lunes, noviembre 23, 2009

- Me atendiste medio mal ayer. ¿Te enojaste por algo?

- ¿Tengo algún motivo para enojarme?

- Eso te pregunto a vos. ¿Estás enojada? Después te hablé por msn y no me contestaste.

- Es que te dije, cuando llamaste estaba hablando por teléfono. Hablé un rato más, cuando corté, ya no estabas conectado.

-...

-Igual, tenés razón, eh.

- ¿Con qué?

- Con que capaz te traté medio mal. Pero yo no me había dado cuenta, eh. Cuando corté con vos el amigo con el que estaba hablando me lo hizo notar. Entonces yo ahí pensé que capaz es cierto, que a veces te trato medio mal, pero no me doy cuenta, no es a propósito, eh; yo nunca quiero tratarte mal, y los dos sabemos que cuando te quiero tratar mal, te trato súper mal y después vos te ponés hipersensible y yo no sé cómo carajo pedir perdón porque caigo en que vos no te merecés que te trate mal nunca. Y ahí me acabo de contradecir, ya sé, porque dije que nunca pero a veces sí; pero vos sabés cómo me funciona la cabeza a mí, así que para qué explicarte. Tampoco podría explicarte, aunque quisiera. O capaz sí, como que a veces te trato mal pero no es porque quiera que te sientas mal, es para poner distancia, me enojo a propósito para que tengas un par de puntos en contra, porque si no son todos a favor. Y si son todos los punto a favor, estoy en el horno, alguna contra tenés que tener. Además de la contra enorme que ya vino de fábrica, claro, pero de eso ya sé que no hablamos, porque para qué ¿no? Entonces me enojo a propósito para tener asociada esa idea de enojo con el concepto que tengo de vos en la cabeza, es como un reflejo condicionado pero al revés. Y ayer le decía a mi amigo "vas a ver que le voy a terminar diciendo todo, quemándole la cabeza".

- ...

- ...

- ...

- Bueno, decí algo.

- ¿Todo a favor? ¿De veras?

- En serio.



A veces siento que es como cuando Susanita empezaba a contar algún chisme y se iba por las ramas. A veces hago un recorrido similar pero dentro de mi cabeza, y el globito de diálogo va creciendo cada vez más hasta ocupar demasiado espacio. Y a veces, por suerte, encuentro a alguien que sigue el hilo turbio de mis asociaciones y no le importa, o por lo menos no me tilda de neurótica insoportable. Porque sabe leer entre las líneas.
Que yo no quiera ver que me estoy metiendo en la bocadel lobo es otro asunto. Y de eso, en este blog no se habla.

domingo, noviembre 22, 2009

Siendo las 5:15 am del primer día de mis 27 años, y en un estado de completa embriaguez, declaro que recién se me había ocurrido algo que TENÍA que escribir y ahora se me olvidó por completo. De todos modos, no por olvido dejaré este espacio en blanco.
Resulta que mi jefe me regaló un libro y ahora me siento responsable y no sé qué regalarle a él, que cumple el lunes. Lo más probable es que me olvide y me ponga toda colorada cuando le diga feliz cumpleaños y no tenga nada bajo el brazo para darle.
Recibí: el libro antes mencionado -uno de Carver, como se nota que mi jefe me conoce-. Una pollera. Una torta. Unas medias buenísimas, con los fantasmitas del pacman. Una revista porno, una genialidad de otro mundo. Y aunque en mi quinto cumpleaños haya echado a una amiguita de la fiesta por no traerme un regalo, pasado pisado, ahora no me importan esas cosas (mentira, el martes hago festejo familiar y ahí se viene el aluvión de presentes).
Festejé en reunión de lo más íntima, ofreciendo las especialidades de la casa y un par de innovaciones. La estrella, la chocotorta de bajón, se llevó todos los suspiros.
Recibí muchos llamados, de los que esperaba y de los otros.
Mi muro de feisbuc se llenó de saludos de gente que no conozco, mentira, son tres o cuatro nomás. Me siento como esa gente que festeja su cumpleaños en un restaurant y que hace que todo el lugar aplauda al final del felizcumpleaños.
La noche amagó con terminar en una fiesta llena de snobs (sí, de esos que quieren ser uruguayitos y se hacen los popu; la peor clase de snob), pero por suerte nos fuimos antes de que las canciones de el príncipe hicieran entrar a todos en trance y no nos pudieran ir a abrir la puerta. Por suerte, a la vuelta nos tocó un taxista copado que nos inspiró a llegar y tomar un último fernet.
Ese fernet me reventó.
Bueno, y el porro con el que lo acompañamos también, para qué mentir.
Un mammmmbo re copppado.

Hoy me dijeron que podría llegar a hacer mucha plata haciendo de dominatriz. "Eso de la humillación psicológica, te re veo". Posta que me quedé pensando.

Bueno. La noche ha terminado, los pajaritos me taladran el cerebro. Despídome.
Este blog se está convirtiendo en un diario.

viernes, noviembre 20, 2009

Resaca. Esto que me pasa ahora, se llama resaca. Por haber mezclado cerveza con vino tinto y uno de esos brebajes de minita que son una cosa espumante con gusto a melón; porque cuando son las 3 de la mañana y no hay delivery de alcohol, y tenés ganas de seguir, y ya no queda nada salvo la cosa esa que está en la heladera desde la fiesta de cumpleaños de Genève, como que ya no importa nada, y adentro.
Sabia Mariela que se fue a dormir antes de terminarse su vaso. Ignorantes mi hermana y yo, que nos terminamos la botella mientras nos hacíamos confesiones de borrachas; ella, con mirada cálida, aseguró que soy otra -una versión mejorada de mí misma- desde hace un tiempo largo ya, tiempo largo que concuerda con el tiempo que he pasado sin ver a El Innombrable; yo, con rubor en las mejillas, hablé de mi deseo animal hacia un libriano de sonrisa poderosa y mente inflamable. Después, cada una a su cuarto.
Y a pesar de haberme ido a dormir con una sonrisa orgásmica dibujada en la cara, el inconsciente me jugó una mala pasada y me hizo tener uno de esos sueños que si siguiera haciendo análisis jungiano, alimentaría la terapia por meses. Me desperté angustiada, y esa angustia no se fue hasta bien entrada la tarde, hasta que no identifiqué un par de elementos de esos que forman un patrón en mi historia onírica.
Llamé a Flor desesperando, contándole que en el sueño había un vecino de mi abuela que me acosaba, que su pasividad agresiva hacía que lo sintiera espiándome todo el tiempo, como una sombra; que el tipo, un cincuentón que se parecía a Manuel Puig, estaba obsesionado con arruinarme la existencia, que me revisaba la basura y pegaba hojas de mi diario en las puertas de las casas del Pasaje San Ireneo; y hasta ahí una pesadilla común y corriente, el problema era la escena en la que con desesperación le decía a mi mamá "es que si este monstruo me persigue es porque lo tuve todo este tiempo adentro y no lo quise ver, ¿no te das cuenta? viene de afuera porque no lo quiero ver adentro. atraerlo y hacerlo venir como algo externo era la única manera de hacerme cargo". Qué lúcida soy cuando duermo, eh. Me cago en mi culto a la proyección y la sobredosis de información que me estuve dando en estos días. Flor quiso resolver todo rápido "Boluda, es clarísimo, el monstruo es El Innombrable. Todos los ex son monstruos". Menos mal que no me dejé llevar por esa premisa.

En otro orden de cosas, pueden decidir qué ver este finde y mi primera crítica cinematográfica junto con la bonita presentación que hizo Ale de mí en Noche de peli.

Ahora mi mente olvida los embates de mi inconsciente y se dedica a tratar de decidir qué cocinar mañana a la noche. Estarán los clásicos guacamole, hummus y tal vez me ponga las pilas y tire unas berenjenas sobre las hornallas para hacer una pasta. Panes árabes, papitas y demases porquerías y algunos quesos; pero como que no estoy conforme, hace falta más. Menos mal que con las tortas soy de lo más decidida, la chocotorta es el combo perfecto que combina practicidad y ricor.
Y pensar que cuando tenía quince pensaba que me iba a morir a los 27.
Ni loca. N-I-L-O-C-A.

jueves, noviembre 19, 2009

Hay algunos que ponen Sinatra y una se siente un poco en una película.
Otros apelan al estilo fm Aspen y me rompe un poco las pelotas, basta ya de "uh ¿te acordás de este tema?" y U2, odio U2, con toda mi alma; maten a Bono, dejen de cantar una y otra vez el estribillo de One, atrasa, señores, dénse cuenta.
Siempre está el snob que empieza a nombrar rarezas, "esta es una banda indie de República Checa", y yo, si le tengo muchas ganas al tipo, me hago la interesada, porque sí, nosotras también fingimos interés si hay revolcón en el horizonte.
He escuchado por ahí que algunos ponen música clásica. Yo me la bancaría, prefiero toda la vida un Debussy antes que cualquier ritmo latinoide cachengue.
Nunca me topé con un romántico amante de Arjona, ni con un melanco fanático de Sabina; debe ser que con esa gente ni nos registramos.
Alguna que otra vez me amagaron con un tango pero mi mirada lo dijo todo, gustos son gustos.
Por suerte nunca cai en las redes de ningún palermista con ganas de volverse uruguayito y ser el rey de Cabo Polonio; esos son los piores, compañeras. Hay que huirles, si no te enganchan y corrés peligro de que te internen el cerebro, preguntándote "pero ¿qué te parece esta letra?".
A los hippies me los re banco. Me los banco de corazón. Aunque ya ni me acuerde de los discos de The Doors o Zeppelin que andan dando vueltas por ahí, en mi cuarto. También banco a los que ponen un Divididos, Los Piojos o Los Redondos, mi adolescente interior salta de alegría, y a mí me gusta darle el gusto.
De todos modos, nada le gana al grunge. Nada. Porque un hombre que me pone Pearl Jam o Soundgarden está en contacto con el tipo de masculinidad que a mí me gusta. Porque acusa un pasado de camisas a cuadros y pogos. Porque me cabe y listo, qué tanta vuelta.
Aquel que le pegue a un soundtrack de mi agrado, se ganó el cielo, me convierto en la versión más gauchita de mí misma. Into the Wild, The Big Chill, My Girl, Broken Flowers, Magnolia. Soy de lo más versátil.

Mi arma secreta es Peeping Tom. Calculado para que empiece más o menos desde la mitad de la PGP (Permanent Garching Playlist; que está ideada para sonar desde que el muchacho llega hasta unas cuantas horas después de sacarse la ropa) siempre es efectivo. Patton cataliza garches, es un hecho com-pro-ba-do. Si no le ponen onda con Peeping Tom, no le ponen onda con nada. O son de esos que piensan que las letras de Los Auténticos Decadentes están buenas y todo vínculo posible está destinado al fracaso.

miércoles, noviembre 18, 2009

Semana Jodida toma 2
Acerca de cómo las hormonas me usan de títere.

Semana Jodida pierde dos turnos y se echa atrás.
Primero porque Sol me hace propuestas musicales que no puedo rechazar. Segundo porque me hacen propuestas de las otras que tampoco rechazo; y de repente, toda la idea de compartir la noche de mi cumpleaños con amigos empieza a ser cada vez más atractiva. ¿Cómo pude decir que no quería festejar? Si amo los asados y los copetes entre amigos ¿En qué estaba pensando?
También ayuda la aparición de un proyecto personal divertidísimo que apunta a la salida a la luz de mi esencia escorpianísima a través de la herramienta esa que yo pensaba que no servía para un carajo y que mi astrólogo llamó ascendente en piscis; mi luna está de acuerdo, obvio, ella se prende en todas.
Tomá, Semana Jodida, te gané.

martes, noviembre 17, 2009

Alguna noche de insomnio del verano de 2005.
Le pedí que me contara alguna historia antes de irme a dormir, ese era (y asumo que sigue siendo) su trabajo, no tenía que costarle demasiado. Qué clase de historia, me preguntó. La que cuente cómo voy a conocer al amor de mi vida, le contesté. Después de un ratito me di cuenta, me estaba contando el argumento de French Kiss. Y ponele que yo me re copo con un Kevin Kline, es muy mi tipo, pero ambos bien sabíamos que no hay manera de convertirme a mí en una Meg Ryan, no encajo en el perfil. Además se suponía que tenía que ser una historia original, a mi medida.
Después de unos días, la vimos juntos, en vhs. Cuando terminó, me acurruqué contra él y le dije bien despacito que lo quería. A partir de ahí, The Big Chill -peli, debate y soundtrack- y The Accidental Tourist, también de Lawrence Kasdan; y tragarme los tequiero, tratar de convencerme de que todo había sido producto de la comedia romántica y el vino.

Muchos años después, alguna noche de primavera de 2009, Sol toca el piano y yo canto Dream a little dream of me. Más teatral que dulce, recordando esa peli que desde esa primera vez en HBO cuando tenía quince años hasta ese tequiero el verano de 2005 vi demasiadas veces -me arriesgo y digo que casi decenas-. Después no pude, porque la melancolía es una patología y parece que a mí me tocó en el sorteo.
Más tarde, Dedé confiesa que nunca vio Pretty Woman; Genève y yo chillamos, que cómo puede ser, que en qué tupper vivís. En dos minutos se arma el top five de comedias románticas. Yo mantengo el mío a rajatabla. When Harry Met Sally. French Kiss. Bridget's Jones Diary. Chasing Amy. Clueless. No necesariemente en ese orden.

Hoy a la mañana.
Semana Jodida no da respiro y no tengo mejor idea que poner a bajar French Kiss.
Porque cuando quiero, soy muy pelotuda.

lunes, noviembre 16, 2009

Semana jodida. Toma 1.

Empezó con Plutón llevándose por delante un vaso con licuado de durazno y naranja que acababa de apoyar. Sí, en el suelo lo acababa de apoyar, pero es mi suelo, hago lo que se me canta en mi suelo. En el momento que pegué un grito de furia contenida corroboré lo que había estado pensando antes de dormir. Eso, que esta va a ser una semana de mierda, que siempre pasa lo mismo antes de cumplir años. Que es porque me agarran unas conjunciones jodidísimas con mi sol en tránsito y no me dan ganas de evitarlo.
Me siento cómoda enojándome, pegando gritos y llorando sin motivos; y que no me rompan las pelotas, que yo no le rompo las pelotas a nadie; me tomo el tiempo y pongo la energía necesaria para no romperle las pelotas a la gente. Están todos siempre avisados de antemano cuando estoy así. Cuando no quiero hablar, no hablo. Cuando digo que no quiero festejar, no festejo, me chupa un huevo que caiga sábado y que los sàbados haya que hacer algo. No quiero ver a nadie, no quiero hablar con nadie, no quiero solidarizarme con nadie. No quiero compartir, ni repartir ni dirigirle la mirada a nadie. No quiero que me toquen, ni abrazos, ni saludos desganados, ni de los otros. No quiero nada. Quiero estar sola. Absolutamente sola.
Siguió con subirme al 42 y ponerme a llorar detrás de los lentes, secándome las lágrimas disimuladamente mientras hacía que leía un libro. Y no, no estoy premenstrual. Estoy triste. No es necesario tener un desorden hormonal para ponerse a llorar en cualquier lado; bueno, capaz que sí, no me importa. Entonces, en el medio de mi lagrimeo patético, la veo subirse al colectivo. Mi prima Eugenia, a quien vi por última vez hace diez años. Teñida de rubia, vestida de clase media pretenciosa, con su madre a la derecha, esa vieja con cara de avinagrada que se piensa que es Susana Gimenez, o alguno de esos arquetipos de lo grasa que tienen como modelo. El rubio de mi prima me da más ganas de llorar aún, así que escondo la cabeza detrás del libro y me entrego a esa mezcla de impotencia por no poder ni siquiera llorar en el colectivo y asombro por la serie de improperios que van surgiendo a partir de las grenchas y las cejas horribles de mi prima. Probablemente me hayan visto, esconderme detrás de un libro que dice ENORME "Seminarios de astrología psicológica" no podría ponerme más en evidencia. No puedo ser más hija de mi madre. Igual, me chupa un huevo. Hoy no es día para sacarse los lentes en el medio del 42 y mostrar los ojos hinchados.
Después un poco de llanto en la librería, una propuesta de festejar mi cumpleaños de a dos que casi me tienta, una discusión acerca de si cruzarse de brazos después de garchar es una falta de respeto o no -llegamos a una conclusión, sí, es una tremenda falta de respeto- y un malhumor que me llena el cuerpo; que me hace no tener sueño a pesar de haber dormido un par de horas; que me energiza de la peor manera posible y que me pone en la punta de la lengua frases de lo más crueles. Así que me muerdo los labios, me callo la boca y escribo esto.

domingo, noviembre 15, 2009

Cuando llegué me dio miedo. Nunca me da miedo estar sola en casa, pero esta vez sí. Después de enpiyamarme, me puse una peli y me tiré en la cama. Escuché, muy a lo lejos, a Plutón. Al rato, los maullidos seguían. Me avivé porque ya había pasado una vez. El muy guacho se escabulle, se mete en el cuarto de arriba -ahora de Geneve, antes de Nat, antes mío, antes de Lali, antes de Nat; si esas paredes hablaran- y después se queda encerrado. Me lo llevé al cuarto y al rato ya estaba durmiendo.
Soñé que estaba de vuelta con Tomás y que de vuelta me dejaba. Dos años y medio pasaron y yo sigo soñando que me sigue haciendo mierda. Es como cuando soñás que todavía estás en el colegio, que llegás al aula y que todo el mundo se está preparando para el examen de literatura y que vos ni siquiera sabés qué libro tenías que leer. La diferencia es que cuando me despierto después de El Horror En La Escuela Secundaria, respiro aliviada, menos mal que no estudio, pienso. Cuando sueño que Tomás me deja, pienso que todos me dejan, y eso en el mejor de los casos, la mayoría ni siquiera entra en el cajón te-dejo, se meten más que nada en la bolsa de me-desaparezco-si-te-he-visto-no-me-acuerdo-capaz-te-llamo-en-dos-meses-para-garchar.
Entonces me quedé en la cama un par de horas, sin moverme, un poco llorando, un poco mirando el techo; con la angustia instalada en todos lados. Y aunque las ganas de sentirme sola, abandonada y desesperada estaban, el sueño fue más fuerte. Cuando me desperté después de la siesta ya estaba más tranquila. Igual, es como apoyarme sobre la baranda de un balcón en un piso veinte. Clavar la barra en la panza e inclinarme hacia el vacío. Coquetear con la idea de una perdida de equilibrio. Cerrar los ojos y sentir un poco de miedo, porque podría pasar, nunca se sabe.
Me dormí otra siesta hace un ratito. Pero sigo en el balcón. Esta va a ser una semana jodida.

jueves, noviembre 12, 2009

Así estoy yo, medio flotando en mi nube de ensoñaciones y estas viejas de lengua viperina que entran unas detrás de las otras a pedir y llevarse el último de Majul. Me digo a mí misma, no aflojes, Cel, que estas menopáusicas no te arruinen el día; pero parece que esto del ying y el yang es de lo más tangible, porque también entra una pendeja de 16 años con una lista de más o menos 100 libros (de los cuales la mitad, por lo menos, es excelente) que su profesora le dio para elegir. Uno solo tiene que elegir -porque le toman prueba el lunes- y ¿cuál es el criterio de elección de la pendeja insolente? "el que sea más corto". Y cuando estoy sacando el retrato de Dorian Gray se rie y me dice "no no, ese lo tengo en casa, algo MÄS corto". Le encajo una versión con una traducción chotísima de Casa de Muñecas. La estúpida -que seguramente será obligada por sus padres a estudiar y termine haciendo diseño de indumentaria o psicología en alguna privada- planta en su boca una sonrisa de oreja a oreja y se va revoleando su cola de caballo. Y yo la odio, porque en cuarto año nadie me dio ninguna lista para elegir nada, el Martín Fierro y jodete; y resulta que a la ingrata esta le dan una lista con Narciso y Goldmundo, Franny & Zooey y Cartas al padre y ni se da cuenta de nada. Ojalá que el espíritu de Ibsen la visite esta noche y la condene a una vida de ama de casa mediocre.

miércoles, noviembre 11, 2009

Tratando de encontrar un mail con una propuesta laboral extrañísima que le había reenvíado una vez a mis amigas, abrí la caja de pandora, AKA la carpeta de enviados.

Se supone que no tengo que tomar ningún tipo de decisión importante dentro de los 56 días previos a mi cumpleaños. Creo que lo que (me) está pasando va a derivar en una decisión muy importante, una decisión que vengo posponiendo desde hace mucho tiempo.
Hace poco menos de un año, mi analista, ese que se fue a Córdoba, me sugirió que tenía que definirme con respecto a vos. A los 3 días estaba comunicándote mi resolución, no verte más. Otra vez me había enamorado, eso si alguna vez me había desenamorado, claro.
Al tiempo de eso, ese mismo analista trató de hacerme entender que yo no me había definido nada, que dejar de verte o verte en plan fraternal era otro de mis escapes frente a ese miedo inmenso que siempre me dio cada vez que imaginé la posibilidad de estar en pareja con vos. Verte en un bar, ir a tu casa, que vinieras a la mía, era todo más de lo mismo. Aún estando yo con otra persona, había algo con respecto a vos que seguía haciendo ruido en algún lugar, la sensación de saber que si yo estaba en ese momento con esa otra persona, era sólo porque vos no habías querido darme una oportunidad, porque yo nunca había querido que me dieras esa oportunidad.
En un principio (bastante lejano ya) quise tenerte sólo por el hecho de tener la certeza de que en algún momento te me ibas a escapar, esa certeza se fue desvaneciendo con el correr del tiempo, me empecé a dar cuenta de que amagabas con desaparecer pero que nunca lo hacías, y sí, es probable que yo haya ayudado de alguna manera a que vos permanecieras, pero eso sería atribuirme todo el crédito y es imposible, si no te fuiste es porque desde algún lado percibiste que te podías quedar, que te querías quedar.
Yo no sé si puedo confiar, creo que sí, pero por ahora desde un lado muy distante. Confío en tu criterio, en tu generosidad, en tu humildad, en tu capacidad de amar y entregarte. El (mi) problema es que no sé si puedo ser la depositaria de todas esas cualidades que te veo y admiro. Todo esto, en mi cabeza. En lo real, recibo de vos todo el tiempo. Cada palabra tuya, cada abrazo, cada caricia, se me hacen carne, no me olvido nada, nunca. Podría hacer una lista larguísima de cada vez que me sentí feliz estando con vos, pero es como si a partir de todos esos hechos no pudiese armar la hipótesis más simple y más comprobable, “INSERTE AQUÍ EL NOMBRE REAL DE MR BLONDE AHORA CONOCIDO COMO EL INNOMBRABLE quiere a Celeste”. ¿Cómo hacer para dejar de pensar en términos de teorías, hipótesis y contraste con la realidad?
Quiero estar con vos. Y es la expresión de deseo más intensa que haya tenido. Más que el “por favor, quiero querer a alguien alguna vez” o que el “por favor que alguien me quiera”. Lo otro era mirar para arriba y pedir, esto va dirigido, tiene un blanco. Quiero estar con vos. Quiero que confíes en mí, que te dejes caer porque sabes que detrás te voy a estar sosteniendo. Que me des un beso cada vez que tengas ganas de darme un beso, que me llames cada vez que tengas ganas de escucharme, que no tengas la necesidad de pedirme abrazos porque te los voy a estar dando, siempre. Porque te quiero abrazar y besar y tocar todo el tiempo. Quiero que nos demos una oportunidad de algo más que vernos una vez por semana.
No quiero tener más miedo y sé que vos tampoco. Dejame entrar, y entrá vos. Aceptame, porque nunca tuve tantas ganas de aceptar a alguien. Te juro que pienso en todo lo que te quiero y me agarra una sensación extrañísima en el plexo, ahí te tengo alojado.
La definición no pasaba por dejar de verte o bancarme que no me correspondieras. Esto es definirme. Esto. Decidir que quiero tener un proyecto con vos, que quiero acompañarte a dónde sea que quieras ir y dejarme acompañar por vos. Querer coger con vos y con nadie más. Querer arriesgarme a decirte todo esto sabiendo que existe la posibilidad de que vos no quieras lo mismo. Esto me define como persona. Yo te quiero a vos. Te quiero a vos y no me importa si me conviene o no me conviene, si nos veo un futuro acotado o casi eterno. No puedo permitirme seguir dilatándolo. Si me hago la boluda una vez más, me recibo de discapacitada emocional, porque tener tanto amor por alguien y sólo darle una mínima parte es bajo, es egoísta, es horrible.
Animate, atrevete, dejá de escaparte, vení conmigo. Sabé que estoy para vos, siempre, en cualquier en momento y bajo cualquier circunstancia. Para lo que quieras. Tirá abajo la barrera. No hay barrera, vos sos la barrera. Yo soy la barrera. Seamos cursis y digámonos cosas lindas al oído, caminemos de la mano, llamémonos con apodos estúpidos, llenémonos de besos, todo el tiempo.

Y cuando terminé, pensé "wow". Wow porque hasta hace una hora estaba sacándole el cuero a más no poder. Wow porque ya casi no tengo registro de haber sentido todas esas cosas. Wow porque lo escribí hace casi exactamente dos años. ¿Tan rápido se desvanecen ciertas cosas? Wow por acordarme que nunca me respondió ese mail, que nunca lo nombró, que nunca nada.

sábado, noviembre 07, 2009

Una tía se mudaba con su familia a una casa frente al mar. Los iba a visitar y alguien me regalaba una pepa mientras iba caminando por la playa con mi remera de Faith No More. Después me encontraba con una compañera del secundario que me parecía una pelotuda destinada a una existencia de argentina básica -el concepto de argentina básica es tema para otro post, definitivamente-, y que me decía que todo el mundo había preguntado por mí en la reunión de reencuentro que habían hecho el sábado anterior. El final del sueño era genial, estábamos todas las mujeres de la familia mirando el mar; un mar desbocado, que avanzaba cada vez más y te golpeaba cuando menos lo esperabas. Y ahí estábamos, dejándonos tumbar, riéndonos cada vez que a alguna la agarraba una ola desacatada y terminaba escupiendo agua salada.
Probablemente tuve un sueño con agua y mujeres porque retomé un libro de los luminares de Liz Greene que me había comprado a principio de año. Mi luna -intempestiva, tan acuariana ella- se agita cada vez que le doy un poco más de bola y me tira estos sueños que me hacen extrañar la terapia jungiana y ver arquetipos en todos lados. En el libro este tiran un ejercicio para probar una cierta cuestión lunar, es fácil, recordar cuando uno era bien chiquito, cualquier situación en compañía de nuestra madre, registrar qué sensación nos daba esa compañía y sus reacciones. Mientras esperaba que la cola del pagofácil se agilizara, me acordé de un par de cosas, de cuando era bien chiquita, que tenían a mí mamá como protagonista. Es angustiante y raro, pero yo no me sentía cómoda con mi mamá, y hablo de cuando tenía tres o cuatro años, muy chiquita. No me gustaba pasar tiempo con ella, pero no por culpa de ella, si bien mi vieja a los veintipico era demasiado nerviosa, casi obsesiva. Ella le ponía onda, la que no tenía ni una pizca de entusiasmo era yo, que quería volver inmediatamente a lo de mi abuela, donde estaban mis tías, donde era el centro de atención; porque era eso, tenía la sensación de que a mi mama no le importaba mucho lo que yo pudiera llegar a decir, tuve esa sensación hasta hace unos años, cuando cai, por fin, en que mi madre no era un ogro disfrazado de capricorniana con ascendente en capricornio. Al final, llegó mi turno en la cola del pagofácil y medio que le di la boleta de telefónica a la chica con los ojos llenos de lágrimas; es que no está bueno sentir que hay algo que no cerró, que la Cel de cuatro años sigue pensando que su madre no le presta atención, que promete cosas que nunca cumple y que seguramente estaría más tranquila sin una hija hiperactiva, hipercuriosa, hiperdemandante, hipersensible, hiperegocéntrica y que nunca parece tener suficiente. ¿Cómo no proyectar todo eso en el presente? Estas cosas pasan cuando tenés a plutón en conjunción con saturno, y eso en cuadratura con la luna en casa 12; you just can't get enough, un barrilito emocional sin fondo. Posta, sin fondo.

Alguien en la radio dijo tom "crais". Me han cortado la inspiración y arruinado el mediodía.

viernes, noviembre 06, 2009

"¿Ven Ciega a Citas?", preguntó mi prima Fátima un ratito antes de comer. Algunos contestaron que sí, otros que no. Yo conté que seguí el blog pero que como no tengo tele, sólo miré el primer capítulo en canal 7.
"Ah, porque vos sos la protagonista, eh. Y tu hermana es la hermana, es tal cual", dijo mi tío Agustín, padre de mi prima, mientras se cagaba de risa.
Y todos se reían, porque claro, es re gracioso que en la tele haya un personaje que sea tan parecido a mí -según ellos-. Sí, qué gracioso. Qué descostillantemente hilarante es que toda mi familia esté segura de que soy una cínica sin remedio cuya única arma es la crítica despiadada.
Entonces el subnormal de mi tío Carlos, que es de esos que dicen "no creo en la psicología" y trataba de puto (sic) al hijo porque estudió Letras, me tira su discurso de morondanga que reza que yo no debería ser tan soberbia -y hasta ahí vamos bien, tiene razón- y empezar a ser más sumisa -y ahí ya vamos mal- en el sentido más machista que le podamos buscar al concepto de sumisión. Básicamente, que debería convertirme en una mosca muerta que promete monogamia a cambio de cenas en Puerto Madero (porque a las moscas muertas les re cabe Puerto Madero) y billeteras de marca, porque tampoco da el cuero como para agenciarse un tipo que pueda bancar una cartera, ni hablar de un juego de valijas; aunque creo que rifaría mi cuerpo por el juego ese valijas que tienen los hermanos en la última de Wes Anderson.
Por suerte, el tío Agustín y mi abuelito ven mi cara de odio mezclado con frustración y me sacan las papas del fuego, me defienden y me llenan de besos, abrazos y halagos.
Esos son hombres.
Con ellos sí, suave como la seda.

jueves, noviembre 05, 2009

No sé si alarmarme. El otro día estaba buscando un post en particular de este blog y me topé con uno en el que me quejaba de tener siempre alrededor el mismo elenco -de hombres, claro está-. Eso era en el 2007, y sí, el elenco era demasiado estable. Los mismos personajes durante años, las mismas dinámicas, los mismos planteos y las mismas inquietudes y confusiones de mi lado. Que si estaba enamorada o no de El Innombrable, que si con LlaveInglesa algún día podríamos darnos alguna vez eso que pensábamos que necesitábamos, que si fulano se ponía muy cargoso, que si mengano tenía novia y me llevaba a situaciones extrañss; siempre lo mismo. Durante años.
El 2008 fue el año del duelo. Caer en que ninguno del cast estable me terminaba de convencer, que los veía porque había una historia demasiado truculenta que me ataba, o porque simplemente no tenía otra cosa que hacer. Un año y un poco más de estar absolutamente sola, de elegir de corazón estar sola, y de rechazar casi cualquier oportunidad que se presentara; de celibato sufrido pero satisfactorio, de culto al onanismo y mucha charla reconfortante con amigas. En algún momento de Noviembre entendí qué era lo que tanto venía buscando y supe que no me quedaba mucho tiempo más de encierro, que tenía que salir a buscarlo y experimentar.
Un año después, y me cago en la puta, me doy cuenta de lo terrible: sin darme cuenta, en seis meses armé un nuevo cast, mucho menos enfermo y atormentado que el anterior, pero igualmente estable. Y de vuelta me encuentro en el medio de unos tipos que pretenden cosas de mí y me niegan otras. Que me hacen reír y enojar en partes iguales. Que están ahí y no se van. No se van.
Está bien, por ahora que se queden.
En un acto de generosidad sin precedentes, decidí regalarle a mi primo en su cumpleaños número 19 la otra entrada de mi voucher del pepsi rock. Durante un mes, cada vez que abrí el cajón del escritorio, ví la entrada y sufrí.
Hoy la puse en la billetera para dársela a la noche.
Lo peor de todo es que el pibe ni sabe quiénes son los Living Colour.

Entonces, me repito una y otra vez. "la próxima, pensá dos veces las cosas antes de hacerlas". Pelotuda.

miércoles, noviembre 04, 2009

Yo pensaba que estaba en Aries, pero no, para mí que la luna justo se puso en Tauro a las 10 de la noche, por eso nos compramos la remera.
Dedé, mientras caminábamos para la parada de 36.

Entonces ayer seguía con los llantos que salen de la nada y le suspendí a unas amigas con las que iba a tomar un café porque no sabía si iba a poder sostener una situación de corte social civilizado. Al final pasó Lau a buscarme por la librería y justo Gen iba para casa, y Dedé que andaba por ahí... total que nos fuimos todas para casa a tomar unas cervezas, comer ensalada de fideos y testear el porro que acababa de comprar el novio de Gen.
A las dos horas estábamos los cinco matándonos de risa. Más que nada porque Dedé es muy graciosa, creo que es la mujer más graciosa que conozco; y ni que decir que se potencia cuando tiene un público que la festeja. Entonces salta de una cosa a la otra, de quejarse de su madre a categorizar los compañeros de facultad. De teorías astrológicas extravagantes a sacarle el cuero a los cantantes latinos -"Arjona es un aborto de pájaro" será la frase que quedará para la posteridad después de la noche de ayer-. Mientras, Martín nos decía que teníamos que empezar a filmarnos. Es que eso ya lo hicimos, esos videos nunca deben ver la luz.
Cómo en seis horas te cambia la percepción de la realidad.
No se puede creer.

lunes, noviembre 02, 2009

Por ejemplo ahora, que acabo de salir del baño con los ojos hinchados, y mi jefe me pregunta no sé qué y yo le sonrío y le digo "claro, obvio", como si no fuera obvio que estuve llorando en el baño durante los últimos cinco minutos.. Pero el tampoco me va a decir "qué te pasa que tenés esa cara", porque los dos somos muy caretas, yo no pregunto sobre la relación espantosa que estoy segura que tiene con su mujer y él no se mete en mi vida privada. Me parece un buen trato; pero igual.
O no sé, cuando llamo a Dedé casi llorando y al rato estoy haciendo chistes porque no me banco a mí misma en esos (estos) estados. Entonces, claro, aviso, tiro una punta, digo "estoy mal", pero después me hago la canchera y la graciosa y la gente se olvida, porque se piensan que se me pasó, que no era para tanto. Capa sí es para tanto. No sé.
También pasa cuando voy a ver mis papás, no me sale, no hay manera de reconocer que no estoy tan bien como se suponía que tenía que estar. Porque tengo 26 años, y no tengo graves problemas, y digo que no quiero estar en pareja, y vivo en una casa linda, con linda gente y no sé, y todos calculaban que mi vida iba a ser maranillosa, que prometía tanto, cómo no tener una vida divina con tanto buen humor, con tanto potencial, con tanto, no sé.
Pasa todo el tiempo, entonces cuando me angustio un poquito, me enchufo una botella de vino, o un porro, o una pija, o una comedia con Will Ferrell, o todo junto. Por eso pasan meses y yo nunca lloro, porque siempre hay vino, o porro, o pijas, o pelis a mano -aunque no siempre todo junto- para evadirme. Hasta que un día cualquiera, mientras una señora muy simpática con un perro peludo me pide La Casa de Bernarda Alba, siento que ya no puedo más. Que no sé qué es lo que no aguanto pero que es iposible seguir careteándola; la señora se va y me largo a llorar. Y todavía no pude parar.
Y entonces calculo que es lógico extrañar a El Innombrable. No sólo porque fue el único tipo que me hizo sentir querida, sino porque también fue el único en poder calmarme los llantos sin necesidad de requerir a la evasión. Me abrazaba, me hacía hablar al respecto y me consolaba. Por suerte me doy cuenta a tiempo, no lo extraño a él, extraño la contención. Se supone que se puede encontrar contención en otros lugares, que hay vida allá afuera. Quién sabe.
En media hora salgo de acá ¿y qué voy a hacer?
Hay como tres vinos en la alacena, porro la riñonera que llevé ayer al recital, un videoclub a la vuelta y un vibrador en el cajón de los corpiños..
Eso si puedo dejar de llorar.
Algún día de 1996. María -mi hermana- y yo mirando music 21. De repente, el pianito de Easy. De repente, un pibe con toda la onda haciendo un cover de Lionel Ritchie.
- ¿Quién es este chabón?
- No sé, decía Faith No More.
- Está buenísimo.
- Sí...
- No no, está MUY BUENO.

Algún día de 2004. Clase de canto con Juan, mi ex profesor.
- Si tuviera que elegir tener la voz de alguien, de quien quisiera, elegiría la de Mike Patton.
- ¿El de Faith No More?
- Ajá. Todo el talento junto tiene.
- ¿No estarás exagerando, Juan?
- Vení, escuchá.

Algún día de Marzo de 2009. Con Fer en la cocina de Dedé, preparando canelones.
- ¿Vas a ver Radiohead?
- No. No tengo plata... Aparte nunca me gustó demasiado Radiohead.
- ¿Vos, Fer?
- Ni en pedo.
- Creo que la única banda que iría a ver en este momento, sería Faith No More.
- Uh, ¿Te imaginás si viene Faith No more?
- Yo me muero. Me muero de la emoción.

Algún día de Junio de 2009. Chateando con Fer.
Fer dice:
boludaaaaaaaaaaaaaaaaa, viene fnm!!!!!!!!!!!!!!
Cel dice:
fer, no juegues con mis sentimientos. está confirmado?
Fer dice:
es casi seguro.
Cel dice:
nooooooooo, me mueroooooo

Algún día de Julio de 2009. Suena el teléfono y es Lau del otro lado.
- Viene Faith No More. Las entradas se ponen en venta el Lunes que viene.
- ¿Voy a tener a Patton en un radio de 300 metros? ¿Voy a ver a Patton en vivo? ¿¿¿¿Lo vamos a ver Patton, Lau????

Ayer. Tipo ocho y media de la noche. Se apagan todas las luces. Suenan los acordes de un tema muy tranca. Un ratito después, aparece él, con una flor en el ojal del saco. Una emoción extraña me va recorriendo el cuerpo. Un subeybaja en el estómago, se aceleran las pulsaciones y bailo mientras estiro el cuello para verlo un poco mejor. Se escuchan voces alrededor, de mujeres, todas pensamos lo mismo, algunas lo dicen en voz alta.
Siguen con From out of nowhere y la gente se enloquece, veinte segundos duramos en el pogo con Dedé. Fue, oficialmente nuestro último pogo, aunque haya durado veinte segundos y un bajón de presión importante. Nos vamos un poco más lejos, un poco más a la derecha. Y lo veo, chiquito, pero lo veo. Y canto, y salto y sonrío. Sonrío durante todo el recital. Y me caliento. Es inentendible llegar a un nivel de calentura tal con un tipo que está a cien metros. Es inentendible y absurdo, pero está pasando. Lo veo en la cara de las chicas que tengo cerca. Patton debe estar sintiendo una oleada constante de calentura que lo tiene como única razón. Claro que no es sólo eso; también nos maravillamos con su voz, desde lo gutural hasta lo casi lírico, le festejamos las muecas, nos reímos de su español italianizado. Agradezco que Juan me haya hecho redescubrirlo. Salto, hasta que me canso y paro un ratito, para volver a saltar.

No nos quedamos para los Hosen, queríamos mantener el calorcito interno que nos había quedado después de Faith No More, después de cantar a grito pelado.

A mis 26 años compré mi primera remera de una banda, que funcionará como pijama, obvio, pero no deja de hacerme sentir un poquito pavota. Pavota pero feliz.

sábado, octubre 31, 2009

Y mientras todos ustedes, malditos, están en sus casas, mirando películas, o encucharitados con sus amantes, o preparando tostadas con mermelada, o tomando mate, o leyendo libros en sillones, o acariciando gatos de pelo suave, o haciendo siestas, o mirando la lluvia caer, o escuchando música en la oscuridad, mientras todo el mundo se acovacha, yo tengo todavía una hora de "¿este es el último de Dan Brown?" y "Ah, no, para el martes no me sirve, yo lo quería hoy"; tengo, además, 6 horas de "¿este modelo, en talle más chico en naranja tenés?" y "¿me queda bien el anillo este?"; y mejor no hablar de que también tengo una calentura atómica que apareció hace un par de días y ya no sé cómo aplacar (sí sé cómo aplacar, el tema es lo logístico). Lau dice que es porque sé que mañana voy a tener a escasos metros a Mike Patton, yo la verdad es que no sé, creo que con mi naturaleza escorpiana y mi mente inflamable, alcanza y sobra.
Aunque me lo imagino cantando Evidence y entiendo a las cincuentonas que le tiran la bombacha a Sandro.

viernes, octubre 30, 2009

Me llamó apenas salí de la librería. Él estaba en el subte, línea D, casi llegando a Scalabrini Ortiz, así que quedamos en que se bajaba y nos encontrábamos en Julián Álvarez y Santa fe. Llegó mientras yo miraba sábanas y almohadones en una vidriera, me abrazó, me sonrió y, pumba, ya me tenía de vuelta en la palma de su mano. Porque cuando sonríe, sonríe con toda la cara. Y cuando abraza, abraza con todo el cuerpo. Caminamos hasta que me preguntó para qué lado estábamos yendo.

"A casa".

"Ah, no, yo no puedo, tengo un rato solamente, ¿vamos a tomar un café?".





Yo no tomo café. (No entremos en el debate, por favor. Tomo café con leche, a veces, o café turco, a veces, o café helado con un poco de limón, en verano. Y basta)

Y menos tomo café cuando se suponía que íbamos a ir a mi casa a cogernos como posesos. Ante la desilusión, estoy más para un whisky con hielo que para café.



Él se pidió el bendito café, yo un té, de peperina.

Y mientras trataba de mantener mi postura de superada que sólo deseaba una sola cosa de él, él fue desatornillándome, se encargó de desarmar con frases simples cada uno de mis argumentos. Me tapó la boca. Me dejó sin réplica. Un aplauso para él.



Después nos tomamos juntos el 141, él se bajó en Villa Crespo y yo lo seguí con la mirada hasta que el colectivo siguió por Ángel Gallardo hasta alejarse. Ahí me di cuenta, quería tenerlo cerca.

Y por eso nos tenemos cerca, porque yo lo miro mientras se va y porque él se ríe de mis excentricidades; a pesar de lo adverso de la circunstancias. A pesar de saber que no siempre se puede, que en general hay más tiempo para un té que para un par de rounds de sexo contra el piano.



Entonces, cuando alguien pregunta por él, yo digo que es un amigo, porque ¿para qué enredarme en explicaciones que no me van a entender?

Pero cuando está sentado en mi cama y habla de algo interesante y yo no me puedo concentrar porque le miro la boca como una colegiala lela, y me apoya el índice en la nariz y me dice que le preste atención, que no sea dispersa, que ya me va a partir en cuatro, que tenga paciencia, ahí es cuando yo me enredo en explicaciones que no puedo hacerme entender. Es probable que nunca las entienda. Eso es lo mejor de todo el asunto.

jueves, octubre 29, 2009

Ponele que alguien viene y me dice que puedo pegarme un revolcón con el backstreet boy que me gustaba cuando tenía 14 años. Y es obvio, yo digo que sí, porque se lo debo a mi adolescente interior; no importa si todo el mundo te dice "eeeeeh, es un puto". Bueno, capaz que la analogía no es la mejor, el backstreet boy que me gustaba a mí era demasiado puto, no lo tocaría ni con un palo, pero la idea es la misma.
Aparece alguien que en un pasado medianamente lejano me obsesionó durante, no sé, una semana. Una semana es un montón si de obsesión estamos hablando; digo, son horas y horas y horas de fijación y neurosis, y ni hablar de la infinidad de aventuras oníricas que se pueden tener en siete días. Aparece y yo digo que sí, porque claro, cómo voy a decir que no.


Bueno, a veces, decir NO es la mejor opción.
Pero, claro, ¿cómo le explico eso a mi adolescente interior?
La botella de agua sobre el mostrador, una galleta de arroz -salada- en la mano y marco el número de Lau.
Hablo un ratito con la madre y después me pasa con ella. Comoandastodobienahiandamos, bla.

- ¿Para cuándo tiene fecha?
- Para el 15 de febrero.
- Ah, ya.
- Sí, ya.
- Qué desastre. ¿Otra persona en el mundo? ¿Es necesario traer otra persona al mundo este de mierda? Qué acto egoísta. ¿Por qué no trata de trascender de otra manera? ¿Por qué no escribe un libro, que no le arruina la vida a nadie?
- Celeste, ¿QUÉ TE PASA?
- Ay, no sé. Tremendo. ¿Vos escuchaste lo que acabo de decir?
- Por eso te digo, ¿vos estás bien?
- Sí... creo.

Después arreglamos para ir a cenar a algún peruano y cortamos.
Y me saqué las chatitas porque mi jefe se fue a ver a Boca y, lerolero, hago lo que quiero.

martes, octubre 27, 2009

Hoy es un día para llegar a casa, prepararme alguna boludez para comer, mirar una película (tengo esperándome una con Adrien Brody desde hace días) y meterme en la cama a escribir pestes en mi cuadernito. Escribir en tinta negra que me siento sola y que tampoco tengo ganas de ninguna compañía; que me debo estar marchitando por dentro porque ni siquiera tengo ganas de llorar, que no lloro desde hace, no sé, mucho tiempo; que mi idea de vacaciones es una bomba atómica que desaparece a la humanidad entera, menos a mí, claro -bueno, capaz que estaría bueno que se quedara Dedé también-; probablemente surja algo de El Innombrable -porque cada vez que me siento para el carajo, automáticamente lo asocio con él-, de cómo se convirtió en un auténtico pelotudo, dejándome sola, sin nadie con quien tener charlas interesantes.

Por lo pronto, me limito a no tener control sobre mi conducta. A rechazar propuestas que en otro momento me habrían parecido fascinantes, a mirar con cara de ojete a cualquiera que se cruce en mi camino y a querer tatuarme entera.
Después de un domingo de amigos en casa, mi cuarto quedó hecho un auténtico chiquero. Una caja de pizza con colillas dentro en el suelo, vasos tirados por ahí, papeles, ropa sobre el puf, ropa sobre el sillón, el colchón de huéspedes convertido en un amasijo de sábanas y zapatos y zapatillas por todos lados.
Me dio paja ordenar ayer a la noche. Me dio paja ordenar hoy a la mañana y cuando salí de la librería me las ingenié para no volver a casa.
Llegué hace un rato y mi hermana estaba checkeando mails en esta misma cama.

"Me iba a poner a ordenar un poco, pero después me acordé de lo de las zapatillas y pensé que mejor no"
"¿Qué zapatillas?"
"¿No te acordás? Cuando éramos más chicas, un día te lavé unas zapatillas y vos te pusiste de las chapas porque las tenías sucias y escritas a propósito"

Cierto, las zapatillas. Unas All Star azul marino que usé desde primer año hasta que se deshicieron en el viaje a Tilcara, tres años después. Mugrientas, rotas, mis zapatillas preferidas -después de las adidas bordó que mi vieja me tiró a la basura después de una vuelta olímpica en la que volví con huevo y mostaza de pies a cabeza- cuando era una adolescente rotosa que usaba sweaters apolillados.
"THE DOORS" tenía escrito en una. "LED ZEPPELIN" en la otra.
Con el loguito y todo.

lunes, octubre 26, 2009

- Ayer se pensaron que eras mi hombre ideal y que tenías la pija grande.
- Presentámela.
- No era mujer.
- ¿Por qué un hombre habló de mi pija?
- No sé por qué, porque tu pija da que hablar.
- Eso es cierto.
- No, bolas, por el blog. Alguien que leyó el blog y pensó eso.
- ¿Y vos qué le dijiste?
- La verdad. Que sos lo más pero que estás lejos del ideal y que la tenés normal.
- La próxima vez que hable de tus tetas voy a decir que son normales. Vas a ver.
- Forro.
- ...
- ...
- ¿Vos te das cuenta?
- ¿Qué?
- Lo nuestro...
- Lo nuestro ¿qué?
- Una cubana emocional.
- Te adoro ¿sabías?
- Obvio.

viernes, octubre 23, 2009

Venís a comer? Te hago pescado
Agus?
...No? Si me dist est num. soy maga
Ah ok disculpa quién seas... Que raro!
Che en serio o me jodes.. Porq me anoto s num diciendo que lo ubico a agus ahi q me traería la ropa del desfile
HOY 07-10 DUPLICA EN TU MOVISTAR Cargas $30 y tenes SESENTA PESOs + 30 SMS
cogemos?
hola cele que hora te puedo llamar a tu casa y decime el nro por favor!
En que andas?
Estoy haciendo caras rola en el bondi con la cancioo d dirtydancing
Celele celele. estas viva?
Dde estás? jaja q paso ayer?
buenas! q peli hablabas con gala? las 2 dcian q estaba muy buena! la quiero ver. saludos
Dale! Te queria contar algo y no es sobre pijas
Pomercio!
Q haces hoy?
Jaja en los de cris aquelarre
jua sos popular
Yo pensaba en un rebenque y el collar de bolitas
Tu saldo esta por agotarse. Recarga HOY tu movistar desde $5 y habla al 50 por ciento de descuento con cualquier otro movistar
Hola. Hoy me quedo con la tia. Mañana voy. Te mando un beso.
no tengo ni un peso
yo te di un libro de diseño?
Salgo a las 11 de la facu. nos vemos?
tengo mi entrada


Es que aparecía en la pantallita que tenía que borrar sms. Y a veces me cuesta desprender.
Si fuera una de "esas", diría que es un poema, o algo así. Pero no, son sms.

miércoles, octubre 21, 2009

Desde los doce años hasta principios del 2007, vagué por casas varias. La de mis padres, mi abuela, mi otra abuela, Ale, Andre, Dedé, Lau, Ani, Ali, otras amigas, chongos, profesor de canto, tíos generosos. Un día acá, otro día allá; nunca dormí más de dos días seguidos en la misma cama, estaba acostumbrada a la mochila con una muda de ropa, a las distintas presiones del agua en las duchas, a despertarme y tardar un rato en saber dónde estaba. Me gustaba esa vida, ser medio nómade, sentir que ningún lugar era mi hogar, porque el hogar era otra cosa, más de adentro, algo que no tenía mucho que ver con un cuarto lleno de pósters o una heladera que dentro tuviera la mermelada del gusto que a uno le gusta. Entonces un día de febrero Nat me llamó y me ofreció el cuartito de arriba de la casa, acepté inmediatamente; planeé mi mudanza para el 21 de Marzo, el día que empezaba Aries -porque sí, yo hago esas cosas, calculo tránsitos planetarios antes de hacer las cosas-. Durante los primeros 4 meses no tuve muebles. Una cama prestada que me hacía retorcer de dolor, la repisa con los libros y nada más, todo en el suelo. Es difícil armar un espacio propio después de tantos años de andar vagando por ahì; pero en Julio me traje unos muebles de la casa matriz y me compré un colchón, empecé a habitar esa miniatura de cuarto. En Agosto La Secretaria se mudó, se vino Flor y la convivencia se hizo más tangible. Ver pelis las tres juntas, salir y compartir el taxi de vuelta, prepararles cenas, aprovechar las primeras noches de la primavera para tomar fernet con coca en la terraza. Un romance, eso tuve con mis roomates durante más o menos un año y medio, un romance también con la casa, empezar a apropiarme de un espacio me hizo ver que no todo era tan Acuariano como yo pensaba, que sólo se trataba de que lo creara yo.
En Marzo de este año se fue Flor y llegó Ani, su hermana. Por otro lado, Nat noviando amenazaba con que no iba a renovar contrato otra vez. La casa se oscureció, la abandonamos. Poca comunicación, poca dedicación, poca atención. Fueron meses raros, de estar mucho en lo de Dedé, de no querer volver a casa, de saber que había que tomar una decisión: mudarme para abajo o no, renovar contrato o no, saber quién se mudaría y de dónde carajo iba a aparecer una garantía. Resumiendo, me mudé al mejor cuarto de la casa, se renovó contrato a mi nombre, la garantía la pusieron mis abuelos y se vino Genève.
El torbellino Genève nos cambió la existencia. La casa está divina, da gusto llegar y colgar las llaves del ganchito. La convivencia vuelve a tomar forma de affair y es prácticamente imposible hacerme dormir fuera de casa. No me dan ganas de salir, mi cuarto es mi santuario. Plutón, el gato más bello, y mi hermana como invitada permanente no hacen más que sumar.
Todo esto para justificar que cuando salga de la librería en un rato, me voy a meter en un bazar bien grande y me voy a gastar la plata que no tengo en pelotudeces. Un coso para cortar ajo, por ejemplo.

martes, octubre 20, 2009

¿Se tira la casa por la ventana y no se para hasta que a los vecinos mala onda se les ocurra tirar huevos por la medianera? (based on true events) ¿Se pide a todo el mundo que invite a sus amigos hombres incluso corriendo el riesgo de que la casa se convierta en un desfile de bananas? ¿Se invita a todos los chongos aun sabiendo que hay que elegir a uno solo para terminar la noche? ¿Se decide por el clásico "nos juntamos los de siempre" y se te termina filmando a la agasajada chupando una pija de exquisito chocolate orgánico mientras alguien le vuelca leche de un sachet en la boca? (oh, sí, basado en hechos reales) ¿Se recibe a los invitados con comida o se trata de dedicarse a beber exclusivamente? ¿Vestido o pollera? ¿Tacos o comodidad? ¿Gin Tonic o Campari a morir? ¿Machaco a todo el mundo con Le Tigre y FNM o los dejo elegir qué escuchar? ¿Se invita o no a viejos compañeros de trabajo? ¿Asado de mediodía o bacanal nocturna? ¿Brownie de porro o del normal? ¿Cheesecake o chocotorta? ¿Veintisiete velas o una sola con forma de signo de interrogación? ¿Tambores y charango o pop careta de los 80's? ¿Karaoke? ¿Disfraces? ¿Bebida en mano o apelo a mi generosidad?
¿Qué hacer?
¡Oh!
¿Qué hacer?

lunes, octubre 19, 2009

Yo sabía, lo supe en el momento en que, después de haberme tentado con el 2x1, llegué a la caja y desembolsé la plata. Saqué los billetes y estuve a punto de echarme atrás, de decirle al cajero "¿sabés qué? mejor dejo esto y llevo el resto". Pero no, porque quise creer que las supersticiones -o el pensamiento neurótico compulsivo, que para el caso es lo mismo- no tenían lugar en mi vida. Garrafal error.
Compré 2x1 de forros.
No voy a volver a coger hasta el 2011.
Que Dios me ampare.

viernes, octubre 16, 2009

Mandé a mi hermana -que está temporariamente viviendo en el cuarto de arriba de todo- a dormir y me traje una cuchara con dulce de leche de la cocina. Me metí en la cama, no le hice caso al manual de la notebook y me la puse sobre el regazo. Al rato, ya había empezado con mis cálculos; al lado, en el piso, los apuntes de numerología y la tablita para sacar lunas. Un papelucho cualquiera en la mano y el lápiz en la boca mientras trataba de decir en voz alta "no te la puedo creer ¿Luna en Piscis? mecacho". Debe haber sonado más como "o e a ueo eerr ¿funa e pifif? ecasho", menos mal que nadie me estaba escuchando.
Entonces hice un bollo con el papel, me saqué el lápiz de la boca, guardé el libro con las tablas para sacar la luna y empecé a sacudir la cabeza como hace mi abuela cada vez que no puede entender cómo es que esté pasando una determinada cosa.
Estuve tentada de agarrar las cartas. Y el I Ching. Y hasta de llamar a mi mamá. Pero a veces sé contenerme.

Y pensar que hay gente que va por la vida sin saber dónde tiene la luna la gente que quiere y tiene cerca ¿cómo hacen?

jueves, octubre 15, 2009

Salí temprano de la librerìa, corrí el 36 y terminé Las Partículas Elementales. Empecé La Partícula Divina -porque parece que la física vuelve con todo, una vez más- y me bajé en Rivadavia. Paré para comprar unas supremas y paré de vuelta para llevarme unas paltas, zapallitos y una cabeza de ajo.
En casa no había nadie y me puse contenta. A veces me gusta llegar y que no haya nadie. Abrí un Malbec que había quedado del fin de semana, lavé los platos, le di de comer a Plutón y me comí media palta con oliva y sal.
Corté las supremas en cubos y las puse en la sartén con aceite. Mientras, una radio cualquiera sonando y yo cantando a los gritos. Después, cebolla, ajo, zapallito, morrón y berenjena. Aparte, un arroz con curry. A los cuarenta minutos, estaba con la bandeja en la cama, mirando Lie to Me, de lo más feliz.
De postre, una galletita de limón y un baño bien caliente, casi eterno.
Después de la 1, sonó el teléfono; en 4 horas se me llenó el cuarto de humo, entre sahumerios y puchos.
Colgué el teléfono, me metí toda debajo de las colchas, puteé por los pajaritos que ya empezaban a cantar, miré para arriba pensando "no te lo puedo creer, tanto que pedí y justo ahora me lo mandás" y sonreí. Un rato después, estaba durmiendo.

miércoles, octubre 14, 2009

Si tengo que contestar, así, rápido, casi sin pensar, debo reconocer que lo que más extraño de salir con alguien es el hecho de cocinarle al muchacho en cuestión. Será porque me crió mi abuela, que en vez de darte un abrazo te da $50 o te hace un estofado, o no, capaz es porque cocinar es una de las cosas que más disfruto y me gusta compartir el resultado de ese placer con otro. No importa el porqué, lo bueno es que siempre ha salido bastante bien. Salvo cuando se me quemó apenas el guiso de lentejas, o cuando le quemé una fuente a El Innombrable haciendo un pastel de papas; pero esos son gajes del oficio. No sé si es verdad eso de "a los hombres los comprás con el estómago", lo que sí es verdad es que un hombre que me gusta diciendo "qué rico que está esto, Cel" me acelera el pulso y hace que quiera saltearme el postre. Muy narcisa, sí, ya sé; es lo que hay.

Por eso, yo quiero un chico que se siente a la mesa con una sonrisa, esperando ansioso mi goulash; que me sirva Campari con naranja y me dé charla mientras preparo una pasta de berenjenas ahumadas; que me halague los estofados pasándole pancito al plato; que esté dispuesto a experimentar, que no se espante si digo "puré de lentejas con canela" (cortesía de Vic); que entienda que cocinarle es una demostración de afecto, que salí a mi abuela, que no abrazo ni soy cariñosa, pero hago un carré de cerdo a la miel que es una locura.


Por mientras, tengo a Ani, Gen y, ocasionalmente, a Lau de comensales. Que no es poco. No es poco.

martes, octubre 13, 2009

- Boluuuuuuuda, ¿qué onda el colombiano?
- Bleh...
- Pero ¿la pasaste bien?
- No sé, sí, calculo.
- Es un buena onda.
- Sí.
- ...
- Ay, no. Me acabo de acordar de algo terrible.
- ¿Qué?
- Me puse a llorar. Estábamos garchando, le dije que parase, me di media vuelta y me puse a llorar. Poquito, pero igual, ¡yo no lloro delante de la gente!
- Bueeeeno, es que estabas borracha.
- Yo no lloro delante de la gente que no conozco. Ni borracha.
- Le voy a pasar tu mail.
- Que ni se te pase por la cabeza, Genève. Dijo la frase "te hago el amor".

Después (de haber atravesado la resaca del año) Tacho -vía msn- me dijo que no es para tanto, que si me tomara estas cosas con mayor libertad, no me ahogaría en un vaso de agua. Pero eso es porque él es un buenaonda y siempre me dice cosas para que me sienta mejor. Igual, tiene razón.
Por lo pronto, no más llantos sorpresivos delante de caribeños. Que te traten de consolar con acento es de lo más desconcertante.
Por lo pronto también, ir dándome cuenta de un par de cosas. Por ejemplo, que eso que un día había escrito en la pared, "el único refugio es la ausencia de refugio", es muy cierto.

domingo, octubre 11, 2009

Abril de 1999. Cel y Ale -alumnas de 4to 4ta de una sobrevalorada institución e inseparables amigas- están sentadas en la segunda fila, a la derecha. Se sientan adelante porque saben que durante los exámenes los profesores siempre piensan que los que se copian se sientan atrás.
Clase de lógica con la temidísima profesora que todos odian. Esa que pone un 1 si no se entrega la tarea, la que acusa a sus alumnos de nihilistas incapaces de aprender lo que es un razonamiento válido.

- Boluda, ¿viste que dicen que el mundo se acaba en Mayo?
- Cualquiera. Dejá de hablar boludeces.
- No sé, mirá si se termina en serio...
- No se va a acabar el mundo, Cele.
- ¿¿¿¿Mirá si se acaba el mundo y seguimos siendo vírgenes????
- ¡Tenés razón!

A los pocos meses, Ale estaba preparando el recuperatorio de lógica para rendir en Agosto y ya había garchado.
¿Yo?
Yo aprobé con 7.
Gracias por preguntar.

viernes, octubre 09, 2009

La gente entrá acá y pregunta si tengo tal o cual libro. Después de la pregunta, se arma en mi cabeza una especie de diagrama de árbol. Si el libro es relativamente nuevo o muy buscado, probablemente no esté en usados; si no está en usados, tiene que estar entre los nuevos; si está entre los nuevos y es traducido, está en la estantería de la izquierda, si es de habla hispana, en la de la derecha. O bien, es usado. O bien, está en vidriera. O bien, es de bolsillo y está en la estantería de la punta.
Luego, respondo. "Sí, lo tenemos" o "No, no lo tenemos" o "En este momento no lo tenemos, pero te lo puedo conseguir para dentro de dos días".
En general, ni me paro. Sé dónde está cada libro, si es que está. Después de ordenar alfabéticamente toda una puta librería, una se aprende qué hay dentro.
Entonces, a la próxima pelotuda que me ponga cara de sobradora después de un "No, no lo tenemos" y me elogie sarcásticamente la buena memoria porque no puede entender que le diga que no hay un libro sin tener la necesidad de levantarme de la silla -porque estoy absolutamente segura de que el libro no está, sino, obviamente, me paro y me fijo-, le voy a pegar una patada en el orto que va a aterrizar en la plaza de la esquina.

jueves, octubre 08, 2009

Me hice amiga de Dedé hace 8 años más o menos. Había sido compañera de Ani en el secundario y aparecía en alguna que otra reunión de vez en cuando; nunca hablábamos, yo la miraba desde lejos y pensaba "qué mina personaje". Todo cambió una noche en The Roxy -lugar obligado de cada sábado desde que terminamos el secundario hasta que nos aburrimos-, sentadas en el patio, fumando un cigarrillo tras otro. Hablamos durante horas de fenómenos paranormales y astrología. Desde ahí, amigas, a veces hasta casi inseparables. Además de los planetas, las casas y los tránsitos astrológicos, nos unieron las maratones gastronómicas. Ella se mudaba cada seis meses, y en cada lugar que hacía nido, conseguíamos las coordenadas de alguna buena parrilla; incluso compusimos el hit "Me gusta tu chinchula" -cuya letra repetía el título de la canción una y otra vez, eso sí, la melodía era de lo más pegadiza-.
Cada tanto, alguna de las dos decidía dejar la carne por un tiempo, pero el amor es más fuerte, siempre volvíamos. Legendarias eran las noches de sábado de 2004. Parrillada para dos, hachís, Pop City y seguir hasta el desayuno del domingo, completamente ebrias.
La tragedia ocurrió en el verano de 2007. Ella vio una película sobre los mataderos no sé dónde y lo que empezó como un "me parece que voy a dejar de comer carne" se convirtió en un vegetarianismo de lo más disciplinado que dura hasta ahora. No más parrilla, no más. Una pena.
Y sí, a veces hacemos canelones o ella prepara unos brownies que enloquecerían a cualquiera.
Pero no es lo mismo.

miércoles, octubre 07, 2009

Y si estaba medio triste porque después de años había conocido a alguien que más o menos me cerraba -mentira, no me cerraba un carajo; pero, vamos, nunca nadie me cierra hasta pasado mucho tiempo-, me gustaba y me caía bien y resulta que al flaco le pintó borrarse de un día para el otro, mi padre, sin quererlo, me ayudó a sobreponerme.

- Tomá, no lo terminé.
- ¿No te gustó?
- No. No me gustó ni un poco. No sé cómo hacés para leer las cosas estas, vos.
- ¿Por? ¿Qué tiene?
- Nada, dejá.
- Pero ¿qué es lo tan terrible?
- De terrible no tiene nada. Eso sí, ahora entiendo por qué te vas poniendo cada vez más cínica.

Entonces llegué a casa y me puse a leer por segunda vez Las Partículas Elementales.
Santo remedio.

(Todavía estoy blandita, no estoy como para enfrentarme a las cosas, por ahora pruebo con esto del escepticismo a ver qué tal sale)

martes, octubre 06, 2009

- ¿Y Fulano?
- Desaparecido en acción.
- ¿Sí?
- Seh.
- La era de Acuario.

Y no dijo más nada al respecto. A veces mi madre sí sabe cómo comportarse.

lunes, octubre 05, 2009

Mi jefe me pone un libro sobre el monitor y me dice "tomá, publicá este también". Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus. Lo hojeo, paso las páginas, pispeo, capaz el libro éste es un compendio lleno de sabiduría. Bueno, no. Dice que los hombres se sienten fuertes cuando se sienten necesitados. Bullshit. Bah, yo qué sé. De veras, qué es lo que sé yo acerca de estas cosas; nada, sé nada. Ya cerré el libro, pero me angustio igual. Me angustia que existan estos libros, que se impriman 65 ediciones, que millones de mujeres vayan en subtes, bondis, aviones y trenes tratando de entender a los tipos. También me angustia ser yo una de ellas. Me rompe las pelotas encontrarme en esta situación de incertidumbre absoluta, de no saber qué pasó, de sentirme tan vulnerable al antojo ajeno (aunque esto último no tenga que ver con la cuestión de géneros). Trato de aplicar el sabio "no está interesado, dejá de enroscarte" y durante un rato funciona, el ego se me marchita un poco, me saco el esmalte de uñas, me quedo toda la noche del sábado y la tarde del domingo mirando películas, y pareciera que está todo bien, pero después, cuando menos lo espero, pumba, me enojo. Me enoja tener que interpretar a partir del silencio del otro, me indigna la falta de respeto, y, por sobre todas las cosas, me amarga estar preocupada por estas cuestiones. Me siento una de esas pelotudas que usan carteras diminutas y después meten todo lo que no les entra en una bolsa de cartón de 47 street. Aunque algo me dice que a esas subnormales no les pasan estas cosas. Me enerva que el hecho de recibir o no recibir un llamado ocupe mi tiempo y energía, me enfurece estar esperando algo que ni siquiera sé si quiero o no. Estoy podrida de desear el deseo del otro. Que Hegel, Lacan, el amo, el esclavo y la puta dialéctica se vayan a la puta que los parió, pienso.
Entonces dejo a un costado el de las mujeres de acá y los hombres de más allá y leo la contratapa de uno de Saul Bellow; casi que me olvido de todo el asunto. Hasta que. Hasta que recuerdo que hoy a la noche tengo que ir a cenar a la casa de mis viejos. Atragantado el bife me va a quedar cuando mi madre, con su mejos sonrisa y la mejor onda, pregunte por fulano.
Acá tenés una tuca, a ver si te cambia el humor. Eso me dijo mi jefa de los sábados cuando nos despedimos en la esquina de Charcas, mientras me agarraba la mano y me ponía un bollito de papel en la palma. Así de amargada estaba, así de intolerante. A la hora, estaba en la cama pelando un kiwi y mirando unos capítulos de The Big Bang Theory, de un humor inmejorable. Después de una palta pisada con sal y limón, me puse Tideland y para cuando la cosa se estaba volviendo demasiado angustiante, llamé a Dedé, que estaba en su casa con Lau. Después de maravillarme con la tecnología del cableado telefónico, pasamos a lo importante. Que las mujeres de Venus, que los hombres de algún lugar horrible y remoto, inaccesible. Que hay que saber cuáles son las armas de seducción y a veces hacerse un poco la pelotuda, un poco nomás. El concepto de "el padre de" y la perversa venganza del útero frente a la falta de concepción. Esas charlas que se tienen un sábado a la noche, no importa si es en persona o por teléfono.
Después de doce horas de sueño y aventuras oníricas de lo más interesantes, más películas. Muchas, todas las que se pudieron; hasta que llegó la tormenta. Ahí apagué todo, me metí debajo de las sábanas y me quedé escuchando hasta quedarme dormida.

sábado, octubre 03, 2009

Genève medio mal de la panza, yo haciendo una especie de ayuno; las dos enojadísimas por la ausencia de respuesta de dos sujetos en particular y muy cansadas, muy. Después de la travesía que implica tomarse el puto 36 y sabiendo que no quedaba otra más que pasar la noche en casa comiendo verdura, pasamos por el videoclub con una clara consigna: una comedia, bien boluda, que no nos haga pensar demasiado, en lo posible romántica.
Qué problema tratar de ver una película conmigo. Ya me vi casi todo, o por lo menos casi todo lo que entra dentro de mi estilo. Entonces ahí estábamos, cada vez que ella me señalaba una, yo negaba, diciendo "ya la vi" o "no no, esa no". Yo no sé si fue el hambre o qué, pero por algún misterioso motivo, nos pareció una buena idea elegir una argentina. La de Celeste Cid con Marrale. Me chupa un huevo ser cerrada y blabla, odio el (nuevo) cine argentino -salvo contadas excepciones, claro está-, me aburre, está lleno de lugares comunes, se le huele la pretensión a la legua, pretende ser íntimo y cercano cuando sólo logra alejar(me). No sé si me explico. Y esta peli no era la excepción, todos los clichés posibles, los personajes mal delineados, el conflicto que se avista desde el primer minuto, la resolución traída de los pelos, la estética trilladísima, la falta de gracia, ay, me acuerdo y me indigno.
Cuando había pasado una hora, Gen se levantó y se fue a dormir. Yo me fumé lo que quedaba del porro que habíamos empezado antes y traté de evadirme hasta el final de la tortura. Cuando empezaron los créditos me acordé que el director era amigo de El Innombrable. Èl lo admiraba. Me fui a dormir con una sonrisa sobradora en la boca. Y no tuve sueños.

viernes, octubre 02, 2009

Hace como diez años fue. Nos habíamos ido de campamento a... a no me acuerdo, algún lugar del interior de Buenos Aires. Había gente de la tarde y de la noche, mucha gente; los de la mañana nunca se prendían. Durante el viaje de ida nadie habló con nadie que no fuera de su grupo, para cuando llegó la noche del día que llegamos, andábamos todos como chanchos. La clave fue ir todos juntos al supermercado. Una botella de vodka salía tres pesos. Tres pesos. Qué lindo 1999, cuando teníamos 16 y el hígado nos permitía todo tipo de desacatos.
Después de incontables toc-toc (asco), y de andar probando de picos de botellas de diversos licores (ascoascoascoasco), me senté en una hamaca y me quedé enroscando mi pañuelo de brillitos celeste (asco) hasta que vino una chica. Me preguntó cómo me llamaba; "Vos no tenés cara de Celeste, tenés cara de Daniela", me dijo. Durante un tiempito la gente me llamó Daniela, después se les pasó.

Ah, porque la chica esa que se me acercó esa noche se acaba de parar frente a la vidriera, por eso.

jueves, octubre 01, 2009

Necesito con urgencia un amigo hombre. Que sea sólo eso, amigo. Estoy hecha una cosmogólica que no sabe qué carajo hacer con respecto a ciertas cosas y sé que una fraternal opinión masculina me aclararía muchísimo el panorama. Pero claro, recién miraba mi messenger y resulta que si nos fijamos en los hombres enlistados resulta que
- me revolqué con un altísimo porcentaje.
- me revolcaría con el mínimo porcentaje con el que todavía no me he revolcado
- me gustan todos

De veras.
Un amigo.
Hombre, divertido y dispuesto a dar consejo.

miércoles, septiembre 30, 2009

- ¿Yqué vas a hacer con el chabón este?
- No sé.
- Pero ¿tenés ganas de verlo?
- No sé.
- Pero ¿no sabés porque no entendés cómo viene la mano?
- No sé porque no sé.

Así. como en un ataque de boludismo absoluto. No sé. Me preguntan cualquier cosa y no sé. ¿Queres que nos veamos? No sé. ¿Te paso a buscar y desayunamos? No sé. ¿Le vas a decir algo? No sé. ¿Lo vas a putear como se merece? No sé. ¿No estás enojada? No sé. ¿Lo extrañás? No sé. ¿Le vas a decir que venga a la fiesta? No sé. ¿Te caliento? No sé.
Posta, no sé.

martes, septiembre 29, 2009

Dejé de estar rara cuando después de cocinar para Lau y Ani, nos sentamos a cenar con un rico Tannat y a planear la fiesta de cumpleaños de Genève. Porque la risa me pone en eje.

lunes, septiembre 28, 2009

Mis amigas hablan entre sí y llegan a una conclusión. "Cel está rara". Cuando estoy "rara" suelo hablar poco y nada, mi cara de orto se vuelve una constante -porque es como le decía ayer a Dedé, mi cara es, naturalmente, de orto; no quiere decir que esté mal, es simplemente la cara que tengo y punto; que tenga cara de orto es signo de que mi rostro no está expresando ninguna emoción- y es mejor dejarme sola y no preguntarme demasiadas veces "¿te pasa algo?". No sé qué me pasa, si supiera, lo hablaría, pero no sé qué es.
Dedé asume que se trata del período (astrológicamente complicado) de 54 días anteriores a mi cumpleaños; puede que tenga razón, siempre que llega esta época del año me chiflo y me cambia el humor drásticamente, andá a saber. Lo más llamativo es que yo me siento cómoda. Me gusta quedarme en mi cuarto mirando series, leyendo. La paso bien yendo sola al cine en horarios en los que las salas suelen estar casi vacías. Disfruto de estar sola en casa, cocinando para mí y nadie más.
Y si siento la necesidad de estar puertas adentro o de salir si y solo si tengo unos lentes que me tapen toda la cara, y bueno, tampoco es tan terrible.

sábado, septiembre 26, 2009

Voy a echarle la culpa a la resaca, al fernet, a mi irresponsabilidad. Si estoy de mal humor es por esas cosas, por haberme quedado hasta cualquier hora sabiendo que hoy el despertador sonaba a las nueve; no estoy malhumorada porque estoy haciendo como que no estoy esperando un llamado/mensaje que sé que no va a llegar.
Qué cosas, eh, una se piensa que está curada, que ya fue eso de estar esperando al lado del teléfono, o eso de mirar fijamente el celular como queriendo hacerlo sonar con el poder de la mente. Pero no.
Mi mamá se enojaba por algo -mi hermana se había mandado una cagada, creo-, entonces yo pensaba "por algo no vivimos juntas desde hace tanto tiempo" y me iba. Cuando volvía, mi madre se había convertido en una especie de villano de historieta que podía adoptar las formas de todos los súperheroes -por lo menos en Superman y Hulk que fue lo que vi en el sueño- y planeaba enviar una nube de pepa sobre todo Palermo. Supuestamente, esto de la pepa era algo malo. En el medio, yo me cruzaba con un rubio de barba y rastas, treintañero, buena onda, que no podía más, se partía solo al medio; él me ayudaba a escaparme de la ira de mi progenitora y me regalaba unos pantalones que estaban buenísimos. Finalmente, quedábamos atrapadas con mi hermana en un local vacío con un viejo repulsivo que nos pedía plata por dejarnos salir de ahí. Ahí me desperté.

viernes, septiembre 25, 2009

Ayer me metí en la cama después de cenar y me vi dos pelis de Almodóvar. Primero, Qué He Hecho yo para merecer esto y después, Volver.
¿Qué tiene esto de curioso?
Nada, salvo que hasta hace pocos meses, odiaba a Pedro Almodóvar. Cada vez que alguien decía "todo sobre mi madre", yo revoleaba los ojos y empezaba con mi perorata que incluía calificativos como "ginólatra" y "grotesco". Quién sabe qué pasó en este tiempo que un día estaba en el video club y terminé llevándome La Flor de mi Secreto, y desde ahí, el click. Capaz me puse en contacto con mi útero, andá a saber.
Está bueno cambiar de opinión.

jueves, septiembre 24, 2009

- Con esto, restó 38 puntos.
- Basta con eso.
- ¿Con qué?
- Con los puntajes y las listas. Basta.
- Bueno... bajó en concepto.

Llegué a casa, jugué con Plutón, hice un pastel de papas -que se derrumbaba pero que estaba muy rico-, me fumé un porro, comí un poco de chocolate, vi diez minutos de Wild at Heart, vi quince de la de los hermanos Grimm y salí al patio, a seguir fumando y charlar con Genève (que me dijo que parase con las listas). Volví a mi cuarto con un disco con pelis. Un par de Almodovar, la de los Simpson y Sex & the City. Terminé viendo a Carrie y su pandilla, por tercera vez. Tercera vez. Esta vez, no lloré, ni me rei. Nada. Y aparecía Big, y nada. Porque siempre -o por lo menos hasta hace unos cuantos meses- quise creer que algún día mi historia con my-own-private-Mr-Big iba a virar para el lado de los fuegos artificiales, los corazones y las confesiones tardías de amor eterno. En cambio, ayer me di cuenta de algo. No. No pasó, no va a pasar, ni quiero que pase. Es como si todos esos años se hubiesen convertido en un recuerdo casi irreal. Como el viaje de egresados a Córdoba cuando tenía 12 años. Como el primer día de clases en primer grado. Cosas que en su momento fueron de lo más emocionantes, cosas que viví con absoluta intensidad, pero que en el presente no significan nada; son imágenes, a lo sumo el recuerdo de alguna situación, pero no más que eso.
Entonces apagué la compu y el velador. Me metí debajo de las colchas y traté de ver qué pasaba. Sonreí. Una sonrisa con todos los dientes, en la oscuridad. Porque, por fin, siento que se fue el peso de encima. No está más. Estoy liviana. No lo puedo creer. De veras, realmente no lo puedo creer.
De todos modos, esto va a llegar a su fin cuando deje de ser El Innombrable. Cuando ya ni siquiera sea nombrado.

miércoles, septiembre 23, 2009

Cosas que sí.
Ir al chino de Guayaquil a comprar papel higiénico y cruzarme a Alberto Laiseca en las góndolas.

Cosas que no.
No animarme a ir y decirle que lo admiro mucho y que justo estoy por empezar un libro suyo, que lo tengo sobre el escritorio para cuando termine con el que estoy ahora.

Es que estaba prácticamente en pijama y con cara de recién levantada, capaz se asustaba.

martes, septiembre 22, 2009

- Me gusta... estirarlo. Demorarlo.
- Mmmmmsí.
- ¿A vos qué te gusta?
- Mmmmnosé... me gusta... adaptarme.
- No, en serio ¿qué preferís?
- Prefiero adaptarme. En serio.

Vienen las viejas y después de preguntar si está el jefe y recibir una negativa, me piden que les recomiende algo. Entonces pelo un Mary Higgins Clark para las que quieren misterio, Rosamunde Pilcher para las que buscan drama y Barbara Wood para las que no saben lo que quieren. También les digo que sí, que es muy bueno, que yo lo leí hace mucho -por eso no me acuerdo de qué se trata- pero que me había gustado. Sí, claro, lo leí hace como tres veranos al lado de una pileta de un club, con toda esa gente metiéndose y dejando un gran caldo humano. Sí, claro.
Vienen los viejos y ya la cosa mejora un poco, por lo menos no tengo que mentir descaradamente para poder recomendar. Porque, vamos, algún Grisham me he leído y Mankell hasta podría decir que me gusta. He encajado varios Stephen King, para qué negarlo -porque amamos a Stephen, con amor del más amoroso- y si el señor en cuestión se lo merece, La Conjura de los Necios, pero eso es para pocos; porque esto es Palermo, viste, tampoco la pavada.
Y de vez en cuando, un pibe que viene a buscar algo de Mercado-Libre, y, oh, justo es Palahniuk. Entonces no me comporto y empiezo con mi danza de la verborragia. Está buenísimo no te veas la peli porque es una mierda de hecho el chabón aparece en los features y le dice al director que no le va a perdonar que le haya cambiado el final y yo tampoco se lo perdono que peli chota decí que Angelica Houston siempre saca un par de papas del fuego si me angustió un poco Fantasmas había un par de historias demasiado jodidas. And so on; podría seguir por horas, pero entra otra gente a quien atender y bueno, mi espíritu prole me hace callar la boca y mirar al que sigue. Después me jefe me dice que me fije las calificaciones y me pongo toda colorada, porque el pibe puso mi nombre y unos adjetivos, y qué sé yo, yo nada más decía que Asfixia me pareció un libro excelente.
Pero en serio, me gusta adaptarme.
Eso... o esta sensación-voz en la cabeza que me dice que cuando soy yo, puramente yo, es demasiado. Demasiado.
Ayer, mientras trataba de mantenerme despierta y seguir leyendo el de Philip Roth que me acompaña en los bondis y antes de dormir, empecé a hacer una asociación de lo más absurda, claramente influenciada por la entrada noche y mis ganas de quedarme dormida con el libro ahí, sin ganas de mover ni un dedo, ni siquiera estirar la mano para tirar el libro por ahí y apagar el velador. Y seguí despierta, pensando que Nathan Zuckerman era la versión comunista de Holden, el de The catcher in the rye; una pelotudez absoluta, Holden no puede ni tener versión comunista.
Lo maravilloso del asunto es que en algún momento de mis diez horas de sueño, soñé que J. D. Salinger me hacía de acompañante mientras caminábamos por un bosque. Él me contaba sobre Buddy Glass y yo pensaba "cómo te cojo, pero cómo te cojo". El sueño era todo en sepia. Una cosa bellísima.

lunes, septiembre 21, 2009

Todo empezó en el lugar este armenio, y Ale que había tenido gastroenteritis hasta hace un par de días así que ¿qié podia comer? basicamente, nada. La comida, hasta ahí, podría haber sido peor, pero también muchísimo mejor. La atención, lo mismo; un colombiano -¿cuántos/as camareros/as colombianos/as hay en esta ciudad? ¿alguien lleva la cuenta?- y dos pibas que parecían menos armenias que yo. La cuestión es que antes de habernos terminado la cerveza, viene el flaco que estaba en la caja, nos pone el ticket sobre la mesa, "acá está la cuenta". Casi peco de inocente, casi le dije que no habíamos pedido la cuenta todavía, pero claro, nos-estaban-echando. Nunca más, en la guía olio de mi mente ya los he defenestrado a más no poder.
Después caímos en un bar de viejos en San Telmo, ése que está al lado de Pedro Telmo y tiene la cerveza barata, nos maquillamos un poco y terminamos en una fiesta horrible, en el centro. Un sujeto que está a medio camino entre las categorías de "conocido" y "amigo" -un conomigo, un amicido- me dice que él siempre escucha atentamente lo que le digo, que realmente confía en mi criterio, después nos damos un abrazo pero yo ya estoy de mal humor. Estoy podrida de oír hablar acerca de mi criterio y la puta que los parió. Entonces nos fuimos con Gen y Lau a tomar el 132. Capaz que tenía los zapatitos de Dorothy, porque es como si me hubiese teletransportado a la cocina de casa, poniéndole queso a un arroz que casi casi se me quemó.
El domingo las cosas no fueron demasiado diferentes. Di vueltas en la cama hasta las tres de la tarde, fui a Disco a comprarme un cacho de pollo y unas paltas; tomé unos mates y me aní a la reunión de chicas que estaba teniendo lugar en el patio de abajo; y ponele que la pasé bien durante un rato, pero después ya no. Ya no quería estar ahí, ni en mi cama, ni en mi casa, ni en ese barrio, ni esta ciudad ni en ningún lado. Quería estar en algún lugar alejado y desconocido; un lugar solitario y frio donde poder llorar un rato a moco tendido; porque ya no sé cuándo fue la última vez que lloré ¿Dos meses? ¿Tres? No sé, no me acuerdo.
Las hormonas y la neurosis ya me tienen re podrida.
Justo me tomo para venir al laburo un bondi que va para el lado de Plaza Italia, que se acerca bastante a Palermo y sus bosques. Hoy, día del estudiante, de la Primavera, me tomé el colectivo como todos los días, a las dos menos diez; pero claro, no me encontré con un 36 semivacío, no, me topé con una horda de jóvenes y sus celulares pasando música a todo volúmen. Sus pelos desprolijos, su gramática incorrecta, sus facciones incompletas, sus grititos. Si hay algo que me pone los pelos de punta, es estar rodeada de adolescentes.
Me acomodé como pude, abrí mi libro y me puse a leer. A mitad de viaje se desocupó un asiento y pude sentarme. Los diez minutos restantes, una mujer -que empezó la conversación preguntándome cuál era Gascón- terminó contándome la historia de su matrimonio. Que hoy cumplían trece años de casados, que es increíble cómo todas las parejas se separan, que hay que tener paciencia y remarla, que si yo estaba casada, que cuántos años tenía, que gracias y suerte.
Me bajé en Scalabrini, fastidiosa, hasta casi diría que enojada.
Dos horas después, mi humor no mejora. No mejora. Y no es culpa de los pibitos escuchando cumbia en el bondi, y tampoco es culpa de la mina que reivindicaba el matrimonio y se bajaba en Aráoz y Paraguay. No sé quién tiene la culpa. Ponele que las hormonas.

sábado, septiembre 19, 2009

En la radio están pasando un tema de Man Ray. Me di cuenta de algo, si mi padre hubiese ejercido mayor presión sobre el asunto este del canto, y si mi madre no hubiese escuchado mis delirios de "cuando sea grande voy a ser economista" yo cantaría muy parecido a Hilda Lizarazu. Pero quién sabe, nunca canté en castellano -porque dudo que cantar Aguaviva de Los Brujos a los gritos, empepada, saltando en la cama, cuente-. Salvo a los once años, mi debut, "Rasguña las piedras" cuando todavía era soprano y a la maestra de música se le ocurrió que un micrófono, Sui Generis y Cel podían ser aptos para el acto del centenario del Colegio, o el 20 de Junio, realmente no me acuerdo.
Una vez, una compañera de laburo -después de mi participación estelar con la banda de mi ex profe de canto en el desaparecido Belleza y Felicidad- me tiró un "Alanis meets Kate Pierson". Será que nos caíamos muy bien; eso, o el call center ya le había freído la bocha.
Primero, el jefe que me llama y me ruega que vaya hasta a la librería -de vuelta, después de haberle dado con los zapatos que me hacen doler y la mochila pesadísima por Medrano desde Mansilla hasta Guardia Vieja- para abrirle la puerta, porque resulta que se olvidó las llaves; justo cuando estoy a punto de tomarme el bondi con un pibe. Entonces nos tomamos un taxi, hago entrega de llaves y no paro de fruncir el ceño. Eso el miércoles a la noche.
Segundo, el pibe me dice "llueve", a eso de las 11 de la mañana. Y yo tan de primavera, con los zapatitos -que me hacen doler- y la pollera, porque mi mamá siempre me dice que tengo que usar polleras más seguido, maldita la hora en que le hago caso. Mientras espero el 127 en Triunvirato puteo, tirito y frunzo más el ceño. Eso el jueves al mediodía.
Tercero, llego a casa, empapada, congelada, somnolienta; con una caja de Speedy que tiene un coso de wifi adentro. Le doy de comer a Plutón, prendo la luz de mi cuarto y abro la caja, hojeo el manual y levanto el tubo del teléfono para ver si hay mensajes. No hay tono; checkeo los cables, no hay tono. Me fijo en el teléfono de Ani, no hay tono. Puteo al universo, no hay tono. Eso el jueves a la noche.
Cuarto, que seguimos sin teléfono, que es un problema de la zona y "va a estar solucionado lo antes posible". Teléfonica y la puta que te parió. Además, jefe se siente medio mal y se va, dejándome sola. Sola con toda esta gente que "quería hacer unas fotocopias" y gente que "quiero comprar un libro, pero no sé el nombre... ni el autor". Nunca gente que "dame la trilogía Millenium, sí, en efectivo". Nunca. Eso ayer a la tarde.
Quinto, que llego a lo de mis abuelos y me reciben con amor pero sin comida. Pico unas cositas y me retiro, no sin antes pasar por Burger y asombrarme por el precio de una hamburguesa común y silvestre ¿seis mangos por una clasica? Indignada, cruzo Corrientes y me meto en La Continental, porque a veces las empanadas de pollo le hacen bien al alma. Eso ayer a la noche.
Ahora hay unos señores rompiendo la calle, así que me espera una tarde de TRRAAAAAATATATATRAAAAA non-stop. También me espera una cena con amigas en un lugar Armenio y una noche retro-como.si-tuviéramos-20-de-vuelta en el Salón Pueyrredón.

jueves, septiembre 17, 2009

- Me gusta cómo te queda la barba.
- ¿Si?
- Sí, me gusta mucho.
- Igual... se va a ir.
- ¿¿Por qué?? ¡Si te queda re linda!
- Me hace más viejo.
- Nah, es cualquiera eso. Te queda bien.
- Pero me hace más viejo.
- Vos sos geminiano, los geminianos siempre parecen más jóvenes, no te tenés que hacer problema por esas cosas.
- ...
- Cuando yo haga estos comentarios, vos los ignorás, ¿estamos? Hacés como si no hubiese abierto la boca, ¿si?
- Ok.
"Una mujer precavida siempre tiene dos velas prendidas" dijo mi madre el martes a la noche mientras me servía puré en el plato.
Todavía no me repongo.

miércoles, septiembre 16, 2009

Mi madre dice que cuando era chiquita y me llevaba al cine era para problemas. Que me metía demasiado en la trama y terminaba sufriendo y armando un escándalo.
Ico, el caballito valiente: afuera del cine a la media hora de haber empezado la peli porque mi llanto molestaba a los demás espectadores.
Bambi: lo mismo que con Ico.
Está claro por qué nunca me llevaron a ver Chatrán ni Todos los perros van al cielo.
No creo que las cosas hayan cambiado demasiado en estos veinte años. Por ejemplo, últimamente la mente me está funcionando en In-Treatment-mode. Entonces hablo con Lau por teléfono y cada dos frases tiro un "¿no será que en realidad...?" seguido de alguna conclusión pedorra pero que suena a acierto. Capaz es Gabriel Byrne que me enloquece con sus arrugas alrededor de esos ojos increíbles, y su acento velado, y sus sacos de corderoy medio arrugados; capaz es que siempre me agarro de algo para ir viendo por la vida con ese cristal. Digo, uno de los recuerdos más nítidos que tengo de mis quince años es estar en la cama tomado un té con leche y llorando a moco tendido después de ver Dawson's Creek en la repitición que pasaban a las 2 de la mañana; cuando empezó todo este asunto del idilio con Bukowski le rogué a mi padre que me llevara al hipódromo y probé mis primeros whiskys; después de alguno de esos fines de semanas en los que me trago entera una temporada de Lost termino con delirios místicos; y ni hablar de mi obsesión por captar microexpresiones después de verme la primera temporada de Lie to Me.
Después se me pasa. Así de fácil.

martes, septiembre 15, 2009

Comíamos unas cosas parecidas a unos ravioles en la cocina de Lau. Entonces ella se preguntó qué es lo que deja uno en la vida del otro después de una separación. Hábitos, ciertos gustos, ideas; esas cosas. Con cara de soñadora, mirando para arriba, decia que tenía ganas de saber qué huella había dejado ella en cada uno de sus ex.
Ese deseo de trascender, de formar parte de la vida del otro aunque sea tácitamente. Esa necesidad de estar presente, el ego que se nos exacerba y quiere estar en todas, siempre.
También las ganas de saber qué es propio y qué vino de afuera, qué empezó siendo ajeno. Ella supo en ese momento que nunca habría visto partidos de fútbol si no hubiese sido por su primer novio; que nunca se habría animado a comer sémola con las manos de no haber salido con un chico africano durante un año.
Y yo supe que es probable que el haber empezado a fumar haya sido culpa del compañero de colegio que me en-can-ta-ba y siempre tenía un parissien colgando de los dedos; también caí en que mi forma de ver el cine cambió con El Innombrable; que Cat Power, Patti Smith y Red Kross fueron un regalo de mi primer profesor de canto; que Bukowski y Kerouac habrían sido dos desconocidos de no haber conocido a ese morocho enorme con ojos moros que me llamaba "pendeja"; que el primer interés por la física vino de la mano de Tomás.
¿Y qué les quedó a ellos? Quién sabe. Alguno me dijo una vez que después de conocerme, empezó a preguntarle a la gente de qué signo zodiacal era. Para eso mejor que no quede nada me parece.
Sólo quiero que quede registro de este maravilloso día.
Las semillas están germinando y brotando.
Genève quiere ponerles nombre. Betty & Boop, propuse yo; Tarzán y Chita, tiró ella.
Vamos a ver, vamos a ver.

lunes, septiembre 14, 2009

- Es que no sé medir, siempre hago de más.
- Sí, el guiso de lentejas de aquella vez era para un batallón.
- No hablemos de ese tema, por favor.
- ¡Pero estaba bueno!
- ¡¡¡Se me quemó!!!
- Apenas se quemó... y tenía de todo. ¡Estaba rico!
- No quiero ni acordarme, me pongo mal; no sé cómo se me quemó.
- Porque estaba con fuego fuerte. Cuando ya querés que reduzca y terminar, lo tenés que poner al mínimo.
- Estaba en mínimo.
- No, no estaba en mínimo.
- Sí estaba en mínimo.
- Yo estaba sobrio cuando llegué y te digo que no estaba en mínimo.
- Bueno, capaz tenés razón. Sí, ya sé, tomarme media botella de tinto mientras cocinaba no fue buena idea.
- Es que te pusiste nerviosa...
- Sí...

Todo mientras sarteneaba con destreza.
Un hombre cocinando con habilidad es de las cosas más calentantes que existen.
Mi Oma siempre fue viejita. Cuando yo nací ella ya había pasado los ochenta años, así que el recuerdo que tengo a lo largo de mi infancia es más o menos parejo; digo, siempre me pareció una viejita muy linda, no pude notar el paso del tiempo en su cara. Yo tocaba la puerta del departamento -ellos vivían en el séptimo y nosotros en el noveno- ella preguntaba "quién es" y abría sin esperar a que le contestase. La cocina era diminuta y las hornallas siempre tenían encima dos o tres ollas echando humo. Me daba alguna galletita bañada en chocolate y unos caramelos para que me guardara en el bolsillo. Falleció cuando yo tenía once años, me lo contó mi mamá por teléfono, porque yo estaba de vacaciones con el resto de mi familia.
Era hermosa. Alta, imponente, unas tetas enooormes que, según cuentan por ahí, eran la locura de todos los hombres. Inteligente, filosa, orgullosa y dedicada. Y excelente cocinera; tenía un toque mágico. No importaba si estaba preparando chucrut o si sólo había hervido unos repollitos de bruselas, todo era exquisito. Si hubiese sido un olor, habría sido el de las galletitas de manteca recién salidas del horno; si se hubiera convertido en textura, habría sido el crumble -que ella me nombraba en alemán y yo no sé cómo se escribe- que ponía por encima de su torta de ciruela. Ella y sus ollas humeantes, siempre.

Ayer me desperté, ordené mi cuarto, me quejé del dolor de garganta y me fui al supermercado. Compré jengibre y limón para hacerme té, mucha cebolla, puerro y unos pedazos importantes de carne. Porque a medida que avanzaba con el changuito, lo supe; había que aprovechar la última semana de invierno y hacer un goulash.
Corté las cebollas y la carne, en cubos. Sellé, doré, olí, sonreí y me armé de paciencia. Después de tres horas a fuego lento, el toque final, la fécula para que todo se vuelva espeso.
Ani aplaudió y limpió con el pancito hasta que el plato volvió a su blanco original; mi hermana felicitó y devoró todo en dos segundos; Genève no paró con su "qué rico olor" en toda la tarde. Yo me comí lo que quedó al mediodía, antes de venirme para la librería.

Mary se llamaba mi Oma, una grande.

viernes, septiembre 11, 2009

Pablo: El Callia es vino de nena.
Vic y yo, a coro: ¡No es vino de nena!
Pablo: Sí, es vino de nena..
Vic: No, las nenas toman vino blanco espumante sabor ananá.
Yo: Sí, las que leen la Cosmo y se hacen las superadas.
Pablo: ¿Siempre hacen eso ustedes? Se juntan y empiezan...

Porque con Vic nos hemos pasado horas -laborales y de las otras- categorizando. Y está bueno saber que pasan los años y no hemos perdido "el toque".

jueves, septiembre 10, 2009

Hace unos meses me quejaba, decía que no tenía ganas de concer a alguien porque pensar en que iba a tener que estar explicándome una y otra vez me sonaba de lo más agotador. Lo veía como una interminable entrevista de trabajo.

"Prefiero los gatos antes que a los perros", "Si sueño que me hiciste algo malo y me despierto al lado tuyo, te jodiste, seguro te pego una patada", "Me hago la distante pero soy una tremenda franelera", "Me bautizaron con un nombre diferente al que tengo ahora, y a los 18 me cambié el apellido", "No tomo cosas calientes a la mañana". Y así, durante meses y meses, hasta que el otro se aprendiera todo el set de mañas y señas personales.

Mi fantasía hace unos meses era que apareciera un tipo golpeando mi puerta, que además de ser carismático, inteligente, excelente amante e interesante, supiera lo básico sobre mí.

Hoy a la mañana cuando en vez de ofrecerme un café me preparó un jugo de pomelo, me di cuenta. Con alguien que preste atención a lo que digo y un poco de memoria, alcanza y sobra.

Bueno, también suma porotos que me despeine de a poquito, que le sonrían los ojos y que cocine de -oh, por dios- esa manera. Pero eso es otro tema.



También es otro tema que hoy me pelée con una señora por teléfono por culpa de Caperucita Roja. El cuento "Caperucita Roja".

lunes, septiembre 07, 2009

Tapada hasta la nariz, con la cabeza a punto de explotar por culpa de la resaca y las piernas doloridas de tanto bailar; con el sol tímido del domingo de ayer entrando por las rendijas de los postigos y una botella de agua al lado de la cama. Así recibí el día, más o menos a las 11, queriendo dormir más y sin poder; pero también sonriendo un poco -ok, lo reconozco, con una tremenda sonrisa instalada en la cara, no en la boca, en la cara-, recreando escenas en mi cabeza, contando gestos como cuentas de un collar, cerrando los ojos para ver mejor las ideas, sintiéndome bien.
Doce horas después me dice que queda un poquito de mí en su almohada, pero que prácticamente nada. Entonces, hasta casi que me pongo colorada y todo. En vez de eso, bajo la mirada y pongo cara de tarada, justo para que Lau me vea y me diga "ay, mirá cómo te ponés".
Y sí, me pongo así. Porque está bueno ponerse colorada y un poco tarada de vez en cuando, canejo.

Aaah... ¿etiquetar o no etiquetar? Qué dilema, eh.
Yo le pondría algo así como Mr. deseé-abalanzarme-sobre-él-cuando-me-habló-de-su-gen-chavista. pero es como muy largo ¿no?

sábado, septiembre 05, 2009

No me avergüenza confesar que soy de esas que en el supermercado mete en el chango todas las pelotudeces que su presupuesto le permite. Frijoles refritos, aderezos extraños para ensaladas, puré deshidratado importado de Idaho, salchichas rellenas de queso, queso en aerosol, cervezas importadas de andá a saber qué país, mostazas, chocolates, tés, y cualquier cosa que capte mi atención por más de 5 segundos.
Ayer toqué fondo, compré merengadas "con juguito". Merengadas. Con juguito. Este es mi techo en la compra indiscriminada de estupideces. No las voy a comer, la próxima que salga a la calle se las regalo a algún chico.
Merengadas. Con juguito. ¿Qué se supone que es eso?

viernes, septiembre 04, 2009

Empecé 5 posts diferentes que hablaban de, básicamente, lo mismo. Los borré a todos.
Hay cosas que sólo son para contar a las amigas.
In fact, ya le estoy quemando la cabeza a Lau.

jueves, septiembre 03, 2009

Mientras me pinto las uñas, miro In Treatment. Me distraigo un segundo y cae esmalte color "ciruela" -¿hay algún esmalte que no tenga nombre de comida?- sobre el almohadón que tengo en el regazo. Puteo por lo bajo y prendo un cigarrillo después de mil maniobras para no arruinar la maniquiur. Entonces miro a Gabriel Byrne, miro a Hope Davis; que hacen de analista y paciente. Me doy cuenta de algo, hace años, una serie así me hubiese disparado el deseo de volver a estudiar psicología; ahora tengo ganas de volver al diván, unas ganas que se están transformando en acción. Esta vez quiero una mujer.

miércoles, septiembre 02, 2009

- Hacé como en Along Came Polly, un análisis de cada uno y después te fijás cuál es más peligroso.
- Claro, y me quedo con ese ¿no?
- ...
- Ya hice la listita de pros y cons y sigo sin saber cuál me gusta más. Voy a seguir tomándome mi tiempo.
- Qué viva.
- Y bueno, no puedo precipitarme.

Un rato antes mi hermana me había dicho que no fuera tan cerrada, que cada persona es única e irrepetible, que el prejuicio blablabla. Mi hermana podrá, yo no. Yo saco perfiles, y el otro es un perfil hasta que demuestre lo contrario. Es la manera que tengo de darle orden a las cosas. Después mi mamá me dijo que uno era el agua y el otro la coca, lástima que no estaba papá, que es el que tiene las mejores analogías.
Mi hermana también dice que ya me decidí, que se me nota en la cara, que me cabe mucho màs la coca. Yo creo que la única decisión que siempre tomo, es la de salir corriendo. Por eso, mejor no digo nada, mejor sigo haciendo listitas y me callo.

martes, septiembre 01, 2009

Yo tenía la sensación esa, esa que me hce sentir que me voy a encontrar con alguien en cualquier momento. Entonces voy por la calle con las antenas paradas, mirando al frente y no mis pies como suelo hacer. Especulo, y me fijo en qué zona estoy para barajar los posibles encuentros.
La cagada es que siempre le pongo demasiadas fichas a la sensación. Bueno, la cagada es que siempre le pongo demasiadas fichas a demasiadas cosas, pero ese es otro tema.
Ayer, en el lugar habitual de los lunes, me crucé con un pibe con el que había ido al cine hace millones de años -circa 2005- y nunca más nada. Resulta que es amigo de un amigo. Lo que son las cosas de la vida, eh. Y me dijo que tengo cara de Puán; qué horror.
En el mismo lugar, divisé a un flaco con el que estuve hace unas cuantas semanas; pero este no cuenta porque nos habíamos conocido en ese mismo lugar. Lo que sí cuenta es que en este tipo de situaciones soy la peor, para cuando había terminado de dar mis mil quinientas vueltas, el pibe ya se había ido.
Y hoy, mientras caminaba por Perú y Moreno, con una resaca considerable a cuestas, lo vi -y pareciera que voy a decir algo emocionante, como "vi a mi primer amor" o "vi al Innombrable de la mano de una mujer embarazada", pero no, nada que ver-. Un chico que era amigo de un novio que tenía Lau a los quince años*. Nos habíamos dado unos besos en mi fiesta de egresados; yo estaba completamente borracha, así que no me acuerdo de mucho. Iba con un sobretodo negro y un pucho en la mano. Me gustó un poquito, pero más que nada por el sobretodo. Seguí caminando y para cuando había llegado a Avenida de Mayo lo supe, hasta ahí llegaba esta racha de encuentros, se terminó lo que se daba.
Sigo esperando encontrarme algún día con algo más suculento. Como la vez esa, que yo justo me había vestido de lo más putona para ir a la facultad y en la puerta estaba un chico con el que había salido unos meses el año anterior, esperando a su novia. O la vez que me encontré al Innombrable y al novio de Flor, juntos, en una panadería y casi le vuelo un vigilante de la mano. Es más divertido cuando me pongo nerviosa, me pongo colorada y se me traban las palabras.

*Mensaje personal para Marula: estoy hablando del amigo de Gastón con el que vos saliste. ¿Vos sabés que está igual? Una cara de nene de no creer. El sobretodo ese garpaba mucho, pero no sé si sos del tipo que se entrega por un sobretodo. Fin del mensaje personal para Marula.