos posibles métodos para poner un poco de orden. La conversación termina con la frase lapidaria.

Cele, andá preparándote, esta es mi última temporada, el año que viene te hacés cargo vos de todo esto.


Porque el miedo al compromiso no es algo que se limite a lo romántico.

martes, marzo 09, 2010

Me fijé cuánto salía el de Groucho que tenía en la mano. Y ahí, con el librito debajo del lector de código de barras, la recordé. Mi tarjeta de puntos; esa que no usé durante este último año porque trabajé en la librería. Revolví en la billetera hasta encontrarla.
687 puntos.
Después, una sala de cine vacía para mí sola. Para mí sola. Y la última de los Coen.

Hacerse la enferma para no ir al trabajo, garpa.

lunes, marzo 08, 2010

Ya van como tres discusiones acerca de lo mismo en lo que va del día.
Los clientes se ponen a hablar de lo contentos que están porque *ganamos* el Oscar. Y yo les digo que yo no gané nada, que me alegro profundamente por Campanella y cía pero que realmente dudo que El Secreto de sus Ojos sea mejor que las otras pelis extranjeras nominadas.
Lo que me llama la atención, es que haya ganado PABLO RAGO. ¿No es algo muy twilight zone? Digo, viajemos en el tiempo. Vayamos al año, no sé, 2004 o a 1999. Si alguien te preguntaba hace 6 u 11 años atrás cuál de los de Clave de Sol tenía la posibilidad de participar en una película ganadora de Oscar, ¿quién se te ocurría? Leonardo Sbaraglia, obvio, recontra obvio. Pero no, vino Pablo Rago, puso cara de viudo compungido y tomá.

jueves, marzo 04, 2010

- ... Entonces al principio fui muy cuidadosa, despacio. Pero después, cada vez más fuerte.
- ¿Pero qué se siente?
- Es como... no sé, es lo mejor del mundo. Porque sí, es muy muy duro, pero al principio, el primer contacto, no. Como goma ¿entendés?
- Más o menos. ¿Como morder un pedazo de goma?
- Sí... no sé, no sé cómo explicarte.
- ¿Como silicona?
- No. La silicona debe ser blanda.
- Claro.... Qué bueno, che.
- Sí, se lo recomendaría a todas.
- Y sí... pero ¿quién se presta a eso? Los frikis estos que salen con vos nomás.


Ahí, el peladito que estaba delante nuestro en la fila para comprar pochoclos se dio vuelta muy lentamente, con una cara que era la mezcla del horror y la curiosidad.
Nuentras caras de vergüenza nos delataron.
Sí, pelado. Eso mismo que estabas pensando.

miércoles, marzo 03, 2010

Ya está, ya es oficial.
Ya podemos decir que marzo es marzo.
Me acabo de pelear con la primera vieja conchuda que arma un escándalo por razones absurdas. En esta ocasión, porque no tenemos un manual que se usa EN RIO CUARTO.
Rio Cuarto, vieja de mierda, explicame por qué tengo que tener un manual que usan en Córdoba en plena Capital Federal.
Está bien. Lo reconozco.
Uso el Facebook de la librería para agregar a gente que no pondría en el mío.
Y les espío la vida sin culpa.

martes, marzo 02, 2010

- ¿Por qué no me llamaste para decirme que estabas enferma?
- Ehm... no sé, tampoco es que estaba enferma.
- Cele, tenías una infección, no podías mover el brazo. Y unos días antes te habías caído y lastimado toda... ¿cómo no me llamaste?
- Ehmm... no sé.

¿Cómo decirle a mi madre que no se me ocurrió llamarla? Que, de hecho, no se me ocurrió llamar a nadie. Que hablé con mi abuela recién el viernes porque ella me llamó. Nunca se me ocurre, no se me pasa por la cabeza, no me entra. No entiendo bien cómo funciona esto de vivir en una familia que es un clan. Desde afuera lo veo como algo genial, porque alguien necesita una mano y tiene quince, siempre dispuestas. Desde afuera los quiero, como conjunto y a cada uno por separado -bah, a un par no, ¿para qué mentir?- pero no puedo terminar de involucrarme. No es rechazo, no los esquivo, me gusta pasar tiempo en familia, pero no surge lo otro, el pedir ayuda, el mantenerme en contacto, el mostrarme vulnerable.
Es como si recién ahora me diera cuenta de lo espesa que es la capa que me separa del resto del mundo. Yo pensaba que era con los hombres. Pensaba que era con las amistades. Pensaba que podía manejarlo, que era una elección. Bueno, no; pensé todo mal.
No elijo nada, estoy tan predispuesta al aislamiento que ni siquiera me planteo el contacto con un otro como una opción.
Me desconozco por completo. No me entiendo. No me cazo.
Es de las sensaciones más raras que alguna vez haya experimentado. Me dejé a mí misma sin palabras.
Bien por mí.

lunes, marzo 01, 2010

Me comía un filet de merluza con ensalada, miraba una peli y pensaba que qué raro, porque Jason Bateman me encanta. Pero me encanta, me e-n-c-a-n-t-a, me encanta, me ENCANTA. Y sí, es raro, porque mucho no dice, ¿no? Tiene como mucha cara de yanqui y no sé, no es feo, pero tampoco es lindo y medio que la nada; pero yo le doy play a cualquier película con él y me empiezan a efervescer las hormonas -cosa que, bien lo sabemos todos, tampoco es tan complicada-.

Me terminaba el filet, ponía agua en la pava para un té de yuyos y ahí empecé.
Claro, a mí el Bateman este me hace acordar a alguien. ¿A quién me hace acordar?

Agarraba la taza, daba sorbitos y miraba fijamente el monitor.
¿A quién? Tiene como un aire a... no sé, no sé a quién. Pará. La nariz, es la nariz. Bah, la forma de la cara en general, pero sobre todo la nariz.

Apoyaba la taza vacía en el suelo, prendía un pucho y seguía mirando al chaboncito este.
Changos, ya sé a quién.

Sonreí.

Es como cuando estaba convencida de que Nico era parecido a Facundo Arana. O que LlaveInglsa tenía un look muy Vince Vaughn, que sólo le sobraba nariz -¿la nariz de V. Vaughn no es demasiado pequeña?- y le faltaban diez centímetros.
Porque me gusta encontrar parecidos entre los tipos que me gustan y esos otros tipos que me gustan.
Aunque claro, nunca me gustó Facundo Arana.
Con el comienzo de clases, empieza también la temporada de libros de texto 2010.
Y con eso, el fin de mis trasnochadas; diez horas de trabajo corrido, parada; madres histéricas; niños confusos; mi jefe en un estado de constante estrés; bastante plata; ausencia de vida social; domingos que no alcanzan; contracturas en músculos que una ni sabía que existían; discusiones; algún que otro padre más o menos lindo a la vista; y hartazgo, sueño, cansancio.
Probablemente, también, una merma en el posteo que venía de lo más constante y periódico.
Sabrán disculparme.

viernes, febrero 26, 2010

Fui a lo de Dedé después de la librería, primero porque necesitaba provisión de antibióticos y segundo porque empecé a dudar de mi deseo enfermizo de soledad, considerando que mientras mi jefe hacía que no me veía yo me largaba a llorar una y otra vez, el germen de conclusión obvia empezó a crecer con la misma rapidez que el coso que me salió en el brazo y que hizo que requiriera antibióticos.
Estábamos sentadas las cuatro, Dedé, Sol, Genéve y yo. Mientras Sol proponía un domingo de maratón de Volver al futuro e imitaba la cara de Brad Pitt cogiendo por primera vez en Meet Joe Black, Dedé contaba sus peripecias en el centro de terapia ocupacional, donde le hicieron meter la mano en un frasco con porotos de soja. Yo acotaba comentarios de los que siempre meto en las conversaciones y Gen arengaba para que estafáramos a la pizzería que nos había mandado un pedido mucho más generoso que el hecho por nosotras.
Y si bien me sentí un poco al margen al principio, un par de risas -más bien carcajadas- me hicieron volver un poco. Volver a ese lugar que a veces descuido, el de la reunión, y no sólo reunión desde lo más concreto, sino desde otro lado, el de poder compartir un momento, el que sea, sin pretensiones, sin planteos neuróticos. Reírse un rato.
Sol se fue al ensayo -al que yo falté por no poder mover el brazo y sentirme afiebrada-, Gen partió al rato y yo me quedé a solas con Dedé. Después de unos cuantos cigarrillos y una charla sobre las madres, las lunas y la necesidad de terapia, terminé diciéndolo, porque sólo a ella podía confesárselo. Que tal vez mi incapacidad de relacionarme llegó a magnitudes desproporcionadas porque divisé un objeto de potencial afecto. Algo de lo más inocente, pero justamente por esa misma razón, un motivo de temor. Unas ganas genuinas de alguien, de un hombre en particular. Un hombre que me ha hecho reír con todo el cuerpo. Un deseo de lo simple, de recostarme en ese sillón y dejarme ser un rato. Alguien que me gusta.
Saltan las inseguridades, los miedos, las profecías nefastas, pero no pueden contra las ganas, que eclipsan mis pronósticos más desalentadores, esos que suelo tener en la punta de la lengua.
En veinticuatro horas, cambia todo, decido dejarme de romper las pelotas y empezar a disfrutar de esta sensación, esperando que a él le den ganas de compartirla conmigo. Y si no, si no quiere, si no percibe que estoy dispuesta a que me siga haciendo reír y a que me den ganas de abrazarlo mientras le acaricio el pelo, pues mala leche, tengo en claro que la posibilidad de la negativa de su parte existe, pero no me importa. Porque lo que siento -y no lo que pienso, ahí está la gran diferencia gran- es mío. Y se siente de puta madre.

jueves, febrero 25, 2010

Cel: ¿Sabés qué? No estoy como para hablar. Perdoname.
Amigo y consejero: Todo bien. ¿Puedo hacer algo para ayudarte?
Cel: Je, no...
Amigo y consejero: ¿Ataque de minita?
Cel: No. No sé qué es todavía.
Amigo y consejero: Bueno, hablamos en otro momento.



Jefe: ¿Estás llorando, Cele?
Cel: No...
Jefe: Estás llorando.
Cel: Sí...
Jefe: ¿Qué te pasa?
Cel: Eh... nada, que me duele el brazo.
Jefe: ¿En serio no te pasa nada? No te digo para que me cuentes.
Cel: No no, es por el brazo que me duele.



Madre: ¿Venís a cenar hoy?
Cel: No... ya arreglé para hacer otra cosa.



Abuela: ¿Querés pasar hoy? ¿Qué querés que te cocine?
Cel: No puedo, ya arreglé para hacer otra cosa.



mengano dice:
es que sos muy frágil blablabla
me da ternura blablabla
pero tal vez deberías blablabla

Cel dice:
podemos no hablar de esto? me angustia

mengano dice:
es que te quiero, loquita. pero está bien, si te hace mal no hablamos más del asunto, nos callamos.
estás?

Cel aparece como desconectado...



Así están las cosas por el momento.
Es que no me sale otra cosa.
"Esa cabeza tuya" y todas las paráfrasis posibles de tal expresión han sido moneda corriente este último tiempo.

Lo que no se (me) entiende es que yo suelo pasarla bien en el mundo que tiene lugar en mi cabeza. Veintisiete años tardé en armármelo, quedó bastante lindo, a mi modo, claro; como esos personajes de Tim Burton, que son re tiernos, pero son cadáveres.
Hoy es una de esas noches en las que no necesito nada, no quiero nada, a nadie. Veo a la gente y se relacionan, se abrazan, se quieren, se conflictúan unos a otros. Yo no puedo, no me sale, no tengo ganas.
No es una necesidad, ni un mecanismo de defensa. Quiero estar sola. Es un deseo. Una declaración. Un manifiesto.

miércoles, febrero 24, 2010

Sonó el despertador, sufrí, sufrí un poco más y fui para el baño a lavarme y esas cosas. Comí una rodaja de melón y prendí la compu. Respondí unos mails y me preguntaron qué leía cuando tenía trece años. Casi me descompongo, García Márquez, Isabel Allende y poesía de la más cursi y melosa.
Oh por dios, paren las rotativas, me acabo de acordar de lo peor. YO ESCRIBÏA POESÏA A LOS TRECE AÑOS. Pura rima y palabras como "amor" y verbos como "espiar". Porque me gustaba un flaco que estaba en cuarto año y le decían Tango, y usaba gamulán y fumaba y yo me ponía colorada cada vez que lo veía, pero no podía dejar de perseguirlo. Después llegaba a casa, me tiraba en la cama, lloraba contra la almohada y le dedicaba horrendos poemas rimados. Mi mamá me preguntaba qué me pasaba y yo le decía que no entendía geografía, ella respondía "Cele, cualquiera que te haga llorar, no te merece". Lindas enseñanzas las de mi madre, muy profundas y absolutamente útiles para una adolescente que tiene las hormonas alborotadas, se siente el ser más horrible del universo y piensa que un pendejo de 16 años y pelito largo es la cristalización de la belleza más estremecedora.
Al final no me acuerdo cuál era el objetivo de este post, el recuerdo de aquellos años me deprimió.
Me voy a llorarle a la almohada un rato.
Y mientras Sol me contaba de su semana post-ruptura, de cómo no pudo parar de llorar en dos días y acerca de cuánto dolor sentía por haberse separado del amor de su vida, yo me encontré diciéndole que eso del amor de la vida está mal encarado. Que todos pensamos que el amor de la vida es una persona, un otro, le decía. Que si sos una tarada de las que toman daiquiris vas a llamarlo "esa personita especial"; a mí cuando alguien me habla de otra persona y se refiere a ella como "personita especial" me imagino a Corky, la fuerza del cariño, qué quieren que les diga. Pero que bueno, que al final todos terminamos pensando que el amor de la vida es un sujeto que no somos nosotros, que es una bisagra, que marca un antes y un después; pero que no, que el amor de la vida es justamente eso, el amor que uno tiene, que a veces lo comparte con felicidad, otras se vé rechazado por la contraparte y que algunas (cof cof) se lo guarda en un cajón hasta que el clima despeje un poco. Entonces, basta de "el amor de mi vida" porque está siempre ahí, no se agota, a lo sumo se esconde por una temporada. Eso le dije, palabras más palabras menos.
Y Sol sonrío, y quedó re contenta con mi insight.
Y yo también sonreí, hasta que me di cuenta de que no puedo ser tan hipócrita. No tengo derecho a hablar del amor de la vida, ni de ningún tipo de amor.
De todos modos, goal accomplished, Sol se quedó contenta, y yo me vine a mi casa a ver Chasing Amy por millonésima vez.

martes, febrero 23, 2010

Estábamos en el living de la casa de mi amigo y consejero y en el balcón aparecían, de la nada, una mina muy linda, una nenita diminuta también muy bonita y un camarógrafo con cámara al hombro. La cámara tenía un sticker enorme que era onda la mancha de Jugate Conmigo, blanca y tenía escrito en rosa "No te cases, no".
Salíamos al balcón y preguntàbamos qué onda y nos contaban que eran del programa "No te cases, no", que era un reality que buscaba a novias que se casaban por motivos ajenos al amor y las convencían de dejar plantados a los novios en el altar. La chica esta se casaba a pesar de no querer a su novio porque tenía una hijita y necesitaba cierta estabilidad económica. No sé de dónde, me salía un monólogo muy Simone, y la convencía de que no se casara, que ella sola podía, que cómo no confiaba en ella. Después, mi amigo y consejero se quedaba tratando de levantársela y yo me llevaba a la hijita a la cocina, cuando le preguntaba cómo se llamaba me contestaba "Monanda".
- No parece de la edad que tiene, eh.
- Bueh, ¿que te puedo decir yo, que estaba de novia con un pendejo de 22?
- Boluda, este vejete podría ser el padre de tu ex novio.

Así quedé, bastante sonriente por este hombre que no aparenta la edad que tiene, que en este último tiempo me hizo bajar discos increíbles, que vive con tres gatos divinos y tiene un departamento con más guitarras que muebles.
Un pasado grunge de camisas cuadrillé, aunque el pelo largo persiste; qué pelo, ay, qué pelo ese pelo.

lunes, febrero 22, 2010

¿Cuántas veces se puede mirar la misma película?
Acabo de ver Reality Bites, y quién sabe cuántas veces me la vi, de principio a fin, con acompañamiento de bailecito en la escena de la estación de servicio y llanto al final incluídos. Creo que la primera vez fue a los trece o catorce y claro, ¿cómo no querer ser Lelaina a los 23? ¿cómo no querer my own private Troy?

Entonces, son las cinco de la mañana, me tengo que levantar en cuatro horas pero no puedo, no quiero, irme a dormir, porque sé que en el momento en que apague la luz se me va a venir todo encima, como un peso muerto sobre el pecho. Porque es eso, peso muerto, algo que está ahí, desde los trece o catorce y ya no sé cómo manejar. Pero pesa.
No saber cómo hacer y ya no encontrar modos de parafrasear el intento de hacerlo palabra. Como si enunciarlo lo alivianara, como si sirviera de algo. Como si escribiendo pudiera reparar el daño, la torpeza de cometer siempre el mismo error. Siempre. El mismo.
Esas cosas que les pasa a otra gente y a mí nunca, y yo me pongo de al lado de afuera del vidrio y hago como si me estuviera arreglando el pelo con el reflejo pero en realidad todo se torna muy de-chiquilín-te-miraba-de-afuera. Y ese es el problema, que si alguien viniera y me dijera "¿querés pasar?" yo diría que no, que sólo estaba viendo si tenía los pelos demasiado alborotados. Como si me diera vergüenza reconocer que sí, que yo también quiero, pero que siento que no puedo, que es demasiado, que no sé si me lo merezco.
Parece que no necesité apagar la luz para que se viniera todo encima, porque son las cinco y cuarto y estoy llorando mientras tipeo. Porque parece que lo único que puedo hacer últimamente, es eso. Y por últimamente me refiero a los últimos trece años. Desde los trece o catorce hasta ahora. Se acumulan archivos, y posts, y blogs, y mails enviados, y borradores, y cuadernos, y cartas nunca entregadas; eso es lo que tengo. Eso y el peso muerto.
Y a vos, que estás leyendo esto ¿no te cansás de leer lo mismo una y otra vez? ¿no se siente como un deja vu constante? ¿soy sólo yo o es realmente evidente que, por cómo vienen las cosas, el panorama no va a cambiar? Sí, eso, que mañana -o en unas horas- me voy a sentir mejor, que no voy a estar tan hastiada, que voy a ponerme la mascarita carnavalera para salir a hacerme la cancherita por ahí. Y dentro de diez días, o quince, o en un mes, de vuelta con lo mismo; con el yunque en el pecho, la lagrimita fácil y todo el juego de inseguridades, miedos y tropiezos.

En serio, eh ¿cuántas veces se puede mirar la misma película?

domingo, febrero 21, 2010

Cel: Entonces le dije que no podía, porque me había caído y estaba toda lastimada.
Gen: Claro...
Cel: Y me dijo que si me quedaba sola en casa y necesitaba compañía, o algo, cualquier cosa, que le avisara.
Gen: Aaaaw, qué divino.
Cel: Sí, un amor. Pero bueno, estaban acá Ani y Lau, así que no, no necesitaba compañía.
Gen: No la de él...
Cel: Eso mismo. Y después, más tarde lo crucé en el msn y me volvió a decir algo del estilo, que si necesitaba mimos, que se venía; pero como yo no sabía si me iba para lo de Dedé o no, quedé en que le mandaba un texto cualquier cosa.
Gen: Pero acá estás, no fuiste a lo de Dedé.
Cel: No, me quedé mirando unas pelis.
Gen: Es divino ese chico.
Cel: Ya sé, boluda, pero no me gusta. No me gusta. No sé por qué. Me da pena y bronca, pero no va, eh. No va. ¿Sabés qué es lo peor? Que me re gustaría como amigo, ponele. Pero eso no se lo podés decir a alguien que quiere venir un sábado a la noche a tu casa a ver una peli y comer helado y ya te vio en pelotas.
Gen: No, no podés decirle eso, nunca. Ahora... ¿Y si el que te decía de cuidarte era fulanito?
Cel: Ponía la cera a calentar, lo esperaba con un escote hasta el ombligo y me olvidaba de mi rodilla hinchada y el pie torcido.
Si llego a leer de vuelta el artículo "el" delante de la palabra "autoestima", prendo fuego todo.

sábado, febrero 20, 2010

- Y ¿qué quería el tipo? ¿que le dijera que estoy enamorada? Yo qué sé qué me pasa con él.
- Estaba rascando amor.

La conversación -hace dos o tres días- había empezado con la cuestión "Dormir abrazados: ¿mito o realidad?" y bien sabiendo los dos que puede pasar alguna vez pero que es realmente incómodo, mi interlocutor decidió ponerse más polémico y defenestró a la gente que anda por la vida pidiendo abrazos, contó que las últimas chicas con las que había salido hacían cualquier cosa por una muestra de afecto. Al principio me chocó un poco y hasta llegué a pensar que era un mensaje encubierto hacia mí -considerando que recién empezado el año compartimos un par de noches-; junté coraje y le pregunté si yo era una de esas. "Más bien todo lo contrario". Cierto, cierto que yo sí sé que me falta cariño y que me encantaría que viniera en forma de calor humano pero procuro que no se note demasiado, no sea cosa que. No sea cosa que no sé, que me lo den, andá a saber.
También me acordé de un domingo de invierno pero con sol en Plaza Francia, y unas gentes con unos carteles en el pecho que decían "ABRAZOS GRATIS"; recordé mi cara de horror y el desvío que tomé para esquivarlos. Todo esto sin pensarlo, automáticamente. Porque mi mente ya me conoce, no necesita preguntarme qué me parece algo para hacer reaccionar al cuerpo. Cara de horror - disimulá la cara, tarada, que los lentes tapan los ojos pero no la mueca de la boca - ¿izquierda o derecha? - izquierda, aunque haya olor horrible - dale, apurá - ¿abrazos gratis? - de veras, ¿abrazos gratis? - no te la puedo creer, la gente los abraza - ¿por qué alguien se dejaría abrazar por un extraño? - uh, garrapiñada; funciona más o menos así mi cabeza.
Y ayer, mientras nos terminábamos el tinto con el que habíamos acompañado la -¿el?- moussaka, Lau tira esa frase grandiosa, "rascando amor" y de vuelta a debatir.
Porque sí, seré arisca (y acá podría usar el plural de la primera persona, pero no quiero meter a mi amiga en mis declaraciones de exhibicionista empedernida), y pareceré distante y todas esas cosas que me han reclamado, pero -y que quede bien claro- cuando no lo soy, cuando abrazo y me acerco y demuestro es porque estoy segura, porque es real, porque ya no me importa si el otro me devuelve en la misma medida o no, porque ya empecé a querer y me es muy difícil echarme atrás.
Me fui a dormir borracha, pero también bastante amigada conmigo misma.
Las ganas de experimentar gastronomicamente le ganaron al deseo de reclusión y terminé en el supermercado a las puteadas porque no había yogurt natural. Y mejor que no empiece con toda mi diatriba contra el yogurt porque me pudre hasta a mí misma. Pero en serio, che, doscientas clases de yogurt y ni uno natural, sin azucar, sin nada; bueno, uno sí, de la nueva marca que reflotó el envase de vidrio, pero casi que no lo veo, así de escondido estaba, amdrentado por los de su especie con frutas, cereales y demases.
Puse a grillar las berenjenas y corté la cebolla en brunoise -porque después de años de clavarme todo programa de cocina existente, aprendí qué es brunoise-; lavé los champignones, piqué ajo, y blabla, todo lo que decía la receta que me pegué en los azulejos para tener a la altura de los ojos.
Para cuando llegaron Ani y Lau, las berenjenas estaban hechas y sólo faltaba condimentar la carne, echarle caldo y dejar reducir. Curry, pimentón, pimienta y una cosa picante que trajo Lau de Ecuador, todo adentro, a la olla burbujeante que despedía un olor intoxicantemente tentador, o será que para ese momento yo ya estaba muerta de hambre.
Después, a la fuente. Capa de berenjena, capa de carne, capa de berenjena, capa de carne; y así. El último golpe de horno, con un gratinado del bendito yogurt natural y queso.
Hubo aplausos, y no quedó ni para mojar el pancito.

viernes, febrero 19, 2010

Las opciones para el fin de semana son:

1- Hombre bohemio, músico, cuya edad está más cercana a la de mi madre que a la mía. Igual, no parece de la edad que tiene, eh.
Lo vengo bicicleteando desde hace semanas. porque siempre termina surgiendo algo mejor o yo estoy con ataque de minita y me encierro en mi cuarto durante las 48hs del sábado y domingo. Ya me dijo "pendeja, te estoy por mandar a la mierda" y yo, que amo sentirme pendeja, me hice la boba y pedí perdón por enésima vez.

2- Experimentación en cocina étnica con Lau como partenaire. En esta entrega, Moussaka, una receta griega de carne, condimentos, berenjena y gratinado de yogurt. Sí, ya sé, no soy muy buena vendiendo recetas.

3- Ponerme al día con la lectura, lo que me queda de Breaking Bad y todas las pelis que tengo bajadas; en la cama. Dicen que va a llover todo el fin de semana. Debo decir que en este momento es la opción que más me convence.

4- Clase de inglés con bonus track. El chico de ojos increíbles propuso un encuentro para el sábado que todavía no me animé a confirmar o rechazar. Supongo que considerar ir a buscar libros al Parque Rivadavia en vez de aceptarle bonus trackear un buen rato habla bastante de cómo me siento con respecto a la situación con este muchacho

Podría hacer un gran combo. Opción 1 para esta noche del viernes. Opción 4 para tarde del sábado, la 2 para la noche. Y opción 3 para el domingo.
O bien, 2 para hoy a la noche, 4 para la tarde noche del sábado, 1 para el domingo a la noche.
O a la mierda con todo y puro 3, que es lo que más tira

jueves, febrero 18, 2010

"¿No será miedo que tenés a que alguien te guste?".
Alguien me llega a hacer otra más de esas preguntas y me desquicio, están todos avisados.
Yo puedo tener muchos miedos, de hecho, los tengo -si alguien necesita alguno, a mí me sobran bastantes, los guardo en cajas, muy bien conservados-. Pero no puedo tener miedo a que alguien me guste. Así como no puedo rechazar una palta en mi heladera por temor a abrirla, echarle limón, aceite y sal y que me guste, no puedo evitar y poner distancia con alguien porque capaz inconscientemente siento que me puede llegar a gustar y eso me da terror. Alguien me gusta o no me gusta, y no hay más truco. Y hay diferentes instancias en ese gustar, pero no importa de qué categoría se trate, o está o no está, y basta de buscar miedos escondidos para explicar las relaciones entre las personas.
Puedo tener dificultades para demostrar interés, puedo ser torpe al exponer mis intenciones, puedo ser en extremo ñoña e insegura, pero nunca, nunca, evité que alguien me gustara. Es una de las sensaciones más lindas que puedo llegar a registrar. Nunca -N U N C A- evitaría gustar de alguien.
Por eso, basta de esto de que dejo de ver a los muchachos que frecuento "por miedo a que me gusten". Basta. Ni siquiera llego a la instancia del miedo, me aburro antes. O me dejan antes, esa también suele ser una opción.
Y acá nadie habló del amor, eh. El amor es otra cosa. Y yo de eso no hablo, no tengo autoridad. Me faltan juntar unas cuantas millas.
Soñé hace unos días que iba con un pibe a unos videojuegos y me ponía a jugar a uno en el que Kevin Smith mataba a unas hormigas gigantes. Después salíamos del lugar ese y nos paraba la policía, como yo no tenía los documentos encima, el rati -y yo nunca los llamo así, pero en el sueño pensaba "este rati de mierda"- agarraba su placa y me la refregaba por la cara.
Cuando me desperté, pensé que le tenía que contar al pibe en cuestión el sueño, pero me volví a dormir; así que soñé que le contaba y él hacía un análisis medio extraño y bastante acertado.
Cuando volvimos a hablar no le dije nada. La gente se pone rara cuando le decís que estuvieron en tus sueños.

martes, febrero 16, 2010

Hace unas horas acepté que el chico de ojos increíbles fuera mi alumno de inglés. Hace unas horas también, confesó que tal vez, y con fines meramente educativos, lo ideal sería que me agarrara desprevenida mientras cierro la puerta de casa, como para liberar tensiones y poder tener una clase relajada.
Genève se caga de risa y dice que no puedo ser tan caradura, que cómo le voy a cobrar por venir a casa y estamparme contra una pared, pero no, porque la reglamentaria hora de clase se respetará, con o sin agarrada sorpresiva.
Y mientras mi amiga me mira de costado, tan pícara ella, yo... yo pienso que estas situaciones son mi alimento, mi motor; que si tuviera un par de estas situaciones por semana, no necesitaría enamorarme y todas esas cosas y que, probablemente, la pasaría mucho mejor.

lunes, febrero 15, 2010

Me calcé los lentes, y salí a la calle. Qué mediodía hermoso en la calle arbolada. Qué lindo es Villa Urquiza. Qué lindo es coger. Qué lindo, pero qué lindo.
Y qué me importaba San Valentín, qué me importaba que las calles estuvieran llenas de parejitas de la mano. Realmente, no me importaba. "Tomá, Valentín, no necesito estar enamorada ni nada por el estilo para que me chupes un huevo", pensé.
Y así iba, con la sonrisita y los rulos hechos un bardo, metiendo la mano en la cartera para buscar monedas.
Y así iba, sin darme cuenta de que el viento cada vez arremetía con más fuerza.
Despeinándome.
Haciéndome arrepentir de no haber agarrado un saquito la noche anterior.
Subiéndome la pollera hasta la cintura. Exponiendo mi humanidad a los transeúntes villaurquicenses.

Sí, la de bombacha color obispo en la esquina de Mendoza y Triunvirato, era yo, señor/a.

viernes, febrero 12, 2010

Aproveché mi tarde libre para ir a buscar un libro que había comprado por mercado libre -todavía no sé si está bien o mal que use mi herramienta de laburo para comprarle a la competencia, tampoco es que me importe mucho-. Me bajé del subté, sudé las cuadras hasta el lugar en cuestión y me anuncié como la flamante compradora de Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland. Y en el momento en que lo dije, me di cuenta. El cliché, me convertí en uno.
¿Qué podía comprar una chica como yo, cercana a la trientena, que portaba morral con imagen de una virgen en el frente, sandalias naranjas, auriculares de los que salía Redd Kross, cara de estar hastiada y mirada de por-favor-que-no-sea-siempre-así-todavía-guardo-esperanzas, sino Douglas Coupland?
Y después de atravesar la juventú escapando de caer en alguna de esas pseudo tribus de veinteañeros, me vengo a dar cuenta de que siempre fue así, de que todo este tiempo había formado parte de algo y yo tan pancha, creyéndome especial y única.
El chico me dio mi libro -tapa dura, muy difícil de conseguir, veinte mangos, excelente estado- y me ofreció un par más del mismo autor.

- Aaah, ya los tengo, me falta La vida después de Dios solamente -le dije mientras chusmeaba muy por encima.
-No me digas, lo vendimos hace poquito. Qué pena.
-No hay drama, ya lo conseguí por otro lado.
-Menos mal, me hubiese puesto mal que no leyeras todos los de Coupland.
-Ya lo leí, pero me lo habían prestado. Ahora quiero releerlo y tenerlo.
-Yo no lo lei, ¿qué tal?
-Maravilloso.
-Uh, no lo debería haber vendido. ¿Me lo prestás?
- Jajaja...

Entonces lo miré, prestando atención, y lo pude ver claramente, él también formaba parte de este grupo. Claro que no llevaba morral con virgen sino chomba a rayas de feria americana y bigotes de estudiante de Ciencia Política.
Pagué, me quedé sin ver el resto de las libros y enfilé ligero para Acoyte.
Volvieron.
No, no mis ganas de vivir. (Aunque estoy casi segura de que este desgano es presión baja)
Los comentarios.
La mañana empezó bien, una mañana más. Snoozeé hasta el límite, me bañé, comí un durazno, me vine para la librería, todo normal; la rutina del 36, bajarme en Charcas, hacer siempre el mismo camino, este día en particular con Eddie Vedder de fondo.
Pero en el momento en que mi jefe me dijo "me voy para casa, vuelvo en unas horas" y se fue, un vacío. Ni tristeza, ni angustia, la nada. Ganas de la nada; de despertarme y que ya sea marzo, para tener que trabajar 11 horas por día y no tener tiempo de pensar en nada. Abulia.
Y cuando estaba por mandarle un mail a mi amigo y consejero para contarle que ayer a la noche fui a ver la de Benicio del Toro haciendo de hombre lobo y me quedé completamente dormida en la butaca, un mail en la bandeja de entrada. Hoy se suspenden las clases del profesorado por falta de agua.
Salgo del trabajo a las cinco de la tarde y ¿qué hago? ¿qué hago con esta apatía y una tarde libre?
De veras, ¿qué hago?
Estoy teniendo una de esas conversaciones en las que no me importa nada y me sincero, me libero, me aliviano.
Claro que es con alguien que me chupa un huevo.
Pero nos vamos acercando, capaz la próxima soy sincera en una situación que lo amerite y todo.