viernes, octubre 30, 2009

Me llamó apenas salí de la librería. Él estaba en el subte, línea D, casi llegando a Scalabrini Ortiz, así que quedamos en que se bajaba y nos encontrábamos en Julián Álvarez y Santa fe. Llegó mientras yo miraba sábanas y almohadones en una vidriera, me abrazó, me sonrió y, pumba, ya me tenía de vuelta en la palma de su mano. Porque cuando sonríe, sonríe con toda la cara. Y cuando abraza, abraza con todo el cuerpo. Caminamos hasta que me preguntó para qué lado estábamos yendo.

"A casa".

"Ah, no, yo no puedo, tengo un rato solamente, ¿vamos a tomar un café?".





Yo no tomo café. (No entremos en el debate, por favor. Tomo café con leche, a veces, o café turco, a veces, o café helado con un poco de limón, en verano. Y basta)

Y menos tomo café cuando se suponía que íbamos a ir a mi casa a cogernos como posesos. Ante la desilusión, estoy más para un whisky con hielo que para café.



Él se pidió el bendito café, yo un té, de peperina.

Y mientras trataba de mantener mi postura de superada que sólo deseaba una sola cosa de él, él fue desatornillándome, se encargó de desarmar con frases simples cada uno de mis argumentos. Me tapó la boca. Me dejó sin réplica. Un aplauso para él.



Después nos tomamos juntos el 141, él se bajó en Villa Crespo y yo lo seguí con la mirada hasta que el colectivo siguió por Ángel Gallardo hasta alejarse. Ahí me di cuenta, quería tenerlo cerca.

Y por eso nos tenemos cerca, porque yo lo miro mientras se va y porque él se ríe de mis excentricidades; a pesar de lo adverso de la circunstancias. A pesar de saber que no siempre se puede, que en general hay más tiempo para un té que para un par de rounds de sexo contra el piano.



Entonces, cuando alguien pregunta por él, yo digo que es un amigo, porque ¿para qué enredarme en explicaciones que no me van a entender?

Pero cuando está sentado en mi cama y habla de algo interesante y yo no me puedo concentrar porque le miro la boca como una colegiala lela, y me apoya el índice en la nariz y me dice que le preste atención, que no sea dispersa, que ya me va a partir en cuatro, que tenga paciencia, ahí es cuando yo me enredo en explicaciones que no puedo hacerme entender. Es probable que nunca las entienda. Eso es lo mejor de todo el asunto.

jueves, octubre 29, 2009

Ponele que alguien viene y me dice que puedo pegarme un revolcón con el backstreet boy que me gustaba cuando tenía 14 años. Y es obvio, yo digo que sí, porque se lo debo a mi adolescente interior; no importa si todo el mundo te dice "eeeeeh, es un puto". Bueno, capaz que la analogía no es la mejor, el backstreet boy que me gustaba a mí era demasiado puto, no lo tocaría ni con un palo, pero la idea es la misma.
Aparece alguien que en un pasado medianamente lejano me obsesionó durante, no sé, una semana. Una semana es un montón si de obsesión estamos hablando; digo, son horas y horas y horas de fijación y neurosis, y ni hablar de la infinidad de aventuras oníricas que se pueden tener en siete días. Aparece y yo digo que sí, porque claro, cómo voy a decir que no.


Bueno, a veces, decir NO es la mejor opción.
Pero, claro, ¿cómo le explico eso a mi adolescente interior?
La botella de agua sobre el mostrador, una galleta de arroz -salada- en la mano y marco el número de Lau.
Hablo un ratito con la madre y después me pasa con ella. Comoandastodobienahiandamos, bla.

- ¿Para cuándo tiene fecha?
- Para el 15 de febrero.
- Ah, ya.
- Sí, ya.
- Qué desastre. ¿Otra persona en el mundo? ¿Es necesario traer otra persona al mundo este de mierda? Qué acto egoísta. ¿Por qué no trata de trascender de otra manera? ¿Por qué no escribe un libro, que no le arruina la vida a nadie?
- Celeste, ¿QUÉ TE PASA?
- Ay, no sé. Tremendo. ¿Vos escuchaste lo que acabo de decir?
- Por eso te digo, ¿vos estás bien?
- Sí... creo.

Después arreglamos para ir a cenar a algún peruano y cortamos.
Y me saqué las chatitas porque mi jefe se fue a ver a Boca y, lerolero, hago lo que quiero.

martes, octubre 27, 2009

Hoy es un día para llegar a casa, prepararme alguna boludez para comer, mirar una película (tengo esperándome una con Adrien Brody desde hace días) y meterme en la cama a escribir pestes en mi cuadernito. Escribir en tinta negra que me siento sola y que tampoco tengo ganas de ninguna compañía; que me debo estar marchitando por dentro porque ni siquiera tengo ganas de llorar, que no lloro desde hace, no sé, mucho tiempo; que mi idea de vacaciones es una bomba atómica que desaparece a la humanidad entera, menos a mí, claro -bueno, capaz que estaría bueno que se quedara Dedé también-; probablemente surja algo de El Innombrable -porque cada vez que me siento para el carajo, automáticamente lo asocio con él-, de cómo se convirtió en un auténtico pelotudo, dejándome sola, sin nadie con quien tener charlas interesantes.

Por lo pronto, me limito a no tener control sobre mi conducta. A rechazar propuestas que en otro momento me habrían parecido fascinantes, a mirar con cara de ojete a cualquiera que se cruce en mi camino y a querer tatuarme entera.
Después de un domingo de amigos en casa, mi cuarto quedó hecho un auténtico chiquero. Una caja de pizza con colillas dentro en el suelo, vasos tirados por ahí, papeles, ropa sobre el puf, ropa sobre el sillón, el colchón de huéspedes convertido en un amasijo de sábanas y zapatos y zapatillas por todos lados.
Me dio paja ordenar ayer a la noche. Me dio paja ordenar hoy a la mañana y cuando salí de la librería me las ingenié para no volver a casa.
Llegué hace un rato y mi hermana estaba checkeando mails en esta misma cama.

"Me iba a poner a ordenar un poco, pero después me acordé de lo de las zapatillas y pensé que mejor no"
"¿Qué zapatillas?"
"¿No te acordás? Cuando éramos más chicas, un día te lavé unas zapatillas y vos te pusiste de las chapas porque las tenías sucias y escritas a propósito"

Cierto, las zapatillas. Unas All Star azul marino que usé desde primer año hasta que se deshicieron en el viaje a Tilcara, tres años después. Mugrientas, rotas, mis zapatillas preferidas -después de las adidas bordó que mi vieja me tiró a la basura después de una vuelta olímpica en la que volví con huevo y mostaza de pies a cabeza- cuando era una adolescente rotosa que usaba sweaters apolillados.
"THE DOORS" tenía escrito en una. "LED ZEPPELIN" en la otra.
Con el loguito y todo.

lunes, octubre 26, 2009

- Ayer se pensaron que eras mi hombre ideal y que tenías la pija grande.
- Presentámela.
- No era mujer.
- ¿Por qué un hombre habló de mi pija?
- No sé por qué, porque tu pija da que hablar.
- Eso es cierto.
- No, bolas, por el blog. Alguien que leyó el blog y pensó eso.
- ¿Y vos qué le dijiste?
- La verdad. Que sos lo más pero que estás lejos del ideal y que la tenés normal.
- La próxima vez que hable de tus tetas voy a decir que son normales. Vas a ver.
- Forro.
- ...
- ...
- ¿Vos te das cuenta?
- ¿Qué?
- Lo nuestro...
- Lo nuestro ¿qué?
- Una cubana emocional.
- Te adoro ¿sabías?
- Obvio.

viernes, octubre 23, 2009

Venís a comer? Te hago pescado
Agus?
...No? Si me dist est num. soy maga
Ah ok disculpa quién seas... Que raro!
Che en serio o me jodes.. Porq me anoto s num diciendo que lo ubico a agus ahi q me traería la ropa del desfile
HOY 07-10 DUPLICA EN TU MOVISTAR Cargas $30 y tenes SESENTA PESOs + 30 SMS
cogemos?
hola cele que hora te puedo llamar a tu casa y decime el nro por favor!
En que andas?
Estoy haciendo caras rola en el bondi con la cancioo d dirtydancing
Celele celele. estas viva?
Dde estás? jaja q paso ayer?
buenas! q peli hablabas con gala? las 2 dcian q estaba muy buena! la quiero ver. saludos
Dale! Te queria contar algo y no es sobre pijas
Pomercio!
Q haces hoy?
Jaja en los de cris aquelarre
jua sos popular
Yo pensaba en un rebenque y el collar de bolitas
Tu saldo esta por agotarse. Recarga HOY tu movistar desde $5 y habla al 50 por ciento de descuento con cualquier otro movistar
Hola. Hoy me quedo con la tia. Mañana voy. Te mando un beso.
no tengo ni un peso
yo te di un libro de diseño?
Salgo a las 11 de la facu. nos vemos?
tengo mi entrada


Es que aparecía en la pantallita que tenía que borrar sms. Y a veces me cuesta desprender.
Si fuera una de "esas", diría que es un poema, o algo así. Pero no, son sms.

miércoles, octubre 21, 2009

Desde los doce años hasta principios del 2007, vagué por casas varias. La de mis padres, mi abuela, mi otra abuela, Ale, Andre, Dedé, Lau, Ani, Ali, otras amigas, chongos, profesor de canto, tíos generosos. Un día acá, otro día allá; nunca dormí más de dos días seguidos en la misma cama, estaba acostumbrada a la mochila con una muda de ropa, a las distintas presiones del agua en las duchas, a despertarme y tardar un rato en saber dónde estaba. Me gustaba esa vida, ser medio nómade, sentir que ningún lugar era mi hogar, porque el hogar era otra cosa, más de adentro, algo que no tenía mucho que ver con un cuarto lleno de pósters o una heladera que dentro tuviera la mermelada del gusto que a uno le gusta. Entonces un día de febrero Nat me llamó y me ofreció el cuartito de arriba de la casa, acepté inmediatamente; planeé mi mudanza para el 21 de Marzo, el día que empezaba Aries -porque sí, yo hago esas cosas, calculo tránsitos planetarios antes de hacer las cosas-. Durante los primeros 4 meses no tuve muebles. Una cama prestada que me hacía retorcer de dolor, la repisa con los libros y nada más, todo en el suelo. Es difícil armar un espacio propio después de tantos años de andar vagando por ahì; pero en Julio me traje unos muebles de la casa matriz y me compré un colchón, empecé a habitar esa miniatura de cuarto. En Agosto La Secretaria se mudó, se vino Flor y la convivencia se hizo más tangible. Ver pelis las tres juntas, salir y compartir el taxi de vuelta, prepararles cenas, aprovechar las primeras noches de la primavera para tomar fernet con coca en la terraza. Un romance, eso tuve con mis roomates durante más o menos un año y medio, un romance también con la casa, empezar a apropiarme de un espacio me hizo ver que no todo era tan Acuariano como yo pensaba, que sólo se trataba de que lo creara yo.
En Marzo de este año se fue Flor y llegó Ani, su hermana. Por otro lado, Nat noviando amenazaba con que no iba a renovar contrato otra vez. La casa se oscureció, la abandonamos. Poca comunicación, poca dedicación, poca atención. Fueron meses raros, de estar mucho en lo de Dedé, de no querer volver a casa, de saber que había que tomar una decisión: mudarme para abajo o no, renovar contrato o no, saber quién se mudaría y de dónde carajo iba a aparecer una garantía. Resumiendo, me mudé al mejor cuarto de la casa, se renovó contrato a mi nombre, la garantía la pusieron mis abuelos y se vino Genève.
El torbellino Genève nos cambió la existencia. La casa está divina, da gusto llegar y colgar las llaves del ganchito. La convivencia vuelve a tomar forma de affair y es prácticamente imposible hacerme dormir fuera de casa. No me dan ganas de salir, mi cuarto es mi santuario. Plutón, el gato más bello, y mi hermana como invitada permanente no hacen más que sumar.
Todo esto para justificar que cuando salga de la librería en un rato, me voy a meter en un bazar bien grande y me voy a gastar la plata que no tengo en pelotudeces. Un coso para cortar ajo, por ejemplo.

martes, octubre 20, 2009

¿Se tira la casa por la ventana y no se para hasta que a los vecinos mala onda se les ocurra tirar huevos por la medianera? (based on true events) ¿Se pide a todo el mundo que invite a sus amigos hombres incluso corriendo el riesgo de que la casa se convierta en un desfile de bananas? ¿Se invita a todos los chongos aun sabiendo que hay que elegir a uno solo para terminar la noche? ¿Se decide por el clásico "nos juntamos los de siempre" y se te termina filmando a la agasajada chupando una pija de exquisito chocolate orgánico mientras alguien le vuelca leche de un sachet en la boca? (oh, sí, basado en hechos reales) ¿Se recibe a los invitados con comida o se trata de dedicarse a beber exclusivamente? ¿Vestido o pollera? ¿Tacos o comodidad? ¿Gin Tonic o Campari a morir? ¿Machaco a todo el mundo con Le Tigre y FNM o los dejo elegir qué escuchar? ¿Se invita o no a viejos compañeros de trabajo? ¿Asado de mediodía o bacanal nocturna? ¿Brownie de porro o del normal? ¿Cheesecake o chocotorta? ¿Veintisiete velas o una sola con forma de signo de interrogación? ¿Tambores y charango o pop careta de los 80's? ¿Karaoke? ¿Disfraces? ¿Bebida en mano o apelo a mi generosidad?
¿Qué hacer?
¡Oh!
¿Qué hacer?

lunes, octubre 19, 2009

Yo sabía, lo supe en el momento en que, después de haberme tentado con el 2x1, llegué a la caja y desembolsé la plata. Saqué los billetes y estuve a punto de echarme atrás, de decirle al cajero "¿sabés qué? mejor dejo esto y llevo el resto". Pero no, porque quise creer que las supersticiones -o el pensamiento neurótico compulsivo, que para el caso es lo mismo- no tenían lugar en mi vida. Garrafal error.
Compré 2x1 de forros.
No voy a volver a coger hasta el 2011.
Que Dios me ampare.

viernes, octubre 16, 2009

Mandé a mi hermana -que está temporariamente viviendo en el cuarto de arriba de todo- a dormir y me traje una cuchara con dulce de leche de la cocina. Me metí en la cama, no le hice caso al manual de la notebook y me la puse sobre el regazo. Al rato, ya había empezado con mis cálculos; al lado, en el piso, los apuntes de numerología y la tablita para sacar lunas. Un papelucho cualquiera en la mano y el lápiz en la boca mientras trataba de decir en voz alta "no te la puedo creer ¿Luna en Piscis? mecacho". Debe haber sonado más como "o e a ueo eerr ¿funa e pifif? ecasho", menos mal que nadie me estaba escuchando.
Entonces hice un bollo con el papel, me saqué el lápiz de la boca, guardé el libro con las tablas para sacar la luna y empecé a sacudir la cabeza como hace mi abuela cada vez que no puede entender cómo es que esté pasando una determinada cosa.
Estuve tentada de agarrar las cartas. Y el I Ching. Y hasta de llamar a mi mamá. Pero a veces sé contenerme.

Y pensar que hay gente que va por la vida sin saber dónde tiene la luna la gente que quiere y tiene cerca ¿cómo hacen?

jueves, octubre 15, 2009

Salí temprano de la librerìa, corrí el 36 y terminé Las Partículas Elementales. Empecé La Partícula Divina -porque parece que la física vuelve con todo, una vez más- y me bajé en Rivadavia. Paré para comprar unas supremas y paré de vuelta para llevarme unas paltas, zapallitos y una cabeza de ajo.
En casa no había nadie y me puse contenta. A veces me gusta llegar y que no haya nadie. Abrí un Malbec que había quedado del fin de semana, lavé los platos, le di de comer a Plutón y me comí media palta con oliva y sal.
Corté las supremas en cubos y las puse en la sartén con aceite. Mientras, una radio cualquiera sonando y yo cantando a los gritos. Después, cebolla, ajo, zapallito, morrón y berenjena. Aparte, un arroz con curry. A los cuarenta minutos, estaba con la bandeja en la cama, mirando Lie to Me, de lo más feliz.
De postre, una galletita de limón y un baño bien caliente, casi eterno.
Después de la 1, sonó el teléfono; en 4 horas se me llenó el cuarto de humo, entre sahumerios y puchos.
Colgué el teléfono, me metí toda debajo de las colchas, puteé por los pajaritos que ya empezaban a cantar, miré para arriba pensando "no te lo puedo creer, tanto que pedí y justo ahora me lo mandás" y sonreí. Un rato después, estaba durmiendo.

miércoles, octubre 14, 2009

Si tengo que contestar, así, rápido, casi sin pensar, debo reconocer que lo que más extraño de salir con alguien es el hecho de cocinarle al muchacho en cuestión. Será porque me crió mi abuela, que en vez de darte un abrazo te da $50 o te hace un estofado, o no, capaz es porque cocinar es una de las cosas que más disfruto y me gusta compartir el resultado de ese placer con otro. No importa el porqué, lo bueno es que siempre ha salido bastante bien. Salvo cuando se me quemó apenas el guiso de lentejas, o cuando le quemé una fuente a El Innombrable haciendo un pastel de papas; pero esos son gajes del oficio. No sé si es verdad eso de "a los hombres los comprás con el estómago", lo que sí es verdad es que un hombre que me gusta diciendo "qué rico que está esto, Cel" me acelera el pulso y hace que quiera saltearme el postre. Muy narcisa, sí, ya sé; es lo que hay.

Por eso, yo quiero un chico que se siente a la mesa con una sonrisa, esperando ansioso mi goulash; que me sirva Campari con naranja y me dé charla mientras preparo una pasta de berenjenas ahumadas; que me halague los estofados pasándole pancito al plato; que esté dispuesto a experimentar, que no se espante si digo "puré de lentejas con canela" (cortesía de Vic); que entienda que cocinarle es una demostración de afecto, que salí a mi abuela, que no abrazo ni soy cariñosa, pero hago un carré de cerdo a la miel que es una locura.


Por mientras, tengo a Ani, Gen y, ocasionalmente, a Lau de comensales. Que no es poco. No es poco.

martes, octubre 13, 2009

- Boluuuuuuuda, ¿qué onda el colombiano?
- Bleh...
- Pero ¿la pasaste bien?
- No sé, sí, calculo.
- Es un buena onda.
- Sí.
- ...
- Ay, no. Me acabo de acordar de algo terrible.
- ¿Qué?
- Me puse a llorar. Estábamos garchando, le dije que parase, me di media vuelta y me puse a llorar. Poquito, pero igual, ¡yo no lloro delante de la gente!
- Bueeeeno, es que estabas borracha.
- Yo no lloro delante de la gente que no conozco. Ni borracha.
- Le voy a pasar tu mail.
- Que ni se te pase por la cabeza, Genève. Dijo la frase "te hago el amor".

Después (de haber atravesado la resaca del año) Tacho -vía msn- me dijo que no es para tanto, que si me tomara estas cosas con mayor libertad, no me ahogaría en un vaso de agua. Pero eso es porque él es un buenaonda y siempre me dice cosas para que me sienta mejor. Igual, tiene razón.
Por lo pronto, no más llantos sorpresivos delante de caribeños. Que te traten de consolar con acento es de lo más desconcertante.
Por lo pronto también, ir dándome cuenta de un par de cosas. Por ejemplo, que eso que un día había escrito en la pared, "el único refugio es la ausencia de refugio", es muy cierto.

domingo, octubre 11, 2009

Abril de 1999. Cel y Ale -alumnas de 4to 4ta de una sobrevalorada institución e inseparables amigas- están sentadas en la segunda fila, a la derecha. Se sientan adelante porque saben que durante los exámenes los profesores siempre piensan que los que se copian se sientan atrás.
Clase de lógica con la temidísima profesora que todos odian. Esa que pone un 1 si no se entrega la tarea, la que acusa a sus alumnos de nihilistas incapaces de aprender lo que es un razonamiento válido.

- Boluda, ¿viste que dicen que el mundo se acaba en Mayo?
- Cualquiera. Dejá de hablar boludeces.
- No sé, mirá si se termina en serio...
- No se va a acabar el mundo, Cele.
- ¿¿¿¿Mirá si se acaba el mundo y seguimos siendo vírgenes????
- ¡Tenés razón!

A los pocos meses, Ale estaba preparando el recuperatorio de lógica para rendir en Agosto y ya había garchado.
¿Yo?
Yo aprobé con 7.
Gracias por preguntar.

viernes, octubre 09, 2009

La gente entrá acá y pregunta si tengo tal o cual libro. Después de la pregunta, se arma en mi cabeza una especie de diagrama de árbol. Si el libro es relativamente nuevo o muy buscado, probablemente no esté en usados; si no está en usados, tiene que estar entre los nuevos; si está entre los nuevos y es traducido, está en la estantería de la izquierda, si es de habla hispana, en la de la derecha. O bien, es usado. O bien, está en vidriera. O bien, es de bolsillo y está en la estantería de la punta.
Luego, respondo. "Sí, lo tenemos" o "No, no lo tenemos" o "En este momento no lo tenemos, pero te lo puedo conseguir para dentro de dos días".
En general, ni me paro. Sé dónde está cada libro, si es que está. Después de ordenar alfabéticamente toda una puta librería, una se aprende qué hay dentro.
Entonces, a la próxima pelotuda que me ponga cara de sobradora después de un "No, no lo tenemos" y me elogie sarcásticamente la buena memoria porque no puede entender que le diga que no hay un libro sin tener la necesidad de levantarme de la silla -porque estoy absolutamente segura de que el libro no está, sino, obviamente, me paro y me fijo-, le voy a pegar una patada en el orto que va a aterrizar en la plaza de la esquina.

jueves, octubre 08, 2009

Me hice amiga de Dedé hace 8 años más o menos. Había sido compañera de Ani en el secundario y aparecía en alguna que otra reunión de vez en cuando; nunca hablábamos, yo la miraba desde lejos y pensaba "qué mina personaje". Todo cambió una noche en The Roxy -lugar obligado de cada sábado desde que terminamos el secundario hasta que nos aburrimos-, sentadas en el patio, fumando un cigarrillo tras otro. Hablamos durante horas de fenómenos paranormales y astrología. Desde ahí, amigas, a veces hasta casi inseparables. Además de los planetas, las casas y los tránsitos astrológicos, nos unieron las maratones gastronómicas. Ella se mudaba cada seis meses, y en cada lugar que hacía nido, conseguíamos las coordenadas de alguna buena parrilla; incluso compusimos el hit "Me gusta tu chinchula" -cuya letra repetía el título de la canción una y otra vez, eso sí, la melodía era de lo más pegadiza-.
Cada tanto, alguna de las dos decidía dejar la carne por un tiempo, pero el amor es más fuerte, siempre volvíamos. Legendarias eran las noches de sábado de 2004. Parrillada para dos, hachís, Pop City y seguir hasta el desayuno del domingo, completamente ebrias.
La tragedia ocurrió en el verano de 2007. Ella vio una película sobre los mataderos no sé dónde y lo que empezó como un "me parece que voy a dejar de comer carne" se convirtió en un vegetarianismo de lo más disciplinado que dura hasta ahora. No más parrilla, no más. Una pena.
Y sí, a veces hacemos canelones o ella prepara unos brownies que enloquecerían a cualquiera.
Pero no es lo mismo.

miércoles, octubre 07, 2009

Y si estaba medio triste porque después de años había conocido a alguien que más o menos me cerraba -mentira, no me cerraba un carajo; pero, vamos, nunca nadie me cierra hasta pasado mucho tiempo-, me gustaba y me caía bien y resulta que al flaco le pintó borrarse de un día para el otro, mi padre, sin quererlo, me ayudó a sobreponerme.

- Tomá, no lo terminé.
- ¿No te gustó?
- No. No me gustó ni un poco. No sé cómo hacés para leer las cosas estas, vos.
- ¿Por? ¿Qué tiene?
- Nada, dejá.
- Pero ¿qué es lo tan terrible?
- De terrible no tiene nada. Eso sí, ahora entiendo por qué te vas poniendo cada vez más cínica.

Entonces llegué a casa y me puse a leer por segunda vez Las Partículas Elementales.
Santo remedio.

(Todavía estoy blandita, no estoy como para enfrentarme a las cosas, por ahora pruebo con esto del escepticismo a ver qué tal sale)

martes, octubre 06, 2009

- ¿Y Fulano?
- Desaparecido en acción.
- ¿Sí?
- Seh.
- La era de Acuario.

Y no dijo más nada al respecto. A veces mi madre sí sabe cómo comportarse.

lunes, octubre 05, 2009

Mi jefe me pone un libro sobre el monitor y me dice "tomá, publicá este también". Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus. Lo hojeo, paso las páginas, pispeo, capaz el libro éste es un compendio lleno de sabiduría. Bueno, no. Dice que los hombres se sienten fuertes cuando se sienten necesitados. Bullshit. Bah, yo qué sé. De veras, qué es lo que sé yo acerca de estas cosas; nada, sé nada. Ya cerré el libro, pero me angustio igual. Me angustia que existan estos libros, que se impriman 65 ediciones, que millones de mujeres vayan en subtes, bondis, aviones y trenes tratando de entender a los tipos. También me angustia ser yo una de ellas. Me rompe las pelotas encontrarme en esta situación de incertidumbre absoluta, de no saber qué pasó, de sentirme tan vulnerable al antojo ajeno (aunque esto último no tenga que ver con la cuestión de géneros). Trato de aplicar el sabio "no está interesado, dejá de enroscarte" y durante un rato funciona, el ego se me marchita un poco, me saco el esmalte de uñas, me quedo toda la noche del sábado y la tarde del domingo mirando películas, y pareciera que está todo bien, pero después, cuando menos lo espero, pumba, me enojo. Me enoja tener que interpretar a partir del silencio del otro, me indigna la falta de respeto, y, por sobre todas las cosas, me amarga estar preocupada por estas cuestiones. Me siento una de esas pelotudas que usan carteras diminutas y después meten todo lo que no les entra en una bolsa de cartón de 47 street. Aunque algo me dice que a esas subnormales no les pasan estas cosas. Me enerva que el hecho de recibir o no recibir un llamado ocupe mi tiempo y energía, me enfurece estar esperando algo que ni siquiera sé si quiero o no. Estoy podrida de desear el deseo del otro. Que Hegel, Lacan, el amo, el esclavo y la puta dialéctica se vayan a la puta que los parió, pienso.
Entonces dejo a un costado el de las mujeres de acá y los hombres de más allá y leo la contratapa de uno de Saul Bellow; casi que me olvido de todo el asunto. Hasta que. Hasta que recuerdo que hoy a la noche tengo que ir a cenar a la casa de mis viejos. Atragantado el bife me va a quedar cuando mi madre, con su mejos sonrisa y la mejor onda, pregunte por fulano.
Acá tenés una tuca, a ver si te cambia el humor. Eso me dijo mi jefa de los sábados cuando nos despedimos en la esquina de Charcas, mientras me agarraba la mano y me ponía un bollito de papel en la palma. Así de amargada estaba, así de intolerante. A la hora, estaba en la cama pelando un kiwi y mirando unos capítulos de The Big Bang Theory, de un humor inmejorable. Después de una palta pisada con sal y limón, me puse Tideland y para cuando la cosa se estaba volviendo demasiado angustiante, llamé a Dedé, que estaba en su casa con Lau. Después de maravillarme con la tecnología del cableado telefónico, pasamos a lo importante. Que las mujeres de Venus, que los hombres de algún lugar horrible y remoto, inaccesible. Que hay que saber cuáles son las armas de seducción y a veces hacerse un poco la pelotuda, un poco nomás. El concepto de "el padre de" y la perversa venganza del útero frente a la falta de concepción. Esas charlas que se tienen un sábado a la noche, no importa si es en persona o por teléfono.
Después de doce horas de sueño y aventuras oníricas de lo más interesantes, más películas. Muchas, todas las que se pudieron; hasta que llegó la tormenta. Ahí apagué todo, me metí debajo de las sábanas y me quedé escuchando hasta quedarme dormida.

sábado, octubre 03, 2009

Genève medio mal de la panza, yo haciendo una especie de ayuno; las dos enojadísimas por la ausencia de respuesta de dos sujetos en particular y muy cansadas, muy. Después de la travesía que implica tomarse el puto 36 y sabiendo que no quedaba otra más que pasar la noche en casa comiendo verdura, pasamos por el videoclub con una clara consigna: una comedia, bien boluda, que no nos haga pensar demasiado, en lo posible romántica.
Qué problema tratar de ver una película conmigo. Ya me vi casi todo, o por lo menos casi todo lo que entra dentro de mi estilo. Entonces ahí estábamos, cada vez que ella me señalaba una, yo negaba, diciendo "ya la vi" o "no no, esa no". Yo no sé si fue el hambre o qué, pero por algún misterioso motivo, nos pareció una buena idea elegir una argentina. La de Celeste Cid con Marrale. Me chupa un huevo ser cerrada y blabla, odio el (nuevo) cine argentino -salvo contadas excepciones, claro está-, me aburre, está lleno de lugares comunes, se le huele la pretensión a la legua, pretende ser íntimo y cercano cuando sólo logra alejar(me). No sé si me explico. Y esta peli no era la excepción, todos los clichés posibles, los personajes mal delineados, el conflicto que se avista desde el primer minuto, la resolución traída de los pelos, la estética trilladísima, la falta de gracia, ay, me acuerdo y me indigno.
Cuando había pasado una hora, Gen se levantó y se fue a dormir. Yo me fumé lo que quedaba del porro que habíamos empezado antes y traté de evadirme hasta el final de la tortura. Cuando empezaron los créditos me acordé que el director era amigo de El Innombrable. Èl lo admiraba. Me fui a dormir con una sonrisa sobradora en la boca. Y no tuve sueños.

viernes, octubre 02, 2009

Hace como diez años fue. Nos habíamos ido de campamento a... a no me acuerdo, algún lugar del interior de Buenos Aires. Había gente de la tarde y de la noche, mucha gente; los de la mañana nunca se prendían. Durante el viaje de ida nadie habló con nadie que no fuera de su grupo, para cuando llegó la noche del día que llegamos, andábamos todos como chanchos. La clave fue ir todos juntos al supermercado. Una botella de vodka salía tres pesos. Tres pesos. Qué lindo 1999, cuando teníamos 16 y el hígado nos permitía todo tipo de desacatos.
Después de incontables toc-toc (asco), y de andar probando de picos de botellas de diversos licores (ascoascoascoasco), me senté en una hamaca y me quedé enroscando mi pañuelo de brillitos celeste (asco) hasta que vino una chica. Me preguntó cómo me llamaba; "Vos no tenés cara de Celeste, tenés cara de Daniela", me dijo. Durante un tiempito la gente me llamó Daniela, después se les pasó.

Ah, porque la chica esa que se me acercó esa noche se acaba de parar frente a la vidriera, por eso.

jueves, octubre 01, 2009

Necesito con urgencia un amigo hombre. Que sea sólo eso, amigo. Estoy hecha una cosmogólica que no sabe qué carajo hacer con respecto a ciertas cosas y sé que una fraternal opinión masculina me aclararía muchísimo el panorama. Pero claro, recién miraba mi messenger y resulta que si nos fijamos en los hombres enlistados resulta que
- me revolqué con un altísimo porcentaje.
- me revolcaría con el mínimo porcentaje con el que todavía no me he revolcado
- me gustan todos

De veras.
Un amigo.
Hombre, divertido y dispuesto a dar consejo.

miércoles, septiembre 30, 2009

- ¿Yqué vas a hacer con el chabón este?
- No sé.
- Pero ¿tenés ganas de verlo?
- No sé.
- Pero ¿no sabés porque no entendés cómo viene la mano?
- No sé porque no sé.

Así. como en un ataque de boludismo absoluto. No sé. Me preguntan cualquier cosa y no sé. ¿Queres que nos veamos? No sé. ¿Te paso a buscar y desayunamos? No sé. ¿Le vas a decir algo? No sé. ¿Lo vas a putear como se merece? No sé. ¿No estás enojada? No sé. ¿Lo extrañás? No sé. ¿Le vas a decir que venga a la fiesta? No sé. ¿Te caliento? No sé.
Posta, no sé.

martes, septiembre 29, 2009

Dejé de estar rara cuando después de cocinar para Lau y Ani, nos sentamos a cenar con un rico Tannat y a planear la fiesta de cumpleaños de Genève. Porque la risa me pone en eje.

lunes, septiembre 28, 2009

Mis amigas hablan entre sí y llegan a una conclusión. "Cel está rara". Cuando estoy "rara" suelo hablar poco y nada, mi cara de orto se vuelve una constante -porque es como le decía ayer a Dedé, mi cara es, naturalmente, de orto; no quiere decir que esté mal, es simplemente la cara que tengo y punto; que tenga cara de orto es signo de que mi rostro no está expresando ninguna emoción- y es mejor dejarme sola y no preguntarme demasiadas veces "¿te pasa algo?". No sé qué me pasa, si supiera, lo hablaría, pero no sé qué es.
Dedé asume que se trata del período (astrológicamente complicado) de 54 días anteriores a mi cumpleaños; puede que tenga razón, siempre que llega esta época del año me chiflo y me cambia el humor drásticamente, andá a saber. Lo más llamativo es que yo me siento cómoda. Me gusta quedarme en mi cuarto mirando series, leyendo. La paso bien yendo sola al cine en horarios en los que las salas suelen estar casi vacías. Disfruto de estar sola en casa, cocinando para mí y nadie más.
Y si siento la necesidad de estar puertas adentro o de salir si y solo si tengo unos lentes que me tapen toda la cara, y bueno, tampoco es tan terrible.

sábado, septiembre 26, 2009

Voy a echarle la culpa a la resaca, al fernet, a mi irresponsabilidad. Si estoy de mal humor es por esas cosas, por haberme quedado hasta cualquier hora sabiendo que hoy el despertador sonaba a las nueve; no estoy malhumorada porque estoy haciendo como que no estoy esperando un llamado/mensaje que sé que no va a llegar.
Qué cosas, eh, una se piensa que está curada, que ya fue eso de estar esperando al lado del teléfono, o eso de mirar fijamente el celular como queriendo hacerlo sonar con el poder de la mente. Pero no.
Mi mamá se enojaba por algo -mi hermana se había mandado una cagada, creo-, entonces yo pensaba "por algo no vivimos juntas desde hace tanto tiempo" y me iba. Cuando volvía, mi madre se había convertido en una especie de villano de historieta que podía adoptar las formas de todos los súperheroes -por lo menos en Superman y Hulk que fue lo que vi en el sueño- y planeaba enviar una nube de pepa sobre todo Palermo. Supuestamente, esto de la pepa era algo malo. En el medio, yo me cruzaba con un rubio de barba y rastas, treintañero, buena onda, que no podía más, se partía solo al medio; él me ayudaba a escaparme de la ira de mi progenitora y me regalaba unos pantalones que estaban buenísimos. Finalmente, quedábamos atrapadas con mi hermana en un local vacío con un viejo repulsivo que nos pedía plata por dejarnos salir de ahí. Ahí me desperté.

viernes, septiembre 25, 2009

Ayer me metí en la cama después de cenar y me vi dos pelis de Almodóvar. Primero, Qué He Hecho yo para merecer esto y después, Volver.
¿Qué tiene esto de curioso?
Nada, salvo que hasta hace pocos meses, odiaba a Pedro Almodóvar. Cada vez que alguien decía "todo sobre mi madre", yo revoleaba los ojos y empezaba con mi perorata que incluía calificativos como "ginólatra" y "grotesco". Quién sabe qué pasó en este tiempo que un día estaba en el video club y terminé llevándome La Flor de mi Secreto, y desde ahí, el click. Capaz me puse en contacto con mi útero, andá a saber.
Está bueno cambiar de opinión.

jueves, septiembre 24, 2009

- Con esto, restó 38 puntos.
- Basta con eso.
- ¿Con qué?
- Con los puntajes y las listas. Basta.
- Bueno... bajó en concepto.

Llegué a casa, jugué con Plutón, hice un pastel de papas -que se derrumbaba pero que estaba muy rico-, me fumé un porro, comí un poco de chocolate, vi diez minutos de Wild at Heart, vi quince de la de los hermanos Grimm y salí al patio, a seguir fumando y charlar con Genève (que me dijo que parase con las listas). Volví a mi cuarto con un disco con pelis. Un par de Almodovar, la de los Simpson y Sex & the City. Terminé viendo a Carrie y su pandilla, por tercera vez. Tercera vez. Esta vez, no lloré, ni me rei. Nada. Y aparecía Big, y nada. Porque siempre -o por lo menos hasta hace unos cuantos meses- quise creer que algún día mi historia con my-own-private-Mr-Big iba a virar para el lado de los fuegos artificiales, los corazones y las confesiones tardías de amor eterno. En cambio, ayer me di cuenta de algo. No. No pasó, no va a pasar, ni quiero que pase. Es como si todos esos años se hubiesen convertido en un recuerdo casi irreal. Como el viaje de egresados a Córdoba cuando tenía 12 años. Como el primer día de clases en primer grado. Cosas que en su momento fueron de lo más emocionantes, cosas que viví con absoluta intensidad, pero que en el presente no significan nada; son imágenes, a lo sumo el recuerdo de alguna situación, pero no más que eso.
Entonces apagué la compu y el velador. Me metí debajo de las colchas y traté de ver qué pasaba. Sonreí. Una sonrisa con todos los dientes, en la oscuridad. Porque, por fin, siento que se fue el peso de encima. No está más. Estoy liviana. No lo puedo creer. De veras, realmente no lo puedo creer.
De todos modos, esto va a llegar a su fin cuando deje de ser El Innombrable. Cuando ya ni siquiera sea nombrado.

miércoles, septiembre 23, 2009

Cosas que sí.
Ir al chino de Guayaquil a comprar papel higiénico y cruzarme a Alberto Laiseca en las góndolas.

Cosas que no.
No animarme a ir y decirle que lo admiro mucho y que justo estoy por empezar un libro suyo, que lo tengo sobre el escritorio para cuando termine con el que estoy ahora.

Es que estaba prácticamente en pijama y con cara de recién levantada, capaz se asustaba.

martes, septiembre 22, 2009

- Me gusta... estirarlo. Demorarlo.
- Mmmmmsí.
- ¿A vos qué te gusta?
- Mmmmnosé... me gusta... adaptarme.
- No, en serio ¿qué preferís?
- Prefiero adaptarme. En serio.

Vienen las viejas y después de preguntar si está el jefe y recibir una negativa, me piden que les recomiende algo. Entonces pelo un Mary Higgins Clark para las que quieren misterio, Rosamunde Pilcher para las que buscan drama y Barbara Wood para las que no saben lo que quieren. También les digo que sí, que es muy bueno, que yo lo leí hace mucho -por eso no me acuerdo de qué se trata- pero que me había gustado. Sí, claro, lo leí hace como tres veranos al lado de una pileta de un club, con toda esa gente metiéndose y dejando un gran caldo humano. Sí, claro.
Vienen los viejos y ya la cosa mejora un poco, por lo menos no tengo que mentir descaradamente para poder recomendar. Porque, vamos, algún Grisham me he leído y Mankell hasta podría decir que me gusta. He encajado varios Stephen King, para qué negarlo -porque amamos a Stephen, con amor del más amoroso- y si el señor en cuestión se lo merece, La Conjura de los Necios, pero eso es para pocos; porque esto es Palermo, viste, tampoco la pavada.
Y de vez en cuando, un pibe que viene a buscar algo de Mercado-Libre, y, oh, justo es Palahniuk. Entonces no me comporto y empiezo con mi danza de la verborragia. Está buenísimo no te veas la peli porque es una mierda de hecho el chabón aparece en los features y le dice al director que no le va a perdonar que le haya cambiado el final y yo tampoco se lo perdono que peli chota decí que Angelica Houston siempre saca un par de papas del fuego si me angustió un poco Fantasmas había un par de historias demasiado jodidas. And so on; podría seguir por horas, pero entra otra gente a quien atender y bueno, mi espíritu prole me hace callar la boca y mirar al que sigue. Después me jefe me dice que me fije las calificaciones y me pongo toda colorada, porque el pibe puso mi nombre y unos adjetivos, y qué sé yo, yo nada más decía que Asfixia me pareció un libro excelente.
Pero en serio, me gusta adaptarme.
Eso... o esta sensación-voz en la cabeza que me dice que cuando soy yo, puramente yo, es demasiado. Demasiado.
Ayer, mientras trataba de mantenerme despierta y seguir leyendo el de Philip Roth que me acompaña en los bondis y antes de dormir, empecé a hacer una asociación de lo más absurda, claramente influenciada por la entrada noche y mis ganas de quedarme dormida con el libro ahí, sin ganas de mover ni un dedo, ni siquiera estirar la mano para tirar el libro por ahí y apagar el velador. Y seguí despierta, pensando que Nathan Zuckerman era la versión comunista de Holden, el de The catcher in the rye; una pelotudez absoluta, Holden no puede ni tener versión comunista.
Lo maravilloso del asunto es que en algún momento de mis diez horas de sueño, soñé que J. D. Salinger me hacía de acompañante mientras caminábamos por un bosque. Él me contaba sobre Buddy Glass y yo pensaba "cómo te cojo, pero cómo te cojo". El sueño era todo en sepia. Una cosa bellísima.

lunes, septiembre 21, 2009

Todo empezó en el lugar este armenio, y Ale que había tenido gastroenteritis hasta hace un par de días así que ¿qié podia comer? basicamente, nada. La comida, hasta ahí, podría haber sido peor, pero también muchísimo mejor. La atención, lo mismo; un colombiano -¿cuántos/as camareros/as colombianos/as hay en esta ciudad? ¿alguien lleva la cuenta?- y dos pibas que parecían menos armenias que yo. La cuestión es que antes de habernos terminado la cerveza, viene el flaco que estaba en la caja, nos pone el ticket sobre la mesa, "acá está la cuenta". Casi peco de inocente, casi le dije que no habíamos pedido la cuenta todavía, pero claro, nos-estaban-echando. Nunca más, en la guía olio de mi mente ya los he defenestrado a más no poder.
Después caímos en un bar de viejos en San Telmo, ése que está al lado de Pedro Telmo y tiene la cerveza barata, nos maquillamos un poco y terminamos en una fiesta horrible, en el centro. Un sujeto que está a medio camino entre las categorías de "conocido" y "amigo" -un conomigo, un amicido- me dice que él siempre escucha atentamente lo que le digo, que realmente confía en mi criterio, después nos damos un abrazo pero yo ya estoy de mal humor. Estoy podrida de oír hablar acerca de mi criterio y la puta que los parió. Entonces nos fuimos con Gen y Lau a tomar el 132. Capaz que tenía los zapatitos de Dorothy, porque es como si me hubiese teletransportado a la cocina de casa, poniéndole queso a un arroz que casi casi se me quemó.
El domingo las cosas no fueron demasiado diferentes. Di vueltas en la cama hasta las tres de la tarde, fui a Disco a comprarme un cacho de pollo y unas paltas; tomé unos mates y me aní a la reunión de chicas que estaba teniendo lugar en el patio de abajo; y ponele que la pasé bien durante un rato, pero después ya no. Ya no quería estar ahí, ni en mi cama, ni en mi casa, ni en ese barrio, ni esta ciudad ni en ningún lado. Quería estar en algún lugar alejado y desconocido; un lugar solitario y frio donde poder llorar un rato a moco tendido; porque ya no sé cuándo fue la última vez que lloré ¿Dos meses? ¿Tres? No sé, no me acuerdo.
Las hormonas y la neurosis ya me tienen re podrida.
Justo me tomo para venir al laburo un bondi que va para el lado de Plaza Italia, que se acerca bastante a Palermo y sus bosques. Hoy, día del estudiante, de la Primavera, me tomé el colectivo como todos los días, a las dos menos diez; pero claro, no me encontré con un 36 semivacío, no, me topé con una horda de jóvenes y sus celulares pasando música a todo volúmen. Sus pelos desprolijos, su gramática incorrecta, sus facciones incompletas, sus grititos. Si hay algo que me pone los pelos de punta, es estar rodeada de adolescentes.
Me acomodé como pude, abrí mi libro y me puse a leer. A mitad de viaje se desocupó un asiento y pude sentarme. Los diez minutos restantes, una mujer -que empezó la conversación preguntándome cuál era Gascón- terminó contándome la historia de su matrimonio. Que hoy cumplían trece años de casados, que es increíble cómo todas las parejas se separan, que hay que tener paciencia y remarla, que si yo estaba casada, que cuántos años tenía, que gracias y suerte.
Me bajé en Scalabrini, fastidiosa, hasta casi diría que enojada.
Dos horas después, mi humor no mejora. No mejora. Y no es culpa de los pibitos escuchando cumbia en el bondi, y tampoco es culpa de la mina que reivindicaba el matrimonio y se bajaba en Aráoz y Paraguay. No sé quién tiene la culpa. Ponele que las hormonas.

sábado, septiembre 19, 2009

En la radio están pasando un tema de Man Ray. Me di cuenta de algo, si mi padre hubiese ejercido mayor presión sobre el asunto este del canto, y si mi madre no hubiese escuchado mis delirios de "cuando sea grande voy a ser economista" yo cantaría muy parecido a Hilda Lizarazu. Pero quién sabe, nunca canté en castellano -porque dudo que cantar Aguaviva de Los Brujos a los gritos, empepada, saltando en la cama, cuente-. Salvo a los once años, mi debut, "Rasguña las piedras" cuando todavía era soprano y a la maestra de música se le ocurrió que un micrófono, Sui Generis y Cel podían ser aptos para el acto del centenario del Colegio, o el 20 de Junio, realmente no me acuerdo.
Una vez, una compañera de laburo -después de mi participación estelar con la banda de mi ex profe de canto en el desaparecido Belleza y Felicidad- me tiró un "Alanis meets Kate Pierson". Será que nos caíamos muy bien; eso, o el call center ya le había freído la bocha.
Primero, el jefe que me llama y me ruega que vaya hasta a la librería -de vuelta, después de haberle dado con los zapatos que me hacen doler y la mochila pesadísima por Medrano desde Mansilla hasta Guardia Vieja- para abrirle la puerta, porque resulta que se olvidó las llaves; justo cuando estoy a punto de tomarme el bondi con un pibe. Entonces nos tomamos un taxi, hago entrega de llaves y no paro de fruncir el ceño. Eso el miércoles a la noche.
Segundo, el pibe me dice "llueve", a eso de las 11 de la mañana. Y yo tan de primavera, con los zapatitos -que me hacen doler- y la pollera, porque mi mamá siempre me dice que tengo que usar polleras más seguido, maldita la hora en que le hago caso. Mientras espero el 127 en Triunvirato puteo, tirito y frunzo más el ceño. Eso el jueves al mediodía.
Tercero, llego a casa, empapada, congelada, somnolienta; con una caja de Speedy que tiene un coso de wifi adentro. Le doy de comer a Plutón, prendo la luz de mi cuarto y abro la caja, hojeo el manual y levanto el tubo del teléfono para ver si hay mensajes. No hay tono; checkeo los cables, no hay tono. Me fijo en el teléfono de Ani, no hay tono. Puteo al universo, no hay tono. Eso el jueves a la noche.
Cuarto, que seguimos sin teléfono, que es un problema de la zona y "va a estar solucionado lo antes posible". Teléfonica y la puta que te parió. Además, jefe se siente medio mal y se va, dejándome sola. Sola con toda esta gente que "quería hacer unas fotocopias" y gente que "quiero comprar un libro, pero no sé el nombre... ni el autor". Nunca gente que "dame la trilogía Millenium, sí, en efectivo". Nunca. Eso ayer a la tarde.
Quinto, que llego a lo de mis abuelos y me reciben con amor pero sin comida. Pico unas cositas y me retiro, no sin antes pasar por Burger y asombrarme por el precio de una hamburguesa común y silvestre ¿seis mangos por una clasica? Indignada, cruzo Corrientes y me meto en La Continental, porque a veces las empanadas de pollo le hacen bien al alma. Eso ayer a la noche.
Ahora hay unos señores rompiendo la calle, así que me espera una tarde de TRRAAAAAATATATATRAAAAA non-stop. También me espera una cena con amigas en un lugar Armenio y una noche retro-como.si-tuviéramos-20-de-vuelta en el Salón Pueyrredón.

jueves, septiembre 17, 2009

- Me gusta cómo te queda la barba.
- ¿Si?
- Sí, me gusta mucho.
- Igual... se va a ir.
- ¿¿Por qué?? ¡Si te queda re linda!
- Me hace más viejo.
- Nah, es cualquiera eso. Te queda bien.
- Pero me hace más viejo.
- Vos sos geminiano, los geminianos siempre parecen más jóvenes, no te tenés que hacer problema por esas cosas.
- ...
- Cuando yo haga estos comentarios, vos los ignorás, ¿estamos? Hacés como si no hubiese abierto la boca, ¿si?
- Ok.
"Una mujer precavida siempre tiene dos velas prendidas" dijo mi madre el martes a la noche mientras me servía puré en el plato.
Todavía no me repongo.

miércoles, septiembre 16, 2009

Mi madre dice que cuando era chiquita y me llevaba al cine era para problemas. Que me metía demasiado en la trama y terminaba sufriendo y armando un escándalo.
Ico, el caballito valiente: afuera del cine a la media hora de haber empezado la peli porque mi llanto molestaba a los demás espectadores.
Bambi: lo mismo que con Ico.
Está claro por qué nunca me llevaron a ver Chatrán ni Todos los perros van al cielo.
No creo que las cosas hayan cambiado demasiado en estos veinte años. Por ejemplo, últimamente la mente me está funcionando en In-Treatment-mode. Entonces hablo con Lau por teléfono y cada dos frases tiro un "¿no será que en realidad...?" seguido de alguna conclusión pedorra pero que suena a acierto. Capaz es Gabriel Byrne que me enloquece con sus arrugas alrededor de esos ojos increíbles, y su acento velado, y sus sacos de corderoy medio arrugados; capaz es que siempre me agarro de algo para ir viendo por la vida con ese cristal. Digo, uno de los recuerdos más nítidos que tengo de mis quince años es estar en la cama tomado un té con leche y llorando a moco tendido después de ver Dawson's Creek en la repitición que pasaban a las 2 de la mañana; cuando empezó todo este asunto del idilio con Bukowski le rogué a mi padre que me llevara al hipódromo y probé mis primeros whiskys; después de alguno de esos fines de semanas en los que me trago entera una temporada de Lost termino con delirios místicos; y ni hablar de mi obsesión por captar microexpresiones después de verme la primera temporada de Lie to Me.
Después se me pasa. Así de fácil.

martes, septiembre 15, 2009

Comíamos unas cosas parecidas a unos ravioles en la cocina de Lau. Entonces ella se preguntó qué es lo que deja uno en la vida del otro después de una separación. Hábitos, ciertos gustos, ideas; esas cosas. Con cara de soñadora, mirando para arriba, decia que tenía ganas de saber qué huella había dejado ella en cada uno de sus ex.
Ese deseo de trascender, de formar parte de la vida del otro aunque sea tácitamente. Esa necesidad de estar presente, el ego que se nos exacerba y quiere estar en todas, siempre.
También las ganas de saber qué es propio y qué vino de afuera, qué empezó siendo ajeno. Ella supo en ese momento que nunca habría visto partidos de fútbol si no hubiese sido por su primer novio; que nunca se habría animado a comer sémola con las manos de no haber salido con un chico africano durante un año.
Y yo supe que es probable que el haber empezado a fumar haya sido culpa del compañero de colegio que me en-can-ta-ba y siempre tenía un parissien colgando de los dedos; también caí en que mi forma de ver el cine cambió con El Innombrable; que Cat Power, Patti Smith y Red Kross fueron un regalo de mi primer profesor de canto; que Bukowski y Kerouac habrían sido dos desconocidos de no haber conocido a ese morocho enorme con ojos moros que me llamaba "pendeja"; que el primer interés por la física vino de la mano de Tomás.
¿Y qué les quedó a ellos? Quién sabe. Alguno me dijo una vez que después de conocerme, empezó a preguntarle a la gente de qué signo zodiacal era. Para eso mejor que no quede nada me parece.
Sólo quiero que quede registro de este maravilloso día.
Las semillas están germinando y brotando.
Genève quiere ponerles nombre. Betty & Boop, propuse yo; Tarzán y Chita, tiró ella.
Vamos a ver, vamos a ver.

lunes, septiembre 14, 2009

- Es que no sé medir, siempre hago de más.
- Sí, el guiso de lentejas de aquella vez era para un batallón.
- No hablemos de ese tema, por favor.
- ¡Pero estaba bueno!
- ¡¡¡Se me quemó!!!
- Apenas se quemó... y tenía de todo. ¡Estaba rico!
- No quiero ni acordarme, me pongo mal; no sé cómo se me quemó.
- Porque estaba con fuego fuerte. Cuando ya querés que reduzca y terminar, lo tenés que poner al mínimo.
- Estaba en mínimo.
- No, no estaba en mínimo.
- Sí estaba en mínimo.
- Yo estaba sobrio cuando llegué y te digo que no estaba en mínimo.
- Bueno, capaz tenés razón. Sí, ya sé, tomarme media botella de tinto mientras cocinaba no fue buena idea.
- Es que te pusiste nerviosa...
- Sí...

Todo mientras sarteneaba con destreza.
Un hombre cocinando con habilidad es de las cosas más calentantes que existen.
Mi Oma siempre fue viejita. Cuando yo nací ella ya había pasado los ochenta años, así que el recuerdo que tengo a lo largo de mi infancia es más o menos parejo; digo, siempre me pareció una viejita muy linda, no pude notar el paso del tiempo en su cara. Yo tocaba la puerta del departamento -ellos vivían en el séptimo y nosotros en el noveno- ella preguntaba "quién es" y abría sin esperar a que le contestase. La cocina era diminuta y las hornallas siempre tenían encima dos o tres ollas echando humo. Me daba alguna galletita bañada en chocolate y unos caramelos para que me guardara en el bolsillo. Falleció cuando yo tenía once años, me lo contó mi mamá por teléfono, porque yo estaba de vacaciones con el resto de mi familia.
Era hermosa. Alta, imponente, unas tetas enooormes que, según cuentan por ahí, eran la locura de todos los hombres. Inteligente, filosa, orgullosa y dedicada. Y excelente cocinera; tenía un toque mágico. No importaba si estaba preparando chucrut o si sólo había hervido unos repollitos de bruselas, todo era exquisito. Si hubiese sido un olor, habría sido el de las galletitas de manteca recién salidas del horno; si se hubiera convertido en textura, habría sido el crumble -que ella me nombraba en alemán y yo no sé cómo se escribe- que ponía por encima de su torta de ciruela. Ella y sus ollas humeantes, siempre.

Ayer me desperté, ordené mi cuarto, me quejé del dolor de garganta y me fui al supermercado. Compré jengibre y limón para hacerme té, mucha cebolla, puerro y unos pedazos importantes de carne. Porque a medida que avanzaba con el changuito, lo supe; había que aprovechar la última semana de invierno y hacer un goulash.
Corté las cebollas y la carne, en cubos. Sellé, doré, olí, sonreí y me armé de paciencia. Después de tres horas a fuego lento, el toque final, la fécula para que todo se vuelva espeso.
Ani aplaudió y limpió con el pancito hasta que el plato volvió a su blanco original; mi hermana felicitó y devoró todo en dos segundos; Genève no paró con su "qué rico olor" en toda la tarde. Yo me comí lo que quedó al mediodía, antes de venirme para la librería.

Mary se llamaba mi Oma, una grande.

viernes, septiembre 11, 2009

Pablo: El Callia es vino de nena.
Vic y yo, a coro: ¡No es vino de nena!
Pablo: Sí, es vino de nena..
Vic: No, las nenas toman vino blanco espumante sabor ananá.
Yo: Sí, las que leen la Cosmo y se hacen las superadas.
Pablo: ¿Siempre hacen eso ustedes? Se juntan y empiezan...

Porque con Vic nos hemos pasado horas -laborales y de las otras- categorizando. Y está bueno saber que pasan los años y no hemos perdido "el toque".

jueves, septiembre 10, 2009

Hace unos meses me quejaba, decía que no tenía ganas de concer a alguien porque pensar en que iba a tener que estar explicándome una y otra vez me sonaba de lo más agotador. Lo veía como una interminable entrevista de trabajo.

"Prefiero los gatos antes que a los perros", "Si sueño que me hiciste algo malo y me despierto al lado tuyo, te jodiste, seguro te pego una patada", "Me hago la distante pero soy una tremenda franelera", "Me bautizaron con un nombre diferente al que tengo ahora, y a los 18 me cambié el apellido", "No tomo cosas calientes a la mañana". Y así, durante meses y meses, hasta que el otro se aprendiera todo el set de mañas y señas personales.

Mi fantasía hace unos meses era que apareciera un tipo golpeando mi puerta, que además de ser carismático, inteligente, excelente amante e interesante, supiera lo básico sobre mí.

Hoy a la mañana cuando en vez de ofrecerme un café me preparó un jugo de pomelo, me di cuenta. Con alguien que preste atención a lo que digo y un poco de memoria, alcanza y sobra.

Bueno, también suma porotos que me despeine de a poquito, que le sonrían los ojos y que cocine de -oh, por dios- esa manera. Pero eso es otro tema.



También es otro tema que hoy me pelée con una señora por teléfono por culpa de Caperucita Roja. El cuento "Caperucita Roja".

lunes, septiembre 07, 2009

Tapada hasta la nariz, con la cabeza a punto de explotar por culpa de la resaca y las piernas doloridas de tanto bailar; con el sol tímido del domingo de ayer entrando por las rendijas de los postigos y una botella de agua al lado de la cama. Así recibí el día, más o menos a las 11, queriendo dormir más y sin poder; pero también sonriendo un poco -ok, lo reconozco, con una tremenda sonrisa instalada en la cara, no en la boca, en la cara-, recreando escenas en mi cabeza, contando gestos como cuentas de un collar, cerrando los ojos para ver mejor las ideas, sintiéndome bien.
Doce horas después me dice que queda un poquito de mí en su almohada, pero que prácticamente nada. Entonces, hasta casi que me pongo colorada y todo. En vez de eso, bajo la mirada y pongo cara de tarada, justo para que Lau me vea y me diga "ay, mirá cómo te ponés".
Y sí, me pongo así. Porque está bueno ponerse colorada y un poco tarada de vez en cuando, canejo.

Aaah... ¿etiquetar o no etiquetar? Qué dilema, eh.
Yo le pondría algo así como Mr. deseé-abalanzarme-sobre-él-cuando-me-habló-de-su-gen-chavista. pero es como muy largo ¿no?

sábado, septiembre 05, 2009

No me avergüenza confesar que soy de esas que en el supermercado mete en el chango todas las pelotudeces que su presupuesto le permite. Frijoles refritos, aderezos extraños para ensaladas, puré deshidratado importado de Idaho, salchichas rellenas de queso, queso en aerosol, cervezas importadas de andá a saber qué país, mostazas, chocolates, tés, y cualquier cosa que capte mi atención por más de 5 segundos.
Ayer toqué fondo, compré merengadas "con juguito". Merengadas. Con juguito. Este es mi techo en la compra indiscriminada de estupideces. No las voy a comer, la próxima que salga a la calle se las regalo a algún chico.
Merengadas. Con juguito. ¿Qué se supone que es eso?

viernes, septiembre 04, 2009

Empecé 5 posts diferentes que hablaban de, básicamente, lo mismo. Los borré a todos.
Hay cosas que sólo son para contar a las amigas.
In fact, ya le estoy quemando la cabeza a Lau.

jueves, septiembre 03, 2009

Mientras me pinto las uñas, miro In Treatment. Me distraigo un segundo y cae esmalte color "ciruela" -¿hay algún esmalte que no tenga nombre de comida?- sobre el almohadón que tengo en el regazo. Puteo por lo bajo y prendo un cigarrillo después de mil maniobras para no arruinar la maniquiur. Entonces miro a Gabriel Byrne, miro a Hope Davis; que hacen de analista y paciente. Me doy cuenta de algo, hace años, una serie así me hubiese disparado el deseo de volver a estudiar psicología; ahora tengo ganas de volver al diván, unas ganas que se están transformando en acción. Esta vez quiero una mujer.

miércoles, septiembre 02, 2009

- Hacé como en Along Came Polly, un análisis de cada uno y después te fijás cuál es más peligroso.
- Claro, y me quedo con ese ¿no?
- ...
- Ya hice la listita de pros y cons y sigo sin saber cuál me gusta más. Voy a seguir tomándome mi tiempo.
- Qué viva.
- Y bueno, no puedo precipitarme.

Un rato antes mi hermana me había dicho que no fuera tan cerrada, que cada persona es única e irrepetible, que el prejuicio blablabla. Mi hermana podrá, yo no. Yo saco perfiles, y el otro es un perfil hasta que demuestre lo contrario. Es la manera que tengo de darle orden a las cosas. Después mi mamá me dijo que uno era el agua y el otro la coca, lástima que no estaba papá, que es el que tiene las mejores analogías.
Mi hermana también dice que ya me decidí, que se me nota en la cara, que me cabe mucho màs la coca. Yo creo que la única decisión que siempre tomo, es la de salir corriendo. Por eso, mejor no digo nada, mejor sigo haciendo listitas y me callo.

martes, septiembre 01, 2009

Yo tenía la sensación esa, esa que me hce sentir que me voy a encontrar con alguien en cualquier momento. Entonces voy por la calle con las antenas paradas, mirando al frente y no mis pies como suelo hacer. Especulo, y me fijo en qué zona estoy para barajar los posibles encuentros.
La cagada es que siempre le pongo demasiadas fichas a la sensación. Bueno, la cagada es que siempre le pongo demasiadas fichas a demasiadas cosas, pero ese es otro tema.
Ayer, en el lugar habitual de los lunes, me crucé con un pibe con el que había ido al cine hace millones de años -circa 2005- y nunca más nada. Resulta que es amigo de un amigo. Lo que son las cosas de la vida, eh. Y me dijo que tengo cara de Puán; qué horror.
En el mismo lugar, divisé a un flaco con el que estuve hace unas cuantas semanas; pero este no cuenta porque nos habíamos conocido en ese mismo lugar. Lo que sí cuenta es que en este tipo de situaciones soy la peor, para cuando había terminado de dar mis mil quinientas vueltas, el pibe ya se había ido.
Y hoy, mientras caminaba por Perú y Moreno, con una resaca considerable a cuestas, lo vi -y pareciera que voy a decir algo emocionante, como "vi a mi primer amor" o "vi al Innombrable de la mano de una mujer embarazada", pero no, nada que ver-. Un chico que era amigo de un novio que tenía Lau a los quince años*. Nos habíamos dado unos besos en mi fiesta de egresados; yo estaba completamente borracha, así que no me acuerdo de mucho. Iba con un sobretodo negro y un pucho en la mano. Me gustó un poquito, pero más que nada por el sobretodo. Seguí caminando y para cuando había llegado a Avenida de Mayo lo supe, hasta ahí llegaba esta racha de encuentros, se terminó lo que se daba.
Sigo esperando encontrarme algún día con algo más suculento. Como la vez esa, que yo justo me había vestido de lo más putona para ir a la facultad y en la puerta estaba un chico con el que había salido unos meses el año anterior, esperando a su novia. O la vez que me encontré al Innombrable y al novio de Flor, juntos, en una panadería y casi le vuelo un vigilante de la mano. Es más divertido cuando me pongo nerviosa, me pongo colorada y se me traban las palabras.

*Mensaje personal para Marula: estoy hablando del amigo de Gastón con el que vos saliste. ¿Vos sabés que está igual? Una cara de nene de no creer. El sobretodo ese garpaba mucho, pero no sé si sos del tipo que se entrega por un sobretodo. Fin del mensaje personal para Marula.

lunes, agosto 31, 2009

Antes, los domingos eran despertarse en algún momento entre las dos y las cuatro de la tarde, arrastrarse hasta la panadería, volver e instalarnos en el cuarto de Flor a ver pelis hasta las doce de la noche. Flor hacía panqueques, a la noche se pedía delivery y si era veranito, nos tomábamos unos fernets en el patio de abajo.
Ahora, los domingos son despertarme tipo 12, ir hasta la panadería a comprar algún sandwich, volver a mi cuarto y ver alguna serie hasta que las conversaciones de las chicas no dejan que me concentre. Limpian; ellas, los domingos, limpian. Si a mí pasar un domingo en la cama con alguna peli o un libro me resulta de lo más terapéutico, ellas no comparten; a ellas les hace bien limpiar.
Ayer, me arrastraron hasta la terraza. Mientras yo me fumaba uno, ellas baldeaban y lavaban las botellas de cerveza -cincuenta aproximadamente- que están ahí desde que se empezó a alquilar la casa. Y mientras flasheaba con el agua, el escobillón y la rejilla, ellas dale que te dale con la pulcritud. De repente, miré la terraza, cómo mejoró, lo linda que está y me puse contenta.
Mañana voy con mi tío a comprar unos estantes y una parrilla. Porque eso es lo que siempre le faltó a casa, una parrilla.
También nos falta un parrillero, pero eso es lo de menos.

sábado, agosto 29, 2009

¿Yo soy la única que veía Eerie Indiana cuando era puber?
Me acabo de fijar y sólo hay 19 episodios.
Si fuera guionista, haría algo tipo Eerie Indiana.

viernes, agosto 28, 2009

Estábamos en el patio de la casa de los mejores amigos de mi papá, que se habían separado hacía unos meses. Yo estaba en sexto grado, así que tendría once años. La casa se la había quedado ella, porque él un día se había levantado a la mañana y le había dicho "me voy con Fulana", hizo una valija y se tomó el palo. Su vida con Fulana duró poco, y después de varias parejas conoció a una chica más chica que yo y ahora tienen un bebé divino, viven cerca de La Plata y tienen la plantación de marihuana más maravillosa que haya visto. Su ex mujer nunca lo superó, por eso se fue a vivir a Europa con un pendejo brillante al que le llevaba como 20 años.
Pero vuelvo al patio de esa casa, una noche de hace como quince años. Mientras yo hacía que leía, mi mamá y su amiga no paraban un segundo de hablar. La recién separada estaba indignada, al parecer, otro amigo del grupo la había insultado, injuriado, faltado el respeto. Mi mamá le preguntaba cada vez más ansiosa "¿qué es lo que te dijo?", desesperada por el chisme recién salido del horno. Al final, ella cedió y confesó, "me dijo que era una promiscua". En ese momento levanté la vista y estuve a punto de preguntar qué quería decir esa palabra, pero me pareció más prudente seguir haciéndome la boluda y buscarla después en el diccionario. Al otro día ya no la recordaba, me sonaba a "pascualina" pero estaba segura de que nadíe podía enojarse tanto por una analogía de tipo gastronómico.
La palabra no volvió a aparecer hasta que fui más grande y entendí qué querìa decir.

Hace un par de días Genève se prendía un Virginia Slims en el patio de casa, y se preguntaba si la gente que de soltera es promiscua tiene una tendencia a la infidelidad cuando está en una relación de pareja. Llegamos a una conclusión basada en nuestras propias experiencias, que es medio difícil ser fiel, pero que se puede mientras se quiera. "Promiscuas como nosotras" había dicho Gen unos minutos antes, y si bien me chocó un poco el término, nunca habría podido indignarme como lo había hecho la amiga de mis viejos aquella noche. Qué le voy a hacer. Si cada vez que cojo bien con alguien, ese alguien desaparece después de un par de veces, no me queda otra más que seguir probando ¿no?
De todos modos, cada vez que alguien usa ese término, no dejo de imaginarme pascualinas flotando. No lo puedo evitar.

jueves, agosto 27, 2009

- A mí me gusta ir a la casa del pibe, ver cómo vive, concerlo un poco más viendo su lugar...
- Mmmm... mmmno, yo prefiero que vengan a mi casa, estoy más cómoda.
- ¿De veras?
- Toda la vida. Aparte se evita el conflicto. ¿Me quedo a dormir? ¿Me voy a mi casa? ¿Lo incomoda que me quede? Me estresa, prefiero que venga a casa y listo.
- Pero... ¿y si no querés que el chabón se quede?
- Miro mi reloj imaginario y le digo que me tengo que levantar temprano al otro día. Prefiero ser mala onda antes que quedarme en una casa donde no quieren que me quede.

Lo que no le dije a Lau porque es algo que descubrí recién hoy a la mañana, cuando me desperté en mi cama, después de una muy buena noche fuera de casa. Me gusta que los hombres pasen la noche en mi casa porque sé que al otro día voy a oler la almohada y me voy a encontrar con su olor. Porque me gusta mirar al día siguiente las sábanas revueltas y que se me dibuje una sonrisa recordando. Porque el cuarto se va llenando de recuerdos felices, divertidos, intensos, tiernos. Porque adoro que cada mueble, que cada pedazo de parquet encierre algo, un significado, que dispare millones de imágenes que me hacen llenar el cuerpo de escalofríos.
Y porque, si de descanso se trata, siempre prefiero mi cama.
Tengo ocho o nueve años, vuelvo del colegio por Ängel Gallardo y paro en la heladería. Me pido uno de banana y menta granizada, porque nunca supe combinar gustos de helados.
Tengo trece, y antes de entrar al colegio me duermo una siesta en las escaleras del mástil que está en frente de la biblioteca del Pizzurno. Me despierto a las 5 y cuarto, justo a tiempo.
Tengo 17, y ya no duermo siestas antes del colegio, tomo Tecate o sidra, porque a esa edad tomaba sidra.
Tengo 19 y vuelvo en el 37 desde Ciudad Universitaria. Me quedo dormida con el sol pegándome en la mejilla y los apuntes en el regazo.
Tengo 20 y estoy con un chico en Plaza Francia, tirados en el pasto, mirando a la gente con sus perros. Nos besamos por horas, hasta que se hace de noche y refresca.
Tengo 22 y comemos frutillas y cerezas con El Innombrable en el jardín de la casa de mi tía. A mí me encantaría que tuviera algún un gesto de dulzura, alguna vez, se lo pido con los ojos, pero no lo percibe, o no lo quiere percibir.
Tengo 24 y cruzamos hasta el río, todas las tardes. Media hora de sacarle el cuero al resto de la oficina, muchos puchos y los hombros que van tomando cada vez más color.
Tengo 26 y miro el techo mientras casi puedo escuchar lo rápido y fuerte que me late el corazón. Me ato el pelo, me acomodo un poco lo que me queda de ropa, y me doy cuenta de que esta época del año, los primeros calores, siempre dejó unos recuerdos de lo más indelebles.

miércoles, agosto 26, 2009

Antes de entender que es vigilia, antes de lavarme la cara, antes que nada, prendo la compu y pongo música. Es un acto automático. Lo curioso es que la elección musical refleja mi humor al instante de sonar el despertador y, en general, dicta el ánimo que voy a llevar encima por el resto del día.

Hoy me desperté con "I like you so much better when you're naked" de Ida Maria.

Hoy va a ser uno de esos días en los que el "hoy cojo" no se me va a ir de la cabeza.

Porque una canción que dice "I like you so much better when you're naked; I like me so much better when you're naked" no puede más que darme ganas de estar desnuda.

martes, agosto 25, 2009

De adolescente me gustaban los de signos de tierra, más que nada los virginianos. Había algo en ese sentido de la responsabilidad, en toda esa disciplina, que me enloquecía. Me gustaban porque parecían más grandes, porque eran un poco más serios que el resto. Calculo también que Edipo debe haber metido la cola, con un padre Tauro-Tauro...
Ya un poco más grande, me dediqué a los signos de agua. Y tuve una tanda de piscianos demandantes que me hicieron sentir que era La Reina de Desprecio; tanta demostración de afecto me apabulló. Con los escorpianos, sin embargo, la cuestión mejoró al menos un poco; el equilibrio justo entre intensidad y cariño; claro que a veces entre escorpianos nos pasamos de rosca con la intensidad y hay que poner paños frios porque si no explota todo.
A los de signo de fuego siempre los conocí en momentos de transición, y puedo afirmar con seguridad que no hay mejor que un sagitariano o un leonino si lo que una busca es pasarla genial mientras se trata se hacer el duelo por alguna relación tormentosa.
A los de signo de aire los descubrí hace poco tiempo, un par de años como mucho, y han resultado ser un hallazgo de lo más satisfactorio. La libertad de Acuario, la dulzura de Libra, la rapidez mental de Géminis; yo compro.
En esto pensaba hoy mientras almorzaba en la terraza y hacía una listita mental de signos, lunas y demás cuestiones astrológicas. Entonces decidí que, en la medida de lo posible, virginianos no more; parar las antenas para ver si aparece algún sagitariano -los sagitarianos son siempre bienvenidos- y, seguir investigando en esto de los signos de aire.
Por lo pronto mañana ceno con un geminiano muy simpático. Digo, para seguir con el trabajo de campo.

Y sigo en la búsqueda de algún capricorniano, es el único signo que me falta. Pero no hay caso, che. No hay caso.

lunes, agosto 24, 2009

Ya sé cómo funciona la cosa, a mí me preguntan "¿cómo te sentís?" y yo contesto "pienso que...". Me es muy difícil identificar qué es lo que siento en determinadas situaciones, sobre todo si no se trata de cuestiones extremas, en las que la emoción me va dictando más o menos de qué lado viene el sentimiento. Es por eso que -y esto es algo que descubrí hace muy poco- he desarrollado un complejo sistema de reflejo condicionado para poder entenderme un poco más.
A determinada reacción se le atribuye un determinado estímulo. Ese estímulo, se estima, es de naturaleza sentimental.
Por eso, cuando esta mañana elegí un libro para empezar la semana, y al rato me encontraba en el 141 leyendo sobre la historia de los matemáticas, entendiendo la demostración que explica por qué la raíz de dos no es un número natural -que, por supuesto, pude comprender porque la había visto durante el ingreso a Física-, descubrí un nuevo comportamiento que esconde un sentimiento.
Si leo libros de divulgación científica, es porque no puedo lidiar con mi realidad del momento; porque la circunstancias me sobrepasan. No es casual que el año pasado -un año de mierda a nivel emocional- me haya puesto a leer y tratar de entender la teoría de la relatividad especial yo solita; ni que me haya embarcado en una fantasía de futuro como científica. Y ahora que lo pienso, a los 15, cuando quería desaparecer de la faz de la tierra, sólo me iba bien en Química.
Entonces, a la altura de Scalabrini y Loyola lo entendí, por fin. Estoy estresada, me siento incapaz de lidiar con ciertas circunstancias; mi neurosis está llegando a niveles peligrosos, cualquier situación mínimamente conflictiva me desestabiliza y creo que es hora de volver a terapia.
Después, un señor muy raro se puso a cantar "yo me pregunto ¿para qué sirve la inercia?" con la melodía de Mil horas de los Abuelos de la nada. Antes de bajarme me dijo "Las máquinas odian las matemáticas, no les metas polinomios".
Por algún motivo, me sentí un poco comprendida.

domingo, agosto 23, 2009

Y mientras Ani me tiraba desodorante, yo saltaba en la cama y cantaba I touch myself.
Ese debe haber sido uno de los highlights de la noche de ayer.
Todavía no puedo creer que en dos años nunca se me haya ocurrido ponerme a saltar en la cama.
Después dicen que las drogas hacen mal.

sábado, agosto 22, 2009

A veces se canta con Cat Power, con Patti Smith, otras con The Ting Tings, alguna que otra vez con Amy Winehouse; pero EL momento de cantar siempre es con Fiona Apple. Elijo unos cuantos temas -esos que me sé bien la letra y me salen lindos-, le doy play al winamp, me siento en la cama y canto. Canto con sentimiento, con los ojos cerrados, tomando aire en los momentos indicados, poniendo en práctica lo que se supone debo haber aprendido en cinco años de estudiar canto.
Me pasó ayer, mientras tomaba un té y pensaba boludeces; me entraron unas ganas de cantar insoportables. Media hora después me estaba acordando que alguna vez, hace mucho tiempo, yo compartía cosas con alguien que de vez en cuando me hacía feliz. "Vos podés ser Fiona Apple, y yo Paul Thomas Anderson, todo en versión tercermundista", me decía. Claro, como si yo pudiera ser tan oscura como Fiona y el fuera a ser tan talentoso como P.T. Anderson. Y así, mágicamente, la nostalgia desapareció. Al rato, abrí mi cuaderno/diario en cualquier página: "(....) y que se vaya con su zen, su meditación y su mac de puto a la mierda", fechado en septiembre del año pasado. Me agarró un ataque de risa mientras Plutón me miraba, puse You're so vain de Carly Simon, agarré el desodorante a modo de micrófono y brindé un estupendo show a mi inexistente audiencia.
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viernes, agosto 21, 2009

La mejor amiga de mi madre me agarra, literalmente, con las manos en la masa (para hacer milanesas de soja) y me dice que soy puro pensamiento, y que si Jung me hubiese conocido, habría dictaminado que soy de lo más animus. Que mi Luna en Acuario es una quilombera y que niego mi sentimental Ascendente en Piscis. Después, me halaga los tatuajes y recomienda que el próximo sea Venus.
No va a ser Venus. Va a ser Plutón. Y como soy supersticiosa, va a ir acompañado de Saturno.
Acabo de encontrar la tarjeta con el teléfono de mi tatuador.
Es una señal.

jueves, agosto 20, 2009

Desde hace años, cada vez que hablo de un hombre, mi amiga Ali me pregunta "¿y? ¿reúne las tres condiciones?" mientras una sonrisa enigmática se le dibuja en la boca.
Resulta que a los 16 años llegué a una reveladora verdad. Para que me gustara un chico, mucho, para que me llegara a enamorar, sólo debía contar con tres virtudes.

#1. Que sea inteligente.
#2. Que sea culto.
#3. Que me haga reír mucho.

Diez años después, se da por descontado -bueno, YO doy por descontado- que si le doy bola a un tipo es porque tiene las tres "virtudes". Ni que fuera tan difícil, la inteligencia es una cualidad absolutamente sobrevalorada, todavía queda gente medianamente culta y para hacerme reír no hace falta más que un porro.
Lo alarmante es que con cada año que pasa, esa lista, tan magra en mi adolescencia, se abulta más y más, rayando lo absurdo.

#345. Que siempre quiera ver pelis de superhéroes.
#723. Que su Batman favorito sea Christian Bale.
#537. Que me quiera cojer a toda hora, aunque sólo sea para fomentar mi histeria.
#901. Que haya leído El Maestro y Margarita (o que esté dispuesto a hacerlo).
#294. Que deje su perfume sobre mi almohada.
#618. Que en su armario no haya un jogging blanco.
#429. Que siempre quiera jugar a un juego que no sé cómo se llama y que ahora no tengo ganas de ponerme a explicar, pero que es muy ñoño y divertido.
#851. Que le sonrían los ojos.
#365. Que tenga cojones para taparme la boca con un beso cuando me pongo muy neura.
#829. Que... que... no sé.

Entonces, cuando Ali pregunta yo me hago la boluda, no sea cosa que me tenga que poner a enumerar todo lo que quiero. No sea cosa que me salga con la trillada frase "eso porque todavía no conociste al hombre que te va a hacer olvidar de todas esas cosas". No sea cosa que me crea que puede llegar a existir ese hombre, que barre con listas neuróticas y recibe y da amor sin condiciones.
Después de un día de no ir a trabajar, de levantarme temprano y enojada, de andar de acá para allá, de tomar sol y hacer números en la terraza, de sentir el malhumor en todo el cuerpo, de recibir una visita prácticamente inesperada y de quedarme con ganas; me saqué las zapatillas y el pantalón, después, me metí en la cama, mirando para la ventana, viendo cómo de a poco se iba haciendo de noche, sintiendo el ronroneo de Plutón en la espalda.
Después de un buen rato de estar completamente a oscuras, prendí el velador y colgué mirándome las manos un rato, pensando que a veces no sé cómo sentirme, que me encuentro demasiado seguido en ese estado de lo más raro que hace que no sienta mi cuerpo como propio, como si tuviera once años y me estuvieran creciendo las tetas, algo así. Para evitar mayores confusiones, salí de la cama y agarré el libro de Bukowski que vengo leyendo desde hace unos días. Y en esa penumbra que es mi cuarto ahora, me imaginé mostrándole las piernas a Charles -porque en en mis fantasías a los escritores sí los llamo por el nombre de pila- cruzándolas y levantándolas. Seguí leyendo un rato más, hasta que la angustia me superó.
No es tristeza, es otra cosa, es angustia. Es saber que deberia saber algo y no saber qué. El deber de la certeza por sobre la búsqueda de alguna verdad. También hay un poco de melancolía, darle más importancia a las sombras que a los objetos que las generan. La música tampoco ayuda, hay momentos en los que la playlist Mirah-TheShins-Juno'sSoundtrack no es de lo más recomendable.
En breve, volver al libro. Meterme en la adolescencia de Henry Chinaski hasta sentirla como la propia; y si no me sale, darle play a The Brown Bunny, porque Vincent Gallo siempre es un buen plan.
Y mañana... mañana será viernes.

miércoles, agosto 19, 2009

No alcanzó con que me despertara a las 5 de la mañana, absolutamente desvelada, pensando boludeces. No, tuve que esperar hasta que amaneciera para poder dormirme de vuelta; pero claro, últimamente hay un complot cósmico que impide mi descanso, así que a las 8 y media alguien se colgó del timbre del portero eléctrico y me sacó de la cama con los pelos revueltos y un pijama de lo más choto. Era la vecina de enfrente, con Plutón en brazos. Parece que el gato aventurero se va a la manzana de enfrente a andá a saber qué, la vecina lo rescata de su patio y viene a tocarme el timbre antes de irse a trabajar, ya es la segunda vez que pasa esto. Cuando sonó el despertador a las 9 y media quise revolear todo, pero me comí una manzana y salí de casa. Ya a la tarde, yendo a la librería me di cuenta de que me había olvidado el voucher con las entradas del pepsi rock y que había arreglado con Lau para ir a canjearlas; de paso, al 110 se subió el viejo manipulador que escribe poemas horribles y no permite que le devuelvas la fotocopia. Le dije que ya tenía, que la semana pasada me había encajado su arte en el 141 -no utilicé el verbo "encajar" y mucho menos el término "arte", lo confieso- y que para qué quería más, que se lo diera a otro pasajero; oídos sordos del otro lado, me enchufó los poemitas como siempre. Cuando me bajé del bondi llovía, y un auto me salpicó los pantalones. En el supermercado no tenían las galletitas que me gustan y en este preciso instante tengo frío en los pies.
Y de todas maneras, tengo un buen humor que me sorprende a cada instante. Así, como en mis mejores momentos.

martes, agosto 18, 2009

En algún momento de la madrugada, abro la puerta de casa después de haber ido hasta la puerta de calle y me encuentro con Plutón maullándome, demandando cariño. También me encuentro con Ani, con voz ronca y cara de dormida, haciéndose un té en la cocina.

- Che, es re copado ese chico.
- ¿Y vos cómo sabés?
- Porque escuché...
- ¿Todo?
- No, un poco. Pero habla tranquilo y tiene linda voz.
- Sí... ¿Damián también escuchó?
- Nah... no escuchó nada.

Y después de un par de ataques de carcajada y de preguntar qué había escuchado exactamente, nos tomamos el té peperina y nos reímos un poco más; hasta que miramos y ya era de día.

sábado, agosto 15, 2009

- ¿No somos medio como hombres nosotras?
- ¿Por?
- Atrás... no mires, eh, hay dos chicas de nuestra edad, cenando. Están compartiendo un porrón de cerveza. A nosotras no nos trajeron la comida y ya vamos por la segunda Stella.
- Dejate de joder, Lau. el problema lo tienen ellas. ¿Quién comparte un porrón de cerveza? Es muy triste. Y a lo sumo, somos borrachas, no masculinas.
- Tenés razón, son re UP.

Si bien el plan original era ir a ver la banda de cierto sujeto que conocí hace unas semanas, para cuando estaba saliendo de la librería y Ani me mandó un mensaje de texto ultimando detalles -"nos juntamos con ale y lau y nos vamos al recital de tu guacho"- me agarro la pachorra. Así que terminamos con Lau en el colombiano de Córdoba y Gascón, tomando cerveza prácticamente en ayunas, esperando una cena que no llegaba nunca y planeando estrategias groupies para el fin de semana del primero de Noviembre. Para el momento de la caminata digestiva -Gascón hasta Larrea- teníamos una borrachera importante y todo nos hacía matar de risa.
Después, más matarnos de risa, Family Guy y a dormir porque los Sábados se trabaja.
Todos deberían tener una amiga como Lau. Lo recomiendo.

jueves, agosto 13, 2009

- ¿Hola?
- Buen día, nena.
- ¿Qué hora es? ¿qué pasó?
- Son las... 9 y media.
- ¿Qué pasa?
- No pasa nada, tengo ganas de verte. Te paso a visitar ¿dale?
- Pero son las 9... estoy durmiendo.
- Y media, y ya no estás durmiendo.
- Bueno, pero traé algo para desayunar. En la panadería de Riglos hay cosas ricas.
- Bueno...
- Y si querés café vas a tener que traerte, acá hay té solamente.
- Bueno...
- ¿Y no te pasás por alguna veterinaria y comprás alimento para Plutón?
- Celeste, controlate.
- Controlate vos y no me llames a las 9 y media de la mañana.
- Ok... ¿Qué alimento le das al micho?
- La veterinaria debe estar cerrada. Traé Cat Chow de los chinos.
- Bueno...
- Que sea para gatos chiquitos, menores de un año.
- Celeste, controlate.

Media hora más tarde.
- ¿Qué es esto?
- El alimento del gato...
- Pero no es el que te dije yo.
- No había Cat Chow... Este salía más o menos lo mismo.
- Pero se llama "Nueve vidas"... yo no quiero que Plutón coma un alimento que se llama "Nueve vidas".
- Primero, no se llama así, se llama "Nine lives". Segundo, dejate de joder. Comete una medialuna.
- A mí me gustan con crema pastelera...
- Celeste...
- Ok. Me controlo. Pasame una de manteca.

Hace unas semanas mi hermana me contaba que mi papá anda diciendo que nosotras dos somos complicadas, que asume que nuestra laica soltería se extenderá por décadas. Yo la miraba con asombro.
Mientras ponía el "Nine Lives" en el cosito donde come Plutón, entendí todo.
De veras, estoy tratando de controlarme.

miércoles, agosto 12, 2009

Tengo mi entrada para Faith No More. O el voucher para cambiar la semana que viene, que es más o menos lo mismo.
Lau dice que tenemos que averiguar en qué hotel se van a quedar e ir a hacernos las groupies por una vez en la vida. Que de última, si Patton no nos da bola, al baterista también le entramos.
Yo digo que probablemente vaya a ser el último pogo de nuestra veintena, que va a haber que saltar y sudar entre todos los treintañeros ex-grunge con el mayor de los placeres.
Ali dice que hay que emborracharse mucho. En ese punto coincidimos las tres.

También invocamos a Eddie Vedder pidiéndole que vuelva con Pearl Jam. Y de paso, al espíritu de Janis, para que nos haga cantar como ella un ratito. Un ratito nomás.

martes, agosto 11, 2009

Acerca de cómo un mismo hecho puede ser visto a través de miradas completamente diferentes.

Por ejemplo, que yo invite a un hombre nuevo en mi vida a pasar la noche en casa.

Ani me codea y se pone a pura onomatopeya. "eeeeehhhhh", "eeeeesaaaa".. Así.

Flor inclina la cabeza, sonríe y pregunta dulcemente "¿y? ¿qué tal? ¿cómo la pasaste?". Muy divina ella, siempre.

Lau es la representante de los pies sobre la tierra. "Che ¿y qué hace de su vida?". Ella es de las mías, la compra más una profesión copada que un cuerpo escultural.

Nat indaga, habilita espacios, compara con otras experiencias, hasta que yo termino diciendo "bueno, sí, me hace acordar bastante a mi viejo...". Porque los hijos de psicoanalistas a veces son así.

Genève mira de reojo y con picardía dice "Bueno, vamos a lo importante ¿cómo la tiene?" desatando la carcajada y los detalles más suculentos.

Yo también me hago un par de preguntas clave.
No, nunca las confesaría.

lunes, agosto 10, 2009

Estoy tratando de hacer memoria y no recuerdo un momento en el que haya dicho que querría enamorarme, que querría estar en pareja. Digo, en los últimos tiempos, meses. Y trato, eh, estoy teniendo flashbacks de incontables conversaciones y sí me acuerdo de haberle reclamado al universo un poco de compañía, un poco de sexo, alguien con quien pasar un domingo a la tarde, algo de romance, alguna conversación de esas que duran hasta que se hace de día. Pero no una pareja, no un novio, no.
Entonces, que alguien me explique por qué, desde todos los wines, escucho el “ya va a llegar”, el horroroso “cuando menos lo esperes”, el “tenés que abrirte un poco más” que hace que me den ganas de taparme los oídos. Mis amigas, mi madre, mi padre, mis tías. Es como un complot, o simplemente se supone que por tener veintiséis años y no estar con alguien me tienen que decir esas cosas.
Tal vez lo esperable es que mi deseo sea salir a comprar pan lactal al Disco de José María Moreno y que en la cola del supermercado conozca a un hombre grandote, alto, barbudo, que me haga algún comentario gracioso sobre el contenido de mi changuito y que yo me ría entre tímida e intrigada. Que me comente que es físico, o escritor, o creativo publicitario, o astrólogo, o músico, o historiador, o geólogo, o experto en teoría literaria, o profesor de literatura. Que después de pedirme mi teléfono para invitarme a salir me lleve al cine, o al hipódromo, o al Museo de Ciencias Naturales, o a perdernos por la ciudad, o a emborracharnos con cervezas importadas, o a su casa donde hay una biblioteca donde podría quedarme a vivir, o a comer una bondiola a la costanera, o a cenar a algún restaurant peruano, o árabe, o armenio, o alemán. Que después de varias noches juntos, otras tantas tardes de domingo viendo Lie to me, cientos de cigarrillos compartidos después de coger, decenas de sobrecamas hasta el amanecer, miradas intensas, presentaciones a amigos, abrazos oportunos y un tembloroso “te quiero”, el hombre éste de la fila del supermercado para menos de quince artículos me dé el lugar para que yo quiera seguir adelante.
Mi cabeza llega hasta los cigarrillos después del sexo. Hasta ahí, nada más. Puedo hacer un esfuerzo sobrehumano y a lo único que llego en el imaginar es a una semi-pelea en la que él me acusa de distante y yo le digo que no me rompa las pelotas. Después él se va y yo lloro un rato, por sentirme una discapacitada emocional, ponele.
Esa es mi idea de lo que me puede pasar si comparto demasiado tiempo con alguien, no es algo que pueda evitar en este momento. Mi deseo me lleva para otro lado, a desconocidos que tocan la puerta de mi casa de madrugada, a encuentros clandestinos con hombres uniformados, a argumentos de películas softporn; a la fantasía. Y tal vez sea escapista y evasivo y blah, no me importa, el deseo tiene caminos misteriosos, no estoy en posición de cuestionarlo.
Durante años pretendí encauzarlo todo, tener la sartén por el mango, hacer lo que se suponía que tenía que hacer una chica de veinte años, o veintiuno, o veintidós, o veintitrés, o veinticuatro. Lo único que me gané fue una relación estrambótica de cuatro años con un tipo que no quería ser más que mi amigo, que no me deseaba, y al que yo nunca terminé de desear. Si no hubiera tratado nada, seguro que me salía mejor. No debería haberle pedido tanto a ese vínculo, con la afinidad intelectual y la contención emocional debería haber bastado para sentirme satisfecha; pero no, fui y le puse la etiqueta rosa chicle de “AMOR” y tiré y tiré de la soga, reclamé deseo de su parte, le reproché hasta el cansancio cosas que no era capaz de reprocharme a mí, hasta que me di cuenta de que nadie estaba haciendo fuerza en sentido contrario del otro lado, que sólo éramos un pedazo de soga y yo.
Entonces, repito, que alguien me explique esta conspiración para que me den ganas de tener un novio. Es como si no lo vieran. Como si no fuera evidente que en este momento no puedo, que no es cinismo, ni resentimiento, ni amargura. Que no puedo, que toda la idea de enamorarme me suena a ciencia ficción, que estoy atrapada en otras cosas que en este momento me resultan más importantes. Que voy por ahí con la guardia alta no tanto por miedo a que me lastimen, sino más que nada por miedo a lastimar. Que claro que le tengo miedo al compromiso, porque el compromiso no es joda. Que primero me tengo que comprometer conmigo misma en millones de cosas antes de meter a otra persona en escena. Que nunca me sentí una de esas mujeres de las que los hombres se enamoran, esas que generan pasiones irrefrenables y que tal vez ahí esté uno de los puntos neurales de todo el asunto, pero que toma tiempo desenmarañar la bola de preconceptos, que estoy yendo de a poco.
Que alguien me explique también esto de la construcción propia de la identidad a través de la mirada del otro, porque me siento en un laberinto lleno de espejos, ya no sé qué es parte de la mirada ajena y qué es una jugada de la parte de mí que más me castiga.
Y si al releer lo que escribí hasta ahora no veo más que contradicciones, no puedo sorprenderme, más claro imposible. Así que me la bancaré así, en este conflicto de intereses, entre la fantasía de lo turbio y el a-esta-altura-ya-debería-estar-en-condiciones-de, entre las ganas y la incapacidad.
Y que sea lo que dios quiera, o mi neurosis, o mi deseo.

domingo, agosto 09, 2009

Estoy en un bar de Acoyte y Rivadavia y mientras uno de los mozos se me hace el galán de maneras de lo más extrañas, mi amiga de la adolescencia que desde hace años vive en España me dice "bueno, vos nunca fuiste demasiado sentimental".
Ayer se me quemó un poquitín el guiso de lentejas -la culpa fue mía y sólo mía- y me pasé un poco con el cabernet. También recibí un poco de dulzura, algo que no experimentaba desde hace años. Sí, años.
Uno de esos fines de semana raros es este. Me gusta.

sábado, agosto 08, 2009

- Estas cosas me desestabilizan demasiado, Lau, yo no sé lidiar con estas situaciones. No entiendo a la gente.
- Decís las mismas cosas que mi tía... me da miedo.
- Es que a veces me dan ganas de, no sé, querer ser monja y entregarle mi cuerpo y esencia al Señor, así yan o me pongo ansiosa por estas pelotudeces.
- ....
- En serio ¿No sería genial ser así, tan espiritual, y no querer saber nada con los hombres? Quiero querer ser menja.
- Vos tenés que querer saber qué es lo que querés; eso tenés que querer.

Pobre Lau, la llamé a la una de la mañana para consultarle acerca de cuestiones de colegiala en apuros.
Qué grande Lau, siempre me tira un par de buenas puntas.
Eso sí, si esta noche me sale el tiro por la culata, si quemo el guiso de lentejas, o me emborracho demasiado, si el tipo este de vuelta me charla hasta las seis de la mañana y me deja sin beso... Ya sé a quién le voy a echar la culpa.

jueves, agosto 06, 2009

Hace un par de años atrás, mientras yo trataba de tener una relación monógama y sana con un estudiante de física que se había educado en colegios religiosos, El Innombrable se puso a salir con una chica. Al principio me alivió, si él estaba con otra mujer, no iba a tener ganas de extrañarme, llamarme y esas cosas; y aunque tal vez podría haber habilitado el lugar para los celos, no lo hice, a veces el autocontrol me funciona de maravilla.
Toda la paz y armonía que llevaba dentro con respecto a esa relación se fueron al carajo cuando me enteré de algo terrible. La mina con la que salía tenía las tetas grandes. Espalda chiquita y tetas grandes.
Yo sé que no soy la más linda, ni la más inteligente, ni la más tolerante, ni la más... No sé, no debo ser un buen partido para los hombres. Soy neurótica, distante, quisquillosa, rompebolas, fría, reservada, y muchas otras cosas más, pero sé muy bien dos cosas. Primero, mis comidas invernales hacen que cualquier hombre se quiera quedar conmigo por lo menos hasta la llegada del verano. Segundo, mis tetas son lo más, inolvidables, irremplazables; no importa si es verdad o no, no lo cuestiono, simplemente me lo han hecho saber.
Los celos no tardaron en aparecer, tampoco tardaron en cortar ellos, así que la cosa no llegó a mayores. De todos modos, el fantasma de la chica con (tal vez) mejores tetas que yo me seguía acechando, sigiloso, haciéndose notar cada vez que me sacaba el corpiño. La tortura terminó cuando El Innombrable expuso una teoría de su autoría: la de las tetas vacías. Según él, existía una extraña clase de teta, la que es grande, a veces enorme, pero que al momento de ser agarrada con pasión, parece escurrise, como un globo mal inflado. La que al ser observada bajo los efectos de la gravedad (léase, cuando la mujer está en cuatro) luce como un conito maltrecho.
No tardé en preguntar, alarmadísima, si las mías entraban en esa categoría. Él contestó con una rotunda negativa, pero mi desconfianza es mucha y pensé que me lo decía porque quería volver a verme en pelotas. De hecho, llegué a pensar que se había inventado la teoría para reivindicar mis pechos y poder volver a tocarlos. También me generaba curiosidad, ¿realmente existiían estás tetas engañosas? Recurrí a la eminencia en estos asuntos, LlaveInglesa, que nunca terminó de contestar a mi pregunta, estábamos bastante entretenidos con otras cosas, calculo.
Hace un par de días una amiga reflotó la cuestión y el interrogante volvió a instalarse.
Pensar en estas cosas con tanta dedicación es sólo un indicio más de que estoy bastante al pedo en la vida, lo sé.

miércoles, agosto 05, 2009

Mi madre prepara unos fideos mortalmente deliciosos y me manda un mensaje, a ver si me aparezco por la casa matriz, que hace dos semanas que estoy completamente borrada. Llego y reparto abrazos. Devoro los fideos, charlo de libros con mi papá, admiro las pestañas de mi hermana y rechazo el postre, supuestamente me estoy cuidando.
Padre acusa cansancio y se va a su cuarto, entonces quedamos las tres. Mi hermana que está estrenando cinismo y se la ve y escucha de lo más afilada, mi madre que me mira inquisidora, tratando de hacerme preguntas con la mente sabiendo que nunca se las voy a contestar, y yo, con un Camel en una mano y un mechón de pelo en la otra, enroscando con el dedo índice.
Sin anestesia, tira la pregunta. Esa, esa que siempre me hace, si no quiero un novio. Le digo que no, que paso, que me estoy cuidando. Baja la apuesta, la mirada y dispara de vuelta "bueno, algo... ¿un pretendiente?". Ya está, pienso, estoy atrapada en su red, hoy me toca ser la destinataria de todo su deseo de casar bien a sus hijas y tener nietos talentosos con brillantes carreras artísticas -todo lo que ella siempre quiso, proyectó en sus hijas y no pudo lograr de ningún modo-. Me la banco estoicamente, no me hago la canchera diciendo "madre, un pretendiente pretende; yo no quiero que nadie me rompa las pelotas", me callo la boca y miro a mi hermana, que tiene que bancarse a mamá todos los días.
Al final, no es todo tan terrible. Ella reconoce que vé todo a través de su lente Capricornio-Capricornio -porque entre nosotras nos hablamos así, en código astrológico- y que yo no debería compartir sus valores machistas que pregonan el-hombre-tiene-que-ser-el-proveedor. También reconoce que mi nivel de neurosis no permite que podamos comunicarnos fluidamente, así que optamos por sacarle el cuero a mis tías y primas.
Hacia el final de la velada, mientras me pongo la campera, mi hermana, no sé a cuento de qué, escupe "Todos los hombres son infieles, lo que más les levanta el ego es tener dos minas, y si pueden, más. Es así, yo ya me di cuenta". Miro a madre con cara de preocupación y prendo otro cigarrillo, un poco perturbada.
Y yo que me preocupaba por mi madre...

martes, agosto 04, 2009

Sábado a la noche. Ani -actual cohabitante, amiga desde la más tierna adolescencia y hermana de Flor- llama a casa desde lo de sus padres.
- ¿Cómo estás?
- Bien.
- Daaale, en serio ¿cómo estás?
- Bien...
- Dale que lei tu blog.
- ...

Hoy al mediodía. Mientras tomaba una sopa y escuchaba la radio veo que me llega un mensaje de texto.
"Quien es tu mejor amigo?"
De: Ani
Recibido: MAR 13:26

Entonces, Anucha, ahora que estás tan al tanto de todo, aprovechemos este medio para comunicarnos sin gastar en celular.
Ponele, yo hoy voy a cenar en casa, podemos cocinar algo juntas. Ah, y habría que comprar piedritas para Plutón. Te quiero.

lunes, agosto 03, 2009

- ¿Eso te dice?
- Eso me dice.
- Ese flaco no va, no me gusta, Celeste.
- ¿Por qué?
- Porque te está boludeando. Es un histérico, como el otro forro con el que salías antes, cuando nos conocimos. Vos no te merecés que nadie te boludee.
- Wow.
- ¿Qué?
- Tiraste una frase de hombre protector.
- ¿Viste? Es más, ahora te tiro otra. Un tipo como ese no se merece una mina tan copada y buena onda como vos.
- Pero si no sabés nada del chabón.
- Sé suficiente. Si yo fuera él, no te boludearía, vendría acá todas las noches y te haría de goma. Ni tiempo te daría para que anduvieras contándome estas cosas a mí. Un tipo que no entiende eso de vos, no te merece.
- Ahora es cuando yo digo "entonces, ¿por qué no venís vos todas las noches y me hacés de goma?".
- Claro, siempre supe que me querías cazar. Te lo vi en la cara desde el momento cero. Pero ya sabemos que no funcaría.
- ¿Tan evidente fui?
- Te salías de la vaina, bonita.
- ¿Y por eso te despareciste durante tanto tiempo?
- Claro, yo no puedo lidiar con esas expectativas.
- ¿Y por qué volviste?
- Porque te quiero.
- Awwww.

Mi nuevo mejor amigo es el mejor mejor amigo del mundo.

sábado, agosto 01, 2009

Al final. ni llanto, ni vino, ni Puentes de Madison. Al final, gancia con mucho limón, playstation y porro.
Después, me tomé un taxi a casa, paré en el kiosco, compré cigarrillos, un par chocolates y caminé las dos cuadras hasta casa. Y mientras prendía la estufa, me sacaba las zapatillas y me ponía el pijama sentía la culpa, la culpa por no haberme quedado en casa, haciéndome cargo de mi estado de ánimo.
En la oscuridad, tapada hasta la nariz, tratando de dormir me acordé de Lau y su "pero ¿quién es el flaco? ¿Spinetta?" y me reí un poco, pero también me puse a pensar que capaz no me molestan los revoleos retóricos, ni alguna que otra frase trillada, no es que me gusten, por lo pronto no me molestan. No me importaría una estrofa de una canción de esas que escuchaba cuando tenía 16 años y usaba unos oxford celestes con las botamangas anchísimas, ni un verso de algún poeta maldito; no ando con ánimos de burlarme de esas cosas últimamente. Pensé entonces que sí tengo ánimos de que alguien me diga algo, lo que sea, pero que se dirija a mí, que me mire a los ojos y me lo diga, no importa qué; pensé que es uno de esos momentos en los que me encantaría dar el primer paso pero me muero de miedo, porque necesito un pie del otro, cualquier cosa, una mirada cómplice, un gesto casi imperceptible, algo. Claro que inmediatamente me acusé de cobarde, de proyectar en los otros lo que tiene que ver conmigo y sólo conmigo, así que instantáneamente me convertí en víctima de mí misma y me consolé diciéndome que tal vez no es todo proyección, que capaz sí es necesaria la respuesta del otro, el feedback, que el deseo ajeno y su manifestación alimentan el propio; y también me dije que tampoco era cuestión de hacer un drama del asunto, que eran las cuatro menos cuarto de la mañana y que hoy había que trabajar.
Me desperté enojada, enojadísima. Afilada, venenosa.
Hoy sí, Clint, hoy pasamos la noche juntos.